Historia pública
La Ciudad Élfica
Finwë, señor de los Noldor, se encontraba inconsolable ante la pérdida de su esposa Míriel Serindë, poco después del nacimiento de su único hijo, Curufinwë, a quien Míriel dio el nombre de Fëanor, Espíritu de Fuego. Con esa criatura que cuidar sin su madre, Finwë sintió que la luz de los Árboles, que otrora había admirado, ya no regocijaba su corazón como antes.
Encomendó a su pequeño hijo a una nodriza pariente de Míriel, para que terminara de amamantarle, y se hizo cargo de él por un tiempo. Parecía que Finwë se había olvidado de Curufinwë por completo, y todos los días iba a los jardines de Lórien a visitar el cuerpo inerte de su esposa, a la que le hablaba sin recibir respuesta...
Hasta que un dia, con la esperanza agotada, sintio que estaba recibiendo un mensaje, no hablado, sino que lo recibia con el corazon, por la poca fe que en el aguardaba ser despertada, pero no le dijo nada sobre su mujer, sino sobre aquel pequeño que esperaba su vuelta, le advertia que si no volvia a su lado, luego de un tiempo lo iba lamentar ,pero envuelto en su anegrentada mente, pues en su corazon amaba tanto a su hijo como a su mujer. Finwe se nego permanecio junto a su mujer, pero pagaria muy cara su necedad, pues el mensaje se lo mandaba la mujer a la que mas amaba para que ambos se salvaran, pero mientras tanto la vida del pequeño Curunfinwe siguio camino y nadie podria detener lo que Miriel dijo...
Mi hijo no volverá conmigo hasta que este preparado para su legado.
Pero como no podía esperar tanto el rey elfo salió vestido de campesino y fue a visitar a su querido hijo.Pero tenia un pequeño inconveniente que estaba a unos dias de camino en caballo, y el no iba montado en caballo....
[Editado por rolista730 el 30-08-2003 23:47]
[Editado por Luthien el 08-10-2003 12:46]
No se oían risas infantiles en la casa de Finwë. Una profunda soledad envolvía al niño. Sólo la sucesión de las luces bendecidas de Telperion y Laurelin parecían calmar el llanto de la criatura en los brazos sin amor de su nodriza. Sus ojos de bebé se iban volviendo más brillantes y también sus negros cabellos se afanaban a recoger los mágicos resplandores de Valinor. Finwë tomaba al niño en brazos y se complacía en los balbuceos de Curufinwë, que tempranamente le llamaba \"atto\". Pero su tristeza por Míriel era tan honda al principio, que sólo podía ofrecer a su hijo melancolías y amargas añoranzas. Luego sucedió un breve periodo de calma, en donde el padre tomaba al hijo de las manos y le enseñaba a dar sus primeros pasos por las playas de Eldamar...Y Curufinwë, alguna vez, sonrió... El amor a su padre crecía en su corazón con la fuerza con que suben las mareas y su alegría al estar juntos era de más valor y de más brillo que cualquiera de las joyas que el niño recogía en las playas, al atardecer, cuando iba a pasear con Finwë. Niño a hombre, hijo a padre, a solas los dos con añoranzas compartidas y sueños desplegándose como las velas teleri de las cyrias que surcaban la alegre barrigota del mar... Pero un anochecer apareció Indis, dulce y hermosa como un sueño, leve como las primeras notas de una nueva canción... Finwë le entregó su entristecido corazón y sus ojos, deslumbrados, no advirtieron que Curufinwë menguaba ante un abrasador Fëanor, creativo y poderoso, pero lleno su corazón de celos y melancolías...
- Curufinwë, hijo, debo comunicarte una cosa: largo tiemop has pasado en la soledad del abadono. Largo tiempo en que sólo mi pobre cariño te ha acompañado. Ha llegado el tiempo en que esto cambie, hijo mío. Eru así lo ha señalado. Voy a casarme con Indis. Ella será ahora para tí como una madre...
- Padre -respondió el niño con una voz demasiado severa y firme para sus cortos años- mi amilessë es Fëanor y así deseo que me llameis en adelante. No necesitas mi permiso para nada de lo que hagas pero esa dama vanyar no tendrá nunca de mí aquello que Míriel se ha llevado a Mandos. ¡Que repose allí con mi madre todo el amor de hijo que Fëanor dará a nadie por todas las edades de Arda!
Este chico es imposible -decía Indis con dolor-. No me puedo acercar a él... en mi vida había visto tanto odio como el que brilla en sus ojos cuando me habla... es correcto...no hace nada que me ofenda...pero su voluntad... No puede perdonarme que me haya casado contigo, no puede tolerar que me des tu amor... Yo... ¿Finwë, qué pasará cuando nazca nuestro hijo?...
Ella se cubrió la cara con las manos. Allí sentada, contra la luz de la ventana se fundía su luminosidad con la de la mañana y toda ella parecía inmaterial... Finwë temía... En su ser estaba marcada a fuego la muerte de Míriel Serindë... ¿qué sucedería con Indis?, la leve, la casi eterea Indis luz que da luz a la luz... El sentía su calor en el corazón, como un rayo de sol en una fría mañana de invierno...acariciadora, cálida... Y era cierto, nada había que Indis no intentara por atraerse la buena voluntad de Fëanor: cariño, mimos, silencios y dulces sonrisas...pero el chico era como un acantilado, insensible a los eternos halagos del mar...Durante un tiempo, encerrado en la biblioteca, se había afanado hasta dibujar runas bellísimas, poderosas, tanto que ya nadie en el futuro usaría las de Rumil... ahora se dejaba caer ansioso de ciencia en las fraguas de Aulë...pronto llenaría la casa de joyas, hermosas, caprichosas... ¿Qué podría hacer con aquella rebeldía salvaje, con aquella creatividad desbordada? ¿Cedería algún día su corazón ante la ternura?
Pasó un tiempo, poco para los bellos elfos en Aman, era por la tarde, ya la luz de Laurelin se mezclaba con la de Telperion, cuando Fëanor volvía de las fraguas de Aulë pues había hecho amistad con un Maia, un Maia de la casa de Aulë (Seria un Honor conocer a Aule en persona, pensaba Feanor), el Maia se llamaba Curunir y le enseñaba mucho, pero Curunir tenía otro discípulo más sabio que Fëanor y de más edad, mas anciano y sabio, este era Mahtan que tenía una hija de la Edad de Fëanor. Tras llegar Fëanor a casa su padre le cogió por los Hombros y le miro a los Ojos y le dijo:
-Curufinwë, he de darte una noticia, se que tu dolor por Miriel es tan grande e imperecedero que no puedes aceptar a Indis en la Casa de los Noldor, pero al menos hazme un favor y ama al hijo de Indis y mio pues es tu medio hermano y mi sangre corre por sus venas, si es que para ti significa algo esa sangre.
-Significa en verdad tu Sangre y descendencia -Dijo Fëanor-, no obstante padre ante el amor no daré otro fruto que odio pues ¿No es acaso Indis la usurpadora de mi amor? Solo quiere que yo la quiera como a Miriel y ella no se ha sacrificado por mi como Miriel. Ademas -Y esto lo dijo con resentimiento- Sea cual sea tu decisión, yo la respetaré pero que sepa ahora el gran Finwë, guía de los Eldar desde la lejana Cuivienen que Indis, sobrina de Ingwë solo viene a reclamar Tirion y la Mindon Eldalieva...
-!!!Eso no te lo permito!!! -Gritó Finwë-.
-No pienses en lo que has de permitirme a mi, oh poderoso padre, piensa en lo que debes permitirte a ti mismo, aceptar a Indis o no aceptarla. Si tan sabio eres opta por la correcta.
-Ya he optado hijo mio, pues hoy en esta fecha ha nacido el hijo que esperabamos Indis y yo, hoy ha nacido un niño de sangre Noldo y Vanya y será llamado Fingolfin.
-Amarga noticia para mi, pues te digo una cosa, pronto te arrepentirás de la sangre de tu sangre, de la carne de tu carne pero no de la carne de mi madre, porque Fingolfin ususrpará el Trono de Tirion, y ahora me voi padre, porque no quiero discutir memeces contigo. Por cierto antes de irme quería comentarte algo si es que aun puedo confiar en Ti padre.
-Aun puedes.
-Bien, aquello que quiero contarte es que ojala tu respetes mi decision como yo repeto la tuya, estoi enamorado de Nerdanel, la hija del Herrero Mahtan, que vive cerca de las primeras casas de Tuna.
-Pues venturoso seais ambos, te apoyare hijo. Namarië.
-Namarië padre.
No transcurrió mucho tiempo antes de que en las forjas Fëanor despuntase con el brillo de una estrella. Plantado ante su fragua, perlado el rostro de sudor, fuertes los brazos e inquebrantable su pasión por crear...una pieza más, una pieza mejor... Mathan le mostró uno por uno todos los secretos de la forja. Nada amaba más que el resplandor rojizo del fuego, la calor del horno ardiente, los olores de la fragua impregnando el ambiente...
- ¿Qué me traes Fëanor? -pregunta Mahtan.
El elfo le pone en las manos un paquete envuelto en una tela púrpura. Mahtan lo desenvuelve bajo la atenta mirada de su alumno, orgulloso de su obra, radiante. Es un cetro dorado, incrustado de rubies, zafiros y esmeraldas. Mathan lo escruta con ojos de experto, sus manos endurecidas y callosas por los martillazos, son diestras y sabias en lo que tocan. El Maestro gira el cetro a la luz, contempla el bello juego de resplandores de las gemas ...mira su bruñido oro, sus majestuoso brillos, su equilibrada elegancia.
- Nada le falta -le dice- ni nada más puede añadírsele...desde hoy se te puede llamar Maestro, Fëanor...
- Quisiera...quisiera pedirte una cosa, Mahtan...sólo una cosa más...
El herrero lo miró intrigado...
- ¿Qué me pides?
- El mayor tesoro de tu casa, tu alegría y la gloria de tu sangre... te pido que me hagas el más venturoso de los elfos...te pido en matrimonio a la sabia Neardenel, la más hermosa de todas tus obras.
[Editado por HYALMA el 15-10-2003 01:04]
[Editado por HYALMA el 16-10-2003 22:53]
[Editado por HYALMA el 16-10-2003 23:02]
[Editado por HYALMA el 21-10-2003 21:24]