El análisis de Yoda como personaje aporta nuevas luces al estudio de la evolución personal de Luke. George Lucas mantiene la opinión de que el maestro siempre impresiona más que el héroe, y ejerce su influencia desde cierta filosofía. Yoda procedía de una época arcana, más ordenada y más sabia (Obi Wan presenta el sable láser de los Jedi como un «arma noble -elegant- para una época más civilizada»); es SABIO y PRUDENTE. Pero no está por encima de todo. En especial, no está por encima de la muerte, aunque -al igual que Aragorn- dé la impresión de haber elegido el momento de abandonar el mundo. Luke, en su evolución como personaje, ganará en prudencia y en sabiduría, en misericordia y piedad, como Frodo. Al final los dos se nos presentan como personajes esencialmente serenos, llenos de paz interior. El combate entre Luke y el Emperador descubre un último matiz, decisivo, en el conflicto de fondo que se está dirimiendo en la secuencia cumbre de El retorno del Jedi. Luke dice: «Tu presunción es tu debilidad»; a lo que el Emperador replica: «Tu fe en tus amigos es la tuya». En definitiva lo que anda en juego es la pugna entre soberbia y humildad -vehículo de la catarsis o purificación en Star Wars y en la Tierra Media: todos los personajes centrales avanzan y progresan por el camino de la humillación voluntariamente aceptada-, entre contar con las propias fuerzas, o desconfiar de ellas. La enormidad del Imperio o del poder de Melkor o Sauron en Tierra Media, se apoya en la nada de la apariencia de poder, que es la negación de ser en que consiste el Mal. Por eso su ruina es absoluta. El Bien, aunque de apariencia frágil (Yoda es un buen ejemplo), es poderoso porque no busca su apoyo en sí mismo, no presume una fuerza que no tiene. Desconfía de sí para colocar su confianza en los otros, en la propia idea que defiende y que es su Fuerza -en Star Wars-, o la libertad -una de las constantes [patterns] de El Señor de los Anillos y de todo el universo tolkieniano-. La muerte de Obi Wan en bien de los demás, y en especial de Luke, muestra ese desprendimiento voluntario de todo lo propio en favor ajeno. Es normalmente de los más débiles de quienes depende el triunfo de un ideal. La verdadera batalla se libra entre el Emperador y Luke, no entre los cruceros y las naves de la Alianza; y de modo incluso más patente, en el caso de Frodo y Sam: todo está en vilo mientras ambos avanzan como dos hormigas diminutas hacia la Grietas del Orodruin, aunque parezca que la batalla decisiva es la que enfrenta a las huestes de Sauron con los Pueblos Libres en los campos del Pelennor o, luego, ante la Puerta Negra de Mordor. Hay, además, otro profundo paralelismo entre las dos escenas que acabamos de considerar, y entre dos personajes que guardan cierta similitud (más adelante volveremos sobre ellos). Por un lado, ambas ocurren en el momento de la aparente derrota definitiva que, en el caso de El Señor de los Anillos, es presentada bajo la forma de una esperanza que abandona los corazones (cfr. La Puerta Negra se abre, cap. 10, vol. III), el lugar donde se forjan, para Tolkien, las victorias y las claudicaciones. En segundo lugar, lo que está en juego en los dos casos es el poder entendido como pasión de mandar, de subyugar, en oposición al servicio, a la negación de lo personal a la que antes hacíamos referencia. Es como el eco del bíblico “seréis como Dios” (cf. Génesis 3, 1-11). Entre las dos escenas hay incluso lo que podríamos llamar un paralelismo escénico: el Emperador es arrojado al abismo por Darth Vader; el Anillo por Gollum. En ambos casos, los sujetos de la acción son los dos personajes de quienes menos cabría esperar una actuación así (siendo las dos escenas perfectamente coherentes de acuerdo con las reglas narrativas impuestas por Tolkien y Lucas). De su mano llega el giro eucatastrófico de los acontecimientos. Aunque, podríamos matizar, en el caso de Vader hay un arrepentimiento, que no media en la acción de Sméagol. Los dos experimentan la catarsis definitiva, necesaria, coherente; una especie de redención interna dentro del mundo secundario. En este sentido, Sméagol-Gollum guarda cierto paralelismo con Darth Vader. Dominado por el deseo posesivo del Anillo, desempeñará un papel decisivo en su destrucción. Pero es también un personaje con sus momentos de lucidez, destellos del pasado feliz en que todavía era libre de ir donde quería, y en su fuero interno. En Fantasía hay que ponerlo todo en juego si se quiere vencer. Los mundos de Lucas y Tolkien constatan la verdad vital de este hecho.
Ensayo sobre Arda