Historia pública
La Ciudad Élfica
Cuandolas miradas de Fëanor y Nerdanel se cruzaban los elfos del servicio de la casa real sonreían maliciosos. En lo secreto de su dormitorio, en la Mindon Eldalieva, la pasión que se desataba era tan fuerte que traspasaba las duras piedras... Apenas Maglor cumplió los seis años Fëanor anunció a Elwë que un nuevo nieto iba a adornar su casa. Y no hablaba en vano porque Nerdanel dio a luz a un hermoso bebé, fuerte de cuerpo, grande y potente en su llanto, y lo llamó Celegorm. Fue Celegorm una gran alegría para su padre, que le dió el nombre de Turko, pues era poderoso de cuerpo.
En aquel tiempo también Fingolfín anunció alegre el nacimiento de Fingon, su primogénito y todos acudieron al enlace de Finarfin, el último hermano de Fëanor con la hermosa Eärwen, de los Teleri de Aqualondë.
El corazón de Finwë estaba gozoso al ver crecer a su familia. Pero una sombra oscurecía el corazón sabio de Nerdanel: Melkor.
Como había hecho siendo doncella, retomó la costumbre de visitar las fraguas llevando agua fresca, sólo que ahora la seguían Maedhros, Maglor y Celegorm...y un abultado vientre que hablaba de otra maternidad. Su esposo supervisaba ahora las obras de los aprendices y decidía quién debía ser nombrado Maestro. Todos le reconocían como el mejor. Pero muchos días se encerraba a solas en una fragua y a nadie le permitía pasar, salvo a su esposa. Eso la tranquilizaba.
- Pronto nacerá -decía Fëanor acariciando el vientre de su esposa.- Será esta vez una niña preciosa, como tú.
Nerdanel sonreía tiernamente mientras respondía...
- Yo iría pensando otro nombre de varón, mi Señor, porque siento su ira y su dureza...tendrás un hijo violento y difícil de gobernar...
Así nació Caranthir, un niño de oscuros cabellos y mirada sombría, a quien su padre llamó Moryo.
Fingolfín engendró también un hijo, al que impuso el nombre de Turgon y Finarfin anunció gozoso el nacimiento de Finrod.
- Prolijos son tus descendientes Finwë -le dijo un día su suegro, el Herrero Mahtan- pero ninguna de tus nueras aventaja a mi preciosa Nerdanel...
- Si, es como si ella engendrase todos los hijos que mi llorada Míriel no pudo darme...-le respondió Finwë- Tu hija es una bendición para mi casa... cuatro nietas ya...
- Cinco -corrigió el Herrero- de nuevo está encinta...
- Grandes noticias me traes...cada hijo que le nace la embellece más...será bienvenida mil veces esta nueva criatura.
La hermosa cara de Celegorm asomó la naricilla por encima de la cuna del nuevo hermano. Maglor la mecía canturreando con su hermosa voz de cantor y Maedrhos llevaba a Caranthir a coscoletas.
- ¿Qué nombre has pensado darle Madre? -le preguntó.
- Kurvo lo llama tu padre, Maedhros, más su amilessë es Curúfin.
Pero no fue Curufin la última alegría de Finwë, que se regocijó con Aredhel, la hija de su hijo Finarfin y con Orodreth de Fingolfin, quien habría de anunciarle años después el nacimiento de Angrod y aún el de Aegnor.
[Editado por HYALMA el 20-10-2003 23:02]
Y así ocurrió que la casa de Finwë se engrandeció mucho, pero era poca aquella proporción comparada con la alegría que poblaba el corazón de Finwë.
Nacieron todos los descendientes en primera y segunda línea de Finwë y pasaron muchos años, tantos que el menor, es decir Amrod y Amras (Que habían nacido en ese lapso de tiempo y eran hijos de Fëanor y Nerdanel) tenían ya casi 200 años. Tirion fue prospero y Fëanor seguía trabajando en las fraguas.
Aquel día caluroso, Fëanor había trabajado en demasía y ya llegada la refulgente noche, decidió ir con sus hijos y su esposa a los árboles donde cada noche se reunían elfos de Tirion, Taniquetil y Alqualondë para que alguno de los Valar o alguno de los Maiar les contara historias del principio de los días.
Trás llegar Fëanor y su familia, el Maia que allí estaba era Olorin el sabio.
-Aïya Mellyn, voi a contaros esta maravillosa noche, una de las historias de cuando la tierra era aún más joven, os voi a contar la historia de Almaren la bella, la primera ciudad de Valar y Maiar, fue fundada en...
Fëanor no atendía a la historia pero se quedaba mirando fijamente hacia los árboles.
-¿Que os pasa Padre? -Pregunto Maedhros.
-Nada hijo mío, estaba pensando que...he de irme.
-¿Adonde Fëanor? -Dijo Nerdanel.
-A las fraguas, os vere en Tirion.
-Pero padre -Objetó Maglor.
Pero Fëanor salió corriendo y fue a Tirion donde pidió a Finwë (Sorprendido de verle allí) las llaves de las fraguas que a él se las había dado y Finwë se las dió. Y Fëanor llegó a la puerta de hierro de las fraguas y cuando entró cerró la puerta provocando un estruendo y entonces vió una forma oscura y tenebrosa que se apoyaba contra la pared.
-¿Quien está ahí? -Pregunto Fëanor.
-Soi Yo Fëanor, Melkor.
-¿Que haces aquí Melkor?
-Has olvidado que soi un Valar -Dijo Melkor levantando su voz, he sabido de tu pensamiento, aprovechar la gran luz de los árboles para forjar unas joyas, yo puedo ayudarte.
-¡No! -Exclamó Fëanor, estas las quiero hacer yo, te agradezco tu ayuda pero estas seran de mi mano y corazón y nadie salvo yo las tocará en proceso de forjación.
A Melkor le inundó la llama de la furia, no obstante; presentó un rostro afligido pero benigno y una cara comprensiva.
-Está bien mi buen Elda, te ayudaré en las demás joyas y no en estas.
-Si quieres ayudarme hazme un favor -Dijo Fëanor, ve a Tirion y coge mis escritos sobre mis Runas a las que he llamado Tengwar y presentalas a Manwë en mi nombre y así se adoptaran estas runas.
-Esta bien -Dijo Melkor y se marchó.
[Editado por eru_el_unico el 19-10-2003 21:08]
Desde aquel día Fëanor apenas salía de la fragua. Parecía haber olvidado que la vida fuera de allí seguía. Su esposa rondaba por allí muy preocupada, conocía bien a Fëanor y sabia que su genio creador le apartaba de todo, que cuando estaba así paseaba peligrosamente entre la locura y la cordura y que quizá de todos los elfos de Amás ella era la única que podría inclinar la balanza a favor de la razón.
Aquella tarde iba a llevarle agua, no porque él fuera a beber, sino porque quería hablarle, sacarle de su mundo, serenar un poco su espíritu. Para su sorpresa no se había encerrado en la soledad de su fragua sino que estaba en medio de las forjas de los aprendices. Nerdanel se regocijó pero poco duró su alegría... Melko le enseñaba un arma. Un escalofrío recorrió a la noldo al ver el filo agudo brillando rojizo por el fuego...
- Ahora están en tu casa...todos... Finarfin aprovecha tu ausencia para acercarse a tu padre, Indis lo respalda...sabes que ella no te quiere bien...llevan allí a sus hijos... Fingon compite en todo con Naylo, fingiendo ser su amigo... y las chicas miran descaradamente a Maglor...le piden que toque el arpa para ellas y coquetean sin considerar que es su primo, casi su hermano... es por el trono... Indis ha prometido a algunas damas de su raza que el hijo de Míriel no ha de prevalecer en el corazón de Finwë y se ríe de tu esposa...¡un hijo tras otro!...
Nerdanel hizo chocar el jarro \"accidentalmente\" y el chorro de insidias se cortó.
- ¿Espiando? -preguntó el Vala a boca de jarro.
- ¿Espiar? ¿Hay algo secreto de lo que no deba enterarme? -Su voz sonaba resuelta mientras servía el agua, primero al invitado, luego a su esposo- Bebed Melkor...debeis tener escasez de saliva, de tantas palabras como decís...
Fëanor la miraba desconcertado, como si no fuese capaz de pensar como si aquellos dos seres que tenía delante fuesen ficciones... Nerdanel se acercó y con un pañuelo de seda le limpió el sudor del rostro.
- Ven a dormir, amor mío, estás agotado...duerme, come un poco y luego volverás al trabajo...
El Elda se dejó llevar por Nerdanel. Melkor les siguió, como un amigo.
- Yo necesito una Valier así, Fëanor...maternal... después de tantos niños acabas tratando a tu esposo como a otro más de ellos.
Si Nerdanel hubiese sido Varda, la Iluminadora de Estrellas, Melkor habría muerto allí mismo, tal fue la mirada de odio y furia que los ojos de Nerdanel le dedicaron. Y sus palabras fueron más hirientes que el filo de una espada.
- No te falta razón en una cosa, Melkor: necesitas una Valier que te mantenga ocupado. Pero te equivocas en otra, pues siete hijos sacian todos mis deseos maternos...a Fëanor le ofrezco otra clase de amor.
Sabias eran las palabras de Nerdanel y templaban el ánimo de su esposo...pero también otras mentiras se extendían y los chismes que al viento se sueltan vuelan y se extienden como plumas arrojadas desde una alta torre un día de vendaval...lo ccupan todo y a todas partes llegan y cuando crees haberte librado de todas siempre hay una que cosquillea tu cogote.
Aquellos días Fëanor no paraba de trabajar, no cuidaba de sus hijos y solo se concentraba en las fraguas, Melkor estaba con él todo el tiempo, sus Tengwar habían sido adquiridas por todos los Eldar pero a Fëanor esto no le importaba, era grande el trabajo que esaba haciendo, pero ¿Tan grande como para descuidarlo tod
-¿Que me decía el otro día sobre la mala descendencia de mi padre, Melkor?
-Sí, ahora ocupan Tirion todo el tiempo como moscas que se pelean por la comida, intentan arrebatarte el amor de tu padre, y critican a Miriel Serindë, grande entre grandes, y Finwë el pobre quiere amarte y te ama pero ese amor disminuye pues otros te lo roban.
-No puedo dejar que esto siga sucediendo, cuando acabe esta obra hablaré con ellos y si he de pelearme contra mis \"familiares\" por el amor de mi padre, entonces lo haré, pongo a Manwë por testigo de que lo haré.
-Yo puedo forjar armas para ti, mi señor Elda, poderosos sois en el arte de la Forja pero algo más importante os mantiene ocupados y yo puedo forjarla para vos.
-No creo que las cosas llegen a tanto, Melkor -Dijo Fëanor-.
-Os lo digo en serio, si os confiaís de la bondad de vuestros medio hermanos, solo recibiréis odio, intentan alejaros de Finwë por habladurías pero en el momento menos oportuno, pueden atacaros, y no quiero perder a este gran amigo que he tenido desde que un día lluvioso me presenté en la Mindon Eldalieva a ver a vuestro encantador Nelyo.
-Pero los Valar no lo permitirían...-Dijo Fëanor consternado-.
-Oh no, no lo creas Fëanor pues tu espíritu es grande y poderoso y ellos temen, oh si, ellos temen que tu pongas a tu pueblo por encima de ellos, ellos tambien quieren perjudicar la vida de tan noble Elfo -Acabó Melkor-.
-Entonces temo que de tomar medidas drásticas, forja esas armas Melkor
¡Bien! -exclamó Fëanor-, lo he conseguido, lo he logrado, he forjado la joya que he querido desde que escuché la historia de Olorin el Sabio, obsérvala Melkor, gran amigo, míra su resplandor, la beatitud y luz de los árboles reside en ella, es grandiosa, majestuosa, digno de reyes, esta es la primera pero no será la ultima, porque aun tengo el roció de Telperion y forjaré más y las llamaré Silmarils y las amaré ante todas las cosas, excepto ante el amor de mi padre que recuperaré orgulloso.
La joya tenía forma y brillos adamantinos y dentro poseía una luz bella y grandiosa, un resplandor azulado como las bellas aguas cristalinas de la bahía de Eldamar, bella a la vista, bella al oído del resplandor, bella al tacto fino y suave, bella en todos los sentidos.
Y Melkor vió aquella joya y desde entonces sintió que el odio que ya poseía su negro corazon se llenaba más y más como un vaso que se llena de agua y colma, ese odio se reflejaba por fuera pero como si de un disfráz se tratara, Melkor mostraba una cara feliz y orgullosa por el hallazgo de su \"amigo\", pero deseaba esa joya tanto como las abejas la miel, la deseaba porque sabía que con eso y unas cuantas artimañnas más, toda Arda sería estaría esclavizada, y pensó en Sauron, su sirviente, allí en la Tierra Media, pensó en él viendole llegar desde Aman, victorioso Melkor ante todos los Valar, con los 3 Silmarils engarzados en una Corona de Hierro.
-Enhorabuena mi buen Elda, Enhorabuena....-Dijo Melkor sarcásticamente.
La presión de un beso le hizo abrir los ojos.
- Levántate, vaimalda Nerdanel...
Sus ojos se encontraron con los de su esposo, llenos de un entusiasmo que ella conocía bien.
- Te he hecho algo, algo para tí.
Ella sintió en su pecho la presión de un objeto delicado. Era una diadema real en forma de hojas entrelazadas. En ella había engarzados siete rubís tallados en forma de rosas.
- Uno por cada hijo, mi amor...-le dijo él.
Ella la contempló largamente. Era una joya delicada, hecha para ella y pensando en ella, pero sabía que no era aquello lo que Fëanor le quería enseñar...
- ¿Qué más hay que yo deba ver, mi señor?
Él la tomó en brazos y le tapó los ojos con una mano. La dejó en el suelo, delante de una mesa y, aunque la enorme mano de herrero de Fëanor continuaba cubriendo los ojos de su esposa, un gran resplandor la traspasó.
- ¿Estás preparada?
Fëanor quitó su mano. Nerdanel cerró lo ojos instintivamente, al ser golpeados por la luz de los Silmarilis. Un escalofrío le recorrió la espalda pues la arrebatadora luz de las joyas le susurró al oído grandes males y su admiración se deshizo en un pozo de angustia...
- Nerdenel...cuando las veo...dudo que en los años de vida inmortal que me han sido dados pueda hacer otra cosa igual...ni siquiera algo parecido...
La Elda asintió: contemplaba el orgullo de su raza, pero también su perdición...
Finwë reunió entonces a sus siete hijos alrededor de los Árboles de Valinor y a su mujer Nerdanel y a su padre, Finwë.
-Os he convocado a toda mi familia, Nerdanel mi bella y dulze y sabia esposa, Finwë mi amado padre, Y mis 7 hijos, nobles, grandes y sabios, os reuno aquí para mostraros la obra de mis manos, la gloria de Fëanor el Noldo, hijo del gran Finwë, porque aquí de este Arbol, Telperion he forjado los grandes Silmarils -Y sacó los Silmarils de una pequeña bolsa marrón-.
Finwë quedó asombrado ante tal maravilla, Nerdanel a pesar de haberlos visto y saber el mal que traerían consigo los volvía a ver como si fuese la primera vez y los hijos se enorgullecieron de su padre y le dieron las gracias por tal maravillosa joya.
Pero entonces una luz más resplandeciente que la de los Árboles y mucho más que la de los Silmarils llegó a los corazones de Fëanor y su familia y ante ellos se presentaron espíritus Maiar y Manwë y Varda con forma de Elfos.
-Aïya gran elfo, y Aïya gran Finwë y Aïya grandes entre grandes, supimos de tu obra y venimos a... -Dijo Manwë pero no pudo acabar la frase-.
Venís a robarmela, a no permitirla, a quitarmela y destruir la belleza de mis tan nobles manos -Dijo Fëanor dejandose llevar por los sentimientos infundados de Melkor-.
-No, yo, varda y mi esposo Manwë venimos a consagrar la obra de tan noble Elda, para que ninguna mácula la toque jamás. Y ahora con el acto de mi solo pensamiento tus joyas están consagradas y nada malo las tocará sin hacerse un daño imperecedero.
-Oh, gracias o Elbereth, la iluminadora de estrellas, gracias, no debí desconfiar, siento mi torpeza.
-Descuida -Dijo Manwë-, todos tenemos errores.
De repente llegó una voz fría y descorazonada pero conocida:
-Así que, invitais a todos estos nobles señores de la alta casa de los Eldar y a grandes entre grandes como aquí mi hermano presente y su esposa la iluminadora, pero a mí no me invitas ¿Verdad noble Elfo? yo que te he ayudado en todo, ¿No se me puede dar una oportunidad a mi? Mi hermano me la dió porque sabe que estoi arrepentido -Sin duda la voz era de Melkor-.
-Lo siento, Melkor, lo siento, pero contempla ahora mi obra y regocijate porque a partir de ahora me ayudarás en todas mis obras.
-¿Que hace él aquí? -Preguntó Finwë
-¿Porque me odias tanto Finwë? -Preguntó Melkor sarcasticamente-, yo no os he hecho nada malo y Manwë aquí presente es mi hermano y me ama como tal pues ¿Acaso no soi yo un Vala como los demás?
-Sí lo eres, pero tu Melkor no sabes lo que es ser atormentado por una sombra creciente que te persigue durante mucho tiempo, que te convierte en una fuerza poderosa pero cruel y sin piedad, tu no lo sabes -Explicó Finwë-.
-Y tu no conoces lo que es ser humillado ante un gran poder, un gran poder más poderoso que uno mismo, un poder que te obliga a hacer lo que él quiere y solo lo que el dicte, un poder por el que se lucha para liberarse, pero no hay liberación posible, pues él mismo lo es todo, no mi buen Elda, tu no lo sabes.
-Hablas demasiado -Dijo rápidamente Manwë-.
-Si hermano, pero me retiro aquí y ahora pues mi pesar es eterno, he de irme, pues he de prepararme para seguir trabajando mañana en las fraguas, adios Manwë y adios mi buenos Eldar...Adios.
Estás hermosa Nerdanel, la luz del Telperion te sienta bien...ponte la diadema, querida, como una reina...si, como una reina...pues reinos hay que gobernar en el Este y grande podría ser allí nuestro poder...mira, mira a nuestros hijos, los jóvenes príncipes...imagina su plenitud ...fíjate en Naylo, majestuoso y arrogante, como un Rey...escucha a Maglor...su voz poderosa y bella arengando aguerridos ejércitos...sigue con Celegorm, hermoso cazador y valiente como Oromë... fíjate en Caranthir...ambicioso como pocos...conquistará grandes tierras...¿Y Curufin...?...ya puede ser nombrado Maestro en las fraguas y es el más joven de los aprendices...mira a los pequeños, Amrod y Amras...terribles y bellos como el amanecer y el crepúsculo...¿Hemos de aguantar que los Poderes, celosos, nos limiten? Que nos esclavicen en sus tierras ofreciéndonos una beatitud falsa...no somos vanyar, encandilados con sus fuegos de artificio ni teleri fabricando barquitos en las costas...Nosotros queremos conocimiento, la curiosidad nos corroe...Manwë querría tenerme atado en sus fraguas haciéndole joyas, como se ata a un perro a un árbol para que te cuide el huerto... Nerdanel...salgamos de aquí...vayamos al Este...aquí...aquí me falta el aire...Los Poderes me están ahogando...