Star Wars y la Tierra Media: Universo Mítico y Mundos Posibles

Así pues, delimitados los aspectos conceptuales del análisis, me referiré en primer lugar al condicionamiento que, para una historia, supone el método narrativo del Cine y el propio de la Literatura. Mi conclusión será que los momentos eucatastróficos de Star Wars están mediatizados por esos elementos tan característicos del Cine: la banda sonora, los efectos especiales -lo visual-, la exigencia propia de Hollywood del final feliz de un modo más irreal -más alejado del Mundo Primario- que todo lo que acontece en la Tierra Media; el juego de primeros planos y la puesta en escena, etcétera. La posibilidad de eucatástrofe en un relato escrito se apoya en la propia experiencia vital del lector, y su consecución requiere una suerte de magia por parte del autor, que debe ser capaz de provocar la identificación subjetiva por medio de la sola palabra (lo que Tolkien llama aplicabilidad).

 

«Érase una vez…» el cuento de hadas

Se ha afirmado que Star Wars es un cuento tradicional, una fantasía espacial -sólo en cuanto a la ambientación y a los escenarios- y un mito “modernizado”. Esta apreciación no nos parece del todo acertada. La historia se sitúa en extraños sistemas solares, pero la trama es profundamente humana, de modo que el drama podría presicindir de la puesta en escena, sin perder por eso un ápice de su carácter vital primario (es decir, real, existente en el mundo que conocemos).

La Trilogía comienza con el inmenso cosmos a modo de telón de fondo. Sobre él, unas letras que se pierden en el vacío nos explican la situación de forma somera. Se trata de colocar al espectador en un lugar diferente del que le es familiar (lo que se ha llamado space travel, el alejamiento espacial, abordado bajo el ropaje de una narración en la Trilogía de Ramson, de C.S.Lewis). Pero una visión más atenta permitirá ver que también se nos está invitando al time travel, al alejamiento temporal: “Hace mucho, mucho tiempo…” es el eco de aquel «Érase una vez» con que comienzan los cuentos tradicionales. En este aspecto Star Wars y la Tierra Media coinciden: los universos míticos se desarrollan en un ámbito ucrónico: no existen, pero podrían existir, y eso los hace válidos en sus elementos esenciales (y menos aparentes) para todas las épocas.

En ese escenario se va a establecer «un conflicto entre el hombre y la máquina», en opinión de Joseph Campbell. Disiento de este parecer, que simplifica en exceso el fondo de la historia. El conflicto no es una mera confrontación bien-mal/hombre-máquina; o la simple lucha entre el Imperio, y las fuerzas de la Alianza. Esta visión adolece de un maniqueísmo que no resiste un análisis más en profundidad de los elementos narrativos y argumentales. Volveremos sobre ello.

Lucas asegura que cada artista trabaja de acuerdo con una poética, en busca de las verdades que se esconden debajo de la superficie. Emplea para eso figuras de la mitología, arquetipos. Han Solo ejemplifica esta tendencia, sin contrapartida en la Tierra Media, donde apenas se puede hablar de caracteres secundarios o “extras”: la fuerte presencia de una historia que sirve de background explicativo del presente, hace que hasta Háma, el Ujier de armas de Théoden, por ejemplo, deje de ser alguien anónimo. Es éste otro de los elementos que distancian la Trilogía del mundo de Tolkien. Las limitaciones narrativas, sobre todo de tiempo, que impone el metraje de una película hacen que los personajes de Star Wars “representen” tipos humanos, y en ocasiones su obrar apenas se justifique de acuerdo con un modo de ser peculiar. De todas formas, vista en conjunto, la Trilogía permite analizar la riqueza de matices con que George Lucas adornó a sus caracteres. Los personajes de Tolkien no son, por contra, arquetipos, sino que contienen elementos de humanidad profundamente coherentes, que los hacen seres creíbles cuya evolución como agentes de la historia se sigue de manera lineal, haciendo más asequible la aplicabilidad al propio microcosmos personal, de lo que sucede en la narración. Su libertad en el tiempo los convierte en seres individuales, identificables a lo largo de la historia en sus acciones y reacciones frente las nuevas exigencias que el desarrollo de la narración les impone.

Los trabajos del héroe, o la vida como aventura

Los personajes deben llevar a cabo, una vez enmarcada la acción, una transformación de sus modos de ser y pensar: actuaban de un modo, y deben supeditar su forma de vivir a un interés mayor, que les supera por todos lados. En El Hobbit y en El Señor de los Anillos se puede ver un paralelismo -que no es exclusivo de esos personajes en la Tierra Media; también está presente en Niggle, Túrin Turambar o Beren- en la progresiva maduración del protagonista o héroe: Bilbo, Frodo y Luke Skywalker muestran rasgos comunes que matizaremos a continuación.