Inicio Foros El Anillo Único Juegos de Rol en EAU Helkanor – Posada La Yegua Desbocada

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  • #347010
    Fenix-Oscuro
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    Soron escuchaba divertido a Yaiwen, le costaba creer que encontrase un color parecido al suyo
    -No me molesta en lo más mínimo, la atrevida eres tú, mi dama. En cuanto a lo otro no lo sé bien, digamos estoy de pasada. Tengo cosas que hacer en el sur pero puedo volver en otro momento. -concluyó aceptando la copa de vino. Miró a Baelim que había llegado a la mesa y continuó -¡Santo Aulë! ¿Eres un mediano?

    Ante la mirada sorprendida de Baelim, Aiwë respondió
    -Sí, fue del que te hablé, por cierto hobbit, ¿han ido bien las cosas desde que nos conocimos? Recuerdo que te encontré de casualidad y en un mal momento. No creo que aquel mequetrefe se acerque a ti, después de eso. -Aiwë miró al posadero. -Baldric, traeme un café, tostadas y mantequilla, tengo hambre. Gracias.

    -Hey yo también tengo hambre -protestó Soron
    -Sí, y estás bebiendo alcohol con el estómago vacío.
    -¿Te enojaste?
    -No
    -¿Estás enojado porque soy amable con la chica?

    El morado lo miró y soltó una potente carcajada.Cuando Baldric le trajo el café y las tostadas con mantequilla, Aiwë se puso a comer, tenía bastante hambre. Le recordaba la primera vez que conoció a Dalation.

    #347011
    Turinhor
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    -¡Santo Aulë! ¿Eres un mediano?

    -Sí, fue del que te hablé, por cierto hobbit, ¿han ido bien las cosas desde que nos conocimos? Recuerdo que te encontré de casualidad y en un mal momento. No creo que aquel mequetrefe se acerque a ti, después de eso. –

    ¿Pero porque siempre lo llamaban mediano? Que el supiera no tenía los pies peludos. Pero decidió no replicar. Ya aprendió en Framburgo que los magos de verdad son fácilmente irascibles. El compañero de Aiwë se parecía a este en cuanto a las rarezas de su atuendo. Seguramente fuese otro mago, aunque a Baelim le costaba aceptarlo. Por ello no preguntó, para que no se le notasen matices de incredulidad.

    – Yo tampoco creo que se acerque jajaja. Pues ahora sí van bien las cosas,- Se palpó la bolsa con las monedas guardadas- pero hace poco más de un día que no habría apostado una moneda de cobre por mi supervivencia. Me libré por los pelos de morir bajo las fauces de un lobo wargo y cuando llegué aquí los orcos estaban asediando la ciudad. –

    El posadero le trajo a Aiwë comida y café. Baelim aprovechó para beberse de un trago lo que le quedaba de su anterior pinta y pidió otra a la que le invitó Yaiwen.

    Echó un vistazo a la posada. Ahora que había parado la música la gente pedía comida para reponer fuerzas y asentar el alcohol. Vio a Harald sonriente con Elaen. El muchacho era un prodigio con su laúd que era de buena calidad. Pensó que más adelante debería conseguir uno de esos para poder cantar y tocar a la vez. Sabía que eran caros y no se conseguían en cualquier parte.

    Mientras escuchaba hablar a sus compañeros Baelim se repasaba mentalmente la canción que tocarían después con Yaiwen. Ella había aceptado a cantarla, pero necesitaba repasarla para no fallar, porque no era para nada de las sencillas.

    #347012
    Battosay
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    La respuesta de de Yaiwen le había sorprendido un poco. Más aún después del baile anterior que habían compartido. Igual si estuviese más animada… No obstante, no tuvo tiempo de replicar, la elfa le había puesto delante a otra chica y ya se le había agarrado. La miró con atención, le costaba creer que fuera una chica de verdad. Quizás en su prisa, la elfa se había confundido.

    Intentó bailar con ella al principio, pero tras tres pisotones, y descalzo como iba, se dio por vencido. En un giro de la chica aprovechó para unir sus manos con otro canduriano que pasaba por allí. Al parecer la nueva pareja no compartía opinión sobre el cambio.

    Se acercó a la barra, pensó que era el momento para probar su receta. Cogió un par de botas de un pobre hombre que aún no había conseguido salir de la montonera, incapaz de encontrar las suyas. Se encaramó a la barra y cogió las cosas que le había dado a Baldric, más una olla de barro que encontró. Vió también un tarro con azúcar y se lo guardó, se le había olvidado comprarlo.

    Con la bolsa al hombro, se acercó a uno de los laterales de la posada y cogió una mesa redonda. Avanzó hasta el centro y la colocó. Cogió un par de taburetes, uno para sentarse y otro para espantar a los curiosos. Y comenzó la preparación.

    En su familia preparaban aquella bebida en la mayoría de las reuniones que tenían. No era sólo el alcohol o que les gustase, tenía algo especial. Algo que hacía recordar a aquellos que estaban ausentes. Tenía el poder de atraer un fragmento de su espíritu y, por unos segundos, hablar con los que estaban lejos. Y con lejos, se refería a cualquier “lejos”.

    Comenzó vertiendo el licor en la olla. Fue pelando la fruta y dejando cear tanto la monda como los trozos en el recipiente. Al final, añadió unos cuantos granos tostados y el azúcar.

    Ahora venía lo difícil, cuando su padre le enseñó a hacerlo, antes de partir, le dijo que le serviría para recordarlos cuando se sintiera solo. La sensación que tenía siempre que la hacía era agridulce, pues podía ver a su familia unos segundos, pero rápidamente se desvanecía.

    Al fin, cogió una cerilla y prendió fuego a la bebida. Comenzó a revolverla y, de vez en cuando dejaba caer algo de líquido sobre la olla desde más altura. Entonó un extraño canto en una lengua ya olvidada.

    Mouchos, coruxas, sapos e bruxas;
    demos, trasnos e diaños;
    espíritos das neboadas veigas,
    corvos, pintegas e meigas;
    rabo ergueito de gato negro
    e todos os feitizos das menciñeiras…

    Podres cañotas furadas,
    fogar de vermes e alimañas,
    lume da Santa Compaña,
    mal de ollo, negros meigallos;
    cheiro dos mortos, tronos e raios;
    fuciño de sátiro e pé de coello;
    ladrar de raposo, rabiño de martuxa,
    oubeo de can, pregoeiro da morte…

    Pecadora lingua de mala muller
    casada cun home vello;
    Averno de Satán e Belcebú,
    lume de cadáveres ardentes,
    lumes fatuos da noite de San Silvestre,
    corpos mutilados dos indecentes,
    e peidos dos infernais cus…

    Bruar da mar embravecida,
    agoiro de naufraxios,
    barriga machorra de muller ceibe,
    miañar de gatos que andan á xaneira,
    guedella porca de cabra mal parida
    e cornos retortos de castrón…

    Con este cazo
    levantarei as chamas deste lume
    que se asemella ao do inferno
    e as meigas ficarán purificadas
    de tódalas súas maldades.
    Algunhas fuxirán
    a cabalo das súas escobas
    para iren se asulagar
    no mar de Fisterra.

    ¡Ouvide! ¡Escoitade estos ruxidos…!
    Son as bruxas que están a purificarse
    nestas chamas espiritosas…
    E cando este gorentoso brebaxe
    baixe polas nosas gorxas,
    tamen todos nós quedaremos libres
    dos males da nosa alma
    e de todo embruxamenento.

    Forzas do ar, terra, mar e lume!
    a vós fago esta chamada:
    se é verdade que tendes máis poder
    ca humana xente,
    limpade de maldades a nosa terra
    e facede que aquí e agora
    os espiritos dos amigos ausentes
    compartan con nós esta queimada

    Esta vez había sido diferente, el fuego se había levantado mucho más de lo que debería, el viento había entrado por las ventanas y recorrido la posada hasta llegar al fuego y hacerlo danzar. Parecía que la los que estaban allí atraían a fuertes espíritus venidos de muy lejanas tierras.

    Ahora la gente lo miraba a él. Así que no tuvo más remedio que continuar. En un vaso se sirvió a sí mismo antes de probarla. El efecto fue muy diferente esta vez. No sólo sentía la presencia de sus seres queridos, esta vez los vio.

    Su padre trabajando en la mina, bufando como siempre. Su madre afanándose en la concina para una auténtica recua de enanos hambrientos. Su abuelo dándo martillazos al metal y un nuevo aprendiz distraído. Su hermana con algunos de los regalos que había conseguido mandarle…

    Abrió los ojos y de repente pensó que quizás no hubiera sido buena idea preparar aquello allí, pero ya estaba hecho. Además, tampoco había hecho caso a su padre “como no la quemes más tiempo, el único que va arder eres tú, esto rasca como lima de enano”. Después del número que había montado, no podía seguir mucho más sin hacer nada. La multitud le miraba expectante y en silencio. Se aclaró la garganta, quemando por la bebida.

    – El primer vaso para la señorita de las orejas de punta – dijo señalando a Yaiwen – Los demás, según vayan llegado.

    Nota al pié, para los que no sepan qué he hecho, aquí más información y traducción al castellano.

    #347015
    lordnazgul9
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    Nír apoyó con gusto la decisión de Yaiwen de complementar la música con su voz. Como era de esperarse, Nír no tenía gran aprecio por las artes élficas, pero la música durante la batalla lo había dotado de gran vigor y energía, y quizá podría animarle un poco más las horas que quedaban de fiesta.

    -Usted es el señor hechicero Aiwë-reconoció el enano en cuanto vio al Mago Morado-Aunque pensé que los Magos deambulaban solos, sobretodo si son tan dispares entre sí-dijo refiriéndose a aquél Mago Rojo, que era mucho más extrovertido y abierto. Recién se había sentido a gusto con un cumplido de la elfa.

    Baldric había llegado de nuevo con las tostadas para los Magos, momento que aprovechó Nír para pedirle la repetición de las alitas de Pollo. Elaen estaba con Harald durante el descanso de los músicos, por lo que prácticamente el viejo posadero era el único que no se divertía.

    El enano sabía que en una tonada élfica no habría nadie con quién bailar, así que se corrió hacia Baelim.
    -Tengo un amigo, que podría servirte un poco como fondo en la tonada-dijo Nír. Yaiwen lo miró extrañada, pero ya lo consideraba muy simpático para un Enano. Además era bastante extrovertido pese a su pasado, y no le complicaba animarse a cosas “raras” para el Pueblo de Durin.

    En pocos minutos Nír salió y entró de nuevo a la posada. Había ido a su carreta a buscar su instrumento musical predilecto: una zampoña, una flauta de pan que había importado desde Ered Luin. Estaba hecha de metal plateado y tenía dos filas de tubos aflautados.

    -Solo dime, señor músico-dijo Nír.

    #347034
    Neume
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    La Elfa se reía con ganas. -Sí, soy algo atrevida, no lo puedo negar, pero vos no me parecéis tan serio como otros – dijo mirando a Aiwë. Se divertía además porque le daba la sensación que entre los dos recién llegados había un pequeño roce y al mago serio le molestaba que el otro hablara con ella.

    Después de escuchar la pequeña charla entre Baelim y el mago intervino -Vaya, entonces tenemos a un auténtico héroe entre nosotros, y si no he escuchado mal, Nír os ha llamado Aiwë. Aiwë el Salvador. Es un privilegio teneros entre nosotros -dijo guiñándole un ojo. Y decidme Soron, ¿vos no portais vara ni nada por el estilo, eso es porque no sois mago?

    En ese momento Nír regresaba a la posada tras unos minutos ausente,con un instrumento musical que ella no había visto antes. Iba a preguntarle al respecto cuando se dio cuenta que casi todo el mundo estaba mirando hacia una esquina donde Battoin se afanaba en preparar algo con mucho misterio. Entonces terminó y le ofreció el primer vaso. Se incorporó mientras Battoin se acercaba.
    -Lo pruebo porque os he visto antes a vos beberlo -dijo con sonrisa pícara. Yaiwen lo olió primero. Era más dulce de lo que esperaba. Se lo acercó a los labios y bebió. Estaba fuerte, ese licor engañaba con el dulzor, le quemaba la garganta, pero estaba rico.
    -¿Qué es? Y ¿qué os ha pasado preparándolo?, estabais…absorto. Señores, tienen que probarlo – les dijo a sus acompañantes

    #347037
    Fenix-Oscuro
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    Aiwë ignoraba las burlas de la elfa. Se limitó a sonreirle y decirle un “Gracias.”
    Soron pensó 2 veces antes de responder. ¿Qué le importaba a aquella elfa si tenía vara o no? Si la tenía en la pared detrás es obvio que era suya, ¿no le vio entrar con ella?
    Fue Aiwë el que respondió, primero al enano.
    -¿Qué sabe ud de magos, señor enano? -y luego a Yaiwen.
    -Señorita, para ser una dama élfica es ud. bastante descuidada, al parecer estaba tan concentrada en mí (Vara -le dijo mentalmente) que no ha visto el bastón que lleva Soron.
    La elfa se puso colorada, el morado cantó victoria y miraba curioso al salvaje y su brebaje, ¿acaso ahora se creía brujo? Pensó que necesitaba conseguir una conversación con él y sacarle algo de información sobre la elfa, se conocían, Aiwë los había visto juntos la noche que el salvaje lo insultó.

    #347090
    Turinhor
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    Nír le trajo de su carro una flauta de pan. En alguna ocasión había tocado esos instrumentos. Bastante más complicada que la flauta simple que solía tocar.

    -Solo dime, señor músico-dijo Nír.

    Baelim aceptó el obsequio del enano.

    -Muchas gracias Nír. Tocaré con este instrumento la parte principal de la tonada. Si me gusta igual te la compro.-

    Baelim se giró para ver qué estaba pasando y allí estaba Battoin probando un extraño mejunje que había preparado. No parecía estar normal. Los gestos que hacía…era como si se hubiese tomado un tipo especial de setas que Baelim conocía y que altera los sentidos de una forma muy placentera. Yaiwen fue la primera del público en probar eso, y el mago Aiwë iba el segundo. Se imaginó qué podría hacer un mago como Aiwë bajo los efectos de esas setas, y no pudo evitar soltar una carcajada. Nír lo miró extrañado.

    -Nada que me río solo jejeje. Bueno. Creo que sería bueno que algún día vayamos al mercado de Kibil-Dûm a hacer negocios. Seguro que si nos asociamos podríamos hacer algo grande.-

    #347095
    lordnazgul9
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    -Bueno, en la Batalla de los 5 Ejércitos me crucé con el Mago Gris al que los enanos llamamos Tharkûn, pero desapareció poco después de la coronación del rey Dáin-contestó Nír.
    Entonces Aiwë y Yaiwen se pararon repentinamente y fueron hacia donde Battoin. Nír vio a Yaiwen probar algo que le había ofrecido el salvaje.
    Entonces Baelim comenzó a reírse, al parecer de sus pensamientos. Nír lo miró confundido y después se dirigió con la mirada al Mago Rojo, asegurándole que el medio-hobbit no se burlaba de él. Baelim se giró hacia Nír y se calmó.
    -Nada que me río solo jejeje. Bueno. Creo que sería bueno que algún día vayamos al mercado de Kibil-Dûm a hacer negocios. Seguro que si nos asociamos podríamos hacer algo grande.
    -Interesante oferta, mi joven amigo-aceptó Nír-Desde que un amigo de las Montañas Azules me pidió que le cooperara con unos tambores para una fiesta, ese amigo me manda unos cuantos instrumentos al mes. Yo trato de hacer los míos. De ahí salió esta flauta de pan, la fabriqué yo con un poco de ayuda. Desde entonces le he sacado provecho. Tengo un par más trabajadas por una compañera mía del mercado, hechas de madera de ébano. Te podría dar una de ellas para más tarde. Tu flauta de todas formas sigue siendo muy especial, causaría un efecto renovador que una flauta de pan no lograría.
    Baelim tomó su flauta y la miró como si la estuviera repasando de punta a punta. Nír sopló la zampoña y su sonido grave resonó en la posada. Los candurianos terminaban de levantarse del suelo para dirigirse hacia donde Battoin preparaba esa extraña bebida.
    -Iré a probar lo que sea que haya inventado, si es que se puede tomar-dijo Nír, y se paró de la mesa. Ya había una multitud rodeando a Battoin, que trataba desatinadamente de ordenarse en una fila.

    #347097
    Fenix-Oscuro
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    El mago escuchó lo que le dijo el enano, pero era obvio que sabia tanto de magos como sabría de elfos y mujeres. Solo le asintió y le dijo que debería ser un honor haberlo siquiera visto en batalla.
    Entonces, Aiwë se levantó y fue más por intercambiar palabras con Battoin que por el licor en sí.
    -Así que por fin frente a frente. ¿Y tú nombre es…? ¿Eres un brujo? -preguntó incrédulo el morado.
    ¿Te importa si pruebo un poco? -le hizo seña al licor. Battoin lo miraba confuso, y le extendió un vasito con un poco del brebaje que había preparado. El aroma era bastante agradable, pero el sabor… bastante fuerte. Lo bebió de a poco y la verdad es que no le causó ninguna sensación. Más que un par de leves pitidos en sus sienes. Escuchó unas risas y vio que era Baelim. Le habló psiquicamente y le pareció que el medio-hobbit se había sobresaltado un poco al escuchar la voz del mago en su cabeza.
    -En Framburgo no te reíste de mí, pequeñajo.

    Miró a Battoin quien esperaba que Aiwë enloqueciera y empezase a bailar como poseído
    baile de gato
    pero nada pasó, la bebida no surtió efecto.
    -Interesante bebida. ¿Dime, que ha sido todo ese revuelo de las ventanas y la puerta golpeándose? ¿Estás bien? Pareces mareado…

    #347135
    Battosay
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    – Es lo que véis – respondió Battoin. – No me ha pasado nada, es el efecto de la bebida, ¿no habéis visto a nadie? ¿No habéis recordado a nadie?

    La elfa le miró incrédula como si no entendiese lo que le estaba diciendo. Pero se vió interrupido por una muchedumbre que hacía cola para probar su bebida y no pudo prestarle mucha atención a la reacción que pudiera tener a la bebida.

    Entre los aldeanos que se acercaban, se encontraba el tipo aquel que parecía un arándano. De repente tenía antojo. La próxima vez que se acercase por Kibil-dûm tendría que comprar algunos.

    -Interesante bebida. ¿Dime, que ha sido todo ese revuelo de las ventanas y la puerta golpeándose? ¿Estás bien? Pareces mareado…

    – Estoy bien, pasa siempre que pruebo esta bebida. Tiene el poder de traer recuerdos y ver a gente que está lejos, ¿sabéis? – dijo mientras servía a los aldeanos e intentaba, a base de golpes con la banqueta, que nadie repitiese – Lo de las ventanas no lo había visto nunca, la verdad, imagino que habrá gente con recuerdos poderosos por aquí, ¿no habéis visto a nadie vos tampoco? A ver si me voy a haber equivocado con algo.

    Se rascó la cabeza y se preguntó si se le habría olvidado algún ingrediente. Lo descartó al momento, puesto que había visto prepararla de mil formas distintas y siempre funcionaba, lo importante eran las palabras.

    Vio a Yaiwen de nuevo a su lado, esta vez con un vaso notablemente más grande que el último. Parecía que le había gustado.

    #347175
    Fenix-Oscuro
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    Aiwë dudó, a decir verdad le asustaba que el brebaje funcionara de verdad. A lo mejor el beberlo de a poco no había hecho efecto. Miró el vaso y parece que sus defensas estaban aún firmes. Entonces escuchó alguien que lo llamaba, suave y como en súplica. Al mago se le heló la sangre y quedó inmóvil. La voz era tan clara pero no podía ver a nadie, solo esa voz que parecía suplicarle una y otra vez que le mirara. El vaso resbaló de su mano y se estrelló contra el piso, como por cosa de Morgoth, los fragmentos separados junto a las manchas violaceas del licor, parecía sangre, en la mente de Aiwë seguía percutiendo aquella voz, el mago estaba en shock, le temblaban las manos y por su rostro corrían lágrimas, pero de sangre.
    Soron que había visto los pensamientos de Aiwë, se apuró y empujando a la muchedumbre, manoteó a Aiwë y lo llevó fuera de la posada. Estaba duro por la tensión y pesado. Soron lo acomodó apoyando su espalda en un arbol y viendo que Aiwë no reaccionaba empezó a murmurar un conjuro en quenya. Algunos curiosos habían seguido a los magos para observar que pasaba.
    Aiwë despertó casi de un salto y cayó sobre Soron, respiraba tan fuerte que no podía hablar y se quedó allí, en el pecho de su amigo, llorando en silencio.
    Soron no conocía muy buen la historia de Aiwë pero supo exactamente que fue lo que él vio. La razón de todo, el principio y el fin, el por qué y el como de su fría personalidad. La pérdida de alguien amado.
    -Escuché su llanto, me pedía ayuda
    -Shhh. Todo está bien. No ha sido más que una artimaña del enemigo, te ha jugado una mala pasada tu inconciente.
    -Pero era real.
    -No, no lo era, esto es real. Tú estás bien ahora y no debes seguir atormentandote con esos recuerdos.
    Soron llevó a su amigo hasta su habitación y lo acostó, escuchó el suave respirar de Aiwë y suspiró aliviado.
    -Mañana estará como nuevo, listo para dar bastonazos y hacer cuantas rabietas le den en gana.

    #347180
    JRM-008
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    Rírian decidió que lo mejor sería dar un paseo para relajarse, pero antes de empezar a caminar recordó que había dejado a Roulon en la posada, y esquivando a borrachos y demás, llegó hasta ella y se la llevó afuera consigo. Después, se la ató a la cintura de nuevo y empezó a caminar en silencio, con sus pisadas sobre la blanda nieve como único sonido. Cerró los ojos y saboreó el aire en sus pulmones, mientras la cara se le iba enfriando.
    Continuó caminando y sin darse cuenta llegó a la afueras del pueblo, donde había tenido lugar la batalla. Escudriñó l oscuridad, sin saber por qué. Entonces, a la luz de la luna vio la siniestra figura de un jinete orco, quieto observándole. Rírian agarró el mango de Roulon, pero el orco azotó a su montura y ambos se perdieron en la noche. Rírian se quedó quieto, esperando un nuevo ataque, pero no sucedió nada. Llegó a pensar que se lo había imaginado a causa del alcohol. Se encogió de hombros y volvió a la posada, ya que ahora se sentía mejor.
    Cuando llegó, vio que la muchedumbre estaba haciendo cola para probar una bebida de Battoin. Escuchó que esta te hacía recordar a tus seres queridos, incluso que parecían estar contigo. Rírian pensó que ya tenía bastantes recuerdos de sus seres queridos, pero le picó la curiosidad y se acercó a Battoin para preguntarle:
    – Amigo Battoin, ¿es eso cierto? Me gustaría probarla, y como hay mucha cola me preguntaba que si esa ronda de chupitos a la que me invitasteis incluía el brebaje…

    #347197
    Neume
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    • Temas: 24
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    • Total: 2210

    -Ah, ¿pero eso es una vara de mago? -le preguntó a Baelim -me pareció que tendría más….clase, más estilo, eso parece un simple palo. Nuestro amigo mago se altera con mucha facilidad, de todas formas -continuó.

    Cuando Battoin le explicó que la bebida tenía un efecto “especial” y se dio cuenta que ella no lo había sentido se sintió decepcionada. Sin embargo, aquello sabía bien y quiso repetir. Sabía que a los elfos la bebida no les afecta de la misma manera, quizás si probaba de nuevo “vería” cosas, así que se lanzó a por una segunda copa, pero esta vez más grande, nada de chupito.
    Entonces vio como Aiwë comenzaba a comportarse de manera extraña, incluso para un mago. Tiró el vaso al suelo y Soron corrió en su ayuda.
    -Vaya, pues sí es especial esto -le dijo a Battoin mirando su copa para acto seguido apurar su bebida.

    Se acercó hasta la ventana y miró como caían ligeros copos, y entonces una neblina apareció ante sus ojos. Vio a su padre, a su hermano, vio su casa y revivió momentos entrañables de su infancia.
    Volvió hacia la mesa donde estaba Battoin.
    -Quiero más -dijo con un brillo en los ojos. Empiezo a tener un cosquilleo en los dedos, es muy curioso. No dejes que se lo acaben todo. Tengo que cantar con Baelim, se lo prometí, pero no quiero que esto se acabe, reservame un poquito, sé bueno.
    -¿Vais a cantar? -preguntó él
    -Sí, los elfos somos cantarines ¿sabéis? Y está es muy hermosa aunque triste.

    #347334
    Turinhor
    Participante
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    • Total: 128

    Se acabó el último trago de la tercera cerveza. Y acto seguido miró a Harald. Ya estaban preparados para la segunda tanda de música. Baelim avisó al otro músico y se acercó a Yaiwen que hablaba con Battoin.

    -Ya estamos listos para tocar. Cuando tú lo estés sube al escenario, pero no tardes mucho por favor. Yo iré preparando las cosas.-

    Se subió a la tarima de los músicos y limpió con un trapo su flauta y la flauta de pan que le prestó Nír, mientras Harald afinaba el laúd. Habían de estar perfectas para la canción. La gente seguía haciendo cola para probar el mejunje de Battoin. Baelim sentía curiosidad por probarlo pero pensó que sería mejor no arriesgarse a tomarlo antes de tocar. Sabía tocar borracho y bien, incluso a veces mejor que sobrio, pero no conocía los efectos de la bebida del conjuro. En ese momento Aiwë se conmocionó muchísimo tras echar un trago de aquella bebida, y su compañero de Rojo lo llevó fuera de la posada. Algunos salieron para ver qué le ocurría.
    -Menos mal que no tomé de eso- Dijo Baelim a Harald. Pero se fijó que Yaiwen sí que había tomado. -Espero que a la elfa no le afecte al cantar.-

    #347342
    lordnazgul9
    Participante
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    El enano partió a la fila, que se iba dispersando. Había ocurrido un incidente con Aiwë, y el Mago Rojo, que había oído se llamaba Soron, se había apresurado a socorrerlo. Los magos se colocaron en medio de la sala abriéndose paso entre Nír y otros curiosos. El morado parecía estar en shock y se sorbía lágrimas sanguinolentas.

    Varios de los presentes abandonaron la fila para probar el extraño brebaje de Battoin. Cuando pudo acercarse al salvaje, vio que el trago parecía aguardiente, pero con gusto afrutado.
    -¿Lo estás regalando, amigo? Parece que tiene propiedades curativas o de la mente, ¿no?-preguntó el enano-¿Como revivir recuerdos lejanos? Aunque creo que ya no deberías convidar más a magos con complejos de ansiedad. El Mago Morado está en shock.
    Battoin asintió.
    Al mismo tiempo Rírian estaba por aceptar un vaso, aunque parecía dubitativo tras lo ocurrido con Aiwë. La elfa Yaiwen también lo había probado pese a la promesa que le había hecho a Baelim y tenía una mirada perdida. Al parecer las facultades del trago si podían ser ciertas hasta un punto determinado. Nír tomó el vaso que le habían servido y se lo tomó a sorbos. Tenía un sabor agridulce muy fuerte, pero Nír ya estaba tan corroído de cerveza de Ered Mithrin que no le complicó mucho.

    Entre los efectos de la cerveza y de la queimada, como alguna vez oyó a un compañero llamarla, el enano se desparramó en una silla, confundido. En cuanto vio a Rírian, quien no le devolvió la mirada, se lo imaginó en medio de una gran batalla. Al frente estaba el Ejército de las Colinas de Hierro, y entre la infantería divisó a Dáin II. El señor enano se acercaba a Nír, quien se vio ataviado de una cota de malla y una armadura.
    -Será un gran honor que defiendas el linaje de Durin conmigo-dijo Dáin.
    Nír sonrió. En ese instante, Baldric, quien venía con una bandeja de comida, le golpeó en la cabeza con ella.
    El enano se puso de pie, sin escuchar al posadero disculpándose. Tenía una gran jaqueca y se dirigió a la mesa con sus cosas.
    En cuanto se sentó volvió a ver a Dáin luchando contra los Guardaespaldas de Bolgo. El gran orco había matado a Thorin, y pronto se vio en el entierro del mismo.
    Ahí en la coronación de Dáin estaba su antigua esposa y su hijo. Nír abrió los ojos, y estaba Baelim con un farol tratando de que despertase.
    -Santo Mahal, ¿ya tocaron los músicos?-se preguntó el enano.

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