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    Helkanor – Posada La Yegua Desbocada

    Home › Forums › El Anillo Único › Juegos de Rol en EAU › Helkanor – Posada La Yegua Desbocada

    • This topic has 512 replies, 14 voices, and was last updated 10 years, 7 months ago by lordnazgul9.
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    • 16/03/2015 at 13:52 #354123
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      Neume
      Moderator

        ¿Ves? Si todas las mujeres os vistiérais así yo no os confundiría nunca. ¿No tendrás tú también un modelito así?

        -He llevado algo parecido en otro color – Se dio cuenta que lo había dicho en voz alta, no para sí misma. “El vino, ya me está traicionando” -Pero jamás me pondría algo así aquí con esta temperatura. Era otro clima y no necesitaba llamar la atención…

        -Mi señor enano, si no estáis casado yo probaría suerte con ella, creo que esa barba vuestra es un gran atractivo -le dijo guiñando un ojo. -El pequeño hobbit se os ha adelantado a todos, debéis estar más espabilados.

        16/03/2015 at 14:16 #354128
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        aratir
        Moderator

          Mientras los hombres de la posada estaban atentos a las curvas de la recién llegada, y las pocas mujeres del local murmuraban sobre el atrevimiento de la misma, un hombre buscó refugiarse del frío exterior en la calidez de la posada. Se trataba de un hombre alto, de cabello rubio y atado a una coleta y cara afable. No parecía ser peligroso. A grandes zancadas se acercó hacia la barra y saludó a Baldric.

          – ¡Cuánto tiempo! – le dijo el posadero, entusiasmado de volver a verlo-. Hace mucho que no se os veía por aquí.

          – ¡Anda que no! Y que lo digáis —respondió el recién llegado mientras estrechaba firmemente la mano del posadero.

          – ¿Y dónde habéis estado en este tiempo? – se interesó Baldric.

          – En Ciudad del Valle. He estado ayudando a los habitantes de la ciudad, que aún se recuperan de lo que sucedió. Hacía falta muchas pieles allí.

          – Anda, el de las Pieles – saludó un aldeano, dándole unas palmadas al hombre en la espalda-. Se os echaba de menos, sobre todo a vuestras pieles. Mi esposa quiere comprar una nueva.

          – Pues… está de suerte. Decidle que traigo nuevos productos, especialmente curtidos por las maravillosas manos de mi bellísima madre.- Se dirigió a Baldric para pedir algo de beber-. Llénaos una pinta, Baldric, que estoy sediento. ¿Y contadme, cómo ha estado Candur en mi ausencia? Mucho frío, ¿a qué no?

          Mientras Baldric le llenaba una cerveza, el aldeano le contó muchas de las cosas que habían acontecido en el lugar en las últimas semanas. Faerin, que así se llamaba el recién llegado, miró en torno al salón de la posada varias veces y descubrió muchas caras desconocidas.

          – Pues… he pasado más de un año fuera, y me vuelvo a sentir extraño en Candur. Muchos extranjeros, ¿no?

          – Y tanto. Candur ya mismo va a estar tan concurrido como Framburgo o la ciudad enana.

          – ¿Y me decís que los orcos llegaron hasta aquí? – preguntó Faerin, mientras hacía cuenta de la cerveza, que justo le acababa de dejar Baldric en la barra. El posadero le respondió a la pregunta y le contó la incursión orca-. Extraños tiempos, entonces.

          16/03/2015 at 22:53 #354141
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          Battosay
          Participant

            -He llevado algo parecido en otro color

            Battoin notó como la circulación se le pertubaba de repente. Definitivamente Yaiwen tenía muchos secretos que contar. Tomó nota mental de buscar de una maldita vez el mataelfos e invitarla a unas copas.

            – Sin duda os quedaría tan bien con a ella – dijo Battoin. – Y un poco más de color en vuestra piel seguro que os haría más bella. ¿De qué color si no es indiscreción? ¿Negro, tal vez? No, no creo, algo más claro os quedaría mejor.

            Ensoñación de Battoin

            – Voy a saludar a la recién llegada, se la ve un poco perdida – dijo intentado borrar la ensoñación de su mente. – Seguro que valorará el consejo de otro recién llegado como ella – dijo mientras apuraba el vaso y lo rellenaba.

            Se levantó y tuvo que volver a sentarse al momento. El problema de beber de sentado. Se apoyó en Yaiwen y esta vez se mantuvo erguido. Se acercó a la mesa de la mujer intentando no caerse.

            – ¿Podría sentarme, bella dama? – preguntó.

            La mujer inclinó su cabeza en señal de aprobación y Battoin se sentó a su lado. Le dijo algo al oído provocando una sonora carcajada de la mujer.

            17/03/2015 at 0:11 #354143
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            Neume
            Moderator

              Battoin se estaba apoyando en ella cuando entró un hombre alto y rubio.

              -¿Es eso un cumplido, señor Battoin? Y sí, es indiscreción, pero os puedo confesar que no era negro, y no creo necesitar algo más de color. Desde cuándo se ha visto a un elfo tostado por Anar…

              Volvió a centrar su atención. No había por esa zona muchos humanos con el cabello claro. Pero eso no fue lo que más la sorprendió si no que varios vecinos le saludaban afectuosamente. Ella llevaba algo más de medio año ahí y no le había visto hasta entonces. “Debe ser alguien interesante en esta aldea, tengo que averiguar cómo de interesante”.

              Agudizó sus oídos tanto como su estado se lo permitió y prestó atención a las conversaciones que mantenía con los aldeanos.

              “Así que pieles y tiene nuevo cargamento. Perfecto, creo que mi cuello agradecería una estola de piel con este frío, o una nueva capa de color claro”

              Yaiwen observó disimuladamente al recién llegado evaluándole. Era alto para ser de los Segundos Nacidos, pero eso no debería suponer un problema, y llegado el caso, Battoin le debía un “pequeño” favor.

              Decidió que podría acercarse fingiendo indiferencia.

              -Muy señores míos -se dirigió a Nír y Calatar -guárdenme el sitio, no creo que tarde mucho. Pueden comer del queso y pan cuando lo traigan.

              La medio-elfa se levantó y tras respirar profundamente un par de veces dio un rodeo a la mesa donde se sentaba la sureña. Varios hombres pululaban como moscas en torno a un tarro de miel. Esa ocasión era perfecta.
              Con una mano rápida y comprobando que nadie miraba le robó la bolsa de monedas a un aldeano que miraba embelesado a la mujer. Se la ató al cinturón y la ocultó bajo la camisa. A continuación se dirigió a la barra.
              Fingió haber tropezado y chocó su hombro contra el recién llegado, que hablaba con Baldric.

              -¡Oh disculpe! qué torpeza la mía. Hay tanta gente aquí que es casi imposible andar, y la verdad es que ya llevo alguna copa de vino de más, me avergüenza reconocerlo -dijo bajando la mirada y simulando rubor.- Por eso vengo a la barra, todo va muy lento esta noche. Baldric, por el amor de Eru, que no llega el pan y el queso a la mesa. -A continuación volvió a mirar al caballero. -Mi nombre es Yaiwen -dijo con una reverencia. -Si usted quisiera unirse a nuestra mesa, hay unos caballeros muy agradables sentados conmigo, aunque veo que es bastante conocido aquí y muchos estarán deseando hablar con usted.

              17/03/2015 at 17:45 #354151
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              Dain-I
              Participant

                Berilack se había cansado de estar sentado en aquella silla, se levantó y se iba a dirigir a su habitación cuando se acordó que se la había dejado a aquel montaraz herido.
                “¡Maldigo mis arrebatos de generosidad!”.
                Cuando se iba a dirigir de nuevo a la mesa donde estaba aquella mujer sureña tan despampanante, se percató de que había llegado una nueva persona.
                -¿Quien es?- le preguntó a uno de los hombres que estaba bebiendo a su lado.
                -Es “El se las pieles”, como lo llamamos por aquí.
                – Y supongo que es lo que venderá ¿No?- El parroquiano asintió y siguió bebiendo.
                El hobbit se acercó a aquel hombre que, de cerca, era el más del doble de grande que él.
                “¿Es un hombre, o un troll?” se preguntó Berilack. Yaiwen estaba hablando con él cuando se acercó.
                -Usted es mercader de pieles, si no me equivoco- El hombre asintió desconcertado a ver al hobbit, pero Yaiwen sonrió.
                -Esperad aquí un momento- dijo el hobbit, no pudiendo contener una sonrisa.
                -Tengo algo para vos- dijo saliendo de la posada.
                El exterior era frío y estaba nevado, pero todavía podía ver los cuerpos de los lobos que había matado antes.
                “Por lo menos me vais a servir de algo pequeñines”. Berilack cogió una carretilla que algún aldeano había dejado por la zona y la cargó con los cuerpos de los lobos.
                Entonces entró con un gran estruendo con la carretilla por delante diciendo con una gran carcajada, posiblemente por las cervezas que se había tomado.
                -¡Un regalo de mi parte amigo de las pieles!, ¡Unas pieles muy frescas, recién adquiridas, ¡Jajajaja!-.

                17/03/2015 at 22:06 #354165
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                Narrador
                Participant

                  -Yo soy Berilack, mi señora, a vuestro servicio- dijo el hobbit con una reverencia-¿Quien es usted bella dama?.

                  Sonrió al escuchar al hobbit.

                  -Un placer conoceros, Berilack. Me presento yo también. Mi nombre es Zamîn. Espero que hayáis dicho lo de “a vuestro servicio” de manera sincera ya que es posible que os necesite. Soy nueva aquí.

                  Tal vez un hobbit que pudiera escabullirse sin problemas no le vendría mal. No iba a descartar a nadie a las primeras de cambio. Tenía que cerciorarse bien.

                  – ¿Podría sentarme, bella dama? -le dijo otra voz más grave.

                  Ella asintió con la cabeza.

                  -Cuánto caballero aguerrido veo por aquí, por ejemplo vos –le dijo a Battoin –Además de saber hacer reír a una dama, parecéis un guerrero que no teme a nada, fiero y fuerte –dijo con mirada coqueta mientras apretaba el brazo derecho de Battoin, muy cerca del hombro para comprobar su musculatura –sin embargo, un gesto extraño en el rostro del humano hizo que soltara la mano rápidamente. –Espero que no sea nada grave.

                  Tras unos segundos añadió –Veo pocas damas por aquí, deben ser frioleras. ¿Aquella de ahí es una elfa, verdad? – su voz era un tono más bajo.

                  Los elfos podían ser complicados, sí, podían complicarle la aventura, tan remilgados y escrupulosos alardeando de su moral intachable. Pero se decía que eran buenos arqueros aunque a ella no le veía ninguno. Sí dos dagas en cambio. A su lado vio un enano de graciosa barba. Enanos… resistentes y duros, capaces de soportar bien las penurias… Aunque se dicen muchas cosas y puede que no todas sean verdad, pensó al fin. Averiguaría lo más rápidamente posible.

                  -Y a su lado un enano. Vaya, esto si es cómico, un enano y una elfa ¿cenando juntos?…

                  18/03/2015 at 22:38 #354179
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                  Elfo_Negro
                  Participant

                    Apoyado en la barra Dulvak contemplaba cómo se divertía la abigarrada concurrencia. Su perro había salido de la posada hacía un buen rato, debía estar paseando o cazando, así que él podía dedicarse exclusivamente a mirar y a pensar. Le gustaba lo que veía, esa gente no era gente reblandecida, era gente dura, gente de frontera, seguro que entre ellos había ladrones y mentirosos, quizá algún asesino, pero apostaría a que allí no había cobardes. Eran ruidosos y frescos, conscientes de lo frágil que es la vida y, en consecuencia, viviendo a su manera.
                    Pero no estaba acostumbrado a tanta gente, a tanto ruido. Sacó una bolsita de hierba de los hobbits; no le gustaba en exceso fumar, pero le apetecía “humear” un poco, perder su mirada entre una cortina de humo azulado, ver el mundo, sentirlo, de un modo más suave, menos anguloso. Rellenó una pipa de cazoleta pequeña y la encendió, ya un tanto distraído.

                    19/03/2015 at 13:47 #354182
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                    aratir
                    Moderator

                      Faerin notó un golpe en el hombro. Cuando giró la cabeza se encontró con una joven

                      -¡Oh disculpe! qué torpeza la mía. Hay tanta gente aquí que es casi imposible andar, y la verdad es que ya llevo alguna copa de vino de más, me avergüenza reconocerlo.

                      – No… -iba a hablar Faerin, pero le cortó la joven.

                      – Por eso vengo a la barra. Todo va muy lento esta noche. Baldric, por el amor de Eru, que no llega el pan y el queso a la mesa. Mi nombre es Yaiwen. Si usted quisiera unirse a nuestra mesa, hay unos caballeros muy agradables sentados conmigo, aunque veo que es bastante conocido aquí y muchos estarán deseando hablar con usted.

                      – Un placer -afirmó Faerin, mostrando una sonrisa abierta. Le resultaba encantadora aquella mujer-. Me conocen como Faerin, El de las Pieles. Veo que la bebida de mi buen amigo Baldric hace efecto. Será un placer acompañaros a la mesa y conocer a vuestros amigos.

                      19/03/2015 at 19:51 #354187
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                      Battosay
                      Participant

                        -Cuánto caballero aguerrido veo por aquí, por ejemplo vos –le dijo a Battoin –Además de saber hacer reír a una dama, parecéis un guerrero que no teme a nada, fiero y fuerte –dijo con mirada coqueta mientras apretaba el brazo derecho de Battoin, muy cerca del hombro para comprobar su musculatura –sin embargo, un gesto extraño en el rostro del humano hizo que soltara la mano rápidamente. –Espero que no sea nada grave.

                        – Teneís razón en que soy un tipo divertido, pero no era una broma, lo decía en serio, ¿lo tenéis?

                        Ella lo miró extrañada y rompió a reir una vez más.

                        – Sí, claro, por un buen precio, es vuestro. ¿Y para quién es? Dudo que sea para vos.

                        – No, no es para mí – respondió. – Sin duda habrá aquí hombres valientes, pero yo sólo corro muy rápido, ¿sabéis? – llevó una mano hacia la pierna de ella, imitándola. – Veo que vos tenéis buenas piernas también . y apretó.

                        Zamîn hizo una mueca y llevó sus manos a la de él.

                        -Y a su lado un enano. Vaya, esto si es cómico, un enano y una elfa ¿cenando juntos?…

                        – Si queréis os los presento- le dijo tomándola de la mano y llevándola a la mesa.

                        19/03/2015 at 21:35 #354188
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                        Narrador
                        Participant

                          Zamîn había visto cosas extrañas, pero en ese momento estaba sentada a la mesa con una elfa, un enano y dos hombres. Ese momento acaba de entrar en su lista de los más extraños. No obstante semejante elenco de personajes podría serle útil.

                          – Encantada, mis señores – dijo con voz zalamera. – Y señora.

                          Dudaba entre investigar un poco más o ir directamente al grano. La gente del norte solía ser bastante ruda y sin gusto por las florituras. Quizás sería mejor ser directa.

                          – Salta a la vista que son gente valiente, justo lo que he venido a buscar aquí – dijo cruzando sus brazos y apoyándose en la mesa sobre ellos. Dejó que se fijasen en ella antes de continuar. – Tengo noticias de un tesoro cercano, pero sólo soy una pobre chica y necesito ayuda para encontrarlo.

                          Notó cómo había atraído la atención de sus compañeros de mesa y de toda la posada. De repente todo el mundo esta en silencio. Podía empezar el reclutamiento. Movió su silla y se acercó al enano, al tiempo que le acariciaba la barba.

                          – Los fuertes brazos de un hijo de Durin serían muy útiles en tal búsqueda – dijo acercando sus labios al oído de Nîr. – ¿No querríais encontrar ese tesoro?

                          Se levantó y acercó al hombre de la coleta. Parecía de la zona, le vendría bien alguien que conociese el terreno.

                          – Un hombre como vos, conocedor, sin duda, de su tierra sabrá llevar a una dama como yo a su destino, ¿verdad? – se sentó en sus rodillas y le acarició su mejilla. – ¿No me llevaríais de exrcusión? ¿Lo haríais por mí?

                          Acecó su cara a la de él lo más que pudo, sonriendo de forma inocente. Acercando su boca a la suya. Pero justo en ese momento se levantó bruscamente y se acercó a la elfa.

                          – Y en cuanto a vos – le susurró al oído de modo que sólo ella pudiera oirla, – he visto cómo os han brillado los ojos. Podemos tener un charla más tarde en privado. De mujer a mujer.

                          Miró a Battoin, que le sonreía y hacía gestos con la mano, como si estuviera agarrando algo. Todavía le dolía la ingle de su anterior apretón, prefirió dejarlo para luego. Seguro que podría sacar más información de él cuando supiera por qué le había propuesto ese trato tan extraño.

                          Miró a su alrededor, buscando nuevos miembros para su expedición. Un hombre le llamó la atención. Fumaba en pipa y miraba a su alrededor de forma distraída, como si no estuviera totalmente en ese lugar. Si bien no era capaz de explicarlo, aquel tipo irradiaba un aura extraña. De alguna manera sabía que sería útil. Y, de la misma forma, sabía que no sería fácil de seducir. Pero le gustaban los retos.

                          – Saludos, apuesto caballero, ¿puedo sentarme con vos? – dijo mientras se sentaba sin esperar a la respuesta. – Voy en busca de un tesoro, ¿sabéis? – le dijo acercándose, mientras paseaba sus dedos por el brazo de él. – ¿Os gustaría acompañar a una joven desvalida? Sabré recompensaros adecuadamente – susurró apretándose contra su brazo.

                          19/03/2015 at 22:34 #354189
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                          lordnazgul9
                          Participant

                            -Mi señor enano, si no estáis casado yo probaría suerte con ella, creo que esa barba vuestra es un gran atractivo -dijo Yaiwen -El pequeño hobbit se os ha adelantado a todos, debéis estar más espabilados.

                            Nír sonrió pícaramente. Se acordó de su familia raptada por los orientales, pero sólo por una pequeña fracción de tiempo.

                            En ese instante Battoin ya estaba flirteando con la misteriosa mujer.
                            -¿Podría confirmarme si se trata de una mujer del Rhûn, señora Yaiwen? Si no, es que viene del sur, según lo que me cuentan algunos socios de allá en Kibil-Dûm, sobretodo los que importan telas de allá.

                            La elfa echó un vistazo, como evaluando sus facciones, prendas, contextura y color de pelo.

                            Battoin regresaba a la mesa llevando de la mano a la misteriosa dama, quien los miró con un aire de sorpresa. Nír pensó en qué podría hacerla pensar así, hasta que recordó que estaba cenando y conversando con una elfa.

                            -Con razón-pensó Nír.

                            Salta a la vista que son gente valiente, justo lo que he venido a buscar aquí – dijo la joven una vez superada aquella extraña impresión. Nír se restregó los ojos y se fijó en ella antes que volviera a hablar. – Tengo noticias de un tesoro cercano, pero sólo soy una pobre chica y necesito ayuda para encontrarlo.

                            En ese instante todos quienes estaban en aquella posada se detuvieron como de golpe, fulminando a la joven con la mirada de arriba hacia abajo. Esta corrió su silla, contigua a la del enano, hasta que se echó encima suyo, acariciando su barba. Nir, quien estaba a medio dormirse, se espabiló y reaccionó a la caricia de la humana con una corta y ronca risa.

                            – Los fuertes brazos de un hijo de Durin serían muy útiles en tal búsqueda. ¿No querríais encontrar ese tesoro?-le susurró la joven al oído.

                            La mujer lo sostenía de los brazos, y Nír se mantuvo dubitativo, pensando en aquél tesoro. Trató de que pasaran por su mente todas las ciudades, minas y cuevas que conocía en el norte de la Tierra Media y de las que más había importado: las Montañas de Angmar, Gundabad, Kibil-Dûm, Erebor, las Colinas de Hierro y las cuevas de dragones del Brezal Marchito. Estas últimas sonaban interesantes.

                            Nír se giró para preguntar a la mujer, pero esta se había levantado de la mesa, al parecer queriendo reclutar a más ayudantes. Mientras pinchaba el último trozo de cordero, el señor enano se quedó mirándola hasta que tosió de repente.
                            -Condenadas costillas!-gritó para sí.

                            20/03/2015 at 11:53 #354199
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                            Neume
                            Moderator

                              Veo que la bebida de mi buen amigo Baldric hace efecto. Será un placer acompañaros a la mesa y conocer a vuestros amigos.

                              -Oh, hace demasiado efecto diría yo. Y eso que a mí no me afecta tan fácilmente ¿sabéis? -replicó la elfa con una sonrisa.

                              Yaiwen y el hobbit cargado con sus pieles de lobo, habían regresada a la mesa con Faerin. Se lo habían presentado a Nír y a Calatar y se habían sentado para reanudar la charla, pero en seguida Battoin se les unió con la misteriosa muchacha. Ella comenzó a hablar de manera zalamera y coqueta y a Yaiwen se le empezaba a acabar la paciencia con tanto remilgo falso.

                              sólo soy una pobre chica y necesito ayuda para encontrarlo

                              “Por favor, una pobre chica… igual sale de aquí más pobre sí, y de eso me puedo encargar yo” pensó la elfa divertida por su ocurrencia.

                              -Podemos tener un charla más tarde en privado. De mujer a mujer.

                              “Sí, yo también creo que en algún momento vamos a tener esa charla, ya sea para desenmascararte o para que me cuentes un poco más”
                              Yaiwen quería comprobar las reacciones de sus compañeros, ver qué pensaban. Desde luego nadie había llegado con tanta seguridad hablando sobre un tesoro. Ni siquiera Calatar, aunque él también lo había mencionado, pero no sería el mismo, pensó.

                              Hasta que la mujer no se fue a sentar a otra mesa, no se percató del hombre que estaba sentado solo y fumaba plácidamente. Algo en él le llamó la atención, pero Yaiwen no estaba en las mejores condiciones para sacar conclusiones o pensar hilando fino.

                              Se dirigió a sus compañeros. -¿Creen que es una charlatana? Justo hace un rato Calatar nos mencionaba historias de un tesoro que le contaba su familia -dijo señalándole con la cabeza -pero dudo que sea el mismo. Sin embargo, no puedo negar que la muchacha nos ha venido con asuntos de interés. No todos los días se encuentra alguien que tenga información sobre un tesoro… Y si esa información que posee fuese fiable, no nos conviene que se extienda el rumor muy rápido… o al menos más nos valdría llegar primero -dijo en susurros. -Por cierto señor enano, puedo afirmarle que no es del Rhûn.

                              Yaiwen se quedó mirando a Battoin. Ya le preguntaría más adelante por ese cruce extraño de miradas con Zamîn.

                              20/03/2015 at 17:07 #354223
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                              JRM-008
                              Participant

                                Rírian se sintió tan estúpido y avergonzado por lo ocurrido con Kira que cuando esta se fue, dejó sonriente a Roulon a un lado de la cama y se tapó la cara con las manos.
                                – Estúpido, estúpido, estúpido…
                                Suspiro y cerró los ojos, saboreando el tacto de la mejilla de Kira en sus dedos, para luego quedarse dormido, presa del cansancio.

                                21/03/2015 at 12:39 #354238
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                                aratir
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                                  Faerin nunca había imaginado que su regreso a las tierras heladas de Helkanor fuera tan interesante. Candur parecía un lugar distinto de la última vez que estuvo allí, más de un año atrás. La taberna del buen Baldric estaba abarrotada de gente tan extranjera como extraña. Hobbits, elfos, enanos, hombres de diversa condición,… Primero se le había acercado aquella elfa de mirada salvaje, cabellos oscuros y ojos ligeramente verdes que atendía al nombre de Yaiwen. Faerin no podía duda de que era hermosa y muy interesante.
                                  La elfa le había invitado a unirse a la charla con unos amigos tan extraños como ella misma. Allí le había presentado a un enano que era conocido como Nir y a un hombre llamado Calatar, al cual juraría haberlo visto en Esgaroth. No pudo preguntarle porque de repente aparecieron otros dos personajes insólitos: un hombre bastante peculiar y una mujer, una mujer demasiado echada para adelante. No pasó ni un segundo cuando la mujer que no le tenía miedo ni vergüenza a nada ni a nadie se convirtió en el centro de atención de la mesa. Alguno dejó de hablar, otro depositó de nuevo en el plato los trozos de comida que justo se estaba llevando a la boca, y Faerin bebió de su cerveza sin desviar la mirada del rostro de ella -porque una cerveza no se deja jamás por ninguna circunstancia aunque te esté atacando diez orcos a la vez-.

                                  La mujer se puso a hablar de un tesoro y de una expedición para encontrarlo, mientras se prodigaba en guiños, zalamerías y palabrerías. Aunque Faerin tuvo que reconocerse a sí mismo que se sintió turbado cuando se acercó demasiado a él. Recordó que había pasado ya algún tiempo desde la última vez que había yacido con una mujer. Por último, le dijo algo al oído a Yaiwen y dirigió su atención a otra persona de la posada al cual Faerin no había prestado atención hasta aquel momento.

                                  Yaiwen, que parecía no haberle caído bien aquella mujer, fue la que habló a continuación:

                                  -¿Creen que es una charlatana? Justo hace un rato Calatar nos mencionaba historias de un tesoro que le contaba su familia -dijo señalándole con la cabeza -pero dudo que sea el mismo. Sin embargo, no puedo negar que la muchacha nos ha venido con asuntos de interés. No todos los días se encuentra alguien que tenga información sobre un tesoro… Y si esa información que posee fuese fiable, no nos conviene que se extienda el rumor muy rápido… o al menos más nos valdría llegar primero -dijo en susurros. -Por cierto señor enano, puedo afirmarle que no es del Rhûn.

                                  Faerin intervino, hablando en voz baja.

                                  – Cierto es que en estas tierras heladas las historias de tesoros perdidos no son escasas. Hace siglos habitaba Helkanor varios dragones, algunos más poderosos que el propio Smaug, del que no sé si habéis oído hablar. -Dijo esto último mirando a Calatar-. Según cuentan las historias de los viejos ancianos del lugar, los dragones solían saquear de vez en cuando las minas de los enanos y los palacios llenos de joyas de los grandes reyes de antaño de Helkanor.

                                  – ¡Cuentos de tabernas! – exclamó alguien.

                                  – Esos cuentos son los que me contaba mi abuela por las noches -dijo Elaen, la hija de Baldric, que pasaba cerca de la mesa y había escuchado la conversación-. La buena mujer, que los dioses la tengan descansando, me hablaba de fieros y terribles dragones, como Glaurung, al cual su bisabuelo había tenido que enfrentar unas cuantas veces.

                                  – Pues… no creo que en Helkanor se viera alguna vez a Glaurung -dijo Faerin, sonriéndole cálidamente.

                                  – ¡Oh sí lo creo! Mi abuela lo aseguraba.

                                  – No lo creo -insistió el mercader-. Glaurung fue muerto por Turin Turambar durante la primera edad. ¿Puede que se confundiera con Scatha?

                                  – No sé…

                                  – Pues… la primera vez que vine a Candur -volvió a hablar Faerin-, mucho tiempo ha, me hablaron del último dragón que sobrevoló Helkanor, Scatha, que fue muerto por Fram, fundador de Framburgo. Pero también estaba Cuthol, y alguno más que ya no me acuerdo. Hubo tres o cuatro dragones en Helkanor, pero os aseguro que ninguno era Glaurung.

                                  21/03/2015 at 13:50 #354240
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                                  Dain-I
                                  Participant

                                    Berilack vio a que todos estaban sentados en una mesa cercana y se acercó a ver lo que ocurría.
                                    -¡Hola amigos!, permitidme sentarme- el hobbit se sintió y pidió otra cerveza.
                                    “Debería empezar a controlarme”pensó, pero cuando le trajeron la cerveza y la probó, cambió de idea.
                                    “Ya empezaré otro día”.
                                    -Bueno, ¿De que estabais hablando con nuestra exótica compañera?- Berilack se enteró de todo lo que habían hablado y dijo.
                                    -Bueno, la verdad es que hecho en falta algo de dinero, no me importaría ir a investigar alguna cueva o dos. Cuando era joven al lado de mi casa había una pequeña gruta que exploré miles de veces, pero lo único que encontre fueron insectos y murciélagos, fue una decepción la verdad-
                                    Miró entonces hacia donde se encontraba la joven y vio que hablaba con un joven que fumaba de pipa, cogió la suya y se la encendió con una cerilla.
                                    “Hoja del viejo Toby, el único recuerdo de mi preciosa Comarca”.

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