La Tierra Media y Grecia: las Fuentes de Tolkien



La llegada de las amazonas es muy similar a la de Beowulf y sus hombres. Ellos llegan sin ser vistos y buscan al rey, prometiéndole llevarle a su gran destino. Como Hrothgar otorga presentes y le promete más a Beowulf, así Príamo se presenta con su favor a Penthesilea, y ambos héroe y heroína están retados a un festín real. A Éowyn se le presta poca atención en el catálogo de las introducciones heroicas. Ella está silenciosa, detrás de Théoden y le echan cuando Gandalf y los chicos llegan a Meduseld. De hecho, el único tiempo en el que es tratada con distinción es cuando Théoden la lleva en la carga de Edoras. Luego, le da una cota de malla y una espada.

No en vano, la procesión de Penthesilea duerme en la tienda de Príamo en medio de la batalla, justamente como Beowulf duerme en la tienda de Hrothgar la noche en que aguardan el ataque nocturno de Grendel. Pero mientras Beowulf busca a Grendel para ayudar al pueblo sitiado de Hrothgar, Penthesilea adquiere su ambición para matar a Aquileo por un sueño. Y Éowyn tan sólo busca la muerte en la batalla, porque se ha vuelto vacía y ha perdido las ganas de vivir. En este punto, desaparecen las influencias de Beowulf del poema de Quinto, pero Tolkien continúa caminando tras los pasos de Quinto y Homero. Como los aqueos de Homero se visten con penachos de crin de caballo, así Quinto ha dado a Penthesilea un yelmo con una pluma dorada. Y Éomer, cuando regala a Aragorn por primera vez, cabalga llevando puesto un yelmo adornado con un penacho de crin de caballo.

Los troyanos, domadores de caballos también visten con penachos de crin de caballo en la “Ilíada” de Homero. Los caballos son importantes para ambos, aqueos y troyanos, las grandes bestias tiran de los carros de guerra de ambos ejércitos. Penthesilea simplemente conduce su caballo a la batalla (un truco clásico de las amazonas de acuerdo con siglos de arte griego).

Rápidamente todo
oscurecida su reunión, y con la multitud viniendo,

los campeones, sí, cada uno de los que estaba

se apartaban hacia atrás cuando estaban encarados en la guerra

Contra Aquileo, el que todo lo arrasa.

Pero ella, con el deseo de triunfo en sus pasos

sentada en el buen corcel y flotando, el regalo

de Oreithyia, el salvaje viento del norte en su brida,

rodeando a la dama guerrera, al tiempo

que venía a Tracia, el corcel de miembros voladores

Podía competir con las alas de la Arpía. Cabalgando encima,

Penthesilea en su hermosa imagen

Dejaba los altos palacios de Troya detrás.

Penthesilea conduce hacia las fuerzas aqueas como algo imparable. Como sus compañeras amazonas han sido vencidas, una tras otra, ella acomete a los guerreros aqueos, y les hace caer en el terror. Viendo que sus hombres se dispersan y su moral está rota, Aquileo se centra en la amazona. La confrontación entre Aquileo y Penthesilea es larga y misteriosa, y un poco triste. Ella es la hija de Ares, pero Aquiles es invulnerable a cualquier tipo de armas. Como la amazona intenta descabalgarle, Aquileo atraviesa al caballo y a la amazona con una lanza, y Penthesilea cae mortalmente herida. Su caída desanima a los troyanos, que hasta este punto se habían acercado a los aqueos y estaban (una vez más, como sucede en la Ilíada) a poca distancia de incendiar las naves aqueas. Los troyanos así vuelven a su ciudad y Aquileo goza con su asesinato. Pero no disfrutará la victoria por mucho tiempo. Cuado Aquileo despoja del casco a Penthesilea y admira su belleza, se enamora de ella, aun yaciendo ella muerta delante de él:

Así le clavó su brillante lanza el hijo:

De Peleo y la sustrajo del veloz caballo, y de:

Penthesilea en agonía mortal.:

Luego el corcel y el jinete arrojaron sus vidas lejos:

Asesinadas por una lanza. Ahora de su cabeza él recogió :

El esplendoroso yelmo, como los destellos:

Del gran sol, o Zeus en su propia luz gloriosa.:

Luego, allí caída en el polvo y en la sangre ella yacía,:

Rosa, como la llegada del alba, para ver :

Limpia decorosamente pintadas las cejas en una cara encantadora.:

Encantadora en la muerte. Los argivos desfilaron a su alrededor,:

Y ellos vieron, maravillados, que ella se asemejaba:

A una inmortal. En su armadura,:

Sobre la tierra ella yacía, y parecía:

La hija de Zeus, la incansable cazadora Ártemis:

Durmiendo, al tiempo que sus pies estaban vestidos:

Con leones con sus fustes voladores:

Sobre las colinas extendidas lejos. Ella era :

Una maravilla de belleza aun en la muerte :

Por Afrodita gloriosamente coronada, :

Por las bridas del hijo de la Guerra, para el fin que él,:

El hijo del noble Peleo, debía darle:

Con la aguzada flecha del amor repentino.:

Los guerreros la contemplaban con asombro, y en sus corazones pedían:

Que justa y dulce como sus esposas debían parecer,:

Descansasen en la cama del amor, cuando ganasen sus casas. :

Sí, y el corazón de Aquileo estaba encogido:

Por los remordimientos amorosos de haber asesinado una cosa tan dulce,:

Que podría haber transportado a su casa, sus reina desposada,:

Del carro glorioso de Phthía; para ella era :

Impecable, una hija de los dioses,:

Divinamente alta, y mucho más divinamente justa.:

La agridulce venganza de Aquiles le hace atormentarse con el amor y la derrota. Es una escena fantástica, turbadora y profundamente trágica. Tolkien parece determinado a seguir firmemente este error antiguo cuando, el príncipe Imrahil cabalga fuera de Minas Tirith para ayudar a los rohirrim en los campos de Pelennor, se topa con la carnicería donde Théoden y sus guerreros han caído por manos del Señor de los Nazgûls: