La Familia crece

Y llegó el día del alumbramiento. Finrod se levantó preparado para el parto, pero para sorpresa de todos, el bebé no dio señal alguna de querer salir. Solo cuando ya la elfa se iba a acostar, las contracciones se hicieron cada vez más intensas, pero en el momento de la verdad, todo resultaba una falsa alarma. Y así pasaron varios días: todo iba bien durante el día y cuando llegaba la noche las contracciones volvían pero el bebé no quería salir. La elfa empezaba a estar cansada de eso. Transcurridas ya 7 noches desde aquel día, el dolor hizo retorcerse nuevamente a la elfa.
– Aguanta querida, ya verás como esta vez nace. -le dijo su marido tratando de calmarla. La elfa le dedicó una mirada asesina y dijo con una mueca de ira contenida:
– como nace… Este me esta vacilando.-Miró a la abultada barriga y gritó.- ¡Sal de una maldita vez o te saco yo!!- Inmediatamente se retorció en una nueva punzada de dolor y pocos minutos despues nacía un bebé varón de gran tamaño. Cuando ya estuvo recuperada, Finrod le llevó el bebé a Nosta que lo cogió y lo miró con cariño. El bebé parecía sonreirle descaradamente.
– Que, ¿estabas cómodo con mamá, eh? Tu vas a quedarte siempre con ella. -le dijo con una sonrisa. Para su sorpresa, el bebé se ponía serio, cerraba los ojos y levantaba la mano con el dedo índice en señal de negación. Nosta lo miró atónita y lentamente se giró hacia su esposo.
– Este nos va a salir rana… -le dijo. -Acuérdate de mis palabras.

Capítulo V: dos sorpresas muy agradables

Los días siguientes la casa estaba alborotada con la llegada del nuevo bebé. Nosta y Finrod se rompían la cabeza pensando un nombre para el niño, pues todos los nombres que tenían guardados eran de niña. Aiwëndil se pasaba el día intentando que el bebé que crecía a un ritmo desorbitado no hiciera de sus trastadas (cosa realmente dificil) y huyendo del acoso de Maehdros.

– Esto no puede ser, tenéis que ponerle un nombre ya.- le decía Iruka a Nosta.- Un nombre es la base de la educación. ¿Cómo vas a echarle la bronca si no sabe ni que estás hablando con el porque no lo llamas pro su nombre?- la elfa asentía preocupada. -No puede estar sin nombre.

-¡Eso es! -exclamó Shinoda. El resto se giró extrañado. -¿Porqué no le llamáis así? Avaesse, el Sin nombre. -Los otros lo miraban incrédulos. Era una idea bastante absurda la verdad.

Nosta y Finrod no quedaron muy convencidos pero mientras tanto, Shinoda comenzó a llamar al niño por ese nombre y poco a poco, los demás, a falta de otra designación, lo fueron imitando. Así fue como el bebé tomó el nombre de Avaesse.
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Pocos días después del nacimiento de Avaesse, Nosta quedó nuevamente en cinta y su barriga crecía de nuevo preocupantemente rápido.
-¿como vamos a hacer ? Nos vamos a arruinar de seguir así. -le decía la elfa preocupada a su marido.

– No te preocupes cariño, que ayer eché la Elfoloto y seguro que toca.
Mientras tanto, el niño que se pasaba el día escapando de su madre y volviéndola loca a correr detrás de el con el barrigón, empezaba a desarrollar unos colmillos notablemente desarrollados. De esto daba fé la pierna de Maeh, que más de una vez se había visto acosada por la boca del niño.

El bisabuelo tenía que sufrir su presencia pues siempre había alguna elfa ocupandose del bebé y, donde habia una elfa, estaba el. Esto tampoco gustaba a Nosta, que veía que el niño ya era lo suficientemente pillo por sí solo sin necesitar una influencia de las características de Maeh.

Un día, estando ella cocinando, Avaesse se le acercó por detrás en silencio y le dio una palmada en el culo. La elfa se dio la vuelta sorpendida y observó la sonrisa descarada del pequeño. Tal vez no se hubiese enojado tanto si no hubiera sido porque la semana anterior había sido el propio Maehdros quien le había dado la palmadita, (llevándose un buen tortazo) y el pequeño había tomado buena nota. Nosta lo miró muy seria.

-Eso es lo que te enseña tu abuelo, ¿no?.-le dio la vuelta y le dio un azote en el culo. -Pues yo también se dar palmaditas en el culo. -Ava la miró enfadado y se fue refunfuñando entre dientes.

El niño crecía tan deprisa como su ya jovencita hermana Lalihiari, de cual belleza no pasaba inadvertida a nadie. Su noviazgo con Gandalf el Dorado era ya oficial y se preveía una futura boda, a pesar de las contínuas tonterías con las que Maedhros molestaba al mago.

Pronto llegó el día del alumbramiento y Nosta fue llevada a la casa de Elrond con fuertes dolores de parto. La sorpresa pronto les llegó a todos, pues no se trataba de un bebé… ¡si no de dos! Dos preciosas niñas que nacieron con unos minutos de diferencia. Eran blancas y regordetas, y unas débles alitas les salían de su suave espalda. Se llamaron Nemarië y Naylaia.

Pero rápidamente se vio que su similitud era básicamente aparente, pues ambas tenían una personalidad bien diferenciada. Naylaia, la menor de las dos, era más bien tranquila y callada, más parecida a su hermana mayor Lalihiari. Por el contrario, Nemarië era un verdadero torbellino, habladora como pocas y risueña, y se entendía a las mil maravillas con su hermano Avaesse. Nosta lo consentía bien, pues Nemarië no dejaba de ser cariñosa con ella igualmente.