Karin y Vladdimir miraron al loco, digo, orco esperando que dijera algo más. El Uruk no se veía nada bien, pero ellos no conocen el dolor ni el temor así que lo dejaron ahí, sin decir nada, no se podía ver alguna expresión facial que les dijera en que estado se encontraba, tenía la cara como todo orco y Uruk, demacrada y rota, o por lo menos eso parecía.-Raro.- dijo Karin.
-Eres.. ¿amigo? -dijo Vladdimir sin quitar la mano de su espada. El orco asintió con la cabeza. El Uruk ya no cantó, y no lo hacía mal, no para un Uruk.
El problema no terminó ahí, antes de que Karin notara su presencia Vladdimir ya había sacado su espada y precipitándose hacia delante había matado a otro Uruk. Dos más aparecieron misteriosamente, uno de ellos con gran puntería mató al orco cantor, y Vladdimir lo mató a él, y a su compañero.
-Ya era hora de un poco de acción.-dijo Vladdimir guardando su espada. Había matado a los uruks con una habilidad impresionante, y sin muchos problemas. Karin se levantó del suelo, porque se había tirado al ver a los uruks, y no porque les tuviera miedo, si no porque no llevaba con que defenderse.-Vámonos.-dijo Vladdimir.
Caminaron un poco agitados, Vladdimir iba con una sonrisa muy amplia.
-Hacía tiempo que no me encontraba con orcos.-dijo sintiéndose realizado.-Se siente bien saber que libras al mundo de esas inmundicias.-dijo.
Karin deseó algún día poder decir lo mismo.
-Por cierto, que decías del concilio.-dijo Vladdimir recordando de lo que iban hablando. Karin le contó con lujo de detalles, Vladdimir hacía caras raras de vez en cuando imaginándose la cara que había puesto Gandalf.
-Y entonces tal vez muera.-concluyó Karin.
El sol ya se había ocultado y la noche cayó sobre ellos, la luna era lo único que alumbraba su camino.
-Sabes no creo que Mariel deba andar sola a estas horas.-dijo Vladdimir.
-Uh, no se la vayan a robar.-dijo Karin quien estaba un poco molesta con Mariel.
-Esto es serio, los uruks rondan por estos rumbos, lo has visto.-dijo Vladdimir.
-Tranquilo, sabe defenderse.-dijo Karin recordando que Mariel tiene la extraña costumbre de pegarle a cualquiera.
Cuando llegaron a la puerta de su casa, Karin metió la mano en su bolsa, y luego buscó algo.-¿Mi llave? ¡Llave!-gritó Karin como si esperara que la llave le respondiera “aquí estoy pedazo de loca” Karin asomó la cabeza por la ventana, sus llaves estaban en la esquina de la mesa, justo dónde las había dejado. Miró a Vladdimir con esperanza.
-Yo traigo la mía.-dijo feliz.
-Bien, eso es bueno.-dijo Karin mientras Vladdimir abría.
Entraron, la casa estaba fresca.
-Y entonces que piensas hacer.-preguntó Vladdimir.
-No lo sé bien, voy a dormir y tal vez mañana tenga algo concreto.-dijo Karin.
Lo malo de todo eso fue que olvidaron por completo que Mariel iba a ir, si iba, mal por ella, porque en vez de que Karin o Vladdimir durmieran, se morían y si ella iba, ellos nunca se enterarían, por mas que Mariel quisiera despertarlos sería en vano, por otra parte ya habían optado por darle una llave, pero como a Karin se le había perdido la suya se la había quitado.
Mariel regresó ya tarde de Arnor, en el camino vio unos orcos muertos pero le pareció superfluo y siguió caminando. Unas nubes amenazaban tormenta, por lo que decidió ir directamente a la casa de Karin en vez de a la suya, después de todo era más cercana.
Pero cuando llegó, nadie parecía estar ahí, nadie le abría por mas que tocara y tocara. La lluvia la alcanzó y ella trató de cubrirse en el umbral de la casa pero fue inútil.
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El No Plan