Fëa y hröa: el alma y el cuerpo en el legendarium de Tolkien

Fëa y hröa: el alma y el cuerpo en el legendarium de Tolkien

Hace unas semanas quise explorar los conceptos, poco conocidos, del mundo invisible y su relación con el mundo visible. Al investigar sobre este tema, me topé con términos bastante desconocidos para el público general de la obra de Tolkien. Veremos a continuación cómo se entiende la conexión entre el cuerpo y el espíritu en el legendarium.

Para comenzar, debemos hablar del fëa. Este es el término en quenya para designar el alma o el espíritu, siempre que more dentro de un ser encarnado. Esto quiere decir que son espíritus que, sí o sí, tienen que estar ligados a un cuerpo físico o hröa, que ejerce de contenedor del fëa. Solo cuando están juntos, los encarnados son seres completos que pueden participar en la historia del mundo.

Enano Akd - Eru Ilúvatar and the Timeless Halls
Enano Akd – Eru Ilúvatar and the Timeless Halls

Los fëar fueron creados por el Fuego Secreto de Ilúvatar (el Único que puede dar la vida), son indestructibles e incapaces de ser dominados por ninguna fuerza del mundo, salvo que den su consentimiento. Los hröar, sin embargo, estaban compuestos de sustancias de Arda y podían ser destruidos. Los seres encarnados, fruto de esta unión, eran los Hijos de Ilúvatar (elfos y hombres), los enanos, los ents y, posiblemente, algunos animales a los que se concedió el fëa posteriormente (como Huan o las Grandes Águilas).

Los elfos comparaban la unión entre ambos conceptos con la relación entre una casa y su habitante, de modo que el fëa era casi impotente sin el hröa y el hröa carecía de vida sin el fëa. Lo vemos, por ejemplo, cuando Aulë creó a los enanos, los cuales eran hröar sin vida que solo podían moverse como autómatas cuando Aulë los controlaba; esto solo cambió cuando Ilúvatar les otorgó el fëa.

Ralph Damiani - The Halls of Mandos
Ralph Damiani – The Halls of Mandos

La muerte es la separación de ambos conceptos y los elfos la concebían como un fëa que quedaba sin hogar, huérfano. Los elfos son inmortales porque su destino es permanecer en el mundo hasta su final. Así, cuando su hröa muere (asesinado, por ejemplo), su fëa viaja a las Estancias de Mandos, donde es juzgado y permanece durante largo tiempo, aunque puede reencarnar en nuevos cuerpos para habitar las Tierras Imperecederas. También podían rechazar esta llamada y vagar por Arda, pero sin posibilidad de volver a reencarnar. En esta situación, podían ser controlados por artes nigrománticas; un ejemplo de ello es Sauron, que ataba estos espíritus a cuerpos de lobos y otras bestias para crear a los licántropos.

En el caso de los hombres, su fëa abandona el mundo y su destino es desconocido. No sabemos qué ocurre con los enanos, los ents o los animales con fëa, aunque los enanos afirman que sus padres reencarnan (como en el caso de Durin). Los Peredhil o medioelfos podían decidir si ser elfos o humanos, por lo que el destino de su fëa dependía de su elección.

Debido a la corrupción de Arda, los elfos sufrían un debilitamiento progresivo de su hröa, de modo que, con el paso de los años, su fëa lo consumía y se volvían semejantes a espectros. El único remedio para frenar este declive era viajar a Valinor, donde no existía corrupción. Esto es lo que provocó la Edad de los Hombres.

Criaturas como los animales (salvo alguna excepción) y, según algunas tradiciones, los orcos no poseían fëa. Este es un tema complejo y abierto a debate, que depende de cuál sea el verdadero origen de los orcos, algo que Tolkien nunca llegó a precisar antes de fallecer.

Si estos eran elfos corrompidos como afirma El Silmarillion, deberían tener un fëa, pero Ilúvatar no se lo habría concedido a sus descendientes, lo que crea una aparente incongruencia, ya que Morgoth no podía crear ni dar vida, solo corromper lo existente. No obstante, otras versiones defienden que eran bestias o animales corrompidos y que, por tanto, no lo tendrían. En cualquiera de los casos, también se desconoce su destino tras la muerte.

A mi parecer, cabe la posibilidad de que Morgoth, mediante sus torturas, hallara el modo de separar el fëa de los orcos de su cuerpo y convertirlos así en bestias. Esto es solo una teoría personal, no un hecho canónico.

¿No nos estamos olvidando de algo? Hemos dicho que el fëa es casi impotente sin el hröa, pero existen espíritus que no necesitan nada para existir. Los ëalar («seres» en quenya) son la contraposición del fëa: espíritus que no requieren un cuerpo físico para estar completos. Los Valar y los Maiar (conocidos como los Ainur) son de este tipo.

Pese a no necesitarlo, sabemos que muchos de ellos optaron por tener una forma física o se vieron obligados a ello (como los Istari). Estas formas físicas se denominan fana («velo» o «vestimenta» en quenya) y eran meras vestiduras tangibles para estos espíritus. Los fanar podían sentir dolor, cansancio o miedo, e incluso morir; pero, al ser un simple disfraz, su destrucción no suponía el final del ëala que los habitaba.

Sauron se manifiesta en Dol Guldur
Sauron se manifiesta en Dol Guldur

Un buen ejemplo de esto fue Sauron, que no solo cambió varias veces de fana, sino que fue debilitado y herido tantas veces al perder estas formas (que no eran fáciles de construir) que perdió la capacidad de adoptar un fana hermoso e incluso tardó milenios en recuperar uno tras perder el Anillo.

Esto desmiente una creencia muy arraigada entre los aficionados a las películas sobre la muerte de Sauron al destruirse el Anillo, la del Daño de Durin o la de Saruman. Todos ellos, al ser maiar, no pueden morir, pero todos vieron destruidos sus fanar y vagaron en forma espiritual por el mundo.

Los ëalar y los fëar de los elfos que habían habitado Valinor eran visibles en el Mundo Invisible. ¿Por qué entonces los espectros humanos, como los Nazgûl, eran visibles y no habían abandonado Arda? Ni ellos ni los perjuros del Sagrario eran fëar sin cuerpo atados a este mundo, sino hombres cuyos cuerpos habían visto alargada su vida de forma antinatural mediante la magia, de modo que su fëa quedó preso en ese hröa hasta su destrucción. No estaban muertos, pese a que pudiera parecerlo. Solo la derrota de Sauron y la liberación de su juramento a los perjuros del Sagrario por parte de Aragorn permitieron que los fëar, presos en esos maltrechos hröar, abandonaran el mundo y cumplieran el destino de los hombres.

Pese a lo complejo y confuso que puede resultar el tema, espero que este breve artículo haya ayudado a disipar las principales dudas de los lectores en este campo. La profundidad de la obra de Tolkien se aprecia en detalles como estos, donde hasta lo espiritual tiene sus propias leyes y matices que conviene tener en cuenta.

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