Éowyn es un personaje complejo porque parece requerir alguna justificación. Tolkien recibió una carta de un lector en los años 60 que aparentemente objetaba acerca de la velocidad con la que Éowyn se enamora de Faramir. En réplica, Tolkien dijo: “… De acuerdo con mi experiencia, los sentimientos y las decisiones maduran muy rápido (tal como puede medírselas según el mero “tiempo del reloj”, que en realidad no puede aplicarse) en los períodos de tensión y, en epecial, en la expectativa de una muerte inminente. Y no creo que las personas de alto rango y crianza necesiten pequeños escarceos y avances en cuestiones de “amor”. Este cuento no trata de un período de “Amor Cortesano” y todos sus fingimientos; si no de una cultura más primitiva (es decir, menos corrupta) y más noble”. (Carta 244)
Bien, Tolkien quizás dijo mejor que los Rohirrim no son medievales. Pero esperen. Él dijo eso en la carta 211: “…Los Rohirrim no eran “medievales” según el estilo que damos a la palabra.” Ya, ya, ya. Esa cita draga en la gota de una referencia de una cadena de cartas, y es usada en ambos casos en la defensa. Pero si los Rohirrim no son medievales “en nuestro sentido”, ¿qué son? Haciendo a un lado todas las comparaciones con los recursos medievales por un momento (que son perfectamente aplicables en muchos casos), uno puede encontrar fácilmente otras fuentes de inspiración en las que bebía Tolkien. Y Éowyn es el ejemplo perfecto de cómo Tolkien sintetizó elementos de fuentes medievales y clásicas. De hecho, Éowyn tiene más de la mitología griega que la tradición virtual de literatura anglosajona. Ella es ciertamente comparable en su aspecto rebelde con algunas mujeres de la literatura inglesa medieval. Éowyn parece desafiar el orden social de Rohan en su diálogo con Aragorn, en el que ella se queja de que no hay sitio para la mujer en la guerra que se avecina. Pero Éowyn es conocida como una dama de hierro por la narrativa (y así, por implicación, por la gente), un término familiar para el mundo histórico germánico. Y ya, su veloz pasaje a la gloria refleja mucha tradición antigua, y una clásica. Éowyn no está preocupada con su piedad o su sexualidad, lo que se asocia frecuentemente a la mujer en la literatura medieval inglesa. Los escritores medievales desafortunadamente decidieron que las mujeres eran responsables del pecado (aunque la Biblia clamó que Adán era la fuente de todas sus calamidades). Los escritores clásicos le dan a la mujer más facetas.
Quinto de Esmirna fue un escritor clásico tardío. Vivió en el siglo IV de nuestra era, más de 1000 años después de Homero y otros poetas que fueron los creadores del ciclo épico de Grecia. Homero y sus compañeros poetas, compusieron sus versos en conmemoración de la Guerra de Troya. Para ellos, quizás, la guerra fue muy real, y ellos estaban preservando tradiciones que les habían sido dadas desde generaciones atrás. La Ilíada, de Homero, cubre un período de tan sólo 50 días, pero la guerra completa de, supuestamente diez años ha sido recorrida por la épica completa del ciclo. Los poetas cíclicos establecieron un renacimiento poético en Grecia, que hubo emergido recientemente a partir de siglos de oscuridad y que empezó muy pronto después de que Troya cayese en manos de sus enemigos. (La arqueología ha revelado que Troya ha sido saqueada unas cuantas veces, pero la Troya homérica fue destruida justo antes del primer ímpetu de la Edad Oscura de Grecia, circa 1200 antes de Cristo).
Se cree que Quinto ha reescrito el trabajo de Arctino (que compuso “La llegada de Memnón”, “Etíopes”, “La destrucción de Troya” y “Liupersus”, sobre el año 776 antes de Cristo) y Lesches (que compuso “Pequeña Ilíada” sobre el año 700 antes de Cristo). Nuestra imagen de la tardía Troya (pseudo) homérica deriva mucha de la “Caída de Troya” que es una épica de Quinto, compuesta sobre la tradición homérica. Se cree que estaba muy familiarizado con el trabajo de Homero y estuvo muy cerca de duplicar su estilo, aunque hay muchas críticas contra Quinto- él también solía fallar al guardar los detalles homéricos en los eventos específicos, o construir sobre un clímax homérico que no existía.
En 1916, desde la recuperación de la Fiebre de Trench (contraída en la guerra en Francia), Tolkien empezó a escribir la primera de sus propias historias mitológicas. El título “La caída de Troya” suena prácticamente igual que “La caída de Gondolin” (la primera de las composiciones míticas de Tolkien). De hecho, como Troya, Gondolin fue una ciudad construida en la cima de una colina, cuyos enemigos atacaban con perfidia (y despechando una profecía que les advertía del desastre inminente). Cassandra advirtió a los troyanos que no aceptaran el regalo del caballo de madera de los Aqueos, y su gente le ignoró. Tuor advirtió a Turgon que era tiempo de dejar Gondolin y Turgon le ignoró. Y justamente como los guerreros griegos emergieron del caballo de madera para abrir las puertas de la ciudad, la historia original de Gondolin incluye dragones de metal que transportaban soldados orcos dentro de ellos.
“La caída de Gondolin” está firmemente basada en los precedentes mitológicos griegos, desde los catálogos de los elfos y sus casas, para saquear la ciudad misma; y la historia que existía para la mitología de Tolkien en Inglaterra. “La caída de Gondolin” fue una renarración similar al mito de Troya según el modo anglosajón (O, lo que Tolkien pasó por uno en 1916/1917). Al igual que Quinto antes que él, Tolkien volvió la vista atrás a la Ciclo Épico para inspirarse. Pero aunque Tolkien no se esforzó en crear un poema épico en el estilo homérico, estuvo intentando incluir algo homérico: la creación de un Ciclo Épico para Inglaterra, justamente como Homero (y otros) habían creado un Ciclo Épico para Grecia. Tolkien quería traducir los acontecimientos de la mitología griega a las posibilidades mitológicas de los anglosajones.