La cercanía con que el héroe aparece ante los ojos del espectador facilita la identificación subjetiva. Los agentes principales de estas narraciones no son los lejanos héroes de la mitología griega. Al contrario, se presentan como seres incapacitados para realizar la misión que se les encomienda, externa a ellos, pero que termina por revelarse como el sentido último de sus vidas. La lealtad entre ellos se convierte en sustento de su esperanza; así, se podrían citar como ejemplos la creciente amistad de Han Solo hacia Luke -y, por ende, su lealtad a la Alianza-; la fidelidad de Chewbacca hacia Han; o el ejemplo cumbre de fidelidad inquebrantable que Sam ofrece a Frodo a lo largo de El Señor de los Anillos. En Star Wars vemos a R2D2 y a C3PO dirigirse al cumplimiento de una misión que no han buscado; R2 por lealtad, y C3PO por lealtad a R2 y en contra de su inclinación. Si ambos robots son capaces de lealtad, entonces no son máquinas, sino una síntesis imaginativa de seres racionales con esqueleto y “piel” mecánica. Son personas disfrazadas de máquina. Los comentarios de C3PO ofrecen un contrapunto ciertamente profundo sobre lo poco que cabe esperar de las cosas del mundo, y la necesidad de cumplir con el deber. «Estamos hechos para sufrir; es nuestro destino en la vida», dice C3PO mientras camina desconsolado por el desierto. Y Frodo es consciente de esto cuando, al despedirse de Sam, asevera: «Intenté salvar la Comarca, y la he salvado; pero no para mí. Así suele ocurrir, Sam, cuando las cosas están en peligro: alguien tiene que renunciar a ellas, perderlas, para que otros las conserven» (El Señor de los Anillos, vol. III, p. 412).
Dicha misión -que adopta la forma literaria de un viaje, lo cuál facilita el desarrollo de la narración, y guarda un paralelismo evidente con el modo de transcurrir de la vida- se presenta en un momento más o menos inesperado, como un molesto añadido que viene a complicar una existencia aburguesada; una vida que por otra parte se mueve en unas coordenadas bastante rutinarias. El viaje encamina a los personajes hacia el lugar al que nunca habrían elegido ir: Mordor o la Estrella de la Muerte. La toma de conciencia personal del papel que se desempeña en la evolución de los acontecimientos a partir de ese momento, se torna dolorosa: la certeza de la propia pequeñez, la falta de talento, el miedo a lo desconocido, a una muerte posible, etcétera. Y la seguridad de que en la empresa deberán emplear todo su ser: sacrificarse, comprometer sus vidas por algo más grande que ellos mismos. «El destino del mundo está en las manos de los pequeños, mientras los ojos de los poderosos miran hacia otro lado» -Elrond (autor de estas palabras, que el propio Tolkien consideraba en una entrevista concedida a la BBC como «lo más inteligente» que se decía en El Señor de los Anillos) y Gandalf, son ejemplos egregios de personajes sabios, capaces de entender el modo en que las cosas funcionan en el mundo (Real y secundario)-. Frodo y Luke son también paradigmas de esto, de una forma quizás más elevada que Bilbo. Y asimismo, quizá Frodo más que Luke: éste es animoso y cuenta con sus fuerzas, quiere ir con Obi Wan; anticipa a Yoda sus deseos de aprender, y cree tener la certeza de ir más rápido de lo que su maestro se atreve a reconocer, cuando en realidad no es así. De algún modo, para él es más fácil abandonar su mundo. Tras la muerte de sus tíos dirá:«nada me ata ya a este lugar». Quiere aprender los caminos de la Fuerza. Con todo, se conoce poco. Frodo en cambio no quiere salir de la vida cómoda que lleva en la Comarca. Ve quizá con más claridad que Luke los peligros que le aguardan, y es más consciente de su propia ineptitud. De hecho es más inepto: Luke cuenta con la Fuerza, que le asiste en el ataque final a la Estrella de la Muerte y en otros momentos de la Trilogía. Frodo tan sólo con su lealtad, y adquiere así una altura moral tanto más elevada cuanto que es sometida a duras pruebas que parecen anegar su voluntad, siempre al límite. Tolkien -que conocía profundamente la literatura nórdica, y era capaz de iluminar los porqués de determinados pasajes oscuros en obras escritas cientos de años antes que él- elaboró el personaje de Frodo inspirándose en los antiguos héroes de la literatura del Norte de Europa: héroes que luchaban por sentido del deber, apoyados en una fidelidad que iba más allá de toda esperanza y recompensa. Podríamos decir que Frodo es la síntesis literaria cristianizada del límite al que puede llegar un personaje modelado sobre la base de un mundo pagano (ajeno a una Revelación) sin la asistencia de la gracia, sin la Providencia. La historia de El Señor de los Anillos -como la de Fëanor, Túrin o Beren; como la de Beowulf o Kullervo- alcanza así una mayor fuerza épica, más cercana a lo real-primario que las acciones de Luke, que son más fácilmente identificables desde los puntos de referencia del espectador, en el mundo de lo deseable-superficial. En la presentación de las limitaciones de la vida de Luke, quedan claras sus aspiraciones de adolescente, muy comprensibles desde el Mundo Primario. En cualquier caso ambos -Luke, Frodo- deben salir de lo cotidiano: romper con un pasado más o menos cómodo, para salvar algo. En el viaje evolucionarán como individuos, ganando en madurez y en riqueza interior. Esta madurez se manifiesta de manera especial en la progresiva adquisición de la verdadera sabiduría y de un espíritu esencialmente misericordioso: al final de ambas historias encontramos a dos personajes inclinados a la piedad y prontos al perdón, purificados por el dolor que supone vivir. De los dos depende el destino último de sus universos. En salvarlos deben empeñar la vida entera, sin esperar a cambio ni una palabra de agradecimiento. Pero su libertad para decir sí o no es algo intocable. Así, Ben Kenobi hace presente a Luke la necesidad de que se adentre en los caminos de la Fuerza, con el fin de salvar la galaxia -«Luke, te necesito»; pero le dice: «Debes hacer lo que tú creas justo, por supuesto»-. Del mismo modo, Gandalf deja ver su alegría al comprobar el talante leal de Frodo, por dos veces: en Bolsón Cerrado y, más tarde, en la decisión firme de ir a Mordor que Frodo manifiesta ante el Concilio de Elrond. Pero Luke y Frodo podrían haberse negado, dejando que la historia evolucionase de otro modo, también verosímil.