Y con Nemarië llegaron unos inquilinos adicionales: las mascotas. La pequeña era realmente aficionada a las mascotas. Si lalihiari pedía un nuevo vestido como regalo, Nema siempre pedía un nuevo animalillo. Cuando no aparecía con el en casa sin preguntar poniendo ojillos tristes y diciendo: “es que estaba solito y abandonado en la calle a merced de los orcos…” Entre ellas estaban:
Piki, un periquito regalo del bisabuelo Maeh,
Sinya, un pegasomediounicornio regalo de sus padres,
Sombra azul, un halcón hermbra regalo del tío Iruka,
Huby, un hobitt salvado de ser comida de vampiros que trae la elfomastercard de Finrod en números rojos
Peque Kimer, una pequeña kimera también regalo de Maehdros,
Perre, un chucho que la pequeña “robó” con buenas artes a su bisabuelo.
La última adquisición de la pequeña fue una cría de balrog que sus padres ven como una figura potencialmente peligrosa para la integridad física y económica de la casa, pero por más que quisieron no pudieron negarse ante la insistencia de la pequeña Nema.
Finrod estaba realmente encantado con la llegada de las dos pequeñas, igual que su tía Arlinwen.
– Cada vez que vengo a veros, ¡me presentais un nuevo sobrino! -le decía entre carcajadas a su hermano.
Por entonces, se produjo también la visita de la nueva hermana del elfo, a la que comúnmente llamaron Airun, aunque su verdadero nombre es Tyelperion. Y tras ella, llegó un dragón llamado Aldarion, que se hacía el despistado pero a leguas se le veía que bebía los vientos por la bella elfa.
El dragón se deshacía en suspiros de humo cuando ella estaba cerca, pero cuando no era así, se transformaba en un cómplice de travesuras perfecto para Shinoda e Iruka.
Nosta se había tenido que subir a los árboles más de una vez para escapar de los maremotos que el dragón provocaba en la piscina, y por su puesto, no le quedaba otra que castigarlos a los tres cargando agua en calderos para rellenarla de nuevo.
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Pero si todos creían que el trípode estaba completo, se equivocaban. Pronto se produciría la llegada de un enano… que daría muuuucho que hablar….
Capítulo VI: Khuzan el enano
Con el transcurso de los días, un nuevo vecino se instaló en el interior de las montañas del lugar. Se hacía llamar Khuzan el Enano, y con él, llegaría también el mayor disgusto de Nosta.
Desde el principio, el enano hizo buenas migas con Iruka, Aldarion y Shinoda, aunque esto significase contínuas peleas entre ellos. Khuzan era sin duda el cuarto en discordia. Ahora sí parecía estar completo el cuadro.
A pesar de que Nosta simpatizaba bien con el enano, por otra parte la llegada de éste no le había traído más que problemas: por si fuera poca influencia la del trípode y el bisyayo Maedhros por casa, Avaesse tenía ahora una nueva figura en la que fijarse. El chico, que ya iba bastante crecidito, se pasaba las horas en la caverna de Khuzan, bebiendo cerveza hasta emborracharse.
Cada vez volvía más tarde a casa y cada vez que lo hacía se volvía descarado y protestón hacia su madre, a pesar de las advertencias de su padre. Viendo este panorama, no tardaría en llegar la gota que colmó el vaso.
Un día que Nosta estaba cambiando los pañales a Naylaia, sintió como la puerta se abría de golpe y vio a Ava subir las escaleras corriendo sin ni siquiera saludarla. Como esto ya era habitual en el joven vampiro, Nosta se limitó a bajar la cabeza un poco disgustada y se dispuso a atender también a la pequeña Nema, que jugaba con una pequeña figura de un elfo guerrero de madera.
Al poco rato, la elfa sintió nuevamente la puerta de la entrada cerrarse. Suspiró y dejó a Nema en el suelo al lado de Naylaia. Mientras la pequeña vampirita se empeñaba en morder la oreja de su hermana, Nosta se dispuso a salir al jardín, pero enseguida vio a su hermana corriendo hacia ella y no precisamente con una cara alegre.
– ¿Qué ocurre hermana? –le dijo la elfa extrañada abriéndole la puerta para que entrara.
– ¿Es que no has visto salir a Ava? –le gritó Aiwendil.
– Sí, claro. Lo oí salir hace un momento.
– ¿Y no te dijo a donde iba?
– No es necesario que lo haga. Claro que no me dijo nada, como de costumbre, pero sabes igual que yo que estará emborrándose con Khuzan y Shinoda en la montaña. –dijo la elfa con un gesto de resignación dolorosa.
– Sí, sé que está con Khuzan en la montaña. El problema es que ha decidido quedarse a vivir allí. –espetó la elfa. Nosta se levantó de la silla en la que se había sentado y la miró atónita.
– ¿QUÉEEE? ¿CÓMO QUE SE VA A VIVIR ALLÍ? –exclamó Nosta exaltada.
– Me lo encontré hace un rato con una mochila al hombro. Cuando ya me venía se dio la vuelta y me gritó “ Dile a mi madre que me voy a vivir con Khuzan”. Supuse que no lo sabrías. –explicó Aiwendil.
– Pues claro que no lo sabía. –contestó la elfa.- Esto ya se pasa de castaño oscuro. Me va a oír éste.
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Los ojos de la elfa adquirieron un luminoso brillo extraño y su rostro reflejó su condición de vampira por momentos.
Nosta salió airada de la casa y su hermana la siguió por precaución.
Mientras, en la montaña, el enano había vaciado ya dos barriles de cerveza entre sus invitados y abría un tercero.
Shinoda se encontraba apoyado contra la pared, con las mejillas coloradas y una sonrisa de oreja a oreja que le impedía abrir del todo los ojos, y se entretenía contando las hormigas que pasaban por encíma de su dedo meñique.