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Una espesa nubla cayó sobre ellos, la comarca no les quedaba muy lejos, pero casi no veían.
-Creo que nos estamos desviando.-gritó Vladdimir agudizando su mirada, la niebla se había hecho tan densa que les segaba la vista.
-Si claro, y para dónde vamos genio.-dijo Karin haciendo un gran esfuerzo por ver a sus compañeros.
-No lo sé, en realidad no sé hacia donde vamos.-dijo Vladdimir.
-Así que estamos perdidos.-dijo Mariel.
-No, bueno, podrías decir.-respondió Vladdimir. Anfael se detuvo súbitamente, Mash-ä también pero Robad siguió. Estaban en el filo de un cañón. Mariel trató de detener a Robad, se detuvo, pero ella cayó.
-¡Mariel!.-gritó Karin. Una flecha pasó justo junto a Vladdimir.
-No estamos solos Karin.-dijo sacando su arco ágilmente. Karin seguía tratando se salvar a Mariel.
-Vladdimir, no nos haría mal una mano.-dijo Karin.
-A mí tampoco me caería mal otra mano, y no les puedo dar una mía, ¡uh! Las utilizo las dos, si sabes a lo que me refiero.-dijo Vladdimir sin dejar de disparar.
-Oh que si sé a lo que te refieres, ¡claro que sí! Pero esto es urgente.-dijo Karin sin soltar a Mariel. De repente empezó a llover, al principio muy poco, pero después era una tormenta.
-Hola, ¡estoy al borde de la muerte!.-dijo Mariel. El lodo duro y seco que cubría a Karin se comenzó a transformar en lodo líquido que hacía que las manos de Mariel se resbalaran.
-Vladdimir….. -gritó Karin en el momento en el que los dedos de Mariel se le resbalaran de las manos. Karin se levantó media traumada, escuchó el grito de Mariel y luego, silencio.-Se cayó.-gritó.
Vladdimir seguía muy ocupado con tanto orco. Giraba de un lado a otro con su espada ahora que su carcaj ya no tenía flechas. Karin sacó su espada y mató a un orco. La negrusca sangre brotó hacia todos lados, pero Karin de alguna manera se sintió feliz, Vladdimir tenía razón, se sentía bien liberar al mundo de esas nefastas criaturas, después de eso pudo ayudar más.
Finalmente acabaron con todos y cada uno de los orcos que los atacaban, algunos se fueron pero esos ya no importaban.
-Bien hecho, eres buena con la espada.-dijo Vladdimir jadeando de cansancio. Luego se acordaron de Mariel. Karin se acercó al filo del cañón de rodillas.
-¡Mariel!.-gritó. El viento helado pasaba por sus lados, no se escuchó ninguna respuesta, solo el viento silbante.
-La veo, fueron solo algunos metros.-dijo Vladdimir con un gran alivio.
-¿Estas viva?.-gritó Karin.-Habla, solo si estas viva.-dijo Karin. Vladdimir la miró con ojos de “ no eh, te va a hablar el muerto”.
Bajaron a ver si Mariel estaba….. bueno, a ver como estaba.
-Mar… Mariel.-dijo Karin, luego volteó a ver a Vladdimir.
-Creo que ya está flotando con los angelitos.-dijo con una rara voz.
-No creo, ¡Mariel!.-dijo Vladdimir. Mariel abrió los ojos de par en par.
-Estas bien.-preguntó Karin.
-Creo.-respondió Mariel moviendo el cuello.-Porque tardaron tanto.-preguntó aun tirada.
-Unos orcos, ya sabes, llegan en los momentos menos indicados siempre, oh como los odio, si alguna vez me encuentro a alguno va a sufrir tanto que no me gustaría estar en su lugar.-dijo Karin amenazante.
-Estoy seguro, ahora, sería bueno descansar aquí un rato, estas batallitas me cansan.-dijo Vladdimir.
-Suena accesible.-respondió Karin.
Estuvieron ahí sentados por varias horas, tratando de descifrar en donde demonios se encontraban, pero por mas que lo pensaban no sabían. Esperaron a que la niebla se despejara, así tal vez lo sabrían.
-Mariel, en serio me quieres ayudar, o solo quieres ir a ver a Frodo, porque no tienes que mentir, puedes venir si quieres, solo a verlo.-dijo Karin.
-Oh que bueno que lo dices, ya estaba empezando a resignarme a mi muerte, mira, yo sé que fue un accidente y todo lo que quieras, pero por el momento, no estoy dispuesta a pagar por lo que hayas hecho, aunque no haya sido tu culpa.-dijo Mariel.
-Me lo imaginé.-dijo Karin desilusionadamente.
-Y no me vas a hacer sentir mal.-dijo Mariel.
-Lo se.-respondió Karin, luego se puso a pensar, que tal si todas las demás decían lo mismo, que tal si se quedaba sola, sin ayuda mas que la de Vladdimir.
-Pero, Igual puedo cambiar de opinión.-dijo Mariel con tono de “solo si yo quiero” Karin pensó que no iba a esperar haber si quería o no, tenía que hacer que las demás aceptaran, independientemente de que Mariel no quisiera.
Algo cayó en la cabeza de Karin, no era lluvia, pues no estaba lloviendo. Volteó hacia arriba mientras se quitaba del cabello algo viscoso.
-¡Argh!.-gritó, sobre ella había un orco con serios problemas salivatorios, como que no la podía mantenerla dentro de su boca.
-Déjenmelo a mi.-dijo Vladdimir. Se dio cuenta de que no era uno, sino como cincuenta, dio media vuelta y fue donde estaban Karin y Mariel -Hora de marcharse damas.-dijo Vladdimir corriendo a su caballo, lo mismo hicieron las otras dos.
-Noro-lim Anfael ¡Noro lim!.-gritaba Vladdimir.
-Alguna sugerencia para un plan.-preguntó Mariel.
-No, ¡rayos! Como me serviría un helado de moka.-se quejó Karin. Los orcos gritaban como locos, y sus duras pisadas hacían que el suelo temblara.
-Son muchos, que querrán.-dijo Karin.
-Seguro no quieren charlar.-dijo Vladdimir. Karin lo miró con ojos asesinos.
-No empieces con sarcasmos, no ahora.-dijo Karin.
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6
El Bosque Viejo