Kheled-Dreng y La Sombra del Este

– Siendo así, no solo el rey Brand debe ser avisado rey Thranduil. Mi señor Dáin debe escuchar estas nuevas. No dudará en vestir la armadura y blandir el hacha frente al Enemigo. Tres veces llegaron a la Montaña mensajeros de Mordor para ganarse la lealtad de nuestro pueblo y obtener información del hobbit Bilbo Bolsón. Preguntaban sobre un anillo que este poseía. Grandes fueron sus promesas y grandes sus amenazas en caso de negativa. Mi tío Glóin y mi primo Gimli fueron enviados hace unos meses a Rivendel para advertir al sabio Elrond de estas preocupantes noticias. – Añadió Fróin, con marcada preocupación en su rostro.

– Curiosos los devenires del destino – Dijo Thranduil con una sonrisa enigmática – Pues mi hijo Legolas también viajó hace unos meses a Imladris. Los ataques de los orcos provocaron que la criatura Gollum escapara de nuestra prisión. De haber rebanado su mugroso cuello como aconsejé a Mithrandir no tendríamos que preocuparnos de su huida. –

– Esa desgraciada alimaña ya estará con los orcos, conspirando contra nosotros para vengar su cautiverio – Expresó con rabia contenida Egerthalion.

– De nada nos sirve quedarnos de brazos cruzados. Trataremos los problemas del enemigo a su debido tiempo. Mis hombres encontraron algo curioso entre tus pertenencias maese enano – Dijo el rey captando la atención tanto de Derewyn como de Fróin. El enano, nervioso, aguardó mientras un guardia entregaba al rey un extraño yelmo negro, sin apenas ornamentos salvo varias aristas. El mismo parecía de cristal por su brillo, aunque recordaba al mármol negro. Derewyn pudo ver que no era de metal, si no de piedra tallada.

– Supongo que esta debe ser alguna reliquia enana de Moria que hallaste en tu viaje. Lo extraño del mismo es su material… solo en dos lugares me consta que se usara esta piedra: La Torre de Orthanc y el Othram de Minas Tirith. Un material que ningún arma o magia conocida en toda Arda puede dañar. – Explicó el rey – Tentado estoy de añadirlo a mis riquezas – concluyó con una sonrisa maliciosa.

– Justo precio sería por la hospitalidad hacia este humilde enano y mis salvadores majestad – Dijo Fróin, aunque dolido por dentro, pues largas penurias había pasado para protegerlo.

Tras estas palabras y entre otras conversaciones más banales, Thranduil los despachó. Y los elfos les brindaron su hospitalidad mientras enviaban sus exploradores a las fronteras. Tan pronto Felaróf se recuperó, partió junto a Derewyn hacia Esgaroth por mandato del propio rey elfo. Pues Thranduil vio la necesidad de avisar al rey Brand sin demora,

Fróin y Feigronthar forjaron juntos una hermosa amistad, pues convivieron juntos en las mismas habitaciones. Leal, optimista y testarudo era su carácter, y ya deseaba asistir a la boda de su amigo con Umhiril cuando se enteró de su romance secreto con ella. Ambos se habían recuperado con vigor de sus heridas y se habían convertido en estrechos confidentes cuando Derewyn llegó a Esgaroth.

La misión fue cumplida, y el príncipe Bardo en persona mandó a Derewyn de vuelta para reencontrarse con Feigronthar y regresar a Lonsdale. Pasaron las semanas y dichoso fue el reencuentro de los compañeros. Aunque la alegría y el sosiego que sus corazones inundaba pronto se vería interrumpida por un inesperado acontecimiento que los llevó a ser convocados ante el rey Thranduil nuevamente.

Cuando Feigronthar, Derewyn y Fróin fueron llevados ante el rey, un extravagante anciano se encontraba en la sala apoyado en un cayado nudoso y antiguo. Con cabellos canosos y descuidados guardados bajo un estrafalario sombrero picudo marrón, su túnica y capa de tela áspera, cuyos colores pardos se mezclaban y recordaban al suelo de los bosques. Una larga barba grisácea le caía hasta la cintura, y se la mesaba continuamente mientras paseaba nervioso por la sala.

– ¿Y dices que una gran hueste avanza desde el sur hacia aquí? – Preguntaba Thranduil, con inquietud e interés

– Así es. Los escasos pajarillos que han podido regresar de los alrededores de la Colina de la Hechicería me lo han confirmado. Huestes innumerables de orcos están saliendo de las cloacas de Dol Guldur. El humo de sus hornos no deja de elevarse y un terror oscuro parece comandarlos – dijo el anciano, nervioso.

– Funestas son las noticias que portas. Cada vez disfruto menos tus visitas, Radagast el Pardo – Le espetó Thranduil, pues no le gustaba el mago. Temía que el consumo habitual de setas y su vida despreocupada con los animales y bestias le hubiera vuelto loco.

– No molestaría al honorable rey del Bosque si no fuera necesario. La situación es tensa. Saruman nos ha traicionado y se ha sometido al Señor Oscuro y su ciega ambición. Los muchachos llevaban razón cuando te advirtieron de la guerra. Y la misma se encamina a tus puertas, Los beórnidas ya sufren problemas en las cercanías de Rhosgobel – Le respondió Radagast.

– ¿Sabes algo del Este Radagast? – Le preguntó Feigronthar nervioso

– Grandes nubes de polvo y arena se levantan en los desiertos según cantan mis amigos alados. Y las mismas ya lamían el curso del  rio Celduin – Le respondió

– ­Bregil tenía razón. Los clanes de Rhûn ha sido convocado desde Mordor a la guerra… ¡Nuestros hogares están en peligro! Exclamó Feigronthar enfureciéndose por su preocupación – Debemos volver a Lonsdale – dijo a Derewyn

– Nadie saldrá de mi bosque montaraz. Tu amiga cumplió vuestra misión, ahora vuestro pueblo deberá defenderse sin vosotros. Pues necesitaré todas las espadas posibles – Dijo Thranduil enojado.

– ¡Egerthalion! – llamó el rey con voz potente y firme.

El general elfo entró en la sala, armado para la guerra y acompañado de al menos una docena de soldados listos para combatir.

– ¿Qué ordenáis majestad? – Dijo tras inclinarse ante su señor

– Quiero que todos los soldados que estén en el bosque disponibles se replieguen. Aquí enfrentaremos a la escoria de Dol Guldur. Reúne unas cuantas compañías y prepara resistencia en el Camino del Bosque Viejo. Debemos retrasar al enemigo todo lo posible mientras preparamos las defensas y evacuamos a todos aquellos que quieran ir a Imladris o Mithlond en lugar de combatir. Nada de heroicidades, contenlos todo lo posible y repliégate – Le ordenó con firmeza Thranduil.

Egerthalion asintió, y mirando a Derewyn, Feigronthar, Fróin y Felaróf, sentenció: