-Un momento, yo conozco por aquí, aunque no tiene sentido, estamos por el bosque viejo, cerca de la comarca.-dijo Mariel.
-Nosotros íbamos para el otro lado, no.-dijo Karin sin entender que hacían ahí, pero ya le había pasado antes, de regreso de Edheldor, su barco había naufragado y por alguna extraña razón habían llegado misteriosamente a Gondor, Karin le atribuía eso a los dioses, pero esa demasiado extraño. Como sea que hubieran llegado ahí, les ponía un escondite, no muy seguro, pero alejado de los orcos.
-Mariel, adelántate, ve a pedir ayuda.-gritó Karin.
-Y… y ustedes.-dijo Mariel como no queriéndose ir.
-No sé que trame ella, pero…. vete ya.-dijo Vladdimir al ver que los orcos les daban alcance. Mariel cabalgó hacia la derecha y luego trató de ir lo más rápido que pudo.
-Nos adentraremos en la comarca, ahí los perderemos.-dijo Vladdimir.
Un milagro pasó, incluso sin el suculento helado de moka, Karin pensó.-No podremos entrar a la comarca, los matarían a todos.-dijo.
-Y si no entramos nos matarán a nosotros.-dijo Vladdimir inquieto.
-Podemos con ellos.-dijo Karin tratando de convencerse.
-Oh no, no podemos, lo sabes, dos contra que, cincuenta, setenta, no podemos.-dijo Vladdimir, en su voz se escondía una nota de desesperación.
-No hay otra opción.-dijo Karin.
Siguieron cabalgando, Karin no quería arriesgar a ese pueblo tranquilo que eran los hobbits, pero nadie en el mundo quería que ella muriera. (nada de risa)
Algo se le estaba olvidando, miró hacia el bosque, unas flechas pasaron cerca de ellos, el ataque había empezado. Una graciosa canción llegó a la mente de Karin.
-Bombadil.-susurró.-Al bosque.-gritó.
Jaló a Mash-ä y dando un giro se dirigió al bosque.
-Karin, Bombadil tiene otras cosas que….. ¡corre!.-dijo Vladdimir.
-¡Noro-lim!.-gritaban ambos sin cesar.
-Canta.-ordenó Vladdimir.
-No, yo no canto, además no es momento.-dijo Karin, una curiosa situación, cincuenta orcos armados y Vladdimir quería que Karin cantara.
-Tienes que llamar a Bombadil.-dijo Vladdimir como si fuera obvio. Karin no podía esperar que el viejo de las botas amarillas apareciera como por arte de magia. Si Karin no cantaba con su melodiosa voz (si como no) morirían.
Oh Tom Bombadil!
¡Tom Bombadilló!
Por el agua y el bosque y la… ¿colina?
Los cañones y el torna-sauce
Y por el fuego y el sol y la luna
Escucha ahora y óyenos
Ven Tom Bombadil,
Pues nuestro… ¿Apuro? Está muy cerca.
Vladdimir se reía.-Canta mejor una cotorris.-dijo entre risas.
-Cállate.-dijo Karin irritada.
-¡No viene!.-dijo Karin.-Que esperabas, que llegara cuando se lo pidieras, te dije que tenía cosas que hacer.-dijo Vladdimir.
Se bajaron de los caballos y siguieron a pie. Ya casi no se escuchaban orcos.-Vuelve a cantar.-dijo Vladdimir. Se escuchó un hermoso canto, y no era precisamente el de Karin.
El viejo Tom Bombadil es un sujeto sencillo
De chaqueta azul brillante y calzado amarillo
Nadie lo ha atrapado nunca, Tom Bombadil es el amo.
Vladdimir buscaba con la mirada.
-¡Karin Bombadil nad ennas! (Bombadil anda por ahí) -dijo él hablando en élfico, si era un orco, no los entendería.
-Earello Bombadil, Et mellon. (Bombadil ha llegado, soy amiga)-dijo Karin.
-Un elfo, y una maga con vago acento élfico… ¿Qué asuntos los traen a estos páramos desolados?-preguntó Bombadil escondido por ahí.
-Nos persiguen unos orcos, necesitamos ayuda.-dijo Karin aunque se sentía tonta hablándole al aire.
-¿Orcos? Nefastas criaturas, Bombadil las odia, seres despreciables, han venido a mi bosque a menudo, a destruir todo lo que tenga vida, incluso el viejo hombre-sauce no se mete con ellos, habrá alguien capaz de detenerlos!-dijo Bombadil.
Karin escuchó de nuevo el paso seco de los orcos.-Así que, los orcos los persiguen, y se internan en el bosque.-dijo Bombadil.
-Creímos que usted nos ayudaría.-comenzó Vladdimir.
-Usted?, me agrada, continua.-dijo Bombadil interesado. Vladdimir le contó cada detalle desde el concilio hasta cuando Mariel se separó de ellos, lo comenzó a decir como si fuera una antigua historia llena de acción y suspenso, cosa que le agradó a Bombadil.-Sabia decisión no llevar orcos a la comarca, los hobbits no podrían con ellos, ah mis queridos hobbits.-dijo Bombadil.
Las pisadas de los orcos se fueron alejando en el momento en el que pequeñas gotas de agua comenzaban a caer sobre Bombadil y los otros. Karin sintió que el lodo que le quedaba se empezaba a resbalar, pero Bombadil no parecía notarlo, solo hablaba y hablaba, y si! Seguía hablando.
<!–pagebreak–>
Vladdimir y Karin ya estaban muy mojados, totalmente limpios, pero mojados, cuando Bombadil notó que aun estaban ahí, se la había pasado hablando de cada árbol del bosque, como si les fuera a importar.
-Oh! Me he olvidado de los buenos modales, ustedes se están mojando, mejor, vamos a mi casa, descansen, coman si así lo desean, y verán a mi hermosa esposa Baya de Oro, ahí seguiremos charlando eh?-dijo Bombadil.
-Lo seguimos.-dijo Karin.
Mientras caminaban Bombadil acariciaba a Mash-ä.-Un meáras, es hermoso, hacía tiempo que no veía uno, desde que Gandalf galopó hacia mi hogar con Sombra-gris.-dijo Bombadil mirando a un árbol como si fuera Gandalf. Bombadil cantaba una canción con palabras sin sentido, pero para Bombadil tenían mucho sentido. Sus zapatos amarillos, y su chaqueta azul parecían no mojarse. Karin se preguntó si Bombadil se cambiaría pues como lo decía la canción siempre iba igual.
-Karin, que habrá pasado con Mariel.-susurró Vladdimir.
-Mariel! Ya recuerdo, no tengo ni idea pero solo espero que esté bien.-dijo Karin.
Siguieron caminando, adentrándose cada vez más en el bosque, hasta que llegaron a una hermosa casa que parecía líquida, pero era solo el reflejo del agua y de la lluvia.
-Pasen amables viajeros, mi bella esposa los recibirá, yo tengo que irme, pero volveré en cuanto me sea posible, siéntanse como en casa por favor.-les dijo Bombadil.-Me llevo a su caballos, estarán a salvo y secos en mi establo, nos veremos.-dijo llevándose a los caballos.
Vladdimir y Karin estaban empapados y lo único que querían era entrar y darse un buen baño, aunque no sabían si eso sería posible.
En el preciso momento en que tocaron el piso de aquella casa mágica sus ropas se secaron, y sus mentes se tranquilizaron.
-Vaya, esto es como magia.-dijo Karin.
-Ya conoces a Bombadil, él no se anda con problemas, todo lo tiene bien pensado.-dijo Vladdimir.