La Familia crece

– ¡Ya sé! ¡Vamos a hacer un juramento para ser siempre pequeñas! –dijo.

– ¿Un juramento? –preguntó su hermana un poco incrédula.

– Chíii. ¿tú no querrás hacerte mayor no?

– Yo… -balbuceó la pequeña dudosa

– Los mayores no pueden entrar aquí, y si nos hacemos mayores mamá nos gritará y nos arrastrará de la oreja, y no nos hará pasteles, ¿no has visto? Como con Ava… -Naylaia asintió con fuerza. La sola idea de quedarse sin pasteles de mamá no le gustaba en absoluto. –Pues eso. Hagamos un juramento y así ninguna de las dos se hará mayor nunca. A ver, haz como yo. –dijo la pequeña chupando el dedito. Naylaia la imitó y las dos juntaron los deditos. – Señor grandote Eru, tu que sabes hasta más que mi papá, haz que desde ahora Naylaia y yo no crezcamos nunca más y nos quedemos así para siempre. –dijo con aire solemne. –y que mamá me deje comer todas las galletas de sangre que quiera. –añadió por lo bajo. Las dos cerraron los ojos y un puntito de luz salió de entre sus dos deditos juntos. Cuando se apagó, las dos pequeñas abrieron los ojos nuevamente y sonrieron. -¡A comer galletas! –gritó Nema saliendo de la caseta.

 

La travesura les valió un par de azotes de sus tías que se estaban volviendo locas al buscarlas hasta debajo de las piedras. A Nemarie no le importó y según la dejaron en el suelo, gateó corriendo hasta una bandeja de galletas que había en una mesa cercana. Las había de todos los tipos, pero la pequeña se fue directamente a las de sangre. Su tía Aiwendil se la quitó inmediatamente de las manos, reprendiéndola.

 

– ¡Quiero galletas! –le dijo enfadada.

– No puedes comer de estas galletas todavía, Nema.

– ¡Mamá me deja! –le gritó la pequeña. Aiwendil la miró asombrada.

– No seas mentirosa Nema.

– ¡No soy mentirosa! Pregúntale ya veras.

 

En ese momento Nosta asomó por la puerta con una enorme bandeja de canapés. Su hermana la llamó y la elfa se acercó rápidamente.

 

– ¿A que sí que puedo comer galletas con sangre mamá? ¿A que sí? –dijo la pequeña sonriendo mientras acariciaba su dedito. Pero para su sorpresa, Nosta la miró sorprendida.
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– ¡Pues claro que no! ¿Cuándo he dicho yo que podías? –exclamó. Nemarie miró extrañada su dedo y, viendo como su madre se llevaba la bandeja de galletas lejos de ella, comenzó a llorar, gritar y patalear.

– ¡Quiero galletas! ¡Quiero galletas! ¡QUIERO GALLEEEEEEETAS!

 

Finrod se la llevó en ese momento, haciendo esfuerzos por controlarla mientras ella se retorcía pataleando y gritando entre sus brazos. Arlinwen se acercó de nuevo a Aiwendil con Naylaia en los brazos, que observaba a su hermana con cara triste.

 

– Vaya rabieta se ha cogido… ¿de donde habrá sacado ese carácter? –le comentó en voz baja.

 

Finrod aún tardó un rato en calmar a Nemarie pero en cuanto Shinoda le llevó una figurita de Saruman hecha de madera, la pequeña olvidó por fin el berrinche y su padre pudo respirar un poco de nuevo.

 

Pronto la gran mesa del jardín estuvo a rebosar de gente que charlaba animadamente. Maehdros estaba presente y observaba como Avaesse cruzaba sonrisas cómplices con su mujer Elbereth, por lo que no tardó en sentarse al lado de su esposa para vigilar más de cerca al que era su mejor discípulo en el arte de la seducción. Avaesse se dio cuenta y se volvió un poco frustrado, pero sus ojos se posaron en la jovencita que tenía enfrente de él, y pronto se olvidó de sus bisabuelos: tenía una nueva presa. Con un gesto seductor, echó el pelo hacia atrás sacando pecho y le dedicó su mejor sonrisa a la señorita.

 

– ¿Podría decirme con quién tendré el gusto de sentarme a comer? –dijo con una cortesía exagerada. La muchacha le sonrió ruborizándose.

– Soy Arwen Estrellaélfica, una de las hijas de Maeh. –dijo la chica.

– Con que una de las hijas de Maeh, eh… -murmuró Avaesse mirando a su bisabuelo de reojo con una sonrisa perversa. –Interesante…-Desplegando todo su encanto, se sentó al lado de Arwen rodeándola con un brazo sin dejar de sonreirle. –y… ¿qué más me cuentas de ti?

 

 

La comida transcurrió animada. Las pequeñas mellizas fueron el centro de atención en todo momento, y se portaron bien casi todo el tiempo, exceptuando cuando Nema volvió a cogerse uno de sus berrinches por que no le dejaban tirarle de la barba a Khuzan.

 

Maehdros no se encontraba del todo en su ambiente, no solo por tener a su mujer al lado y no poder aprovechar tanta belleza femenina como había sentada a la mesa, si no por que Avaesse estaba suelto entre sus quince hijas, y le dedicaba sonrisas burlonas cada vez que alguna de sus hijas se abrazaban a el.

 

En un momento dado, Maeh se levantó de la mesa con la excusa de ir al lavabo y pasó junto a su nieto, que se encontraba intentando convencer a Arwen de que le dejara enseñarle a morder cuellos. El abuelo se detuvo tras él y lo observó con una expresión de ira contenida tras una forzada sonrisa. Lo agarró del cuello y le susurró al oído esforzándose por que sus hijas vieran su “dulce sonrisa”

 

– Nietito… -le dijo apretando los dientes. –he notado que te diviertes mucho con mis hijas. ¿a que son todas estupendas?

– Si abuelo, -le contestó Avaesse sonriendo socarronamente. –son toooodas estupendas.

– Espero que luego me las dejes un ratito, ya que soy su padre. –le dijo remarcando mucho la última palabra y fulminándolo con la mirada. Ava lo miró con asentimiento.

– No te preocupes yayo. En cuanto dejes sola a la bisya, tus hijas estarán a tu libre disposición.- le dijo con una amplia sonrisa abrazándose rápidamente a Arwen. Maeh apretó los dientes, dio media vuelta y volvió con su esposa que lo miró sorprendida.

– Pero querido, ¿no ibas al lavabo?

– Se me ha pasado el “apretón” por el camino –rosmó entre dientes mientras retorcía una servilleta entre sus manos. Su esposa lo miró un poco asombrada todavía.

– Cualquiera lo diría…

 

Cuando ya la gente le daba los últimos bocados a la magnífica tarta que había preparado Madi, la madre de Finrod, el anfitrión se levantó alzando su copa.

– Antes de brindar, quiero comunicaros a todos una noticia que mi esposa y yo deseamos compartir con vosotros. –los presentes observaban al elfo intrigados y un breve murmullo comenzó a escucharse por lo bajo. Avaesse y Lalihiari observaban a sus padres extrañados. –Quería deciros que Nosta está de nuevo embarazada. ¡Pronto habrá otra boca más a comer!

 

Los invitados, tras el silencio inicial, se levantaron a felicitar a la pareja mientras Aiwendil y Arlinwen resoplaban solo de imaginarse un tercer bebé que vigilar. Lalihiari y su hermano cruzaron una mirada cómplice y, tras disimular y felicitar a sus padres, se retiraron un momento los dos juntos.

– ¡Otro bebé! –gritó Avaesse. –ya sabes lo que eso significa…

– Si… -asintió Lalihiari con el rostro consternado. – ¡que mamá estará insoportable otros nueve meses!