Annor no quedaba lejos, como a media hora caminando.-Vladdimir, ¿crees que Mash-ä ya esté lo suficientemente grande? estas caminatas me van a terminar matando.-dijo Karin.
-Ese caballo ya está listo para aventuras.- anunció Vladdimir.
Annor era una de las ciudades más viejas de la tierra media, era propiedad de Gondor pero con la sombra cerca perdieron la ciudad, años después la retomaron algunos Dunedain y algunos magos, así que desde los días de antaño se le conoce como una ciudad mágica, ahí era donde se les enseñaba a los jóvenes magos todo lo necesario, y fue ahí donde surgieron las magas, que después de cientos de años se les fue descubierto cierto poder mágico. Milagrosamente la más importante de todas era Karin la blanca. Ahora todas esas tierras no tenían dueño fijo aunque el rey de Gondor había vuelto, no había mucha comunicación entre aquellos reinos.
Caminando ya casi para llegar, Gandalf llegó a la mente de Karin. Habían pasado ya muchos años desde la última vez que le viera, si, como olvidarlo, sin ninguna preocupación, bebiendo a sus anchas y bailando elf will survive. A Karin se le escapó una carcajada.
-¿De que te ríes?, Fue algo de lo que dije.-dijo Mariel lista para asesinar a Karin.
-No, no fue nada de lo que dijiste.-respondió Karin, y era verdad, ¿cómo pudo haberse reído de algo que ni siquiera había escuchado?
Caminaron otro buen tramo y luego Vladdimir se detuvo justo frente al camino que llevaba a la comarca.-Aquí las dejo.- dijo Vladdimir.
-Oye, ¿qué vienen a hacer tus amigos a la comarca?- preguntó Mariel esperando que la respuesta fuera que venían a traer de paseo a Frodo o algo así.
-Ah, no sé, creo que vienen por hierba para pipa y cerveza, verás que en Edheldor no hay mucho de eso.-dijo Vladdimir despidiéndose.
Karin iba muy atenta a cualquier movimiento de Mariel, no hablaba, por miedo a meter la pata, pero Mariel no dio ningún signo de querer matarla. Así que caminaron y pronto estuvieron frente a las enormes puertas de Annor. Un ambiente de paz rondaba por toda la ciudad, un silencio inusual hacia posible que se pudiera escuchar el canto de las aves y cada paso que daban. Las aves volaban sobre las altas torres blancas y algunos animalillos corrían entre las calles de piedra.
-Ya quiero ver a Gandalf.-dijo Karin animándose a hablar.
-Si, yo también, y quisiera que trajera a… -dijo Mariel pero no terminó la frase.
-A… -dijo Karin queriendo saber el final del enunciado.
-¿No es ese Gandalf?- preguntó Mariel señalando a un tipo bajito gordo y con mucho cabello café.
-No, ese no es, a menos que se haya teñido el cabello, haya engordado diez kilos y se haya hecho enano.-dijo Karin con una sonrisa burlona dibujada en el rostro.-Y entonces ¿A quien querías que trajera?- dijo volviendo al tema.
Mariel vaciló un momento.-Ese si es Gandalf.- dijo Mariel señalando a la cafetería, adentro lograron distinguir al viejo con barba blanca y un inconfundible sombrero puntiagudo. Karin y Mariel cruzaron la calle rápidamente.
Entraron a un lugar bastante hogareño, el olor a comida y vino llegó a la nariz de las magas. Gandalf volteó hacia donde estaban, y se acercó.
-Gandalf, que gusto.-dijo Karin muy emocionada.
-Gandalf.-dijo Mariel haciendo una reverencia, típica de cuando está frente alguna persona importante.
-Llegan justo a tiempo.-dijo Gandalf.-Estaba por irme.- Mariel parecía estar buscando algo, más bien a alguien que según se veía podría estar detrás de Gandalf.
-Mariel, ¿qué buscas?-preguntó Karin.
Mariel volteó.-Yo… Ah. No. Nada.- mintió.
Obviamente estaba buscando a Frodo, su pequeño hobbit con problemas ortodonsicos incurables. Karin con su no cochambrosa mente pensó que si Frodo aparecía detrás de Gandalf…… bueno iba a ser algo sospechoso, después de todo, que tendría que hacer Frodo ahí metido. Pero Frodo no apareció. Karin miró a Gandalf, parecía que Edheldor le había sentado muy bien, casi nos se veía diferente, con su misma barba blanca y con su puntiagudo sombrero. Karin podía jurar que nunca lo había cambiado, tal vez le regalara uno algún día. Él les sonreía amablemente.