Inicio Foros El Anillo Único Juegos de Rol en EAU Helkanor – Posada La Yegua Desbocada

Viendo 15 entradas - de la 61 a la 75 (de un total de 513)
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  • #345176
    lordnazgul9
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    Nír se rió para sí cuando Harald preguntó por luchadores.

    -Los orcos no se preocupan de eso, atacan por atacar. Pero si, pueden ser muy vengativos-dijo el enano en contestación a lo que dijo un cliente al otro lado de la posada.

    -Ni que te hubieras topado con una legión de orcos y otra de huargos en medio de un monte-le dijo Harald, que no confiaba mucho en él.

    Nír volvió a reírse incómodamente porque efectivamente así era.

    -Tú preguntaste por quien sepa manejar armas. Pues yo mismo tengo una que acá mismo sólo comparte ese montaraz-dijo Nír apuntando a Rírian-Y también la predilecta, que vale más que todas estas casas juntas-anunció burlonamente desenfundando la doble-hacha de mithril. -Y mi mechero personalizado. Y tengo cosas que pueden servir encima de un cerdo y una carreta.

    Algunos de los presentes abuchearon por lo prepotente del enano, pero otros se interesaron cuando Nír les ofreció armas.

    -¿Dónde están esas armas? ¡Vamos a defender Candur!-gritó uno que estaba un poco más allá de Elaen y Harald. Algunos le apoyaron.
    -¡Ojo!-les detuvo Nír -Conste que soy un vendedor-remarcó esto último-no un trabajador de caridad. Así que, ya saben-Nír extendió su mano por las monedas.

    #345177
    Neume
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    Kira parecía estar pensando lo mismo que ella. Aquello estaba ocurriendo mucho antes de lo que pensaban. -Los orcos nos debían pisar los talones y a esos tres más aún- dijo señalando al enano y sus acompañantes.

    Yaiwen terminó de un gran trago la copa y se levantó.
    -Yo no soy guerrera, pero ahora no valen los remilgos. Eso sí, en las distancias cortas no soy tan buena como en la distancia -y señaló su arco, -así que saldré ahí fuera, cerca de la posada y me subiré a un árbol para disparar desde cierta altura.

    Se puso la capa y salió no sin antes cerciorarse de que aún no había orcos.
    Eligió un árbol cómodo de trepar y bastante cercano.

    #345181
    JRM-008
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    Rírian sonrió mientras la gente se iba uniendo a la lucha. Sintió esas ganas de combate que había experimentado dos años atrás, y mientras la adrenalina le bullía por todo el cuerpo alzo el brazo.
    – Yo dirigiré la primera línea defensiva. Nír, será mejor que estés a mi lado, y algunos hombres fuertes y resistentes. Esas bestias inmundas se enterarán de quién es Rírian hijo de Tírian. ¡Adelante!

    #345182
    lordnazgul9
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    Nír se giró hacia Rírian y sonrió. Se acomodó su casco, el arco, el carcaj, y por supuesto, la pipa, y además, obvio, la doble-hacha de Mithril. Nír sostuvo su arma predilecta desde el centro, con ambas manos, y al extenderlas, el hacha se extendió considerablemente. El enano giraba su arma con precisión, esperando a los orcos que vinieran.

    Estaba en frente de la muralla de la ciudad, llena de antorchas que el mismo había encendido haciendo uso de su mechero. Se había hecho una fortuna con las armas, aunque obviamente no pudo darles a todos, en parte porque la mitad de la aldea no podía pagarlas, y también porque Nír no había traído tantas, prefería vender sus joyas, utensilios y sus herramientas de metal. Había dejado el carro y los productos a cargo de Baelim, mientras que el cerdo Brof, despojado de platos y cucharones, estaba con Nír en la primera línea. Junto a ellos estaban, por supuesto, Rírian y una docena y media de guardias y habitantes del pueblo armados.

    -Oye, Rírian, ¿cuántos orcos dijiste haber matado en la batalla por la Montaña? Yo marqué 54 orcos y 9 lobos huargos.

    #345184
    JRM-008
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    Los orcos todavía no habían aparecido y Rírian desenfundó el arco y se preparó para la inminente batalla. Entonces Nír le preguntó:
    -Oye, Rírian, ¿cuántos orcos dijiste haber matado en la batalla por la Montaña? Yo marqué 54 orcos y 9 lobos huargos.
    Este se rió.
    – Ochenta y tres, amigo mío. Y creo que unos seis huargos. Esta vez te dejaré unos pocos para no dejarte demasiado mal.
    Entonces, una tropa de unos quince huargos (con sus respectivos jinetes orcos) cabalagaron hacia el pueblo. Rírian apuntó al que veía más cerca y gritó:
    – ¡Disparad a discreción! ¡Defended Candur!
    Y disparó.

    #345190
    Battosay
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    Zzzzzzzzzz…. Yaiwen…….Kira…….Zzzzzzzzz…..Trece……

    #345191
    lordnazgul9
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    – Ochenta y tres, amigo mío. Y creo que unos seis huargos. Esta vez te dejaré unos pocos para no dejarte demasiado mal.
    Nír se rió entredientes.

    A pesar de traer un arco de muy buena calidad y un carcaj decentemente lleno, Nír fue el único de la primera fila de defensa que no disparó al aire. En su lugar se adelantó con el hacha extendida, el filo en alto. El primer huargo en acercarse perdió a su jinete rápidamente, pero no duró mucho más al toparse con Nír.
    -¡Bam!-gritó Nír al pegarle al lobo en la frente con un lado, y rápidamente dio vuelta el hacha para rematarlo con el otro lado.
    Los candurianos no habían nacido para pelear, pero aguantaron su posición bien durante la primera oleada. Los ojos de los huargos brillaban con furor en la sombra, y las caras retorcidas y simiescas de los orcos quedaban iluminadas por las antorchas.

    Nír se giró hacia atrás. La resistencia había durado bien. Sin embargo pronto los últimos lobos de aquella quincena comenzaron a avanzar más, y los orcos encima traían sus propios arcos, abatiendo a algunos guardias con sus disparos. Afortunadamente las flechas le pasaban muy por encima a Nír, ventajas de baja altura que le permitían atacar de frente a los lobos y por debajo a los orcos. De este modo contabilizó bastantes puntos a su favor.

    Nír giró su hacha de los extremos, para revertir la posición de las cuchillas. Golpeó a un huargo con el filo, y al darse vuelta el orco arquero, giró el mango de inmediato. El orco terminó con la cuchilla incrustada en el abdomen.

    -¡Rírian! ¡Con ese ya van cinco lobos con orco gratis!-presumió.

    El enano retrocedió un poco para cortar la soga que ataba a Brof. El jabalí salió al trote furioso, embistiendo a un par de lobos, pero los orcos alcanzaron a saltar de las bestias. Nír iluminó su hacha, dando la señal para disparar flechas encendidas. En el momento en que iban a disparar, sin embargo, aparecieron los orcos a pie, que llevaban grandes porras.

    -Vamos bien, ahora tocan los pesos pesados-se dijo a si mismo Nír.

    #345192
    NELLA
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    En un abrir y cerrar de ojos Kira se vio sola en la posada, todo había sucedido muy deprisa… se alegró al ver entrar a Nír, el Enano de Kibil-Dûm, venía bien armado y enseguida el Montaraz y él empezaron a organizar a los pocos parroquianos que había en la posada. Al parecer los orcos estaban muy cerca…
    Pidió ayuda a Baldric y a Elaen y atrancaron bien la puerta y las ventanas… de momento dejarían la lucha para los mas fuertes… en ese momento se acordó… ¿Dónde estaba Battoin?

    #345194
    Turinhor
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    Nír le había dejado a cargo de la carreta, y enseguida llegaron muchos candurianos pidiendo a gritos que les diera armas para defender sus hogares. Baelim desconocía el precio de las armas que tenía a la venta Nir, pero su sentido común le hizo venderlas casi regaladas. No estaba bien aprovecharse de esa gente en una situación como aquella, en la que sus vidas estaban amenazadas. Ya pagarían lo que faltase después, si es que llegaban con vida a ese después. Los enemigos ya estaban a las puertas de Candur. La gente tomaba posiciones en los lugares más defendibles. Había desde niños hasta ancianos y mujeres empuñando herramientas como armas para defender la tierra que los vio nacer. El miedo estaba reflejado en sus caras. Miedo a perderlo todo esa noche.

    De pronto vio salir a una elegante elfa de la posada con un arco y se encaramó a un árbol para poder disparar desde allí.
    -Yo también he de ayudar en esta lucha- Se dijo Baelim- Esa elfa empuña el arco, y Ririan y Nír la espada y el hacha. Pero yo haré lo que mejor se me da-

    Y cogiendo su flauta se subió de pie en la carreta, y comenzó tocar una canción que aprendió en sus viajes que siempre le reconfortaba el corazón. La letra era cantada en élfico quenya, y no la entendía, pero conocía la melodía. Un sonido dulce y conmovedor se escuchó en todo el pueblo de Candur y superó los aullidos de los lobos. Parecía como si el sonido de la flauta tuviera una especie de poder. ¿Dónde había conseguido esa flauta? Ni se acordaba. La gente al escuchar la melodía abandonó el miedo, y un extraño valor se apoderó de sus corazones. La batalla ya había comenzado.

    #345196
    JRM-008
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    Cuando sus flechas se agotaron, Rírian se guardó el arco y desenfundó a Roulon.
    -¡Rírian! ¡Con ese ya van cinco lobos con orco gratis!- dijo Nír.
    Este se rió, con ganas de entrar en combate. La primera línea defensiva estaba flaqueando, y necesitaban la ayuda de un guerrero como Rírian para cambiar las tornas de la batalla. Vio llegar a pesados orcos armados con porras y mazas y dirigiéndose hacia ellos gritó (como siempre cuando iba a luchar) el nombre de su hermana.
    – ¡Lyla!
    Se enfrentó al primer orco gigante. Le cortó la mano con un preciso tajo de Roulon para luego decapitarle limpiamente, llenando la nieve de sangre negra. El siguiente estaba a punto de atacarle con su enorme porra, pero Rírian fue más rápido y se agachó en el momento justo. Acto seguido atravesó el corazón del monstruo y fue a por el siguiente.
    Entonces una música empezó se alzó por encima del clamor de la batalla y Rírian sintió una oleada de energía positiva fluyendo por su cuerpo. Al cabo de un rato, el muchacho estaba empapado n sangre (suya y de los orcos) y sudor. Vio al enano enfrentándose a un orco y de un solo movimiento amputó la pierna del monstruo para luego clavarle a Roulon en el pecho.
    – Con este ya son seis de los pesos pesados. ¿Quieres continuar o te ves demasiado cansado?- dijo burlonamente.

    #345205
    Narrador
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    Media docena de orcos se aproximaban a la posada. Habían burlado las barricadas de los candurianos y se habían escabullido por un lateral. Habían visto luz y el olor a carne fresca les había atraído hasta ellos. Portaban cimitarras y cascos.

    #345206
    Neume
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    Desde la altura, encaramada sobre una gruesa rama observaba con paciencia. Veía a los orcos y algunos huargos, y veía la barricada que los vecinos habían montado. De momento las cosas no parecían pintar muy mal, pero Yaiwen desconfiaba del giro que podría dar la situación.

    Relativamente cerca, había un humano, o lo que a ella le parecía serlo pues su estatura era algo más baja, subido en una carreta tocando música. Y entonces recordó la melodía. Era una canción en la alta lengua, y aunque no se aprendía ya como antaño por culpa de la prohibición, a ella siempre bastaba que le prohibiesen algo para sentir curiosidad por aquello. Había aprendido el quenya aunque no lo empleaba. Siguió la musiquilla y se puso a tararear en voz baja la canción. Y entonces los sintió.
    Yaiwen calló repentinamente y les buscó. Había seis orcos merodeando por la posada y se puso en alerta. Sin hacer ruido tensó la cuerda y apuntó. No le parecía que llevaran arco lo cual sería una ventaja para ella pues no podrían devolverle el disparo, pero ella no estaba tan arriba como para evitar que alguno trepara y fuese a por ella.

    “¿Quiénes estarán ahí dentro?” Sabía que Kira y los dueños de la posada no habían salido. “El personaje curioso de morado y el chico que lo acompaña creo que también están ahí, y Battoin que bajó al sótano. No le he visto salir. Dónde estará ese melón ahora que se necesita su fuerza bruta”

    Los orcos trataron de tirar la puerta pero estaba bien atrancada. Si la echaban abajo dispararía sin pensarlo, pero no podía malgastar las flechas pues no tenía demasiadas.

    #345274
    lordnazgul9
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    -¡Once! ¡Doce! ¡Catorce! ¡Diecisiete!-iba contando a voz alta Nír, y cuando se saltaba uno o dos números era porque había derribado a un lobo y su jinete, o porque en un giro de hacha había golpeado a tres orcos a pie.

    – Con este ya son seis de los pesos pesados. ¿Quieres continuar o te ves demasiado cansado?-se rió Rírian
    -¡Los enanos no se cansan!-gritó Nír, y con el hacha tajó por la mitad a otro orco. Pronto se vio rodeado por tres de los pesos pesados y un arquero sobre un lobo.

    Nír sostuvo el hacha de los dos extremos del mango, y al girarlos en direcciones contrarias, el hacha se separó en dos.

    -¡Si se rinden tienen descuento en la armería del Herrero Encabronado!-se burló el enano. Los orcos se miraron extrañados. Uno de los grandotes levantó su mazo.
    -Ne, prefiero vender sus porras como souvenir-se dijo. Tomó una mitad del hacha con cada mano, y se defendió habilidosamente con ambas. El mazo del orco terminó en el suelo, y Nír se trepó a él para decapitar al orco con ambas hachas. El jinete de huargo traía una cimitarra, y saltó sobre Nír. Al huargo le rasgó el vientre con una cuchilla, y al orco lo remató con la otra.

    Las hachas brillaron, y Nír silbó. El jabalí regresó arrasando con los otros dos orcos, y entró de regreso a la ciudad. Los orcos quedaron tirados en la entrada y Nír los remató a ambos. Un huargo sin jinete le saltó por detrás, pero Rírian le lanzó a Roulon a los hombros. El lobo aulló y Nír le golpeó en el cráneo con un hacha.

    -¡Ese cuenta como mío!-le gritó Nír.

    #345292
    JRM-008
    Participante
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    -¡Ese cuenta como mío!
    Rírian se rió y observó el campo de batalla. Otro grupo había superado a los defensores y se abría paso hacia Candur. Vio también que seis de ellos aporreaban la puerta de la posada y gritó a Nír:
    – ¡Están entrando en el pueblo! Yo me encargo de los de la posada, tú dirige a un grupo tras los jinetes.
    Y sin esperar respuesta corrió hacia “La Yegua Desbocada”. Cuando llegó, los orcos estaban a punto de entrar, pero Rírian arremetió contra ellos con todas sus fuerzas. Decapitó a uno y atravesó al segundo. El siguiente estaba preparado y le lanzó un tajo al muslo, y un dolor punzante atravesó la pierna de Rírian. Este gritó y con hábiles fintas acabó con el monstruo. Quedaban otros tres, y Rírian esperó a que atacase el primero.
    El orco intentó alcanzarle con su hacha, pero Rírian se agachó y acto seguido hincó a Roulon en su pecho. El siguiente le golpeó en la cabeza, y Rírian cayó al suelo. Empezó a ver todo rojo y la vista se nublaba. Entonces vio a la elfa, subida a un árbol y con el arco a punto.
    – Ayuda…

    #345294
    Fenix-Oscuro
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    Aiwë había estado fuera del tiempo y del espacio por un rato, su compañero estaba distraído entonces, los mensajes de la elfa y aquel tipo sobre los orcos le quitaron de la faz de la tierra, tuvo horribles visiones de Candur siendo invadida por orcos y despertó con un grito. Los que estaban en la posada aterrados por los ruidos y chillidos que sonaban afuera, gritaron espantados cuando oyeron al mago estallar en rábia. Toda la posada quedó oscura, Aiwë tomó su bastón y desenvainó a Colmillo, y la oscuridad desapareció, su espada brillaba intensamente como el sol, decidido salió de la posada, ante sus ojos solo un horrible paisaje, una tormenta de nieve, orcos, huargos, y sangre por doquier, cerca de la puerta, yacía un hombre herido pidiendo ayuda.

    -¡POR TODOS LOS VALAR! ¡NO PUEDEN PASAR! Esta gente está bajo mi protección, obedezcan o sientan mi ira.
    La voz del sabio era impresionante, aterradora, y profunda como el trueno anunciando la desvastadora tormenta, entonces Aiwë levantó su espada y los orcos cedieron y entraron en pánico, la luz de colmillo los cegaba y les aterraba, pero uno intento apuñalar al mago.

    -¡OSAN ATACARME CON SUS SUCIAS MANOS! ¡PERECE CRIATURA INFAME!
    El mago golpeó su bastón contra el suelo y un campo de fuerza despidió por el aire a los orcos cercanos. Se giró al tipo caído y ensangrentado.

    -No te muevas muchacho. Te calmaré el dolor pero no podrás moverte hasta un rato.
    El mago puso su mano en la frente de Ririan, y el hombre cerró los ojos obligado por la fuerza del sanador que decía unas palabras extrañas, el dolor empezó a disminuir y dejó de sangrar, Ririan quedó placidamente dormido.

    -Tengo un hombre herido, ayudenme por favor, entrenlo en la posada, o lo mataran.
    Pero los presentes estaban tan aterrados que ninguno ayudo, Aiwë los miró de mala gana y cargó al hombre y lo acomodó en un lugar seguro, cerca de su mesa. El hombre estaba inconciente.

    -Ignorantes… ¿Por qué defiendo a estos ignorantes? -el mago negó con la cabeza y salió de nuevo al campo de batalla, no habia orcos cerca de la puerta de la posada, así que la cerró, pero el lugar era un desastre, había muchos heridos y le pareció ver algunos campesinos muertos, también vio a un enano y el mediano que había defendido hacía unas noches en Framburgo. No muy lejos sintió la presencia de la elfa escondida, pero la ignoró, fingió que no la había visto. Siguió avanzando y un huargo le saltó encima, pero este salió volando al instante, acto seguido, empezó a despedazar a cualquier orco que se acercara a él, pero seguían viniendo. La nieve era muy fuerte y golpeaba con violencia, Aiwë entonces pareció crecer y levantando la mano, el cielo empezó a relampaguear.

    -Si yo estuviera en sus lugares, creo, razonaría y me largaría.

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