El Campo de Cormallen

El Campo de Cormallen es el cuarto capítulo del segundo libro de *El retorno del rey*.

Resumen

La narración vuelve a centrarse en Gandalf y en quienes se encuentran fuera de la Puerta Negra. Al norte, los Capitanes del Oeste se veían acorralados en las colinas que rodeaban la Puerta, rodeados por un mar oscuro y agitado de orcos y hombres salvajes. Gandalf se erguía orgulloso, pálido y sereno, sin que ninguna sombra se cerniera sobre él. De repente, se alzó un gran grito: «¡Vienen las Grandes Águilas!». Desde el Norte llegó una bandada de Grandes Águilas, lideradas por Gwaihir, el Señor del Viento. La voluntad de Sauron flaqueó, y todos los ejércitos de Mordor se acobardaron aterrorizados. Un gran rugido sacudió las colinas. Gandalf proclamó victorioso que el Portador del Anillo había completado su misión y que el reinado de Sauron había llegado a su fin. Mientras Gandalf hablaba, una enorme sombra se alzó en el sur, extendiéndose por el cielo como una mano gigante, para luego desvanecerse en el viento con un gran estruendo.

Aragorn dirigió a los capitanes en una gran incursión por las llanuras. Gandalf se adentró entonces en Mordor a lomos de Gwaihir. Mientras tanto, Frodo y Sam, aún en el corazón de Mordor, habían perdido toda esperanza de sobrevivir. Mientras hablaban en voz baja al pie de las ruinas del Monte del Destino, Gwaihir los avistó antes de que perdieran el conocimiento. Dos águilas descendieron en picado y levantaron a los Hobbits en el aire.

Cuando Sam se despertó, se encontró en una cama mullida en Ithilien, las tierras orientales de Gondor. Primero comentó el extraordinario sueño que acababa de tener y luego exclamó con asombro que su sueño se había hecho realidad. Frodo dormía junto a Sam, y Gandalf velaba por ambos. El mago dijo que una gran Sombra se había marchado, pidió a los hobbits que se vistieran con sus ropas gastadas y raídas, y los acompañó fuera del bosque. Iban a asistir a una recepción ofrecida por los Reyes de Gondor.

Una gran multitud esperaba a los hobbits. Al verlos aparecer, la multitud estalló en un aplauso atronador, entonando canciones en alabanza a los hobbits. Frodo y Sam se acercaron a un gran trono, donde Aragorn les dio la bienvenida. Los levantó y los sentó en el trono, y la alegría del pueblo los envolvió como un viento cálido. En una ceremonia majestuosa, Frodo legó su cuchillo, Dardo, a Sam, quien al principio se resistió, pero finalmente aceptó el regalo. Esa noche, Frodo y Sam asistieron a un generoso banquete. Se reunieron con sus antiguos compañeros. Sam se sorprendió mucho al ver a Pippin, que parecía haber crecido varias pulgadas. A la mañana siguiente, el rey Aragorn se preparó para entrar en la gran ciudad de Minas Tirith como su legítimo gobernante.

Referencias

1. Esta ficha se ha importado inicialmente de TolkienGateway.net el día 30/05/2026.