La Familia crece

Capítulo I: la boda

Había una vez, en un lugar muy lejano, donde los dragones custodiaban a las princesas encerradas en las altas torres y se subían a los árboles para tirarse a la piscina, un reino llamado EAU. En él habitaban seres de todas las razas, que convivían en mejor o peor armonía. A este reino llegó la elfa Nosta en un día gris y nubloso, tímido como ella misma. En su naturaleza de elfa, Nosta escondía la oscuridad de una vampira, pero misteriosa, ocultaba su total naturaleza a los demás habitantes del lugar. Sigilosamente, se pasaba los dias perdida entre los bosques del lugar, caminando a la orilla de sus rios y maravillandose bajo sus estrellas. Allí conoció a Arlinwen, una bella elfa que habitaba en la aldea. Entre ambas pronto surgió una gran amistad que las llevó juntas a recorrer las verdes colinas mientras mantenían largas conversaciones.

 

Poco a poco, la elfa fue familiarizándose con el lugar y, tras la llegada de sus padres Im_Cale y Narmone, dejó de echar de menos su viejo hogar en los bosques verdes.

Un buen día, Nosta se hallaba paseando sola bajo una arboleda, esperando para reunirse con su amiga Arlinwen, cuando la sorprendió una masculina voz a sus espaldas. Allí, frente a ella, se encontraba un apuesto elfo de cabellos rubios como la luz del sol y ojos intensos como el mar, que la observaban atentamente. Los dos se miraron a los ojos, y sus miradas atravesaron el corazón del otro como dagas encendidas en fuego vivo. Tras unos minutos en los que ambos no pudieron más que contener esa mirada, la elfa sonrió, provocando el rubor del elfo, que finalmente le devolvió la sonrisa.

– ¿Podría saber el nombre de tan hermosa elfa?- dijo tímidamente.
– Soy Nosta de los verdes bosques de Ossiriand, y ¿vos, mi señor?
– Finrod Felagund, para serviros, mi dama.

La elfa se sintió pletórica. Su corazón latía a la velocidad del viento, pero sentía la imperiosa necesidad de lanzarse en los brazos del elfo que se apostaba a escasos centímetros de ella. Sintiendo perder el control de su mente y de su cuerpo, bajó la cabeza y cogió una de las manos del elfo, tomándola entre las suyas. Lo miró a los ojos escondiendo una incontenible emoción y sonriendo, le dijo:
– Bien, Finrod Felagund. Si es cierto lo que dices, entonces te pediré que me sirvas eternamente. -el elfo la miró atónito y maravillado, sin poder reaccionar ante sus palabras, pero cuando ella bajó la mirada ruborizada, él se acercó a ella, levantando su rostro lentamente y la besó, mientras tras un arbol cercano, una satisfecha elfa sonreía para sus adentros.

Dos semanas después, el lugar se vistió de gala para celebrar la gran boda que unió finalmente las vidas de los dos elfos para siempre.

Maedhros, el oficiante, sonreía a las elfas tratando de abrirse nuevas puertas para el banquete.

Im_Cale, la madre, estaba radiante con su vestido negro, que dejaba al descubierto sus alas de vampira, y su esposo Narmone no podía si no observarla maravillado.

Nosta vestía un albino traje blanco que no denotaba su naturaleza vampira, pero que si realzaba su belleza de elfa.

El novio estaba especialmente elegante, con su cabello finamente trenzado. En la boda no faltó detalle y pronto llegó el esperado banquete, que se alargó hasta altas horas de la noche, mientras los amigos de la feliz pareja se divertían. Cuando la noche ya era avanzada y el cansancio comenzaba a hacer acto de presencia en el rostro de la elfa, el novio se levantó y alzó la voz:
– Queridos amigos y amigas: quiero daros las gracias por acompañarnos en este día tan feliz a mi y a mi ya esposa Nosta.- hizo una pausa y miró sonriente a su mujer. luego se volvió nuevamente a los presentes y alzó su copa.- Muchos de vosotros habéis sido cómplices y culpables de nuestro amor, -dijo dirigiendo una mirada cargada de intenciones a su hermana Arlinwen, la gran amiga de la novia.-así que quiero brindar por todos vosotros, por muchos otros años manteniendo esta amistad y felicidad! -los presentes alzaron sus copas y brindaron mien tras sus mejillas empezaban ya a estar coloradas por el estado de embriaguez, y la recién casada pareja se retiró a pasar su noche de bodas.
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Capítulo II: Lalihiari, la primogénita

Los días pasaban felices para la pareja recién casada en los bellos bosques de EAU. Tan felices que pronto el amor y la pasión (y la no protección, que le vamos a hacer, es lo que hay) dieron su fruto y el vientre de Nosta comenzó a crecer en tamaño. Al principio lo achacaron a un simple aumento de quilos, pues la elfa estaba comiendo en abundancia ultimamente… pero con el tiempo, ella misma se dio cuenta de que la realidad era otra bien distinta.

Una noche que su esposo acababa de llegar de cazar orcos en el sur, se sentó junto a el, le cogio la mano y le dijo: