Tolkien no aparca simplemente a los rohirrim en una forma poética de cuatro versos al estilo anglosajón. Les deja chapotear en un pequeño pentámetro y otras medidas. Pero retienen siempre la distintiva forma aliterativa. Declara de una manera no explícita el modo en que los poetas rohirric no están repulgados en la tradición poética. Están cambiando y experimentando con formas de versos. Son una cultura “más primitiva” que la cultura anglosajona de la Alta Edad Media inglesa. Y además, la poesía anglosajona sirve al modelo de Tolkien para todos los experimentos con los rohirrim. Hay algo cómico en la proximidad de Tolkien, un espíritu libre “y qué si…” que ejercita.
Y “y qué si…” nos lleva a la más distintiva y representativa de los rohirrim: Éowyn. Ella es única, no sólo porque es una mujer guerrera (la única nombrada en las historias); ella, además posee más personalidad que cualquier otro de sus contemporáneos. Sombrea a Éomer, su hermano. Es Éowyn la que lucha contra el Señor de los Nazgûl en un encuentro de proporciones beowulfianas. Mientras que los rohirrim no se enfrentan a monstruos en su propia tierra, tienen que luchar contra ellos en Gondor y Mordor. Si los rohirrim están unidos y homenajean a los anglosajones en la poesía, como Tom Shippey argüe en “El Camino a la Tierra Media”, el mayor tributo es el pagado a las mujeres anglosajonas, no sus hombres, como Éowyn.
Hay un pequeño precedente para Éowyn en la Inglaterra anglosajona. Pequeño, pero no ninguno. Aunque las leyes anglosajonas no mencionan a mueres guerreras, cómo son entrenadas, y quién es quien las equipa o lidera, hay una mujer que sobresale en la historia anglosajona: Aethelflaed. La hija del rey Alfred, que se casó con Aethelred de Mercia del Este. Después de la muerte de su marido, Aetheldlaed gobernó a los mercianos por sí misma. Ella y su hermano derrotaron a los daneses, y sólo la muerte repentina de Aethelflades por enfermedad le impidió ver la culminación de sus esfuerzos. La otra princesa guerrera que se nos nombra en la tradición anglosajona, era incierta, una mujer sin nombre de quién el escritor bizantino, Procopius dijo que había liderado un ejército de 10.000 de sus compatriotas contra Varni después que su rey, Radigis, rehusara casarse con ella.
Pero aunque Tolkien no tuvo modelos anglosajones para Éowyn, había encontrado uno en “La caída de Troya” de Quinto. Quinto, en la moda de Tolkien, dibujó basándose en los antiguos recursos de Homero como un modelo y una inspiración. Introdujo (o preservó) a la heroica reina amazona Penthesilea para que las futuras generaciones la admirasen. Penthesilea accidentalmente asesinó a su hermana, la reina Hippolyte, y huyó de la ciudad amazona de Thermodon con doce compañeras. Quinto las nombra a todas, llamando a una “Harmotoe, la de oscuros ojos” y a otra “Thermodosa, gloriosa con la lanza”.
Penthesilea y sus compañeras llegaron a Troya poco tiempo después del funeral de Héctor, acontecimiento que termina la “Ilíada” de Homero. Penthesilea había sido enloquecida por las Furias griegas como castigo por la muerte accidental de su hermana, y estaba buscando consuelo en la guerra. Habiendo oído acerca del valor de Aquileo, decidió que ella sería la que le vencería.
Así sin par entre todas las amazonas.
A la ciudad de Troya Penthesilea llega.
A la derecha, a la izquierda, desde todos los lados se apresura entre la multitud.
Los troyanos, se maravillan gratamente, al verla
El cansado hijo del dios de la guerra, la armada dama,
Como los bendecidos dioses; puesto que ella en su cara
Mira bella, gloriosa y terrible.
Era encantadora su sonrisa: por debajo de su mirada
sus encandiladores ojos brillaban como estrellas,
y con la rosa carmesí de su vergüenza
brilla donde sus mejillas, y la cubre alrededor
Misteriosa gracia ataviado con valor guerrero.
Quinto incluye una referencia anacrónica a la malla (un tipo de armadura que apareció por primera vez sobre 600-700 años antes de su vida y mucho tiempo después de que Homero y los poetas cíclicos hubiesen muerto). No en vano, la imagen se ajusta muy bien a Éowyn: ” Muy pálida era su cara, y su largo pelo era como un río de oro. Alta y esbelta era en su blanca túnica ceñida con plata; pero se veía su fuerza y su severidad de acero, una hija de reyes.” (De “The king of the Golden Hall”) Penthesilea es bienvenida por el dolorido rey Príamo:
Entre sus palacios condujo a la dama,
y con alegría y honor le dio la bienvenida, como alguien
que se maravilla de que su hija vuelva a casa
Desde un país lejano en el año vigésimo;
y organiza un festín para ella, suntuoso
como los gloriosos reyes bélicos, que han derribado
naciones de adversarios se engalanan con el esplendor y la pompa,
Con los corazones triunfantes en precio por la victoria.
Y le dio regalos costosos y agradables de ver,
y le prometió muchos más, si ella
Salvara a los troyanos del inminente destino.
Y ella cada palabra prometió no como un hombre
y se esperanzaba por ello, aun por la caída de Aquileo,
para castigar la ancha ofensa de los hombres argivos,
Y encender las rojas y flameantes teas en los barcos.
¡Oh, loca!- ¡pero poco sabía ella de él, el señor
de las lanzas horribles, como de justo podía ser Aquileo
Con los guerreros muertos en la lucha le atravesó!