– Vosotros vendréis conmigo al sur. Así mi hermana Umhiril podrá dedicarse a sus obligaciones en lugar de perder el tiempo contigo – Dijo con tono desagradable encarando a Feigronthar. Este optó por no responderle. No obstante, una risotada salió de la boca de Fróin, que añadió entusiasmado:
– ¡Ya es hora de hacer algo de ejercicio! ¡Vayamos a por ellos pues! –
Todos salvo Radagast y el rey Thranduil salieron del salón del trono. Y cuando estuvieron solos, Radagast añadió:
– Los hombres, elfos y enanos deberán unirse de nuevo rey Thranduil. Y solo el muchacho tiene los medios y los materiales para forjar la cadena que los una a todos. –
Thranduil le miró con desdén, aunque no respondió. Y tras marcharse Radagast para nunca regresar de sus cavernas, meditó. Tras horas pensando, convocó a sus mejores herreros y dio las órdenes pertinentes. En las cuevas bajo el bosque el repicar de los martillos resonó por todas las salas mientras Egerthalion y sus hombres marchaban. Seguiría el consejo del mago.
Los preparativos para la Guerra del Norte comenzaron la misma noche en que Lonsdale fue arrasada por el mayor ejército oriental visto sobre los yermos de Rhovanion Y al mismo tiempo que Khamûl, comandante en jefe de Dol Guldur, marchaba hacia el reino de los elfos. Innumerables legiones de orcos seguían a la Sombra del Este a la batalla. Pues el segundo de los Nazgûl no era un comandante cualquiera, y su misión era destruir por completo los reinos de los hombres, elfos y enanos de todo el norte.
Capítulo 4. El Infierno Verde.
Noche del 3 al 4 de Marzo del 3019 T.E. Ruinas de Eryn Dolen. Entre el Camino Viejo y el Sendero Elfo del Bosque Negro.
A paso ligero y sin descanso se movieron las tropas elfas, con el fin de llegar al Camino Viejo antes que el Enemigo. Una vez llegaron, Egerthalion estudió el terreno y mandó exploradores al sur. Sabía que el Camino Viejo no disponía de fortificaciones que pudiera aprovechar, así que decidió plantar batalla en las olvidadas ruinas de Eryn Dolen. Las mismas apenas eran un puñado de piedras y empalizadas de madera podrida sobre una pequeña colina arbolada a medio camino del Sendero Elfo y el Camino Viejo. Pero al mismo tiempo podrían servir para organizar una defensa medianamente decente.
– Quiero que todos los soldados posibles se dediquen a excavar algunos fosos y construyan barricadas en la entrada sur. Estas ruinas no son la mejor defensa, pero solo aquí podremos contener a la sombra. Todos los arqueros posibles a los árboles – Ordenó con firmeza a los capitanes que le acompañaban.
Mientras que las órdenes se cumplían, un puñado de hombres del bosque se unió a las tropas de Egerthalion desde el sur. El comandante elfo les recibió con cortesía y los incluyo en las defensas, ya que sus tierras y campamentos ya habían sido destruidos y el Enemigo les pisaba los talones.
Eryn Dolen parecía un hormiguero en movimiento mientras Feigronthar, Derewyn, Felaróf y Fróin compartían unos pedazos de pan junto con la tensión del preludio de la batalla.
– El aire está muy cargado en este bosque, y luego dicen de que bajo tierra el ambiente es más pesado – Comentó Fróin con tono jocoso. Derewyn rio y le replicó:
– Para estar tan lejos de casa y apunto de entablar una batalla tan peligrosa eres optimista maese enano –
– ¿Y por qué no serlo? ¿Qué vienen orcos? Es obvio que vamos a derrotarlos. Si sobrevivimos a esa ponzoñosa araña gigante, podremos con lo que nos echen – respondió con una sonrisa en el rostro.
Sin embargo Feigronthar no sonreía. A decir verdad, ni los escuchaba. Sus pensamientos estaban en su amada Umhiril y en el resto de refugiados elfos que habían partido por orden de Thranduil hacia Rivendel. Sabía lo peligroso que era el camino, y que de ellos dependía en gran parte la supervivencia de todos. Él habría preferido que ella hubiera partido a Valle, incluso a Erebor. Pero su hermano Egerthalion no quiso escuchar una palabra del asunto, y la joven Umhiril cumplió la voluntad de su hermano. La sombra que oscurecía el atardecer desde el sur del bosque no ayudaba a animarlo.
Derewyn, consciente del pesar de su amigo, le despertó de su ensoñamiento con un golpe amistoso en el brazo y le tendió la bota de vino.
– Te reencontrarás con ella. Todo saldrá bien ya lo verás – Le dijo intentando sosegar su ánimo mientras él bebía y le sonreía con tristeza.
– Me preocupa más su hermano Egerthalion que ella. Es capaz de hacerme matar en batalla solo por separarnos – Le confesó angustiado
– No os dejéis engañar por el elfo amigo. Me da que teme más por la vida de su hermana que vuestro amor por ella. Creo que en el fondo os aprecia y aprueba vuestra relación, aunque no quiera admitirlo. Ya sabéis lo estirados que son esos orejas picudas – Replicó Fróin tras arrebatarle la bota y bebiendo un largo trago que manchó del pegajoso néctar sus barbas.
En ese momento Felaróf, en una mezcla de cariño y glotonería, se abalanzó sobre Fróin para lamer el vino de sus barbas. Y no solo Derewyn se rio al ver al enano patas arriba luchando por quitárselo de encima, si no que todos los elfos y hombres que presenciaron la escena reían a carcajadas. Feigronthar no pudo evitar reír tampoco. Su mirada se cruzó con la de Egerthalion, que también sonreía. El sombrío elfo inclino la cabeza hacia él. El joven pensó que quizá Fróin tuviera más razón de la que creía sobre Egerthalion y su relación.
– ¡Quitadme a este demonio peludo este de encima! ¡Que me come! – Gritaba entre carcajadas Fróin mientras Derewyn y Feigronthar le ayudaban a incorporarse cubierto de babas. En ese instante Felaróf cambió su rostro afable y se puso en guardia. Los cuernos de los elfos comenzaron a resonar en la distancia.
– ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Llega la escoria de Dol Guldur! ¡Se nos echan encima! – Gritaron varios centinelas desde los árboles.