Historia pública

Camino Hacia La Luz. Libro I: Recuerdos Del Pasado

Finalizada 111 fragmentos Página 7 de 16
Fragmento 43 por Arndir

La visión que Olostarin contempló en la bola del pitoniso, le hizo replantearse las cosas. Quizá podría acompañar a Mazan, Varyamo y Narudud en su viaje a través del desierto. Mazan podría estar en peligro, y si ese era el caso, no sería capaz de dejar morir a otro enano. Ese peso no caería sobre su conciencia otra vez, no estaba dispuesto a permitirlo, y tenía que protegerlo a toda costa, al fin y al cabo, ese enano le había caído en gracia y había surgido una gran amistad entre ellos, por lo menos por su parte. En el viaje al Telminton, Olostarin permaneció en silencio durante todo el trayecto, intentando penetrar en las mentes de los demás, intentando adivinar lo que habían contemplado en la bola del pitoniso. Descubrió entonces que Varyamo había visto a su padre, cosa que a Olostarin no le importó, pues no le dio importancia en ese momento, y se centró en Vaereth. El varante divisó en la esfera negra, imágenes del desierto y de su ciudad, y en mitad del desierto, un carro con barriles y una etiqueta que decía: “Higos secos de Dassart”. A esto Olostarin tampoco le dio importancia, y por último, Olostarin se introdujo en la mente del enano. En ella aparecía la misma señora que en la visión de Olostarin, y recogía la piedra de Mazan con sorpresa. Después, el largo desierto y los camellos en los que iban Varyamo y Mazan iban montados, se aparecieron en la mente de Olostarin, y creyendo que la visión se trataba exclusivamente del viaje a Sein Cair Andros, Olostarin iba a retirar la “mirada” cuando de repente, un rostro de un hombre, sombrío y siniestro se le apareció a Olostarin. El elfo se sobresaltó, y se dio cuenta de que ya habían llegado al Telminton. El susto y la prontitud de la llegada al palacio, no le dio tiempo a Olostarin a mirar en la mente de Eärondûr, que era además al que menos conocía.

Una gran comitiva de camareros y mayordomos iban de aquí para allá por los largos corredores del palacio. Los siete se dirigieron a sus aposentos, a vestirse y a arreglarse para la fiesta. Olostarin corrió por los pasillos, hasta llegar a sus aposentos, la visita turística por Cadraldôst no había sido todo lo agradable que Olostarin hubiera deseado, pero sí había sido provechosa. Olostarin se cambió, se vistió de gala para la fiesta y salió de sus aposentos apresurado. Por los corredores del Telminton se cruzó con Gielperi, que lo saludó, aunque Olostarin no le hizo caso, algo a lo que la elfa ya estaba acostumbrada. En poco tiempo, Olostarin se presentó en los aposentos de Mazan, y llamó con los nudillos a la puerta. Antes de que nadie contestase, el elfo abrió la puerta y entró rápidamente a la habitación. En ella contempló al enano sentado en la cama, acabando de calzarse y con un gesto de sorpresa en el rostro. Sin dar tiempo a nada, Olostarin habló.

-Maestro enano, necesito hablarte sobre algo, y urge, pues no creo que en la fiesta nos dé tiempo a hacerlo.- dijo Olostarin apresuradamente. La visión, la suya y las de los demás, lo habían dejado un poco trastornado, pero trataba de serenarse poco a poco.

-¿Qué se le ofrece, señor elfo?, ¿en qué puedo ayudarle?- respondió Mazan.

-Necesito pedirte un favor, amable enano. Me gustaría que me admitieseis a mí también en vuestra comitiva a Sein Cair Andros, pues me gustaría conocer Ambaron y Sein Cair Andros, además de que me gustaría conoceros más, a ti y a los otros.- dijo Olostarin con un tono afable, pues esperaba un sí por respuesta.

-¡Por Aulë! De ir a emprender este viaje solo, ahora me encuentro con un montón de buenos amigos dispuestos a acompañarme. ¡Por supuesto que será bienvenido, Olostarin!, me siento en deuda con usted por haberme llevado a las casas de los herreros elfos de Cadraldôst. Nunca imaginé que hubiera tales orfebres y artesanos en esta ciudad, al lado de sus productos, los míos parecen fabricados por las manos del niño más inexperto de Arda.- respondió Mazan alegremente.

-No digas eso, mi buen enano. Tus productos, al igual que cualquiera fabricado por los naugrim, son casi tan buenos como los que se fabrican aquí. Aunque hay que reconocer, que los orfebres de este sitio, son de lo mejorcito de Arda. Y si te sientes más animado, Mazan, te confesaré un secreto. Yo, bajo esta triste apariencia, también soy herrero, o por lo menos lo fui, en unos días antiguos, cuando el esplendor de los noldor en Eregion llegaba a su clímax.- dijo Olostarin animando al enano, aunque la alegría de Cadraldôst en las fiestas no dejaba cabida al desánimo.- Mira,- dijo el Elda alzando el brazo derecho.- este anillo fue forjado por mí, en Eregion, y aunque todos los anillos de los elfos se consumieron, todavía lo guardo con cariño, y me sería muy doloroso separarme de él.- terminó Olostarin enseñando un anillo de obsidiana azabache y oro blanco.

Mazan se quedó sorprendido, pues nunca hubiese adivinando que alguien como aquel elfo fuese capaz de crear semejantes cosas. Los dos, una vez hubieron partido de la habitación de Mazan, se dirigieron a los jardines del Telminton. El ambiente estaba cargado de un aroma espectacular, dulce e intenso, que emanaba de los incensarios que colgaban de las altas farolas de mármol blanco. Filas de camareros elfos desfilaban como soldados por delante de los dos, portando grandes bandejas, algunas con copas con líquidos de colores y otras con platos de comida típica de la ciudad, pero todos bien presentados y dispuestos sobre las bandejas de plata. Los jardines estaban enjoyados y adornados con largas telas de colores, que se disponían de farola en farola, y en ocasiones de árbol en árbol. Olostarin guió a Mazan hasta donde los jardines dejaban de tener setos de un verde intenso para tener una amplia plaza, con una fuente de agua cristalina en el centro. En el ala norte de la plaza, había un escenario de madera, sobre el que había dispuestos cojines de colores y grandes almohadas, y pequeñas mesitas con tazas de infusiones y unas especies de arguilas de cristales de colores. Alrededor del escenario, había sillas y sillones, dispuestos en círculos alrededor de unas mesas redondas, formando corrillos, y a los laterales del escenario, una gran variedad de instrumentos, y detrás de este, unos camerinos tapados con telas, donde estarían los bardos elfos, incluyendo posiblemente a Vaereth.

Olostarin y Mazan, cogieron unos dulces de unas bandejas de plata labradas que había sobre una de las mesitas redondas y se acomodaron en los sillones de primera fila, esperando a que el espectáculo comenzase y a que llegasen los demás. Charlaron durante un tiempo, animados, pues no se podía estar triste aquel día en el Telminton. La tarde decaía cuando por el sur llegaron Varyamo y Gielperi, y detrás, Calenên y Eärondur hablando. Al cabo de poco llegaron a donde estaban Olostarin y Mazan, y se saludaron y se sentaron a charlar.

-¿Qué os pareció la visita de esta mañana a Cadraldôst, mis buenos amigos?- dijo Gielperi haciendo uso de su alegría, como de costumbre.- ¿Y qué os pareció el pitoniso y las visiones que tuvisteis?

-Bff…- exclamó Mazan.- A mi estas cosas de magia y hechizos no me gustan demasiado, princesa Gielperi. Pero he de reconocer que la visión que tuve yo fue cuanto menos curiosa. Aunque tampoco me reveló nada que fuese muy sorprendente… Y en cuanto a la ciudad, pues no sabría que decirle, es simplemente maravillosa, no sabría describirla, especialmente el Cadralda-Agar…- dijo Mazan ensimismándose en sus pensamientos sobre el Árbol.

-Mi visión fue prácticamente entera sobre mi padre, aunque también vi otras cosas…- comenzó Varyamo.- La ciudad es magnífica, los edificios que aquí se levantan parecen tener cientos de años y sin embargo siguen intactos, como si hubiesen sido construidos justo antes de nuestra llegada, es fascinante. El Árbol Rojo…- acabó Varyamo sin tener palabras para describirlo.

Narudud y Eärondûr no dijeron nada. Uno porque no había tenido visión ninguna y la ciudad se la conocía perfectamente, y el otro porque prefería guardarse el secreto y tampoco estaba por la labor de hablar, prefería escuchar. Sin embargo, cuando Olostarin se disponía a anunciarles a Varyamo y a Calenên que partiría con ellos hacia el Eärnar, una dulce música de laúd y arpa sonó en la plaza. Sin darse cuenta, los sillones y las sillas estaban repletos de gente, tanto encima como abajo del escenario. Olostarin no rompió el silencio en ese momento y calló, dejando que la dulce música llenase sus oídos mientras se sumergía en visiones de lejanos lugares, más agradables que la de ese mediodía en el puesto del pitoniso.

Todos permanecieron en silencio, escuchando la bella música de los bardos elfos, comiendo y bebiendo delicias élficas. El tiempo pasó rápidamente y la noche alcanzó a la tarde, y las luces de las estrellas de Varda relucieron más que ninguna otra noche en Cadraldôst, y los jardines del Telminton se vistieron de gala para aquella hermosa ocasión, y las antorchas y las lámparas de plata de los jardines hicieron brillar las altas cúpulas y torres de nácar de aquella ciudad hechizada.

[Editado por Arndir el 05-03-2010 23:46]

Fragmento 44 por Finlaure

El tiempo pasó rápidamente y la noche alcanzó a la tarde, y las luces de las estrellas de Varda relucieron más que ninguna otra noche en Cadraldôst, y los jardines del Telminton se vistieron de gala para aquella hermosa ocasión, y las antorchas y las lámparas de plata de los jardines hicieron brillar las altas cúpulas y torres de nácar de aquella ciudad hechizada.

Mazan se encontraba abrumado por aquel entonces, estaba disfrutando mucho su estancia en esta bella ciudad, y sin duda, la compañía de los elfos era un regalo para el anciano Enano, que había pasado demasiado tiempo en la soledad fría de las cuevas. Algo en su interior le impacientaba a la vez que le creaba una gran incógnita… ¿Por qué estaba tan alterado Olostarin? ¿A que se debía tanto nerviosismo y tanta prisa por hablar del tema?... Para Mazan la visión de la extraña piedra había sido un golpe bajo, esas artimañas y trucos baratos no le ayudaban para nada, puesto que desconfiaba de cualquier pista o imagen que una piedra pudiera darle sobre su futuro, algo así, tan sólo había de preocupar a elfos y grandes señores, pues ambos anhelan conocer más sobre sus designios y su futuro. Para el Enano todo esto era algo divertido, con lo que se podía comediar, no era algo que le inspirara preocupación, y mucho menos temor, por ello, no comprendía la intranquilidad que desde la cabaña del extraño vidente venía mostrando su buen amigo Olostarin.

Fue en los jardines del Telminton bajo la magnifica bóveda de fulgurantes estrellas y junto a la iluminación de una de esas antorchas dónde Olostarin se mantenía pensativo, apoyando su pie en uno de esos bonitos y confortables bancos, Mazan, que volvía ya a sus aposentos tras un día agotador diviso al elfo y se acerco lentamente, sentándose en el banco que yacía junto a el.

-Mi Señor Olostarin.- Saludo apaciblemente el enano al elfo, el cuál prácticamente no se percato en el primer instante pero que según se sucedían las palabras del Enano iba dirigiendo poco a poco sus ojos hasta los del naugrim.

-No estoy dispuesto a irme al lecho sin saber que tu podrás hacer lo mismo con total tranquilidad y que no dejarás que las imágenes reflejadas en esa piedra perturben tu mente, pues no mucho sabe este viejo enano sobre visiones y piedras videntes, y de seguro que tu me adelantas en largo tramo en ese camino, más mucho sabe de las malas artes de algunos, y de sus intentos por engañar y esclavizar las mentes más crédulas con el fin de beneficiarse en sus propios propósitos, no dejes Olostarin, que nadie núnca implante el miedo en tu corazón a través de meras fábulas y cuentos, pues cualquier hora por lejana que este ha de llegar y sólo lo que ocurra en ese momento y vuestras acciones posteriores serán la pura realidad de la situación.

Mazan pone su mano sobre el hombro de su amigo y termina diciendo…

-Ahora bien… Me alegro de que nos acompañes hasta Sein Cair Andros puesto que ahora que le he conocido desearía pasar largo tiempo junto a usted también y llegado el momento me gustaría hacerle saber que puede contar conmigo por difícil que sea la situación de la misma forma que yo espero poder contar contigo… ¿Me prometes que no te preocuparás por mí encuanto a meras especulaciones se trate?, no intentes conocer el camino por andar sin haber puesto primero los pies sobre el sendero, mi querido amigo de orejas picudas.- Finaliza el enano con una sonrisa de oreja a oreja. Marchandose poco despues hacía su lecho con sendos bostezos y estiramientos de extremidades que demuestran lo cansado que esta.

Fragmento 45 por Cudesas

La mañana posterior a la fiesta resultó ser muy luminosa... demasiado luminosa, la poca luz que conseguía atravesar los pesados cortinajes de la estancia era ya suficiente para herir los ojos de Eärondûr.

A duras penas consiguió incorporarse en su lecho y con un dolor punzante intentó rememorar la noche anterior. Recordaba la hermosa canción de Vaereth, cruzar un par de frases con Gielperi y Varyamo y conocer a un grupo de jóvenes que vivían en la ciudad... el resto de la noche había desaparecido de su memoria consciente. Pero podría ser peor, al menos en esta ocasión no tenía la voz de su hermana Anarel taladrándole el cráneo por ser un irresponsable; por suerte, Anarel se encontraba lejos, en la Marca Verde, cuidando de su anciana abuela en sus últimos años.

Al poco tiempo, el joven consiguió ponerse en pie y comenzó a arreglar su apariencia. Tras refrescarse en un balde de agua que algún sirviente le había dejado en el cuarto, su mente y su visión se aclararon levemente; no tenía mucho apetito y por el murmullo que alcanzaba a escuchar debía ser ya mediodía, por lo que esperaría a la hora de la comida y se saltaría el almuerzo.

Decidió entonces ir a ver qué tal se encontraba Varyamo, tenía un neblinoso recuerdo sobre algo de "partir cuanto antes" y quería aclararlo. Antes de marchar ordenó un poco la ropa que se encontraba esparcida por todo el lugar, no encontraba el jubón que llevaba en la fiesta... su primo se iba a enfadar por aquella pérdida, era una de sus prendas más caras, así que para evitar más pérdidas, Eärondûr decidió vestirse con sus propias ropas aunque fuesen más humildes y menos vistosas.

Con un aspecto bastante aceptable salió en busca de Varyamo, se cruzó con varias personas por los pasillos de palacio hasta que por fin alguien le dijo dónde encontrar al gondoriano.

Se dirigió hacia una de las biblioteca y entró sin armar mucho ruido, Varyamo se encontraba reunido con varias personas y no quería interrumpir sus conversaciones; algunas de las figuras le resultaban familiares al joven, pero la abundante iluminación de la sala le impedía terminar de reconocer a los interlocutores de Varyamo.

[Editado por Cudesas el 01-04-2010 19:59]

Fragmento 46 por Alex_Knight

Un rayo de luz cruzó el horizonte, al este lejano y ya se encontraba el medio elfo a galope ligero por el valle profundo de las Ered Mithrin abriéndose paso hacia el gran bosque verde y más hacia el sur.

Oscura había sido la noche y numerosos pensamientos se arremolinaban en la mente de Vilendil. En la hora más obscura alistó su mochila, se terció a Luiringil en su costado izquierdo y con la capa azul sobre sus hombros monto sobre el lomo de Nixelotë, bajando con paso firme y seguro las laderas empinadas de la montaña, cuna de su infancia.

Solitarias quedaron de nuevo aquellas estancias donde tantas noches hasta ahora había meditado acerca de los nuevos pasos a dar y del papel que aún le tocaba jugar en las tierras lejanas de Este. Su viaje hacia el sur, en sus expediciones a las tierras de los Harahdrim en años previos a la caída de su amada Meluvenorë, sirvieron sus frutos aunque con una amargo precio.

Al regresar de aquellas tierras, no halló a su joya más preciada y sumido en una tristeza inconmensurable desbandó los restos del reino y guardando solo aquello más preciado e importante, se dirigió hacia Sein Cair Andross y allí los dejó a salvaguarda de aquellos altos y blancos muros. Sabía bien que no caerían sus estandartes, ni el espíritu valiente de la guarda blanca menguaría. Así que gran parte de los vestigios de el Reino Unificado podría permanecer allí intactos por mucho tiempo. Hasta ahora que el tiempo estaba presto para regresar y terminar su cometido.

Por largo tiempo buscó en Ithilien aquel brillo de luna que una vez sobre Altari Mindon le cubriera el corazón y sus ojos, embelesándolo con flamas nuevas de vida y regocijo. Por entonces reconoció la existencia de muchos descendientes de sus antiguos camaradas. Sin embargo muchas generaciones han pasado y retomar esos lazos no parecen tan probables, ahora que la tierra media parece un lugar pacifico e imperturbable.

Anar se levanta a lo lejos y el hijo de Galdor le saluda son una mirada furtiva; Una mirada serena y ansiosa de aquellos ojos grises. Las crines oscuras de aquella sombra blanca sobre la llanura ondean en el aire a medida que en silencio se acercan más y más al gran lago de Rhun; última frontera antes de empezar el largo camino a través del Eärnar.

Luego de recoger provisiones en los que fuera el Gran Bosque Verde ya está pronto para cruzar la larga senda de fuego; aquella que hace mucho tiempo cruzara con pasos inciertos y luego acompañado de los suyos: Los elfos Sindar, remanentes de estas tierras.

Una vez bordeado el lago y ya pronto a iniciar la marcha, toma un breve descanso cerca de sus aguas y con una reverencia silenciosa saluda al gran bosque protector del Cadraldôst. Mirando a gran distancia divisa mucho bullicio en aquel reino.

"Ciertamente la tierra gime y los árboles se agitan... " susurró Vilendil al viento. "Cuantos pasos apresurados caminan en todas direcciones sin atinar a ciencia cierta un destino claro en sus andanzas" decía mientras contemplaba el cielo claro y sin nubes.

Justo entonces un águila de tonos azules, como es costumbre, descendió ligera sobre su puño luego de planear por aquellos lares y en un lenguaje sin palabras le comentó los sucesos matutinos de aquella ciudad.

"Mejor apresurar el paso Nixelotë... ya bien me lo ha dicho el viento ayer al caer la tarde: El tiempo apremia y es urgente mi regreso a las tierras del Este. Los hijos perdidos caminan sobre los pasos viejos hacia a la madre olvidada y traen consigo más miseria y peligro que aquella que una vez la vio caer."

Ajustándose la capa y dejando al aire sus crespos oscuros teñidos de algún invierno, Vilendil se encaminó hacia el Eärnar, hacia el gran umbral de roca, símbolo de la frontera definitiva que separa el Oeste de aquellas tierras olvidadas. Las Vawendori.

"Aiya Amilnya... elyë entuluvëan"

(Saludos madre mía... a ti regreso)

Fragmento 47 por Aragorn_II

Varyamo se encontraba en el pequeño jardín al que daba su alcoba, refrescándose y lavándose con el agua fría y clara de la fuente. Los rayos del sol apenas le calentaban el cuerpo, y el aire soplaba desde el norte, helado, golpeándole el rostro a la vez que le despejaba la mente. El día anterior no sería fácil de olvidar. Varyamo aún seguía embelesado por la cautivadora belleza del Árbol Rojo, que palidecía sin embargo frente a la hermosura y el carácter siempre jovial, risueño y alegre de Gielperi. La elfa ya se había ganado el corazón de Varyamo, y estando con ella, recuperaba la alegría que creía perdida desde hacía largo tiempo.

Sin embargo, lo que vio en esa extraña piedra del misterioso pitoniso le había devuelto bruscamente a la penosa realidad, y nuevamente la congoja se adueñó de su corazón. Las visiones de su padre y de lo que creía que era la Torre de Minien Mindon en Sein Cair Andros le habían perturbado, y en su espíritu volvió a crecer esa acuciante necesidad de partir hacia el este cuanto antes. También le preocupaba el extraño comportamiento del pitoniso. ¿Por qué precisamente se había acercado a ellos, cuando las calles estaban rebosantes de comerciantes, artesanos, soldados y curiosos? ¿Quién era aquél ser? ¿Servía a alguna voluntad desconocida? Y la piedra en la que habían mirado, ¿era acaso un Palantir? Si lo era, por derecho le pertenecía a Eldarion, aunque todos, excepto el que se conservaba en Minas Tirith, se creían perdidos hace tiempo. Varyamo regresó al interior de la alcoba y se vistió. Mientras desayunaba, a su mente le llegaron los recuerdos de la noche anterior.

En los engalanados jardines del Telminton, que a la luz de las antorchas y bajo el fulgor de las estrellas eran aún más hermosos que cuando los había visto por la mañana, se deleitó con la belleza evocadora de la música élfica. La cena fue deliciosa y reconfortante, como sólo la comida y bebida de los Elfos pueden serlo. Varyamo estaba sentado en una mesa redonda con Eärondûr y Mazan. Hablaron de muchas cosas, de las maravillas de Cadraldôst, principalmente, pero también sobre el viaje que emprenderían el Enano y Varyamo en cuanto acabaran las celebraciones.

-… lo haremos en cuanto concluyan las fiestas, pasado mañana, al mediodía. ¡Debemos partir cuanto antes!- decía Mazan.

-En efecto-

-Yo también os acompañaré… quiero conocer la tierra de mi tatarabuelo… - dijo Eärondûr bebiendo el contenido de su copa de un trago. Parecía que los licores élficos no le habían sentado demasiado bien.

Vaereth fue uno de los últimos bardos en interpretar su música. La luz de las antorchas casi se había extinguido hasta convertirse en un débil resplandor que apenas iluminaba el escenario de fina madera tallada. La luz de Isil y de las estrellas caía sobre los jardines, refulgiendo sobre los platos y copas de plata. Vaereth se quedó inmóvil unos segundos, como si hubiera caído sobre él un gran peso. Con gran esfuerzo, el joven comenzó a interpretar su canción. Las notas y la desgarradora entonación de Vaereth conmovieron profundamente a todos los que allí quedaban. Mientras escuchaba al joven de Varendia, Varyamo miró a Gielperi, en cuyo rostro se reflejaba una intensa y desbordante emoción. Finalmente, la elfa no pudo más, y se echó a llorar en silencio, pues tal era el efecto que la canción de Vaereth producía en ella. Cuando el joven terminó, un silencio sepulcral se adueñó de los jardines. Finalmente, pasados unos instantes, Anfalas se puso en pie, y habló con voz clara.

-Pocas veces se han escuchado palabras más bellas en este palacio desde que fue construido. Joven Vaereth, estamos en deuda con vos, y desde ahora, siempre seréis considerado como un invitado de honor en el Telminton. En nombre de mi familia y de mi pueblo, os expreso mi más profunda y sincera gratitud- y diciendo esto, se inclinó e hizo una profunda reverencia al varante, reverencia que el resto de invitados imitaron. Vaereth, embargado por la emoción y la sorpresa, no pudo contestar. Anfalas, viendo el apuro del joven de Varendia, sonrió dulcemente y volvió a hablar – Doy por terminados los festejos por esta noche. Mañana continuaremos con las celebraciones- Anfalas y Melêl se retiraron, y la corte los siguió. Al retirarse, Gielperi miró a Varyamo, y éste comprendió que la elfa quería estar sola esta noche y que su encuentro en Elminton, la Torre de las Estrellas, había quedado pospuesto. Olostarin y Mazan se marcharon en silencio. Eärondûr, en cambio, se marchó entre un gran estrépito, pues tropezó con varias mesas, tirando muchos platos y copas al suelo. Los licores le habían afectado más de lo que creía, y un guardia hubo de acompañarlo hasta sus aposentos. Mientras lo llevaba casi a rastras, el joven de la Marca Verde comenzó a entonar una tonadilla muy popular en estas situaciones, Rohan patria querida. Varyamo, que observaba divertido la escena, fue el último en abandonar los jardines y encaminarse a sus aposentos.

Varyamo aún estaba rememorando la noche anterior, cuando alguien llamó a la puerta. Era Narudud, que al no obtener una respuesta, entró apresuradamente en la alcoba.

-Buenos días Varyamo. Tengo novedades sobre nuestro viaje a Sein Cair Andros. Hace un rato, Olostarin vino a verme y me dijo que nos quería acompañar en nuestra travesía. Al parecer vio algo que le turbó en la piedra del pitoniso, aunque no me quiso decir qué fue. Hace mucho tiempo que no voy por las antiguas tierras del Reino Unificado, y creo que antes de partir lo más prudente sería consultar alguno de los mapas que se conservan en la Biblioteca Real. Pero para acceder a ellos necesitamos la autorización de mi abuelo, y he pensado que sería conveniente que fuésemos los cuatro a hablar con él-

-Así me lo parece también- respondió Varyamo, quien se levantó de la mesa y siguió a Calenên. En el pasillo aguardaban Mazan y Olostarin, y después de los saludos pertinentes, los cuatro se encaminaron a la Sala de Audiencias del Rey. Al verlos llegar, los guardias se apartaron inmediatamente, dejando el paso libre. El cambio en Narudud era hoy aún más evidente. La Sala de Audiencias era un amplio salón con forma de rombo, de techos altos y paredes lisas, adornadas por muchos tapices en los que se narraba la historia de la fundación de Cadraldôst. En el extremo del salón, dos amplios portones de mithril labrado daban paso a la galería de columnas que rodeaba los jardines del palacio. Entre ambos portones, y sobre una tarima de madera blanca, se hallaban los tronos de Anfalas y Melêl, hechos de oro puro, y en ellos centelleaban gemas y piedras preciosas de muchos colores. A sus espaldas, colgaban muchas telas de terciopelo rojo, aunque encima de ellas reposaba un gran estandarte blanco sobre el que había grabado una imagen del Árbol Rojo. Cuando estuvieron al pie de la tarima, Narudud y los demás se inclinaron ante los Reyes.

-Melli, venimos a pediros permiso para buscar un mapa de Ambaron en la Biblioteca Real, y también buscamos vuestro consejo. El Maestro Mazan ha de partir mañana hacia la lejana y casi olvidada ciudad de Sein Cair Andros, y en su viaje lo vamos a acompañar Varyamo, Olostarin y yo, pues ninguno de ellos ha visitado antes esas tierras ni ha cruzado los Mares de Fuego. Sin embargo hace muchos años que mis viajes no me han llevado por el norte del Eärnar ni por el antiguo territorio del Reino Unificado, y por ello es que necesitamos un mapa- dijo Narudud.

Anfalas guardó silencio durante unos minutos y escrutó el rostro de Calenên. Finalmente, habló.

-Así sea, Calenên, y en este asunto has obrado con sabiduría y prudencia. Mas temo que ningún mapa de los que se guardan en la Biblioteca Real os puedan servir de mucha ayuda, pues fueron confeccionados hace tiempo, y como bien sabes, el lejano este ha cambiado mucho en los últimos años. Pero un mapa siempre es un buen punto de partida para comenzar a trazar un viaje de tal envergadura. ¿Cuándo habéis pensado partir?-

-Mañana mismo, Melle, si conseguimos trazar una ruta y reunir los suministros de agua y comida que necesitaremos para el viaje- respondió Narudud.

-Muy bien. Daré orden de que os preparen los camellos y los víveres necesarios para tres meses de viaje. Os aconsejo que llevéis tiendas y otros enseres, pues en los Mares de Fuego no hallaréis ningún refugio durante las noches, y las tormentas de arena son frecuentes y muy traicioneras- dijo Anfalas, quien firmó en un pergamino la autorización para entrar en la Biblioteca Real- Calenên, sólo a ti te autorizo a entrar en la Biblioteca, pues su acceso está reservado únicamente a los miembros de la Familia Real y a unos pocos escribas. Pero también te doy permiso para que puedas llevar el mapa a una de las salas de consulta, a la cual todos podéis acceder, y allí examinar a fondo el mapa y escoger el camino que habréis de tomar-

-Os estamos muy agradecidos, Melle- dijo Narudud, quien a modo de despedida hizo una profunda reverencia que imitaron Varyamo, Mazan y Olostarin. Mientras los cuatro abandonaban la Sala de Audiencias, Anfalas y Melêl se quedaron pensando en el cambio de su nieto, y dieron las órdenes oportunas para que se hicieran los preparativos necesarios para su viaje. Narudud, Varyamo, Mazan y Olostarin no tardaron en llegar a la Biblioteca Real, y mientras Calenên entraba a buscar en los documentos secretos de Cadraldôst, el resto fue conducido por un guardia a una de las salas de consulta. Alrededor de la mesa había dispuestos muchos asientos, y allí esperaron el regreso de Narudud. La estancia daba al este, y los rayos del sol se vertían en ella a través de los amplios ventanales. Mazan y Olostarin se habían sentado en los cómodos sillones y conversaban animadamente , pero Varyamo se quedó de pie junto a uno de los ventanales, con la mirada perdida en el noreste.

Al cabo de unos minutos apareció Calenên escoltado por dos guardias. En sus manos llevaba un gran mapa enrrollado, que extendió sobre la mesa. A Varyamo le resultaba familiar, pues su padre le había descrito fielmente aquellas tierras y además había visto muchos mapas de Vanwendor y el territorio del Reino Unificado en sus visitas a la gran Biblioteca de Sinya Gulniquë. Pero a la vez le resultaba distinto y extraño.

-Éste es el mapa de Ambaron más reciente que se guarda en la Biblioteca Real, aunque fue realizado hace más de ochenta años. Desde que el Reino Unificado cayera, no ha habido ningún trato entre Cadraldôst y los territorios del este. Por lo que yo sé, no hay ninguna ciudad o asentamiento en el Eärnar, ni aún cerca de Emyn Tirnen o Amon Fëaron. Desde que el río Alcarduin se secó y el gran bosque de Aldiamanion fue talado por las tropas de Adudran, ni siquiera pasan las caravanas por él. Creo que lo mejor es ir desde Cadraldôst en línea recta hasta el extremo occidental de las Ered Meneltobas, alejándonos así de Meluvenorë y del territorio de Adudran, bordear su estribación septentrioal, e ir otra vez en línea recta hasta Sein Cair Andros- dijo Narudud, señalando el mapa.

-Estoy de acuerdo, aunque la ruta más corta sería sin duda ir directamente hasta el Paso de Cilross y desde ahí encaminarnos a Sein Cair Andros, no creo que fuera posible hacerlo sin toparnos con alguna patrulla de Adudran. Y por lo que nos has contado, no creo que les hiciera mucha gracia encontrar a cuatro individuos husmeando cerca de sus fronteras. Además, el viaje hasta el territorio de lo que fue el Reino Unificado nos llevaría varios meses, si es que conseguimos atravesar los Mares de Fuego a salvo, y no es prudente atravesar el Paso en pleno invierno, ni aún en las etapas más tempranas de la primavera. Por lo que me contó mi padre, es un paso traicionero entre las montañas; el suelo es resbaladizo, y una fina lluvia cae siempre allí, una lluvia que dudo que la sequía haya extinguido, pues se dice que está provocada por el espíritu mismo de la montaña, en respuesta a los lamentos desesperados de una elfa que moró allí en un pasado remoto- dijo Varyamo.

-Desde luego que no, si nos topáramos con una patrulla de Adudran, habría que echar mano a las armas de inmediato, y aunque consiguiéramos rechazarlos, o incluso acabar con todos e impedir que ninguno consiguiera huir e informar a las autoridades de la ciudad, enviarían más patrullas al ver que no volvían- respondió Calenên.

-Sin embargo, ir en línea recta hasta el extremo septentrional de las Ered Meneltobas nos acercaría peligrosamente al territorio de Udûn, a las Emyn Ghâsh y a Melkorë. Creo que habría que hacer una curva al dejar a la izquierda la cordillera de Numen-Metta, como si nos encamináramos a Uileulca Mena, y desde ahí ir en línea recta hasta las Ered Meneltobas- añadió Varyamo.

-Sería dar un considerable rodeo, pero tienes razón en que sería peligroso acercarse demasiado al territorio de Udûn. Sólo he oído algunas viejas historias sobre el maligno Clan de Udûn, pero si sólo la mitad de lo que cuentan es cierto, más nos vale alejarnos- dijo Narudud.

Mientras Varyamo y Calenên discutían sobre cuál sería la mejor ruta a tomar, Olostarin y Mazan miraban el mapa con atención, grabándolo en su mente. Entonces, de repente, los cuatro repararon en una figura inmóvil que se había detenido junto a la puerta. Tenían la sensación de que los había estado observando un buen rato.

-Buenos días Eärondûr, veo que estás recuperado de la fiesta de anoche… más o menos- dijo Varyamo con una sonrisa, pues recordaba que el joven de la Marca Verde había abusado de los licores élficos durante la cena.

-Buenos días Varyamo. La verdad es que sí, llevaba un rato aquí intentando distinguir bajo la brillante luz del sol quiénes te acompañaban y sobre qué estábais hablando. ¡Salve Olostarin, Narudud y Mazan! – respondió Eärondûr, inclinando ligeramente la cabeza- Imagínate mi sorpresa cuando de repente os oigo hablar de Sein Cair Andros, las Ered Meneltobas, Vanwendor… unos nombres que conozco muy bien desde que era niño. ¿Es verdad que vais a ir a Sein Cair Andros?-

-Así es, he de cumplir allí con un encargo, y cuando empezaba a preguntarme cómo iba a poder atravesar los Mares de Fuego solo y sin ayuda de nadie, ¡de repente me he encontrado con tres amigos dispuestos a acompañarme!- respondió Mazan.

-¿Cuándo partís?- volvió a preguntar Eärondûr.

-Mañana al mediodía. Hemos hablado con Anfalas, y ya ha dado órdenes para que vayan preparando los camellos, víveres y enseres que necesitaremos para la travesía. Por eso estábamos consultando el mapa, para decidir cuál era la mejor ruta a tomar- terció Olostarin.

-Ya veo- en ese momento, los ojos de Eärondûr centellearon- Me gustaría partir con vosotros, si no tenéis inconveniente en aceptar un nuevo compañero. Desde que tengo uso de razón, he anhelado conocer la tierra donde vivió mi tatarabuelo. Antes de que me prohibieran la entrada en la Biblioteca de Sinya Gulniquë, me encantaba leer sobre las hazañas y gestas de mi noble antepasado así como las de todos los grandes caballeros y damas del Reino Unificado. Los ataques de los corsarios a Sein Cair Andros, los enfrentamientos con las abominables criaturas de Udûn, la gloriosa batalla contra el Rey Eärgul... o la guerra con Adudran que provocó el éxodo hacia Osgiliath primero y luego a la Marca Verde –hizo una pausa, y su semblante se entristeció- Siempre soñé con conocer esa tierra y saber qué ha sido de los que quedaron allí-

-Te comprendo muy bien Eärondûr, yo he sentido lo mismo toda mi vida- dijo Varyamo.

-¡Por supuesto que puedes acompañarnos! Será todo un honor, además mi corazón se había entristecido ante la perspectiva de separarnos, pues desde que nos conocimos en Osgiliath hace ya más de dos semanas, te he tomado mucho afecto y cariño- dijo Mazan.

-Muchas gracias. ¿Puedo ver el mapa con vosotros? –dijo Eärondûr, acercándose a la mesa. Examinó el mapa, y del interior de uno de sus bolsillos sacó otro mapa, mucho más reciente, con grabados en oro y plata- Este mapa lo realizó mi tatarabuelo en su estudio de Sinya Gulniquë, poco antes de morir. ¿Qué ruta habéis pensado tomar?- preguntó Eärondûr.

-Lo estábamos discutiendo ahora. Yo había sugerido ir en línea recta hasta el extremo septentrional de las Ered Meneltobas y de ahí girar al este e ir hasta Sein Cair Andros. Pero Varyamo nos ha advertido que esa ruta se acercaría demasiado al territorio de Udûn, y ha sugerido que quizás sería mejor ir primero hasta Uileulca Mena, y luego ya ir hasta las estribaciones septentrionales de las Ered Meneltobas y cruzar hasta Sein Cair Andros- respondió Narudud.

-Estoy de acuerdo con Varyamo, cuanto más nos alejemos del territorio de Udûn, mejor- dijo Eärondûr.

-Muy bien, entonces ésa será nuestra ruta. Sin embargo, seguimos teniendo un problema, ninguno de nosotros ha viajado por estas tierras en los últimos años, y tampoco contamos con un mapa reciente. ¿Cómo vamos a poder orientarnos en medio del desierto?- preguntó Narudud.

-Un momento… ¿y si le pedimos a Vaereth que sea nuestro guía? Es un zahorí, conoce todos los desiertos de Ambaron y es capaz de encontrar agua donde ninguno podríamos. Además, por lo que me contó ayer, va a abandonar la ciudad en cuanto concluyan las celebraciones. No podríamos pedir un mejor guía para cruzar el Eärnar- sugirió Olostarin.

-Cierto. Ve a hablar con él Olostarin, convéncele de que sea nuestro guía, a cualquier precio. Yo iré a ver de nuevo a Anfalas, y le comunicaré que Eärondûr se ha unido a nuestro viaje, y que muy probablemente Vaereth también lo haga, para que dé la orden de preparar más camellos y más suministros- dijo Narudud.

-Está bien, si hace falta, llamaré a Gielperi, que parece que a ella no hay mortal que sea capaz de decirle que no- dijo Olostarin con una sonrisa burlona mirando a Varyamo mientras se marchaba corriendo de la sala. Narudud recogió el mapa y se lo entregó a uno de los escribas, que lo guardó en la Biblioteca Real.

-Mazan, acompáñame a ver a mi abuelo. Después de hablar con él había pensado en ir a comprobar que los preparativos de nuestro viaje se hacen correctamente. ¡Hasta la noche amigos!- dijo Narudud, y él y el Enano se marcharon de la sala, en la que sólo quedaron Varyamo y Eárondûr. Los dos se quedaron sentados, escudriñando el mapa que el joven había traído de Sinya Gulniquë y rememorando las viejas historias del Reino Unificado.

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Fragmento 48 por Finlaure

Mientras Varyamo y Eárondûr se quedaron sentados, escudriñando el mapa que el joven había traído de Sinya Gulniquë y rememorando las viejas historias del Reino Unificado. Mazan acompañaba a Narudud a la presencia de Anfalas.

-El Rey ha de estar empezando a cansarse un poco de nosotros. Dijo el Enano con cierta preocupación.

-No te preocupes Maese Mazan, mi abuelo es alguién sabio y sabe comprender de las necesidades de otros y comlacerlas siempre que sea posible y las intenciones sean promovidas desde la bondad y el respeto. Y eso sin contar lo buen anfitrión que es... pero bueno aunque ahora le robemos un poco tiempo no creo que le sea una molestía.- Comentaba Narudud.

-Aunque lo fuera no nos lo haría saber, pero si, supongo que tienes razón. Finalizó Mazan quedando ambos atrapados en un profundo silencio interrupido intermitentemente por el sonar de los pasos en los profundos y largos pasillos del Telminton.

La preocupación de Mazan por el viaje comenzaba a echar raices en su mente, surgiendole gran cantidad de preguntas sin respuesta... ¿Por qué todo el mundo esta tan entusiasmado con este viaje?, ¿Qué clase de persona será esa mujer cuyo rostro diviso en la piedra vidente? y sobre todo ¿Qué demonios querrán hacer con la extraña piedra que llevaba en su carro?... Acertijos en la oscuridad a los que el enano no conseguía dar respuesta. No obstante, la idea de que por suerte fuera a realizar este viaje en compañia de todos sus nuevos amigos alentaba el corazón de Mazan.

-Pues sabes que te digo, que me da igual que diantres quieran hacer con la maldita piedra, pero espero que no nos estemos jugando el cuello por esto. Replicó Mazan.

-¿A qué viene eso amigo enano?- dijo Narudud sorprendido por la inesperada reacción del enano.

-Pues está muy claro, ¿no?, nos encontramos hoy aquí cuatro barbas intentando trazar una ruta en un desierto, del cual sus peligros son por desconocidos temibles... y el entusiasmo es lo que espolea vuestros corazones, mientras que yo, mi único cometido es transportar una piedra en un carro, intrigante... No se porque, pero me temo que al final acabare teniendo que cortar las manos de más de uno que se atreva a tocar la roca, ya lo verás Narudud!. -Aseguraba el enano con total rotundidad. -No !, no te preocupes, las vuestras no.- Aclaró Mazan entre risas.

Pero Narudud no acompaño las risas del enano por mucho tiempo, pues se acercaban a la presencía del Rey Anfalas por segunda vez, y no deseaba que este pensará que su próxima misión fuera un mero chiste.

Fragmento 49 por Arndir

Olostarin salió de la sala en busca del buen Vaereth. Le habían encomendado la misión de reclutarlo como guía para el viaje por el Eärnar, algo que a Olostarin le parecía bastante difícil. Caminó por los corredores del Telminton, preguntando al servicio y a los centinelas, hasta que por fin halló a Vaereth sentado en uno de los templetes de los jardines del Telminton. El joven varante se encontraba tocando su laúd y un montón de los gatos del Telminton se encontraban a su alrededor, escuchando muy atentos. En verdad la música del varante era muy buena, delicada y a la vez dura, y aunque no tenían las mismas propiedades de las canciones élficas, eran historias reales que en muchas ocasiones hacían saltar las lágrimas de sus espectadores.

El Elda se acercó sigilosamente a Vaereth y se sentó a su lado. El varante se ruborizó por un momento al ver que le habían estado escuchando, pero al ver que se trataba de Olostarin, se relajó y sonrió.

-Buenos y hermosos días, amigo Olostarin.- dijo apaciblemente el joven varante.

-Y luminosos, Anar está contento hoy, nos espera un bueno y provechoso día.- dijo Olostarin.- A algunos más que a otros, quizá. ¿Puedo proponerte una cosa?, estoy seguro de que no lo rechazarás.- entró Olostarin rápidamente.

-Puedes, si tú consideras que no lo rechazaré, puede que así sea. Confío en tu buen juicio.- dijo Vaereth temiendo la proposición del elfo.

-No sé si sabrás que Mazan se dispone a atravesar el Eärnar para entregar la última de sus mercancías. Bien, pues Varyamo, el príncipe Calenên, el joven Eärondûr y yo hemos decidido acompañarle hasta su destino, y hemos pensado que, como las tierras han cambiado mucho en estos últimos años y el Eärnar es peligroso, tú podrías acompañarnos. Sé que te diriges al desierto, y como buen zahorí que eres, hemos pensado que no podíamos dejar escapar la oportunidad de pedírtelo.- explicó Olostarin intentando convencer al varante de la mejor forma posible, sin obligarlo, pero sin dejar ninguna posibilidad de rechazar la oferta. Esos eran los modos de Olostarin, él nunca obligaría a nadie a hacer nada que no quisiese, pero tampoco le dejaría poner excusa ninguna.

-Pues… no me parece mala idea, Olostarin. Pero necesitaría un tiempo para prepararme el camino, ¿cuándo y adonde partimos?- preguntó Vaereth para la sorpresa del elfo, que habría esperado mucha más resistencia por su parte.

-Partiremos mañana mismo, al mediodía si es posible. Nuestra ruta es ir hasta Uileulca Mena, y después seguir hasta las estribaciones septentrionales de las Ered Meneltobas, y cruzar hasta Sein Cair Andros. No nos queremos acercar demasiado al territorio de Udûn, ni a Melkorë, pero si tú tienes una ruta mejor, estaremos encantados de cambiar la nuestra.- explicó el elfo.

Vaereth se sorprendió mucho por la prontitud del viaje, pero igualmente aceptó, queriendo hablar con los demás primero para ordenar muy bien todo y asegurarse de que las provisiones eran las adecuadas para el viaje. Así pues, partió en busca de Varyamo y Eärondûr, para ultimar los preparativos del viaje, mientras que Olostarin salió del Telminton nadie supo a qué. Volvió por la tarde, cuando ya estaba todo preparado para partir. Entonces, preparó sus enseres y fue a buscar a sus amigos.

[Editado por Arndir el 13-03-2010 13:44]