La Familia crece

Aldarión y Avaesse echaban un pulso sobre un barril vacío de cerveza. Los dos estaban tan borrachos que ya no sabían si hacían fuerza sobre el brazo del otro o sobre la botella de ron que había sobre las tablas.

 

Khuzan se dirigía hacia ellos cuando una ráfaga de humo negro se le cruzó en el camino y los chispeantes ojos de la madre de Ava se le aparecieron delante fulminándolo con la mirada.

 

– N-nosta… -dijo con voz temblorosa. –Cúanto tiempo…¿cómo tu por aquí? –sus palabras resbalaban mientras él retrocedía disimuladamente. Al ver que el rostro de la elfa seguía imperturbablemente furioso, levantó una de las jarras de dorada que llevaba en la mano. -¿Una cervecita…? –le ofreció con una sonrisa de cordero degollado.

 

La elfa tiró la jarra al suelo con una mano mientras el enano se escondía entre dos barriles.

 

– ¡Sal aquí ahora mismo! –le gritó la elfa. –Tengo que decirte un par de cositas que creo que no te han quedado muy claras.

 

Los demás observaban a Nosta entre asustados y asombrados, excepto Avaesse, que parecía incluso divertido. Khuzan salió temeroso de entre los barriles y miró a la elfa.

 

– Acepto que mi hijo venga aquí, que tenga tu amistad e incluso podría llegar a aceptar que le hayas dado a probar la cerveza. Pero ni de broma pienses que voy a permitir que mi hijo se convierta en un renegado alcohólico que no hace más que estar tirado por el suelo borracho en el fondo de esta montaña de piedra. ¡Hasta aquí podíamos llegar!

 

Shinoda se levantó con dificultad y levantó un dedo para pedir su turno y hablar, todavía con una ebria sonrisa en la cara sonrojada.

 

– ¡Eh! Que Ava no está borracho, solo falto de sueño… tu déjalo aquí unos…

– ¡CÁLLATE! –le gritó la elfa, volviéndose hacia él. –Que vosotros dos tampoco os libráis. –añadió señalando al chico y a Aldarión. -¿Os parecerá bonito? ¿Qué crees que pensará Airun de todo esto? –el dragón bajó la cabeza avergonzado.-Ya estáis dejando de hacer el besugo. –Nosta se volvió hacia su hermana que observaba la escena casi con una carcajada contenida. –Sácalos de aquí y échale un barril de agua fría por encima hasta que recuperen la lucidez.
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Avaesse, que hasta entonces había permanecido en silencio, se levantó y abrazó a su madre por detrás, susurrándole al oído.

 

– Vamos mamita… no te pongas así. Que solo estábamos divirtiéndonos. Míralo por el lado bueno, ya no tendrás que hacerme más la comida ni preocuparte más por mi.

 

La elfa se dio la vuelta y asió al joven por una oreja tirando de el hacia la salida.

– Claro que no volveré a preocuparme por ti, por que se te acabó la cuerda. Quien juega con fuego se quema y tu ya me has colmado la paciencia.

 

Nosta arrastró a su hijo hasta la casa por la oreja, todavía con el rostro encendido de ira y los ojos llameantes. Avaesse hacía lo que podía por soltarse pero estaba demasiado borracho.

 

Finrod había llegado a casa hacía poco y se había extrañado al no encontrar a la elfa allí. Cuando la vio llegar con su hijo a rastras, se quedó estupefacto.

– ¿Qué ocurre cariño? –le preguntó cuando ella estuvo a su altura.

– Ahora no.- gruñó ella sin ni siquiera mirarlo. El elfo retrocedió para dejarla pasar. Jamás había visto a su esposa tan alterada.

 

En ese momento, Maeh apareció sonriente por la puerta y soltó una carcajada al ver a Avaesse.

– ¡Nieto! –le gritó. –Esta si que la llevas gorda. ¡Así se hace hijo mio!!!

Los ojos de Nosta se encendieron nuevamente y se frenó en seco. Sin tan siquiera darle tiempo a reaccionar, fue junto a Maeh y le soltó tal tortazo que el pobre tendría que comer papillas durante toda la semana siguiente.

Avaesse permaneció recluido en su habitación hasta que se le pasó la borrachera, lo que supuso varios días de espera puesto que el nivel de alcohol en sangre era considerable tras varias semanas de ingesta continuada.

Shinoda, Aldarion y Khuzan tuvieron que reducir su tiempo de adoración a la cerveza por sus “servicios forzados a la comunidad”.

 

Capítulo VII:una dura prueba.

Cuando Avaesse recobró totalmente el sentido y la lucidez descubrió para su desesperación que su madre lo había encerrado en su cuarto. Enfadado, abrió la ventana de par en par y sus ojos se toparon con unos firmes barrotes de hierro. Se agarró a ellos entre azorado y airado y asomó la vista al exterior. No se veía a nadie en los alrededores. Furioso, tiró de los barrotes y gritó. De detrás de un árbol cercano asomó una cara conocida.

 

– ¡Aldarion! –su amigo se encontraba allí abajo vestido con un extraño mono sucio de tirantes y con la cara llena de tierra. -¿Qué estás haciendo? –le preguntó Ava extrañado. El dragón lo miró con cara de resignación.

– Tu madre, que nos ha contratado como jardineros durante dos semanas, solo que no cobramos nada.

– ¿Qué? ¿Y por qué demonios le hacéis caso?- le gritó. Aldarion lo miró con una especie de sonrisa sarcástica.
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– Claaaaaro, con ese carácter tan comprensivo que tiene tu madre cuando se enfada… -Ava hizo un gesto despectivo y cruzó los brazos.

– Bah, sois unos caguetas.- le dijo.

– Si si, pero no somos nosotros los que estamos encerrados ahí arriba. –le contestó Aldarion con una sonrisa burlona.

– Cállate y sácame de aquí. Necesito cerveza. –le gritó Avaesse enfadado.

– ¿Y cómo quieres que te saque de ahí?

– Entra y ábreme la puerta. Mi madre tendrá las llaves en el cajón de su mesilla de noche. A estas horas no hay nadie en casa.

– ¿Estás loco? ¡Si me pilla Nosta me descuartiza vivo!

– ¿Quieres sacarme de una vez??- se impacientó el semielfo.