Historia pública
La Ciudad Élfica
Feanor corria hacia formenos y su paso era como una sombra oscura recortada en la oscuridad que anegaba aman, llegando a formenos se encontro las puertas abiertas y entro en la sala del trono y alli tapado con una manta de color pulpura estaba su padre no se atrevia mirar pero necesitaba hacerlo. Levanto la sabana y calló al suelo, no podia dar credito a lo que veia sintio odio, odio a los valar, odio a la tierra de aman y odio a los silmaril por que eso era lo que le habia costado tantas desgracias, pero un sentimiento se alzo por encima de los otros un sentimiento mas grande que el odio. Desvaino la espada la alzo hacia el techo y juro vengar la muerte de su padre y recuperar los silmaril aunque para ello tubiera que ir encontra de todos los que pueblan el reino de arda.
Entoces tapo el cuerpo de su padre y hecho a correr y se encamino hacia el anillo del juicio y a su paso todos se escondian porque le precedia una sombra un temor reverente que gritaba venganza y maldecia todo lo que habia hecho.
Las luces tenues de los candiles, las antorchas y las lámparas de bella forja se multiplicaban despaciosamente sobre Túna pero poco podían hacer contra la fría bruma que llegaba dede el mar. Los Noldor se lamentaban amargamente por la llegada de la oscuridad y la muerte de su amado Finwë. En efecto, el dolor de Fëanor era el dolor de su gente; y aunque nadie en Tirion pensara, ni pudiera siquiera imaginar, en lo que habría de sucederles de allí en más, algo se había roto, algo se había perdido para siempre, y los Noldorin sentían esa pena y ese desgarramiento. Los llantos, quedos pero profundos, se elevaban desde cada hogar en cada rincón de la ciudad; madres e hijas, padres e hijos gemían por igual en torno a los fuegos.
En algún momento entre tanta desesperación, y en la oscuridad, las calles y las plazas se poblaron. Los Noldor se congregaban en grupos, y aquí y allá surgía la llamarada de una hoguera; a medida que la compañía y el miruvor reconfortaban los espíritus, los murmullos crecían en intensidad y en resolución, y en algún lugar alguien ensayó una canción a media a voz. De pronto, un rumor corrió todo a lo largo de la colina: Fëanor está aquí!! Ha violado la condena de los Valar!!
Con élfica rapidez, una multitud de antorchas se encaminó por las calles de Tirion hacia la cima de Túna, convertida en un volcán ardiente cuyos fuegos se revirtieran desde la base por múltiples arterias. El rojizo resplandor también se reflejaba en la niebla marina y hacía parecer al Calacirya una fragua gigantesca. Y, en efecto, el calor de las hogueras y las incontables antorchas animaba el fogoso espíritu Noldorin.
Allí, en la cima de aquel volcán, en el centro de aquella fragua, en la confluencia de los ríos de fuego que los Profundos animaban, se erguía, más ardiente que todo cuanto le rodeaba, Fëanáro, el espíritu de fuego de los Noldor. Y su voz, terrible, se hizo eco en el Calcirya, y cada una de sus palabras retumbó entonces como el martillo de Aüle sobre el pueblo de Finwë.
-¡Vengo desde mi injusto exilio en el norte, que nunca debí haber dejado! ¡Miserable exilio de una extraña Justicia que castiga a la víctima y libera al Corruptor! ¡Miserable exilio digo, porque ahora es cuando estoy verdaderamente exiliado! ¡Mi exilio ya no tiene frontera ni lugar! ¡Las Desdichadas Tierras de los Bienaventurados no pueden albergar el brillo y el fulgor de los Eldalië! ¡El Occidente de los Árboles se ha quedado a oscuras para siempre! ¡Y esta oscuridad es tanto más oscura por cuanto ocurrió por causa de la traición! ¡Y esta oscuridad es tanto más oscura porque la traición estaba prevista! ¡Y tanto más oscura por la complicidad de los Poderes! ¡Y tanto más oscura cuanto más sombra echa sobre ellos! ¡Nuestra confianza ha sido traicionada!
-¡Vengo desde Formenos donde la oscuridad es todavía mayor! ¡Vengo de Formenos donde la muerte violenta y cruel se hizo presente! ¡Vengo de Formenos donde la traición del Vala se descargó sobre nuestra raza!
La breve pausa aturdió a los miles que escuchaban estupefactos.
-¡Hermanos y hermanas de mi pueblo! ¿Nos quedaremos llorando en silencio con los que se dicen Grandes de Arda? ¡Vengo de Formenos con un único propósito, y nada ni nadie me detendrá! ¡¡¡Venganza!!!
-¡¡¡Venganza!!! -rugieron miles de voces al unísono. Los Noldor parecían haber enloquecido. Sus rostros resplandecían enardecidos, y sus voces profundas se escucharon, a través del Calacirya, hasta Valmar y el mismo trono de Manwë Súlimo.
[Editado por seregruin el 28-01-2004 17:10]
Ahora bien, entre los Eldar de Tirion había muchos que, súbitamente privados de la luz de los Árboles, se veían ahora en la oscuridad por vez primera; hijos de Aman que, acaso sin saberlo, revivían los eternos días de negrura en el fondo de los tiempos, cuando sus padres se reunían en torno a las hogueras para reconfortarse de la soledad del mundo en el encanto de las voces que hablan con palabras; y eran estos los Noldor nacidos en Tirion que, encandilados por el fuego de Fëanor, ardían ahora en deseos de regresar a Cuiviénen, la patria abandonada en un acto de locura, para arrebatar los Silmarils de la mano de Morgoth y vengar a Finwë, su amado padre.
Pero había también aquellos que en verdad recordaban la infinita y helada noche de la Tierra Media, antes de emprender la larga marcha en busca de la Luz y la Tierra Bendecida; y muchos de ellos no albergaban la menor intención de desandar su camino y retornar a las inhóspitas extensiones donde las criaturas de Melkor proliferaban.
Así, mientras el primer nacido en Aman estimulaba las ambiciosas mentes de su pueblo con gloriosas imágenes de los reinos aún por descubrir y gobernar más allá del mar, ellos susurraban en los oídos de los hijos de Indis:
-Vuestro medio hermano no sabe de lo que habla. Nosotros hemos vivido allí, bajo la luz de las estrellas, y conocemos de los terrores de Melkor, de la furia de los elementos desencadenados por el Enemigo; la libertad de la que habla Feanáro no es dicha, es mar gruesa y oscuridad, es esclavitud de la materia y lucha por la supervivencia. No os dejéis llevar, no sabéis de qué se trata la necesidad... ni el horror...
-Hemos alcanzado aquí el conocimiento y la perfección en todas las artes, hemos encontrado aquí a los Poderes, de los que Aulë no nos es el menos querido, y aún podemos vivir en consonancia con su majestad. No seáis irreflexivos como vuestro medio hermano, vosotros también habéis perdido a un padre, pero conserváis su claridad de visión. Él fue quien nos trajo aquí, no desperdiciéis su legado...
[Editado por seregruin el 22-02-2004 09:16]
Y cuando Fëanor dio por terminada su arenga, y parecía dispuesto a juramentarse; y cuando ya los Noldor parecían dispuestos a partir, Fingolfin sintióse obligado a intervenir: no pudiendo deshacer su promesa, se vería obligado, de allí en más, a seguir al hijo de Míriel dónde éste lo guiara.
-¡Medio hermano por la sangre, hermano entero por el corazón! ¡Cómo arrojaremos por la borda una era de creación y conocimiento! ¡Cómo abandonaremos la compañía de los Poderes, de los que Aulë no nos es el menos amado! ¡Cómo atravesaremos los mares que ya una vez salvamos por gracia de Oromë, y Ulmo, y Ossë! ¡Cómo osaremos desandar el camino de nuestro padre, Finwë, hacia la luz de Aman! ¡Cómo despreciaremos todo aquello cuanto fuimos sólo por correr insensatamente en pos de tus joyas! ¡Cómo renegaremos de la Bienaventuranza de estas tierras para obtener en cambio el Imperio de la Necesidad, del Dolor, de la Caducidad... del Horror...!
Y como siguiera a estas palabras un frío y prolongado silencio, en unos casos meditabundo, en otros despectivo, y en la mayoría de mudo asombro, Turgon quiso completar la exposición de su padre:
-¡A, Pueblo de los Noldor! ¡Han de saber que todas nuestras creaciones, todos nuestros reinos e imperios más allá del mar, estarán sujetos a la muerte y a la destrucción, pues tal es el sino de las Tierras Medias!
Pero entonces Fëanor reaccionó con una furia apenas contenida, su rostro atravesado por una mueca de desprecio infinito.
-¡A, Turukáno! ¡Bien sé que tú prefieres una y mil veces gobernar y legislar un blanco y poderoso reino, aunque haya de perecer un día; que prefieres una y mil veces conducir a tu pueblo y a tu ejército contra las bestias de Morgoth, y acaso morir en la defensa de tu ciudad para inmortalizarte en los cantos, a permanecer una eternidad entre los libros de la biblioteca de Tirion!
Y muchos hubieran reído de buena gana, de no haber sido tan auténticamente trágica la situación en la que se encontraban: bien sabido era que Turgon era aprendiz de bibliotecario en Tirion, a su pesar y por imposición de su padre.
-¡Y tal vez tengas, allí en tu ciudad amurallada por montañas, una biblioteca digna de ser recordada por las eras de las eras; y en tu biblioteca tal vez haya un bibliotecario ciego! ¡Y acaso, Turukáno, tengas entonces un sobrino tan impertinente como lo eres tú!
Y como toda la familia Fingolfin llevara sus manos a las empuñaduras, Turgon adelantóse y dijo:
-Perdono tu ofensa, Fëanáro, aunque tú no pidas perdón; pero tus palabras no he de olvidarlas, sin embargo.
Pero la inquietud se había apoderado de los Noldor, y muchos entonces pensaron que no iban a dejarse conducir por Fëanor.
[Editado por seregruin el 22-02-2004 09:21]
Pero entonces Fëanor se dirigio al resto de los Noldor utilizando las propias mentiras de Melkor:
-Hemos de partir no solo para vengar a nuestro amado rey si no también para no vivir aqui sometidos por los Valar y ocupar nuestro lugar en el mundo
porque habeis de saber que los Valar esperan la llegada de los segundos hijos de Ilúvatar: Los Hombres
Todo el pueblo que alli se encontraba reunido se preguntaron unos a otros de quien hablaba Fëanor pero su voz volvio a crecer entre los murmullos de los Noldor
-Porque los Valar nos retienen aqui para que los hombres se apoderen de la Tierra y nosostros vivamos sometidos.
Como respondiendo a la inquieta multitud, pero indiferente a la opinión de cualquiera, contó Fëanor, en aquella oportunidad, acerca de los Segundos Nacidos, los Hijos Menores de Ilúvatar que ya habían despertado (o estaban prontos a despertar) en la Tierra Media. Pero como los Noldor, muchos de los cuales ignoraban por completo estos asuntos, quisieran saberlo todo sobre sus hermanos, el hijo mayor de Finwë agregó a sus muy fragmentarios conocimientos al respecto, los frutos de su febril imaginación que parecía, finalmente, salirse de cauce.
El pueblo de Tirion oyó, entonces, que los Hombres eran un pueblo poderoso y valiente, pero fatalmente crédulo y propenso a la sumisón, y que por esta causa los Valar les reservaban la Tierra Media, con la secreta finalidad de enseñorearse de sus flacas voluntades.
-Allá en el fondo de los tiempos los Poderes nos trajeron aquí con engaños, pues, en su afán de dominio, habían reservado la Tierra Media a los Hombres. ¡Pero ahora Morgoth se les ha adelantado, llevándose la Luz de Aman con él! ¡Y los Poderes, en su impotencia, ya no pueden hacerle frente!
-¡El Corruptor habrá de dominar a nuestros Hermanos si no llegamos a tiempo para detenerlo! ¡Es ahora tarea nuestra perseguir a Morgoth hasta los confines de Arda y devolverlo a donde pertenece! ¡En nuestras manos está, ahora, vengar sus atrocidades! ¡En nuestro espíritu devolver la Luz al mundo! ¡Y en nuestros corazones la irreductible esperanza de vencer! ¡Hermanos Noldorin, acabaremos con el Enemigo y devolveremos al mundo la luz que ha sido robada! ¡Nuestro Destino es vencer!
-¡A, Bravo Pueblo Noldorin! ¡Volveremos a Endor! ¡Volveremos a Endor y liberaremos a nuestros Hermanos Menores para gloria de Arda, y de Eru, nuestro padre! ¡Y opondremos nuestra eterna alianza fraternal a los Poderes de Aman que nos quisieron retener y doblegar! ¡Les devolveremos, entonces, a Morgoth para que hagan Justicia, si les viene en gana! ¡Les devolveremos, entonces, a su hermano Morgoth para gloria de los Hijos de Ilúvatar!
¡¡Pueblo Noldorin, nuestro Destino nos aguarda!!
Acaso por la mortal seriedad con que habló el hijo mayor de Finwë, atrayéndose las voluntades del pueblo de Tirion, o acaso por el triste balbucear de los hijos de Indis, nadie dudó de sus palabras ni se preguntó acerca del origen de tales conocimientos.
Una gruesa porción de los Noldor, sin embargo, seguía indecisa acerca de la eventual partida; y otro grupo, no menor, firme en su convicción de no seguir a Fëanor, sino a cualquiera de sus hermanos en caso de que alguno de ellos lo acompañara en su exilio.
Con muchas y expectantes miradas puestas sobre ellos, los hijos de Indis hubieran querido darle largas al asunto para aclarar sus pensamientos, pero les era verdaderamente difícil hablar sobre lo desconocido, y la blasfema verba de su medio hermano los anonadaba: sudaban frío bajo los jubones y se mecían los cabellos por no hacer visible el temblor de sus manos. A medida que el tenso silencio se prolongaba, sus ojos se empañaban, y Fingolfin se sintió desfallecer. El firme brazo de su hijo mayor evitó que caiga.
De pronto, la atención de la totalidad de los Noldor de Tirion quedó prendida de los hijos de Fëanor que se congregaban rápidamente en torno de su padre: engalanados en sus flamantes armaduras, y desenvainadas sus espadas, resplandecientes al fuego de las antorchas, se liberaron bruscamente de sus pesados yelmos y se dispusieron de espaldas a la Mindon Eldaliéva, perdida la mirada en la lejanía, por encima de todos los presentes y en dirección a Taniquetil. Aunque sus rostros, adustos y como forjados por la mano maestra de sus padre, no expresaban más que una firme resolución, en sus ojos se adivinaba una secreta desesperanza.
[Editado por seregruin el 03-03-2004 01:55]