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    Helkanor – Torneo de Framburgo

    Home › Forums › El Anillo Único › Juegos de Rol en EAU › Helkanor – Torneo de Framburgo

    • This topic has 135 replies, 9 voices, and was last updated 10 years, 8 months ago by Turinhor.
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      Posts
    • 10/02/2015 at 15:13 #350744
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      JRM-008
      Participant

        Al ver al oriental, Rírian desenvainó a Roulon con rapidez, mientras gritaba:
        – ¡Pagaréis por estas muertes, malditos! !Os acordaréis de mi nombre hasta el resto de vuestros días!
        Y se giró al resto del grupo.
        – El jefe es mío.
        Y se lanzó al combate. El primer Sardaukar intentó empalarle con la lanza, pero Rírian se hizo a un lado, agarro su espada con ambas manos y partió el arma del oriental en dos. Acto seguido el montaraz le golpeó en la nariz para luego lanzarle un tajo en el cuello, pero la espada del oriental se interpuso entre ellos. Empujó a Rírian y este trastabillo hasta casi caer.
        – Vaya, parece que quieres guerra.
        Intentó engañar al oriental con una complicada finta, pero este era muy rápido y las estocadas de Roulon no encontraron la carne del Sardaukar. “Eres bueno”-pensó-“pero no lo suficiente…” Y al final logró desequilibrar al oriental y tras desarmarle, le atravesó la garganta, de la cual chorreó un hilo de sangre. El hombre cayó al suelo, inerte, y Rírian giró a Roulon con destreza.
        – ¡Uno menos!-gritó al jefe de los orientales- Y mataré a más y más hasta ver tu cabeza rodando por el suelo.
        Y acto seguido se lanzó a por más guerreros.

        11/02/2015 at 23:33 #350785
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        Battosay
        Participant

          La entrada de los sardaukar casi hizo que Battoin se atragantase.

          – Como decía mi abuela, no hay nada como dejar de buscar para encontrar algo – y girándose hacia Yaiwen comentó. – Si salimos todos de aquí, espero que nos invitéis a ese vino.

          Se lanzó hacia uno de los orientales, subiendo las escaleras de dos en dos. Desenfundó la espada, atacando a uno de ellos, que consiguió pararlo con su escudo. El golpe retumbó e hizo que el hombre perdiese el equilibrio.

          Desde un costado uno de sus compañeros asestó un golpe con la lanza. Battoin pudo esquivarla y contraatacó. Sin embargo, la lanzada dió el tiempo necesario al primer oriental para recuperar el equilibrio y atacar de nuevo a Battoin.

          Sobrepasado por los orientales, dió un salto, bajando varias filas de asientos de un golpe, ganando distancia con sus rivales. Uno de ellos saltó tras él con la lanza por delante. Battoin soltó su espada y consiguó agarrar la lanza de su rival. Su corpulencia jugó a su favor y apoyándose en los bancos de piedra lanzó a su rival gradas abajo. Aprovechó la fuerza centrífuga y atacó al segundo hombre, atravesando su escudo.

          Un tercer Sardaukar apareció y rompió la lanza en dos de un tajo de sus espada y le abalanzó contra Battoin. Éste recuperó su espada y bloqueó el ataque, mientras veía como el saradukar que había lanzado gradas abajo de recuperaba, subiendo a su encuentro y el otro arrojaba su escudo al suelo y desenfudaba su propia espada.

          – ¡Eh, los de abajo! – gritó Battoin. – ¡Una ayudita vendría bien, gracias!

          12/02/2015 at 3:28 #350789
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          Fenix-Oscuro
          Participant

            Las nuevas habían llegado a Aiwë, gracias a las aves y su infinita amistad con los animales. Sin más, se puso de marcha al coliseo, ese Ibal iba a conocer, lo que es enfurecer a un mago. Llegó a su destino, pero solo había gente de todas las edades, huyendo hacia sus hogares, abandonando el lugar a toda prisa, oía gritos familiares y supo que estaban todos sus “amigos” ahí. Pronto haría su presencia. Afortunadamente, su camuflaje iba a ser su punto fuerte. El clima giró a su favor. De pleno día, todo se volvió oscuridad intensa, y en el cielo solo se veían relámpagos, el mago se mezcló y se introdujo en el coliseo, como sospechó, nadie podía verlo debido a sus ropas negras que se perdían con la oscuridad que él mismo había creado, el cielo tronó formándose un rostro de nubes y el mago habló con una voz de ultratumba que nunca había utilizado frente a estas personas, ni siquiera en la batalla con los orcos en Candur, pero para todos los presentes, la voz parecía provenir, del cielo mismo. La voz era tan gélida, cortante y potente, que desgarraba hasta el corazón más duro, cortándolos en pedazos, llenándolos de miedo y desesperación. Del rostro de nubes, salieron varios rayos que impactaron en el suelo, no acertaron a nadie, porque Aiwë así lo deseaba, pero eso había sido una advertencia, ya que estaba seguro, que los portadores de las armaduras, habrían sentido algún que otro ligero “cosquilleo”. Observaba en la oscuridad esperando el momento justo para atacar. El rostro los seguía mirando con severidad, pero por ningún lado, veía a alguno que destacase como el jefe de los Sardaukar.

            12/02/2015 at 13:32 #350793
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            Neume
            Moderator

              Como decía mi abuela, no hay nada como dejar de buscar para encontrar algo – y girándose hacia Yaiwen comentó. – Si salimos todos de aquí, espero que nos invitéis a ese vino.

              -Igual necesito estamparlo en otra cabeza antes que en la tuya, pero de acuerdo, trato hecho -dijo mientras desenfundaba una daga.

              Vio como el humano se lanzaba escaleras abajo, pero ella no tenía ninguna prisa. Tenía que fingir porque no estaba entre sus planes matar a algún oriental, así que estaba decidida a no meterse en medio de la contienda. Se quedó a la expectativa esquivando a los vecinos de la ciudad que escapaban atemorizados y entonces vio a un sardaukar dirigirse hacia ella. Al principio dudó si se habría fijado bien, pero Yaiwen comprobó que la miraba detenidamente. “Vaya, ¿y tú a por qué vienes?”
              Cuando le tuvo lo suficientemente cerca, le dieron ganas de gritarle “¿pero qué estás haciendo, melón?, ¿sabes quién soy?”, pero no podía descubrirse así que sacó la otra daga y dejó lo que quedaba del queso en el suelo. Ahora tenía una en cada mano. El arco lamentablemente estaba escondido en la carreta.

              Sus dudas se despejaron cuando vio que el oriental se movía de un lado a otro, pero no hacía intención de atacarla. Yaiwen no vio en su rostro el gesto desafiante que solían tener aquellos hombres.
              “Ah, entonces tú también vienes al teatro”.
              La medio-elfa le lanzó el queso de una patada para a continuación asentir levemente con la cabeza.
              Ambos se enzarzaron en una “pelea” esquivando los movimientos del otro, algo más ralentizados de lo normal. Yaiwen contenía a dos manos el golpe de espada. Entonces el cielo se tornó gris, desapacible, como de tormenta y cayeron algunos rayos. Algo insólito. Aquello se había producido en apenas unos segundos, y el sardaukar aprovechó esa distracción para hacerle un corte en el brazo izquierdo.
              La peredhil decidió entonces poner punto y final. Tras varios golpes rechazados, desarmó al oriental y le gritó -¡Huye despojo. Si vuelves a acercarte te parto en trocitos!.
              El oriental se marchó a la carrera.

              Yaiwen recogió la espada y guardó una de sus dagas. Se miró el corte y vio que no era tan grave, aunque le había roto la camisa y le corría un pequeño hilo de sangre por el brazo.

              12/02/2015 at 20:19 #350802
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              Battosay
              Participant

                – Tendría que haberme traído un paraguas – pensó Battoin.

                12/02/2015 at 22:15 #350809
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                JRM-008
                Participant

                  Rírian luchaba encarnizadamente con otro oriental cuando unos rayos sacudieron la superficie del Coliseo, haciéndolos caer. Rírian intentó incorporarse, pero el oriental fue más rápido y se colocó encima del montaraz, apretando su espada contra el cuello de Rírian,. Entonces otro rayo cayó sobre ellos y el oriental miró a uno desconcentrado, momento que Rírian aprovechó para empujarle, sacar el arco y disparar a la cabeza del hombre antes de que se levantase si quiera. El montaraz sonrió e intentó ver como transcurría la batalla. Sin duda los orientales era buenos luchadores, pero Battoin se defendía bastante bien de ellos, pero le superaban.
                  – ¡Voy para allá, Battoin!- gritó mientras recogía su espada del suelo.
                  Subió dando saltos por las escaleras hasta llegar a uno de los orientales que luchaban contra el hombre. Rírian saltó y clavó a Roulon en la espalda del sardaukar. Se encaró al otro guerrero y se colocó espalda contra espalda , enarbolando a Roulon con destreza.
                  – Parece que estos no son simples soldaduchos de Framburgo. ¡Me gusta!
                  Buscó al líder de los orientales hasta encontrarlo, pero estaba demasiado lejos, y un oriental se interponía entre ellos. Rírian le sonrió.
                  – Te lo pediré educadamente: ¿podrías apartarte y dejarme destripar a tu líder?
                  El oriental gritó y Rírian paró su estocada.
                  – Creo que eso es un no.
                  Volvió a enzarzarse en un duro combate (en el que se ganó varios cortes en el brazo y la cara) hasta que finalmente logró desbaratar la defensa del oriental y hundirle a Roulon en el pecho. Se sentía cansado y empezaba a ver borroso a causa de tantas heridas y esfuerzos. Todavía quedaban orientales, demasiados. Miró a Battoin y le preguntó:
                  – ¿Crees que saldremos de esta?

                  13/02/2015 at 0:01 #350813
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                  NELLA
                  Participant

                    Kira se disponía a seguir a Battoin para encontrarse con la Elfa y el Bardo que les hacían señas desde las gradas del coliseo cuando de pronto aparecieron mas hombres armados detrás de ellos, algunos bajaron a la arena y arrojaron algo, Kira quedó horrorizada cuando vio que era la cabeza de un jabalí -espero que no se la de Brof- dijo mirando a Nír.
                    Vio como Rírian desenfundaba a Roulon y se enfrentaba al primer hombre que pisó la arena, eran orientales, los mismos que les habían secuestrado, rapidamente busco algo con lo que defenderse, entre los cadáveres había muchas armas sin dueño. Tomó una espada y también se hizo con una daga y dos puñales.
                    Ririan acababa de tumbar a su rival pero habia mas hombres, uno de ellos fue hacia Kira, iba protegido con armadura y un gran escudo pero no tenía yelmo, ella se quedó quieta y cuando le tuvo a la distancia adecuada le lanzó uno de los puñales dandole de lleno en la frente, entre los dos ojos, el hombre cayó muerto al instante, por suerte no había perdido la puntería aunque hacia mucho que no tiraba piedras.
                    Corrió hacia el oriental caido y le quitó el escudo, pesaba horrores pero era grande y podría protegerla, nada más levantarlo tenía a otro oriental encima, pudó esquivar por suerte un mandoble que le lanzó y Kira a su vez empezó a defenderse con la espada, el oriental era agil y rápido, pero le pesaba la armadura, cuando ya casí estaba agotada de parar golpes le lanzó una estocada a la garganta que atravesó el gorjal del hombre, este se quedó quieto y empezó a sangrar por la boca, Kira salió corriendo dejandole ahí.
                    Oyó gritar a Battoin y miró hacia arriba estaba en las gradas luchando con tres hombres, pero en la arena no había terminado la lucha, otro de los orientales arrojó su lanza contra Kira que por suerte logró parar con el escudo, pero la fuerza era tal, que la derribó haciendola caer al suelo sobre un cadaver, entonces el oriental con la espada en la mano se abalanzo hacia ella, pero Kira fue mas rápida, se giró aún tumbada y la espada del oriental fue a clavarse en el cadaver, en esto Kira sacó la daga que hundió en la corva de su enemigo, lo que le hizo perder el equilibrio, pero el hombre aguantó y pudo recuperar su espada y esta vez no falló.. asestó una estocada en el brazo de Kira que le produjo un corte del que empezó a manar la sangre. Kira cayó desarmada y se dió por muerta, cuando de pronto estalló una tormenta con rayos y una voz que parecía de trueno se oyó en el coliseo

                    13/02/2015 at 0:42 #350814
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                    Narrador
                    Participant

                      Îbal empezaba a hartarse y decidió tomar cartas en el asunto. Tomó impulso, arrojando su lanza a Kira que le acertó en su pierna derecha dejándola en el suelo. Continuó corriendo hacia Battoin y Ririan. Derribó al primero, en el último momento pudo sacar su daga para desviar ligeramente la estocada, que le atravesó el hombro derecho en lugar del pecho. Volviéndose de repente, lanzó un tajo hacia Rírian que se aproximaba a él por la espalda, marcándole el pecho.

                      Continuó hacia el centro de la arena dónde todavía aguardaba Nir, matando a los otros enanos que lo acompañaban. El enano lanzó un hachazazo vertical que Îbal paró con su escudo mientras se agachaba. El hacha se clavó en el escudó, Îbal lo giró bruscamente y lo lanzó hacia un lado, arrebatando el hacha de las manos de Nîr y cortando su muslo izquierdo de una estocada.

                      – Bueno, ya me tenéis aquí – dijo al enano, – ¿y ahora qué?

                      Salida de la nada, una flecha atravesó el hombro de uno de los sardaukar arrojándolo al suelo. Fue la primera de una lluvia sobre los orientales. El sardaukar caído murió en el acto, mientras los demás se cubrían con sus escudos.

                      Una tropa de medio centenar de elfos del Bosque Negro tomaba al asalto el Coliseo.

                      – ¡A por ellos! ¡Son los asesinos que escaparon de Lorien! – gritó su líder.

                      Los hombres de Îbal se replegaron sobre él formando una muralla de escudos. Tras ellos Îbal arrojó tres lanzas acertando a los elfos que iban en la vanguardia, ganando el tiempo necesario para huir del Coliseo.

                      Habían perdido varios hombres y tenido que huir humillados por los elfos. No creían que fuese posible volver por Helkanor en una temporada. Îbal mandó a sus hombres de vuelta a su tierra, necesitarían reagruparse y tiempo antes de volver. Él tomó otro camino, tenía negocios que terminar en otros lugares antes de ocuparse de su venganza.

                      13/02/2015 at 0:51 #350815
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                      lordnazgul9
                      Participant

                        Los cinco enanos levantaron sus hachas y apuntaron a los Sardaukar.

                        Nír guardó la cerveza y silbó; el cerdo Brof huyó rápidamente con la carreta pasando frente a él. Nír soltó a Brof y tomó algunos escudos que fueron suficientes para todos los enanos.

                        Los enanos subieron a los cerdos y trataron de formar un círculo defensivo en torno a los demás. Rírian ya había matado a uno. Sin embargo, pasado un rato, Battoin y Rírian avanzaban para combatir en las gradas de los niveles superiores donde cayeron otros cuantos.

                        Dos orientales se acercaron a abrir una brecha en la fila de enanos. Brof mordió la pierna de un hombre desestabilizándolo. Nír aprovechó para abatir sus defensas y asestarle una cuchillada en la barbilla. El segundo, que llevaba una cota de malla con púas metálicas, se las arregló para lanzar una estocada al enano, detenida de suerte por el escudo de Nír. Mientras, tres de los enanos montados se impulsaron y saltaron sobre el oriental. Nír se recompuso, pero el primer oriental se levantaba, con la mandíbula rota y ensangrentada y los ojos furiosos.

                        Mientras más orientales comenzaban a sobreponerse a los enanos. Un Sardaukar especialmente musculoso sostuvo a uno y lo golpeó contra el suelo dos veces y los otros se retiraron. El enano aturdido no sobrevivió a las lanzas. Nír ya le había roto el cuello al primer oriental y ahora forcejeaba ferozmente con el teniente de la cota de malla, cuando otros dos hombres aparecieron y atacaron a Brof, uno clavando su pica en la cruz del animal. El porcino, aturdido por el dolor, arrojó a Nír y huyó chillando.
                        -¡Malnacidos!-gritó Nír.
                        El hacha de mithril brilló a medida que Nír la sostenía con ambas manos golpeando a aquellos orientales. Los otros enanos sostenieron sus hachas rojas y le echaron una mano a Nír. El teniente saltó sobre él azotándole con un látigo de púas y empujándole hacia atrás con su escudo. Nír cayó de espaldas, observando como el teniente llevaba un destacable juego de cadenas de hierro en su arsenal.
                        -Aaaarrrg-saltó Nír sobre el teniente. Otro oriental le atacó con su lanza, pero Nír la sostuvo del medio y la devolvió atravesándole un muslo a aquel hombre, mientras el teniente volvía a acercarse a Nír golpeando su nariz con el borde del aspis.
                        -¿Dónde está el mago? ¿A dónde escapó Aiwe? ¡Lo necesitamos! ¿Qué le pasó?-se preguntaba el enano. Rórin se sumó a Nír en su lucha y con la punta de su propia hacha dislocó el tobillo del teniente, pero nada más. El gran hombre derribó a Rórin con su escudo, se deshizo del látigo y tomó la lanza, un gigantesco dory de dos metros y medio.

                        Nír tenía la nariz, las manos y la frente ensangrentados. Vio a Kira. Se las había arreglado para matar a unos pocos, pero había sido desarmada, la habían herido y ahora estaba en el suelo. El señor enano temió lo peor. Rórin con suerte resistía el impacto de la lanza del teniente con su propio escudo.

                        Entonces el enano vio una esfera sombría formándose en medio de la arena. Pronto, la oscuridad no había consumido sólo la arena, sino que también el coliseo entero y probablemente toda la ciudad. Escucharon aterrorizados una voz de ultratumba profunda y potente. Muchos de los Sardaukar se aturdieron de pie, abrumados. De las nubes parecía formarse un rostro del que brotaron unos cuantos relámpagos. Los orientales comenzaron a retroceder con sus armas en alto, pero probablemente no conseguirían nada.

                        -A lo mejor sobrevivimos-dijo Nír.

                        El enano saltó encima del teniente, dándole tiempo a Rorin para retirarse a buscar una nueva hacha a la carreta de Nír. Los otros enanos se reunieron alrededor de Nír y mataron al hombre.

                        Entonces el jefe salió a las gradadea la vista. Derribó a Kira, Ririan y Battoin. SSe acercó a los enanos, y los acompañantes de Nir murieron en seguida bajo su mano. Nír enfurecido le propinó un hachazo retenido por el escudo del hombre. Nir soltó el hacha después del impacto, momento aprovechado por el hombre para tomar el hacha y darle un corte en el muslo.

                        Nir cayó de bruces incapacitado por el dolor. Lo último que vio fueron flechazos perforar el escudo del jefe, quien pronto desapareció. Agobiado por el esfuerzo, el solor y la pérdida de sangre, Nir se desplomó en el ardiente suelo. Solo un enano vio la escena entera.

                        Cuando Nír despertó, reconoció la mano de un enano.
                        -Rorin, Rorin, te queda cerveza?

                        13/02/2015 at 6:12 #350820
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                        Fenix-Oscuro
                        Participant

                          Aiwë vio escapar a los sardaukar, estaba furioso, no más los había intimidado y ya estaban corriendo por sus vidas. una sombra envuelta en un humo negro saltó hacia la planta del coliseo. Desenvainando a Colmillo, la luz volvió al cielo y la figura negra ahora era envuelta en humo color lavanda

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                          -¡SORPRESA HIJOS DE P***!

                          Pero los orientales ya casi se habían escabullido, fue tal la furia y la deshonra que sintió el mago, que antes de que estuvieran lejos de su alcance, le habló telepaticamente a todos los orientales.
                          -No pienses que esto acabará aquí, Sr Ibal, rey de los cobardes. Has jugado con fuego pensando que podías venderme y el tiro te ha salido por la culata, pero soy paciente, y ya tendré tiempo para vengarme, en cambio tú, vivirás con miedo y vivirás pensando a donde quieras que vayas que yo te encontraré, y verás mi rostro en cada pesadilla que tengas, porque yo ¡TE MALDIGO!
                          Y dicho eso, Aiwë levantó su mano en alto y vio como algunos resbalaban y casi perdían el equilibrio pero aún así, lograron escapar. Y ya no los volvió a ver.

                          El mago observó a su alrededor, el panorama no era el mejor, sangre, muertos, pedazos de cuerpos, cabezas, su odio hacia los Sardaukar crecía aún más.
                          Entonces su visión quedó concentrada en la figura de una mujer mal herida, no había dudas, era Kira. Aiwë se acercó a toda velocidad, revisando que la joven aún estuviera viva, y lo estaba, pero desangrándose rápidamente. Sin pensarlo mucho, “anestesió” a la muchacha con un encantamiento para que fuera más fácil, le retiró la lanza y le apretó la herida envolviéndosela con un pedazo de ropa. Luego de un simple conjuro, su herida dejó de sangrar, pero la cicatriz quedaría. Hizo lo mismo con su brazo. Miró a la joven, tan hermosa y ahora parecía a punto de abandonar el mundo de los vivos, sintió culpa y aún más odio a esos mercenarios, ella no tenía nada que ver y era solo una victima de todo esto. Pero aún así, ellos querían aprovecharse de ella.

                          Volvió a mirar y sus ojos vieron a dos hombres heridos, y casi desmayados, reconoció a Chichoín o como sea que se llamase, pero a Aiwë le era indiferente tal criatura, el otro hombre no lo conocía muy bien, le había visto junto a Kira un par de veces.
                          -Déjame ayudarte… -el hombre no respondió- la herida es muy grave, morirás si no te atiendo en este instante.
                          Puso su mano cerca del pecho de Ririan, donde estaba la herida en rojo vivo expulsando un montón de sangre, pero para sanar eso tuvo que enfocarse más, la herida era bastante profunda y de puro milagro no había tocado el corazón. El mago tuvo éxito y logró detener la hemorragia y sellar la herida. Aunque el color pálido que tenía el hombre, le estaba asustando, había perdido mucha sangre.

                          No muy lejos estaba el enano Nir.
                          -Me complace que esté con vida Sr. Enano, y gracias por sus buenos pensamientos. Y no, esas ratas no pudieron conmigo, si no hubiesen llegado esos elfos…
                          Le extendió la mano para que tomara impulso y se levantase. El enano estaba atónito
                          -Vamos, soy yo, Aiwë, puede que esté irreconocible con este disfraz -el mago sonrió y luego su rostro se tornó grave- afortunadamente, nuestros heridos, permanecerán a donde pertenecen. Aunque me preocupa un poco la salud de aquel hombre, estaba casi muerto cuando lo atendí.
                          Le mostró al enano con la mirada, que se refería a Ririan.
                          -Es amigo suyo, si me he enterado correctamente.

                          Caminó por el coliseo en busca de aquel joven que le recordaba su pasado, pero por ningún lado lo vio. Se mordió un labio y se negó a preguntar si lo habían visto. Él no había tenido mucho trato y era poco sociable, lo más seguro era que Soron lo hubiese regresado a Candur antes de partir.
                          Sin decir más, tomó a Kira en sus brazos y le habló a los presentes
                          -Abandono este lugar maldito, si quieren puedo acompañarlos, regresaré a Candur. Si tan solo estuviera Peludo y su carreta…

                          13/02/2015 at 11:42 #350829
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                          JRM-008
                          Participant

                            Rírian tragó saliva mientras el mago le sanaba (por segunda vez). Cuando terminó cerró lo ojos y susurró:
                            – Gracias… Ese maldito oriental me ha vuelto a ganar.
                            Observó como el Coliseo se llenaba de elfos del Bosque Negro y se incorporó. Vio a Battoin tirado en el suelo, y cuando comprobó que respiraba, dio gracias en silencio. Se dispuso a sanar al guerrero cuando vio un movimiento a su derecha. Un oriental con una flecha en la pierna se retorcía y arrastrara en el suelo, intentado huir. Rírian pisó con fuerza la pierna mala del hombre, que aulló de dolor.
                            – ¿Qué tenemos aquí?
                            Agarró al oriental de los hombros y le estampo contra el suelo. Se dispuso a rajarle el cuello cuando una idea afloró en su mente. El oriental se sacudía violentamente, pero el montaraz logró sujetarlo.
                            – Eh, eh, escúchame, malnacido. Te dejaré vivir ¿de acuerdo? Mira-y sin previo aviso le arranco la flecha élfica de cuajo- No grites tanto, nenaza.
                            Cuando el oriental se tranquilizó Rírian se acercó a él y le miró fijamente.
                            – ¿Quién es tu jefe?
                            El hombre no habló y Rírian presionó en la herida.
                            – ¡AHHHH! ¡Îbal, se llama Îbal!
                            Rírian asintió.
                            – Bien, pues quiero que vayas junto a él y le digas que un montaraz muy enfadado le está buscando, que quiere plantarle cara una última vez. Mírale a los ojos y dile este mensaje de mi parte…

                            Empujó al oriental y este se marchó corriendo. Tras esto se dirigió a los elfos e inclinó al cabeza.
                            – Muchas gracias por al ayuda, nos habéis salvado la vida.

                            13/02/2015 at 11:57 #350831
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                            Neume
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                              Todo había pasado muy rápido. Los elfos se habían echado encima. La lluvia de flechas había caído lejos de donde estaba ella. Eran Tawarwaith, los podía reconocer por su vestimenta. Yaiwen estaba emparentada con ellos por parte de madre, y se encontraba totalmente confundida. Por qué iban tras los orientales, algo tenían que haberles hecho éstos. Ahora entendía que Îbal había omitido contarle algo y aquello la dejó furiosa.
                              Le habría gustado acercarse hasta ellos, pero no estaba segura que fuese tan buena idea. Además, lo más probable es que se pusieran en marcha para perseguir a los hombres. Si alguno se dirigía hacia ella, aprovecharía y si no, lo dejaría pasar.

                              Rajó la manga de la camisa a la altura del corte y con ella se tapó la herida dando un par de vueltas con la prenda.

                              Buscó con la mirada para ver a sus compañeros. Imaginaba que alguno podría haber muerto. A quien no veía desde hacía un rato era a Baelim, pero intuía que no podía estar muy lejos. Entonces vio al mago asistiendo a algunos heridos. Yaiwen reconoció a los lastimados.
                              Bajó a la arena en busca de Nír. En su carromato tenía parte de sus pertenencias. Las necesitaba para curarse la herida y para recuperar su arco.

                              La peredhil suspiró profundamente. Todo había salido al revés. Lo mejor era retirarse y volver a casa.

                              13/02/2015 at 14:04 #350832
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                              Narrador
                              Participant

                                El capitán de los elfos estaba reorganizando a sus hombres para reanudar la persecución y dar a los caídos el tratamiento adecuado.

                                – Muchas gracias por al ayuda, nos habéis salvado la vida.

                                – No tenéis nada que agradecer – respondió. – Os hemos salvado de casualidad. Llevamos un tiempo buscando a estos hombres. Recibimos noticias de Lorien de que unos bandidos venidos de oriente habían asesinado a varios de los suyos para robárles sus arcos. Hemos conseguido encontrarles aquí y reanudaremos la búsqueda en cuanto hayamos honrado a los muertos.

                                El capitán se dio la vuelta y volvió a sus deberes. En unos pocos minutos la mayor parte de su hueste estaba partió de nuevo, mientras que dos de sus soldados se quedarían para devolver a los caídos a sus familias en el Bosque Negro.

                                15/02/2015 at 17:31 #353179
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                                JRM-008
                                Participant

                                  Rírian observó como los elfos desaparecían del Coliseo sin más.
                                  – Pues que antipáticos- murmuró.
                                  Pensó en que podría haber ido con ellos tras Îbal, pero decidió que ya había tenido bastante por aquel días, así que se dirigió hacia el grupo, que guardaba silencio.
                                  – Yo voto por volver a Candur ¿a favor?

                                  15/02/2015 at 22:36 #353186
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                                  Neume
                                  Moderator

                                    Yo voto por volver a Candur ¿a favor?

                                    -Me parece buena idea – dijo Yaiwen acercándose. – Creo que es lo más sensato. ¿Querríais ayudarme a levantar primero a Battoin? creo que se ha movido, pero yo sola no podré con él -añadió mirando al humano tirado en el suelo.

                                    Battoin se estaba despertando y trataba de incorporarse. -Deja que os ayudemos ¿Estáis herido? – le preguntó. – Si no os encontráis bien, tal vez podamos poneros en el carromato del enano…

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