Inicio Foros El Anillo Único Juegos de Rol en EAU Helkanor – Posada La Yegua Desbocada

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  • #353855
    Neume
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    No le había prestado mucha atención en el camino, más preocupada como estaba por no toparse otra vez con Îbal. Había sido una suerte que no se encontrara con Battoin. Aquello no habría acabado nada bien.

    Al llegar a la posada se relajó un poco. Pensó que podía permitirse ese lujo.

    La mesa estaba cerca de una de las ventanas. Vio caras nuevas, pero ninguna de los compañeros de viaje, y eso le resultó extraño.

    He perdido mucha sangre y eso que me habéis dado, pese a estar muy bueno y darme energías no ha hecho más que abrirme el apetito

    -¿Abriros el apetito? -preguntó incrédula -¿las lembas? -dijo en un susurro. No sabéis lo que decís; el trozo que comisteis, aunque pequeño sirve para apaciguar un estómago como el vuestro un rato más, creedme. -¿No estaréis embarazado? – y soltó una carcajada. -Siendo un humano criado por enanos, me puedo esperar cualquier cosa ya… -y se volvió a reír.

    -A ver cuando traigan el estofado qué tal os apañáis comiendo con la mano izquierda. ¿Sois diestro? porque ese hombro no podéis ni debéis moverlo en unos días. Claro que podéis hacerme caso o no, podéis quedaros con secuelas para toda la vida o no -le dijo mirando con gesto de fingida indiferencia. – Y con respecto al nombre de vuestro caballo… la verdad, no entiendo esos nombres. ¿De qué idioma son, qué significan? no me suenan. Sois extraño, ¿sabéis?
    Llenó la copa hasta arriba y bebió hasta la mitad. -Ummm, no está mal. Añoro los vinos del Dorwinion -dijo con nostalgia.

    -¿Habéis visto? Allí al fondo, es de la raza de los hobbits. No suelen salir de su hogar y menos las mujeres, ¿qué la traerá aquí?

    Yaiwen se giró disimuladamente para ver a la hobbit en cuestión.
    -¿Mujer… una hobbit? – se llevó las manos a la cabeza. -Por Tulkas, menos mal que no le habéis dicho nada. Es un hobbit. ¿Pero es que no lo veis?. Por cierto… ahora que estamos solos aclaradme algo. ¿Por qué me olfateáis todo el rato? Me di cuenta la primera vez, no os preocupéis. Sois poco sutil.

    En ese momento el hobbit les miró y la medio-elfa levantó la copa y saludó con la cabeza.

    -Lo que está claro es que no se ven muchos de su raza. No suelen salir no, en eso tenéis razón. Pero lo más curioso es que algunos comensales están diciendo que ha luchado contra tres hombres y les ha vencido -dijo riéndose. Creo que están borrachos -dijo entre susurros para acto seguido apurar la copa. -Y no es el único forastero que tenemos. Hay otro en una mesa cercana a la chimenea y es un hombre, antes de que digáis una burrada.
    -Battoin, sé un caballero y sírveme vino, por favor.

    #353858
    Dain-I
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    Berilack se figó en los extraños que acababan de entrar.
    Un hombre y…
    “¡Una elfa!”. Pensó. tomaron asiento y empezaron a hablar, al hobbit le pareció que se le quedaban mirando, se levantó y se dirigió hacia ellos.
    Emprendió este viaje en busca de dinero, renombre y elfos, pero sobre todo elfas, no podía dejar escapar esta oportunidad.
    Mientra caminaba hacia ellos la gente seguí murmurando, pero él hizo oidos sordos, se colocó delante de la mesa de ambos, los dos le miraron extrañados y al fin logró decir:
    -¡Soy Berilack, a vuestro servicio!-
    Después cogió una silla que tenía detrás suya y la colocó junto a ellos. Vió la jarra de vino y no dudó en llenarse la jarra con la que había bebido cerveza antes.
    -¿Y, vos quién sois bella elfa?-.

    #353859
    NELLA
    Participante
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    La sala común de la Yegua Desbocada estaba muy animada cuando entró Kira después de dejar a Nube al cuidado del mozo del establo. Se dirigió hacia la barra donde se encontraba Baldric muy afanado en esos momentos
    -Buenos días maese Baldric
    Baldric se volvió y miró a Kira como si hubiese visto un fantasma.
    -¿Me recuerda?- le preguntó Kira mirandole fijamente
    Baldric salió de su estupor y le contestó con una sonrisa
    -Sí.. claro que la recuerdo, señorita Kira, pero discúlpeme… es que… como desapareció usted asi… ¡De improviso! y después su caballo.. si.. si… también desapareció su caballo… primero estaba y luego no estaba… si usted me entiende..
    -Si. Si le entiendo maese Baldric- Le cortó Kira impaciente -Pero es una larga historia que ya le explicaré, ¿sigo teniendo mi habitación?… ¿con mis cosas?.
    -¡Ohh si!… claro.. por supuesto, señorita, todo está tal y como lo dejó.
    -Genial, voy a subir ahora y después me daré un baño.. ¿está libre la tina?- Le preguntó Kira mientras miraba a los parroquianos que había en la sala, entonces vio a Yaiwen sentada con Battoin y un.. ¿un mediano?… ¿que podía hacer un mediano en Helkanor?
    -Está libre- Asintió Baldric -Elaen le preparará el baño enseguida. Después querrá comer algo supongo..
    -Sí, comeré algo y… apuntelo en la cuenta de Battoin- Dijo Kira mientras miraba hacía ellos con una sonrisa -El hombre que está sentado con Yaiwen, ya lo conoce ¿verdad?-

    Dicho esto fue hacia su habitación y al llegar a la escalera reparó en un hombre que no había visto antes por allí, pero por su aspecto parecía de Esgaroth, La ciduad del Lago. Mas tarde saludaría a Yaiwen y Battoin, si aun seguían allí

    #353860
    Aragorn_II
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    La comida de aquella posada no estaba mal y sus muros eran gruesos, lo que permitía que no se escapara el calor del fuego. Tenía que reconocerlo, Calatar no esperaba encontrar un establecimiento tan digno en aquellas tierras de las que tan poco sabía. Aún no estaba seguro de qué era lo que le había impulsado a ir a esa región: los rumores de grandes tesoros, la emoción de la aventura o que simplemente le convenía desaparecer de las tierras que frecuentaba durante algún tiempo. Todas ellas y ninguna a la vez.

    -¿Os ha gustado?- una voz sacó a Calatar de su ensimismamiento. Alzó la mirada y vio a la joven que atendía las mesas y a la que antes había reprendido el posadero. Era hermosa y voluptuosa, demasiado para llevar un vestido tan ceñido como aquel.

    -¿Y bien?- volvió a preguntar la joven clavando sus ojos azules en Calatar.

    -Sí, todo estaba muy bueno. Nada como una buena comida caliente para reconfortar a un viajero fatigado, y más en estas tierras- respondió cortesmente Calatar. Aquella muchacha tenía algo especial.

    -A mi padre le gustará saberlo, está muy orgulloso de esta posada- dijo la joven haciendo un gesto con el brazo que abarcaba toda la sala. -Aunque la comida no es lo único caliente que podrás encontrar aquí- añadió en un susurro mientras se inclinaba ligeramente sobre la mesa. All hacerlo, le dio a Calatar una vista inmejorable de sus pechos. ‘Demasiado voluptuosa para llevar un vestido tan ceñido’, pensó. El hombre sonrió al recordar el nombre de la posada.

    -¿Y qué más?- dijo Calatar siguiéndole el juego a la muchacha.

    -¡Esta buena chimenea por ejemplo! ¿En qué estabais pensando?- respondió con picardía Elaen. Calatar rió con ganas.

    -Cierto. Traedme otra cerveza por favor… ¿Os llamabais Elaen cierto?-

    -Sí, si necesitáis cualquier cosa durante vuestra estancia, avisadme-

    Antes de que pudiera contestar la joven ya se había marchado. Calatar suspiró, y agradeció que en aquel momento el posadero se hubiera tenido que ausentar tras atender a una mujer y no hubiera visto la escena. En ese momento el hombre se fijó en dos recién llegados que se habían sentado en una mesa cercana. Un joven imberbe que vestía una camisa que hacía daño a la vista y que parecía tener pocas luces y una Elfa, una combinación extraña. Los modales del mozo no eran muy buenos, pues sorbía su estofado directamente de la olla en la que se lo habían servido. Calatar decidió darle una pequeña lección y de paso conocer más sobre aquella hermosa Elfa de cabellos oscuros.

    Calatar se levantó justo cuando un Hobbit se acercaba a la mesa de los recién llegados. ‘¿Qué hará un Mediano por aquí?’, se preguntó. El Hobbit se sentó con ellos y sin dudarlo se sirvió una copa de vino. ‘Hasta en el último rincón de la Tierra Media, un Hobbit seguirá siendo un Hobbit’, pensó Calatar mientras se acercaba al extraño trío.

    -¿Y, vos quién sois bella elfa?-

    El joven de la camisa espantosa, que había sacado los morros de la olla para dar un trago de vino parecía confuso al ver al Hobbit. En ese momento Calatar pasó por detrás del muchacho, y sin que se diera cuenta golpeó con su pie un de las patas de la silla probocando que el mozo imberbe cayera de bruces al suelo. Todos los que vieron la escena estallaron en risotadas.

    -¿Estáis bien?- preguntó Calatar fingiendo que se interesaba por el chico.

    #353865
    Battosay
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    Battoin se puso a contar con los dedos, como haciendo memoria.

    – Veo las posibilidades de embarazo un poco bajas, no obstante, no estaría mal estarlo. Podría fundar una religión – rió.

    -A ver cuando traigan el estofado qué tal os apañáis comiendo con la mano izquierda. ¿Sois diestro? porque ese hombro no podéis ni debéis moverlo en unos días. Claro que podéis hacerme caso o no, podéis quedaros con secuelas para toda la vida o no -le dijo mirando con gesto de fingida indiferencia. – Y con respecto al nombre de vuestro caballo… la verdad, no entiendo esos nombres. ¿De qué idioma son, qué significan? no me suenan. Sois extraño, ¿sabéis?

    – No os preocupéis por la comida, con ocho hermanos peleándonos por la comida, había que agarrar al resto para darle un bocado a tu comida favorita, tuvimos que aprender a prescindir de manos para llevarnos algo a la boca – dijo. – Los nombres de los caballos, ya que preguntáis, son de unos libros que leí. Uno iba de un cuidador de vacas que no cuidaba vacas pero que ayudaba a gente con su palo que escupía fuego. El otro era el caballo de un hombre cuyo rey echa a patadas y le conquista un país para que le perdone y, cuando lo hace, le casa a las hijas con dos desaprensivos.

    La comida llegó y Battoin demostró con creces su habilidad para comer cualquier cosa en cualquier circunstancia.

    Por cierto… ahora que estamos solos aclaradme algo. ¿Por qué me olfateáis todo el rato? Me di cuenta la primera vez, no os preocupéis. Sois poco sutil.

    – Lo sé. Espero que no os parezca mal, pero es que oléis de una forma extraña – la elfa lo miró con expresión ofendida, – no es que olais mal, de hecho tenéis un gusto excelente con los perfumes. Es otra cosa, no oléis como un elfo, bueno, ninguno que haya conocido. Es diferente, de una forma más cercana que los demás, me gusta. Pero no puedo evitar tener curiosidad, ¿sabéis?

    En ese momento el hobbit se sentó a la mesa con ellos. Con esas mejillas sonrosadas y el pelo rizo Battoin dudaba de que fuese un hombre. Se preguntaba si Yaiwen no le estaría tomando el pelo, no sería la primera vez.

    -Battoin, sé un caballero y sírveme vino, por favor.

    – Por supuesto, hoy te serviré las que quieras – respondió Battoin.

    En ese momento perdió el equilibrio y cayó al suelo, derramando el vino sobre la elfa. Por suerte aterrizó sobre el trasero y no se golpeó en el hombro. Miró hacia arriba y vio a alguien que le hablaba.

    -¿Estáis bien?- preguntó Calatar fingiendo que se interesaba por el chico.

    – Sí, muchas gracias por vuestro interés – dijo levantándose – Una silla en mal estado, a veces pasa.

    Le dió una patada a los restos de la silla y cogió una de una mesa cercana, volviendo a sentarse. Mientras le acercaba una servilleta a Yaiwen para que se limpiase, le habló al oído de forma que sólo ella pudiese oirlo.

    – En estos momentos, no envidio el precio de tu belleza. No creo que pudiese aguantar todos los días a toda esta gente intentando impresionarme. Te dejo lidiar a ti con ellos, seguro que lo haces mejor que yo. (Sí, sé que es un hombre, ninguna mujer hace esas tonterías).

    #353866
    lordnazgul9
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    La carreta de Nír entró a la aldea desparramando barro y piedras por las casas vecinas con el paso de las ruedas y el trote del cerdo Bróf. Yendo al Norte antes que el resto del grupo (excepto Kira) y habiendo encontrado a sus dos compañeros enanos a mitad de camino de las Montañas Grises, los envió de vuelta a Kibil-Dûm junto con Rórin, para que dieran la noticia de que los Sardaukar habían matado a los vendedores prestigiosos de Kibil-Dûm. Nír no había conseguido vengarse de los orientales, pero ahora tendría todas las hachas de los enanos a su favor si llegaban a aparecer de nuevo.

    El cerdo llegó bufando. Uno de los Sardaukar le había hecho un corte en una de las patas traseras y cada vez le complicaba más caminar, y Nír desconocía si hubiesen veterinarios en Candur, o al menos a alguien que no le apetezca cenarse al cerdo por si el tratamiento no funcionara.

    Estacionó la carreta cerca del establo de la Yegua Desbocada, donde vio al caballo de Kira. En cuanto viera a Baldric el posadero le arrendaría la misma habitación, que al parecer esta era la única posada decente en la aldea.
    -Santos cuervos-se dijo Nír. -Acá nunca pasa nada-pensó al reconocer la Sala Común tal y como la había visto antes de volver a Kibil-Dûm.
    El enano se sacudió la mugre de las botas en el dintel de la puerta y entró apresuradamente, ya que afuera se estaba poniendo muy fresco el aire.
    El olor a carne recién preparada casi desmayó al enano.
    -Por lo menos quedan cosas que me puedo permitir-dijo Nír, y partió hacia la barra.
    Se consiguió un piso y tras sentarse saludó a Baldric.
    -Buenas tardes, posadero-saludó el señor enano. -Nír, a su servicio. ¿No se molestará en preparar un costillar de cordero al jugo con cebolla frita?
    Nír se había hecho una cantidad ridícula de dinero al vender su colección de hachas de las Montañas Rojas a sus compañeros enanos y ahora que las había recuperado todas (menos la de Rórin, claro) el negocio podía continuar cuantas veces quisiera. Nada mal llenarse con semejante plato para un enano cansado con gula.
    Mientras Baldric suspiraba de cansancio al dirigirse a la cocina, Nír recorró el salón con la vista. Vio a un montaraz, pero descartó casi de inmediato que fuese Rírian. Y también a un Mediano, y este si que parecía ser uno auténtico, no como Baelim, y este pequeñín se dirigía a una mesa que compartían Battoin, luciendo una camisa horrible, y Yaiwen quien a duras penas parecía tolerar los pésimos modales del salvaje.
    -¿Será algo bueno o malo que esta sea la única posada que valga la pena en la ciudad?-se preguntaba tras tantas coincidencias.
    El enano saltó del piso y en ese instante el suelo retumbó. El enano, atónito, giró la vista para ver a Battoin que al parecer había tropezado y aterrizado de trasero. Detrás de él, el montaraz desconocido (que llevaba una vestimenta muy similar a la de Valle) le ayudaba a levantarse.
    Nír escogió una mesa y de su capa sacó una botella nueva de cerveza de Ered Mithrim. -Buen momento para que el pobre Rórin se despistase-pensó burlón.

    #353867
    Neume
    Moderador
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    Es otra cosa, no oléis como un elfo, bueno, ninguno que haya conocido. Es diferente, de una forma más cercana que los demás, me gusta. Pero no puedo evitar tener curiosidad, ¿sabéis?

    -Oh sí, te entiendo -Yaiwen ya le tuteaba, la mezcla de alcohol empezaba a hacer algo de mella. -Verás, no vas mal encaminado, es que yo…

    -¡Soy Berilack, a vuestro servicio!-

    Battoin y ella se miraron algo perplejos, y más cuando sin previo aviso se sentó junto a ellos. A la elfa no le molestó, al contrario, le empezaba a resultar divertido. No todos los días se veían hobbits.

    -¿Y, vos quién sois bella elfa?-.

    -Gracias por el cumplido, señor Berilack. Mi nombre es Yaiwen – e inclinó la cabeza a modo de saludo.
    No había terminado de pronunciar las palabras cuando el forastero se acercó. Ella vio lo que ocurrió en realidad y estaba a punto de soltar la carcajada cuando Battoin le derramó todo el vino encima.

    La elfa saltó como un resorte. Se puso en pie mientras se sacudía un poco el pantalón. Volvió a sentarse y aceptó la servilleta que le ofrecía el humano.

    -En estos momentos, no envidio el precio de tu belleza. No creo que pudiese aguantar todos los días a toda esta gente intentando impresionarme. Te dejo lidiar a ti con ellos, seguro que lo haces mejor que yo. (Sí, sé que es un hombre, ninguna mujer hace esas tonterías).

    Yaiwen se rió con ganas. -Mira te voy a perdonar el incidente. Y porque no llevo el vestido negro, pero vas a tener que volver a servirme. No he podido beber nada de la copa anterior.

    Battoin se la llenó y ella dio un largo trago. En ese momento vio entrar a Nír quien se acercaba a la barra y luego a una mesa cercana.
    -¡Enanín Nir! ¡enanín Nír! Venid con nosotros, por favor -la elfa movía la mano llamándole como una niña pequeña – No permitiré que os quedéis al margen. Todavía queda comida en la olla. Acercad la silla.

    Se dirigió a los dos recién llegados. -Tiene un cerdito máaaaas simpáaaaaaatico -dijo en referencia a Nír.

    -Baldric, otra jarra de vino y alguna cerveza que tenemos más comensales. -¿Os vais a sentar con nosotros verdad, señor? -le dijo al caballero que seguí de pie. – Tenéis que contarnos una historia graciosa o interesante para compensar el “descuido” que habéis tenido con mi amigo. Mientras el posadero nos sirve, a ver contadnos, ¿qué hacen ustedes por estas tierras? ¿Cómo llega un hobbit a un lugar tan inhóspito? Y vos… vos no parecéis gondoriano…
    La elfa terminaba de limpiarse. Iba a oler toda la noche un poco a vino. Se sentía algo pegajosa pero ya no tenía remedio.

    #353869
    Dain-I
    Participante
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    Al caer al suelo Battoin le salpicó con algo de vino la ropa.
    “¡Maldita sea no gano para disgustos!”.Miró a aquel hombre que se econtraba al lado de Battoin, Berilack lo había visto todo, como la había golpeado la silla a Battoin, su caída y la respuesta de: “Una silla en mal estado, a veces pasa”.
    El hobbit le dedicó una pequella sonrisa a Battoin diciendo.
    -No era una silla en mal estado- Después se levantó y se quedó mirando al hombretón que tenía delante a los ojos.
    -¿Le parece gracioso?, porque ha sido una broma de muy mal gusto señor mio- le dedicó una uan mirada enfadada.
    -No me caen bien los montaraces que acosta de los demás se hechan unas risas-
    El hombre se le quedó mirando sorprendido por lo que acababa de decirle el hobbit.
    -Traerle otro estofado a mi amigo y otra jarra de vino para Yaiwen- Le dedicó una sonrisa a esta y se quedó mirando al “Montaraz” como el le había apodado, esperando una disculpa.

    #353870
    JRM-008
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    *Entre Framburgo y Candur*
    Rírian recordó cuando observó como Kira se marchaba y volvió a oír en su cabeza la canción de cuando la vio en la fiesta, pero alejó esos pensamientos y decidió que él también abandonaría Framburgo, pero tampoco quería ir a Candur, todavía no. Una fina lluvia caía sobre su cabeza, y se colocó la capucha de su capa mientras caminaba en silencio por las calles de la ciudad. Ya no iba a encontrar a los orientales, así que decidió que no le quedaba otra opción que coger su caballo y largarse de ahí. Cuando llegó a los establos, montó a su negro corcel y cabalgó sin mucha prisa. Estaba agotado después del combate, y durante el camino se sintió bastante sólo, cantando para sí mismo.
    Era ya casi de noche cuando en medio de la penetrante oscuridad vio que tres figuras le rodeaban.
    – ¡Alto!
    Rírian frenó, y el hombre sacó una daga de entre sus harpados.
    – Danos todo lo que tengas, y rápido, si no quieres hacerte daño.
    Rírian miró a las estrellas. Ya era la segunda vez que le atracaban esa semana.
    – ¿Pero por qué siempre tenéis os ladrones la imprudencia de intentar atracarme? ¿Parezco tonto o algo por el estilo?
    Los hombres se miraron confundidos, pero el ladrón que habló primero volvió a gritar:
    -¡Cállate! Baja de tu caballo y entréganos todo lo que tengas.
    Rírian lo hizo con desgana y cuando el ladrón volvió a sacudir la daga delante del montaraz.
    -Ten cuidado, te ves a hacer daño al final.-le dijo en tono paternal.
    Y antes de que de hiciesen nada golpeó al hombre con el la empuñadura de Roulon y la desenvainó. El segundo ladrón atacó, y Rírian lo esquivó con facilidad. Pero estaba demasiado cansado tras el enfrentamiento con Îbal, y el tercer ladrón le hundió su navaja en la espalda. Rírian gritó y notó como la sangre manaba de su espalda. Furioso, se giró y de un mandoble degolló al ladrón. EL primer hombre le golpeó en la nariz, y se le empañó la vista tras el golpe. Cayó de espaldas y los dos hombres le rodearon.
    – Pagarás por la muerte de mi hermano.-dijo el hombre.
    Rírian se rio y se incorporó de un salto. Desarmó al ladrón de una estocada y hundió a Roulon en su pecho. Se giró al mismo tiempo que sacaba el filo de su espada del hombre y con fuerza golpeó el tobillo del último que cayó al duro suelo con golpe sordo. Resollando, Rírian envainó a Roulon. Un dolor agonizante le subía por la espina dorsal y se palpó la espalda. Se miró la mano con la que la había tocado: estaba empapada en sangre. A duras penas se montó en su caballo. De un golpe, el corcel galopó a todo correr, y Rírian empezó a ver las luces del pueblo. Nada más entrar, cayó a la nieve, y gritó cuando la herida tocó el suelo. Se incorporó a duras penas, miró hacia atrás y vio que había teñido de rojo la blanca e inmaculada nieve. Veía casi todo negro, y no supo cómo había podido alcanzar la puerta de la posada, pero lo hizo, y nada más entrar notó el calor que desprendía el sito.
    Y luego se precipitó al suelo.

    #353904
    Battosay
    Participante
    • Temas: 15
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    • Total: 701

    -Oh sí, te entiendo -Yaiwen ya le tuteaba, la mezcla de alcohol empezaba a hacer algo de mella. -Verás, no vas mal encaminado, es que yo…

    Había estado a punto de saber qué era eso que le estaba intrigando desde que conoció a la elfa. Le habría atizado de buena gana al montaraz, pero se contuvo. Al fin y al cabo con el hombro en ese estado no sería buena idea. Si volvían a estar a solas le preguntaría.

    Yaiwen se rió con ganas. -Mira te voy a perdonar el incidente. Y porque no llevo el vestido negro, pero vas a tener que volver a servirme. No he podido beber nada de la copa anterior.

    – Si llevases puesto ese vestido – le dijo al oído, – toda esta gente estaría rogándome clemencia.

    Se dirigió a los dos recién llegados. -Tiene un cerdito máaaaas simpáaaaaaatico -dijo en referencia a Nír.

    Estaba claro que a Yaiwen le empezaba a estar borracha. Nunca había visto a un elfo bebido, seguro que sería un espectáculo para contemplarse. Además, el/la hobbit y el montaza seguro que darían otro beuno. Se acomodó el la silla y se limitó a observar. Por otra parte, no diría que no a una comida gratis.

    -Traerle otro estofado a mi amigo y otra jarra de vino para Yaiwen- Le dedicó una sonrisa a esta y se quedó mirando al “Montaraz” como el le había apodado, esperando una disculpa.

    Cuando parecía que el montaraz y el/la hobbit se iba a enzarzar en un duelo, se abrió de repente la puerta y Rírian se derrumbó el suelo. Battoin suspiró y pensó para sí que en esa posada era imposible tomarse una copa tranquilo.

    Se llevantó y cogió su bolsa, acercándose a Rírian. Intentó hablarle pero el montaraz estaba inconsciente y, si no se apresuraban, también estaría muerto. Le dió la vuelta y vió la herida, tenía mala pinta. Con la daga le abrió la camisa y se la quitó.

    – Baldric, hervid agua ahora mismo y echad estas hierbas. Traedme también una olla de agua para limpiarle la herida y el licor más fuerte que tengáis para desinfectarla. Yaiwen, ¿cómo ves tus dotes de costura? ¿Crees que podrías hacerle un zurzido?

    #353905
    Elfo_Negro
    Participante
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    Dulvak canturreba mientras sacaba lustre a sus botas negras. Después de un vivificante paseo matutino había descansado, tumbado en la cama, unos minutos, y ahora se encontraba de un excelente (y un tanto siniestro) buen humor. Cuando acabó con las botas, sacudió y estiró la levita roja, se peinó un mechón rebelde, sonrió a su reflejo en el espejo y se dispuso a incorporarse a la sala común de la posada que, a decir por el ruido que llegaba a su habitación, debía de estar a rebosar de parroquianos: era ya la hora de almorzar. Dulvak no tenía excesivo apetito pero no estaría de más comer alguna cosa ligera.
    Mientras abría la puerta e invitaba a su perro a seguirle escaleras abajo, recitó unos versos que se le acababan de ocurrir.

    – …
    Llegando a la fortaleza, visto había mala señal
    Que no halló a los porteros, que la solían guardar
    …-

    Cosas extrañas estaban pasando en el Sur, las Ereth Mithrin había sido agitadas unos años antes y una serie de acontecimientos se habían puesto en marcha. No tenía pensado intervenir a no ser que no le dejaran otra opción, pero era curioso por naturaleza y, para ser sinceros, ya le habían empezado a aburrir los abetos nevados del Bosque Blanco, necesitaba un poco de “aventura”, y eso podría ser divertido.

    Un último verso se escapó, silbante como un viento invernal, de sus labios
    -…
    No quiso entrar más adentro, que allá estaba todo el mal
    …-

    Sabaka (el perro) le siguió, trotando, ajeno a los ominosos versos de su amo.

    #353907
    Dain-I
    Participante
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    Berilack seguía esperando una respuesta del montaraz cuando la puerta de la posada se abrió de forma brusca y un joven se precipitó contra el suelo de esta.
    El hobbit dejó de prestar atención al montaraz y vió como Battoin se hacercó al chico y le revisó, llegó a ver una herida muy fea el la espalda y Battoin empezó a dar indicaciones.
    “Este chico sabe lo que hace, espero.”
    El hobbit se hacercó al herido y dijo.
    -Ayudadme a llevarlo a mi habitación allí lo podreis cuidar mejor- Dijo hablandole a Battoin este asintió y empezaron a llevarlo. Por el camino se acordó de algo importante.
    “¡La daga!”.
    -Sujetelo durante un momento le dijo al enano llamado Nír que había conocido hacía poco.
    Llegó a la habitación y buscó la daga, la encontró encima de su mesita de noche, pero justo cuando la iba a guardarsela en la espalda Yaiwen entró en la habitación.
    Le pareci´que se había dado cuenta de la presencia de la daga de zafiros.
    -Estoy preparando la cama- Logró decir torpemente.
    Tendieron al herido en la cama, el hobbit estaba nervioso no solo por el estado de salud del joven, sino de la daga y de la elfa.

    #353921
    NELLA
    Participante
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    Kira se desprendió de sus ropas, sucias y desgarradas después de los acontecimientos pasados, se metió en la tina, el agua estaba caliente y agradable, se enjabonó para limpiarse bien de toda la sangre y la suciedad, era maravilloso como habían cicatrizado las heridas después de que Aiwë la curara, y además no sentía ningún dolor, cuando estuvo bien limpia salió de la tina, se vistió con la túnica que había lucido en la fiesta y se colgó la daga del oriental al cinturón.
    Cuando estaba subiendo a su habitación oyó un revuelo en el pasillo, se acercó y vio a Battoin y Nír que cargaban con alguien y lo metían en una de las habitaciones, se oían voces y pasos apresurados ¿Qué estaba pasando?.. ¿Era Nír?… era extraño que estuviese ya en Candur, apenas hacía un día se había despedido de él en Framburgo.
    Kira se asomó a la habitación con curiosidad y vio que también estaban Yaiwen y el mediano

    -¿Que ocurre Yaiwen?- Le preguntó a la Elfa

    -Es Rírian- Le contestó en voz baja

    Kira se acercó y comprobó que lo que trasportaban sus amigos era el cuerpo del montaraz, herido e inconsciente.

    #353923
    Neume
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    Yaiwen estudiaba a Kira mientras esta observaba al herido siendo transportado y sonrió levemente.

    -Me vais a tener que ayudar, querida –dijo llamándola con la mano para que se acercara más -Battoin me ha pedido que haga de “costurera” pero no sé si voy a ser capaz. Llevamos un rato bebiendo abajo… pero no te preocupes, si no lo habéis hecho antes yo os iré indicando, ¿de acuerdo? Hay que limpiar la herida de la espalda bien y tienes que conseguir que deje de sangrar primero. La de la nariz parece que dejó de hacerlo ya al menos, aunque no sé si estará rota. No he podido fijarme ¡Que alguien le traiga paños limpios! Y no os echéis encima de la muchacha que la vais a agobiar–dijo alzando la voz. Y a continuación se incorporó dejando a Kira al lado de Rírian.

    Se acercó hasta Battoin y en un surruro le dijo -este pequeñín es “una caja de sorpresas”. El humano la miraba sin entender nada. –Verás, tiene una daga muuuuuy bonita. Si mis ojos no me engañaron antes, y puede ser, ahora mismo no lo negaría, sin embargo, creo que tiene zafiros en la empuñadura. Ya sabes cómo me gustan las dagas…

    #353930
    Dain-I
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    Berilack seguía mirando al herido no conocía su nombre todavía estaba pensando en la daga.
    “¡Maldita elfa!,me la guardaré detrás de la capa así no la encontrará”.
    Entonces se quedó mirando al joven montaraz.
    “¿Qué le habrá pasado?, ¿Quien es?”. Demasiadas respuesta seguro que cuando se despierte dará respuestas. Entonces se acordó de una vieja receta contra el dolor que su tia-abuela Grubis hacía cuando era pequeño, se hacercó al Baldric y le dijo.
    -¿Me permite usar la cocina?- Al principio a Baldric no le gustó la idea, todavía se acuerda del desastre de la primera noche, el hobbit le explico para uqe la usaría y de mala gana este aceptó.
    Bajó a la cocinna cogió un bol y empezó a preparar los ingredientes y alcabo de unos minutos preparó la sopa.
    Subió las escalera y se le dijo a Battoin.
    -daselo después de que se despierte, hara que no tenga fiebre- este asintió y siguió cuidando al enfermo.
    Al salir se encontro con una mujer Kira crelló recordar que se llamaba, la saludó con un movimiento de cabeza y bajó las escaleras, tenía prisas.

    Salió al aire libre en la blanca nieve logró ver un rastro de sangre que seguía por el camino.
    Entonces, decidido a seguir el rastro de sangre vio al javalí del enano del que había oido hablar segun decía la elfa.
    “No creo que le importe, he montado cerdos más grandes que este”. Se subió y salió cabalgando siguiendo el rastro.
    -¡Como corre este bichoooo!- gritó el hobbit mientrs intentaba no caerse de lomos del jabalí, entonces la ventana de su habitació se abrió y la gente oyo su grito, el enano lo vio y gritó con gran fuerza.

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