Perfil Básico

Nombre

Alurien

Fecha de nacimiento:

1900-04-21

Ficha de Personaje

Nombre del Personaje

Tindómerel

Raza

Elfa

Lugar de la Tierra Media

Alla por la Estratosfera, mas o menos…

Descripción del Personaje

Es una semielfa alta, con el cabello largo, y dorado, que es la herencia del pueblo de su madre: los Vanyar. Sus ojos, del color de las hojas de Telperion, son capaces de ver mas alla de los rostros de la mayoria de los seres de la Tierra Media.

Como arma principal, su espada curva, Selmanáre. Esta es larga y esta hecha con el metal de un yacimiento de las Pelori por los Noldor de Aule. Ademas, se sirve de un pequeño arco de tejo, y lleva una daga oculta en la manga, que resbala suavemente hasta la muñeca gracias a un mecanismo de correas, y un puñal fino la caña de su bota derecha. Un cuchillo elfico de caza pende de su cintura, al lado opuesto de la espada.

Por ultimo, una armadura ligera de cuero y una cota de malla de Mithril se combinan para protegerla de casi cualquier arma.

Tiene una fina cicatriz en la frente, que pasa desapercibida la mayor parte del tiempo, pero se acentua y enrojece cuando ella se enfada.

Historia del Personaje

Era de noche en Valinor, y en la cúpula celeste brillaban las estrellas de Varda. Habia un estanque en Lorien, y a sus orillas, bailaba Linewen, la Vanya.

El tiempo parecia detenerse entorno a sus pies ligeros y sus bucles dorados, que flotaban vaporosos junto a su blanco vestido. Sus ojos, azules como el cielo de Aman a mediodia, estaban imbuidos de un hechizo, un sortilegio de ensueño y admiración.

Entre los árboles, oculto en la foresta, estaba un Ainu, un Maia de Tulkas. No era la primera vez que la observaba, pero cada vez le parecia más embriagante su danza, más arrobadora su hermosura.

No fue la última vez que se vieron: a la primavera siguiente, Linewen y Damroth se casaron en Ezellohar, bajo los árboles de Valinor, en la segunda hora de mezcla de las luces, hubo festejos en Valmar y los Valar actuaron como testigos.

Al año siguiente nacio Darbil. Era el vivo reflejo de su madre, y tenia el gusto por la poesia y el canto del pueblo de esta, pero fue educado en las mansiones de Tulkas, y como tal, consiguio un gran dominio de las armas, aunque siempre prefirió las armas ligeras y las artes marciales.

Dos primaveras después, y cuando aun Angainor se ceñia en torno al cuerpo de Melkor, nacio Älurien. Tenia el cabello y la constitucion de su madre… un cuerpo esbelto con el temple del acero, pues su hermano la instruyó para la lucha desde pequeña.

Sus ojos eran verdes, verdes como la hierba sobre la colina de Tuna, verdes como las hallas de Orome, y verdes cono las hojas de Telperion, el Arbol de Plata.

Fue educada en Lorien, y alli la llamaron Tindómerel, ruiseñor, porque bajo su canto, las flores de aquellos jardines se abrian mas blancas y hermosas, y las estrellas parecian mas claras cuando ella elevaba su voz.

Darbil comenzó a trabajar como aprendiz de Feänor, y admiraba enormemente a su maestro, le imitaba y se esforzaba por agradarle siempre. Curufinwe llego a confiar en el, tanto como llegaba a confiar en alguien, fuera de su círculo más cercano pues su lealtad y su admiracion eran sinceras, no habia envidia en el alma de Darbil y tenia un gran deseo de crear cosas nuevas y de superarse a su mismo.

De esa manera, su maestro insufló en él el espiritu de la rebeldia y la disconformidad con los Valar, que venia del negro corazón de Melkor, aunque él no lo supiera, y sucedio que, cuando Feänor pronuncio el Juramento Maldito y se desterró voluntariamente del Reino Bendecido, Darbil marchó bajo su estandarte.

El Oscurecimiento de Valinor sorprendio a Alurien en Valmar, en los festejos que alli se celebraban. Aquel dia habia estado nerviosa, con un extraño presentimitento que no podia explicar, y cuando sobrevino la oscuridad, sintio como una parte del alma se le escapaba, absorbida por aquel vacío negro y asfixiante.

Y su dolor afloró a sus ojos en forma de lágrimas. Lágrimas amargas con sabor a hiel que no le daban ningun consuelo, lagrimas de ira, lagrimas de odio.

Instantes mas tarde, sintió una presencia a su lado, era serena, pero tambien desgarradoramente triste, y daba consuelo y confianza, asi como un inmenso dolor.

Antes de que una figura con forma de elfa morena, con unos ojos vivamente azules se materializara a su lado, Alurien supo que se trataba de Nienna.

La Valie no dijo nada en voz alta, hablo en su cabeza, dentro de su mente. "Aiya Tindomerel. Me detengo solo un momento junto a ti, pues he de ir a reunirme con los Valar. No voy a decirte que no llores, pues no todas las lagrimas son malas… Pero dales un sentido, búscalo dentro de ti y me entenderás. Namarië Hija del Crepusculo, Mara Valto, aun tienes algo que hacer por Arda". Dicho esto, desapareció.

Sin embargo, sus palabras tubieron su efecto sobre el llanto de Alurien, que siguio llorando, pero este era un llanto distinto: lágrimas saladas, que daban paz y serenidad, lágrimas que ya no eran de auto compasión, sino por la herida abierta por Melkor en el Reino Bendecido.

Alurien fue apresuradamente a casa y tuvo una corta charla con su madre. Después Damroth, su padre, la bendijo, le dio un beso en la frente, y ella salió sola de la unica casa en la que habia vivido, con un nuevo coraje y una resolucion ardiendo en su corazón. Se dirigio hacia el establo, y montó a su caballo: Isilme, Luz de Luna. Habia sido un regalo de cumpleaños de su padre, seis años atrás, y le era muy preciado. En muchas ocasiones lo dejaba libre, por los pastos de Yavanna con otros caballos que solian estar alli, como Nahar, el caballo de Orome, del que Isilme descendia.

Cabalgó rauda a pesar de la oscuridad, pues tanto ella como Isilme conocian el camino a la perfeccion. Al pasar por el Calacirya, vió una luz brillar en lo alto de la Mindon, en Tirion, que le pareció un faro contra la oscuridad, una señal de que el golpe asestado por Morgoth había sido duro, pero no definitivo. Solamente al llegar a la playa, la semielfa se dio cuenta del pequeño fallo de su plan. no tenia forma de cruzar los kilometros de oceano que la separaban de los Noldor exiliados, y tambien de Darbil. Se sento en la orilla y mientras acariciaban sus pies, se dejo acunar por el susurro del agua. Le parecio estar quedandose dormida cuando escucho una melodia en medio del sonido del mar… pero poco a poco esta se fue haciendo mas fuerte y audible… una musica que llenaba el corazon y estremecia el alma, y que nadie que alguna vez la halla escuchado ha podido olvidarla… era la musica de los Ulumuri.

Fue un suceso extraño, que mas tarde no supo contar ni expresar con palabras. Cuando le preguntan por esta experiencia, ella se limita a esbozar una sonrisa enigmatica, y cuenta como despertó en una playa que no conocia, junto a Isilme y a todas sus cosas.

Alurien se sorprendió al despertar de encontrar nuevas cosas en sus alforjas. Habia una capa, de color verde oscuro, con un intrincado dibujo hecho con hilos plateados. Se la puso, y le resultoó ligera, y sin embargo abrigaba, y era sedosa al tacto. La elfa reconocio la hechura, porque solo en un sitio se tejian telas como aquella: en las estancias de Vaire. Y, lo mas sorprendente, fue hallar, dentro de una funda de cuero negro, una espada. Era larga y su hoja ligeramente curva, y su afilado borde emitia una especie de fulgor anaranjado. Aun le quedaban a Alurien muchas cosas por descubrir sobre su nueva espada.

Seguirle la pista al Ejercito de los Noldor no fue muy dificil. Por la tierra circulaban numerosos rumores sobre las huestes de elfos de ojos brillantes venidos del Oeste, y del incendio de las blancas naves. Unos dias despues, guiada por algunos kelvar, Alurien pudo ver el campamento de Feanor, junto al lago Mithrim.

Una vez alli, tras un par de incidentes que no son dignos de mención, pudo llegar hasta Darbil. Al verla, su expresión fue principalmente de sorpresa, pero Alurien pudo ver, al fondo de sus ojos azules, un deje de tristeza.

– ¡Darbil, Melda! Oh, ¿Porqué te fuiste de aquella forma? Te he echado de menos..-dijo ella, abrazándole.

– Alurien…-dijo apoyando la mejilla en la cabeza de su hermana, como tantas veces había hecho- Por Eru, ¿como has llegado hasta aqui? No puedo creer lo que ven mis ojos, y si no supiera que esta encerrado en Angband, confundido por nuestra llegada, hubiera creido que se trababa de un engaño de Morgoth.

– Tenemos mucho de que hablar…

Y asi fue, los dos hermanos conversaron largas horas. Alurien le contó su historia, que no dejó de asombrarle. Después fue el turno de Darbil, que con gran amargura le relató a su hermana la matanza de Aqualonde, la travesía a bordo de los navios de los Teleri, y la quema de las naves en Losgar. Su rostro se tornó aun más sombrío al hablarle a Alurien de su maestro:

-Feänor ya no es el mismo -dijo con gesto abatido-, las mentiras de Morgoth han herido a los Eldar, han llegado hasta el corazón mismo de Curufinwe… él esta equivocado. Cuando entró de aquella forma en el puerto de los cisnes… yo no pude soportarlo. Intenté hablar con él, pero era imposible, no quiso escucharme. El es… es insuperable entre los hijos de Iluvatar en habilidades, de eso no tengo ninguna duda. Pero la llama de su espíritu acabará por consumirle.

El sonido de su voz aun no se había extinguido, cuando se escuchó un clamor en el exterior. Darbil salió a ver que ocurría, mientras se oían gritos y el deslizar espadas al ser desenvainadas. El campamento de los Noldor estaba siendo atacado por las huestes de Angband. Darbil se ciñó la espada a la cintura, e hizo ademan de salir.

– ¡No! Espera, no tienes porqué ir… tú mismo dijiste que Feänor esta en un error, ¿Porqué seguirle? Vámonos Darbil.

– Lo siento Alurien, quizá no lo entiendas, pero tengo que luchar. Aunque este en desacuerdo con Feänor, Morgoth sigue siendo mi enemigo, el enemigo de todos, y sabes el daño que ha hecho a Arda- Alurien bajó la vista, recordando el fin de la Luz de los Árboles-. Si huyera ahora estaría llendo en contra de mi mismo.

Alurien asintió, y bajó la cabeza, pero súbitamente la levantó y miró directamente a los ojos de su hermano.

-Si tu partes a la batalla, no esperes que me quede aqui- dijo con mirada fiera.

Darbil sonrió con amargura e impotencia:

-Sabes que no apruebo que tu vengas, pero nunca fui capaz de impedirte hacer algo. No podré estar ahí para protegerte Alurien… – se le quebró la voz y abrazó de repente a su hermana.

Y así Alurien luchó junto a los Noldor en la Dagor-nuin-Giliath. Los elfos se sorprendian al verla, pero estaban bastante ocupados como para hacer preguntas. Solo vió a Darbil fugazmente un par de veces durante la batalla, y tampoco tuvo tiempo de buscarlo. Nunca había luchado, por supuesto, en una batalla, pero se defendía bien, y el brillo anaranjado de la hoja de su espada parecía imponer bastante a los orcos, que no se animaban a acercarsele demasiado.

Cuando ya los enemigos se batían en retirada, se encontró frente a un orco enorme, que manejaba una cimitarra. El fulgor de la espada se hizo mayor, como si estuviera feliz con el duelo, como animando a Alurien a combatir. Ella se dió cuenta de que su fulgor la fortalecia cuando le fallaba la voluntad y le flaqueaban las fuerzas, y por eso decidió más tarde llamarla Selmanáre "Llama de Voluntad". El orco fue hacia ella sin ningun miedo, pero estaba mucho más cansado.

Trabaron sus armas, y Alurien sabía que no le convenía dejar que su oponente se acercara demasiado, y que contra su fuerza solo podía servirse de la agilidad, de modo que se dedicó a cansarlo con un constante juego de pies y una gran cantidad de fintas. Pero su adversario era más resistente de lo que aparentaba, y al rato, la frente de la semielfa estaba perlada de sudor, y el brazo le ardía. Maldijo interiormente a Melkor y a sus criaturas, mientras intentaba un juego algo más agresivo. Finalmente, el orco comenzó a dar señales de cansancio, y con un movimiento de muñeca, Alurien le desarmó. Pero repentinamente, antes de que la elfa pudiera clavarle su espada, el orco sacó un puñal de entre sus ropas, y lo dirigió hacia su garganta. Pudo evitar que el golpe fuera mortal agachándose rápidamente, pero la hoja le alcanzó la frente desde el lado derecho hasta la parte superior de la ceja izquierda. Con un grito, clavó a Selmanáre en la garganta del orco.

Entonces, escuchó un grito de dolor detrás de ella, se volvió y pudo ver a Darbil, a unos 100 pasos de distancia, luchando contra un orco, con una flecha clavada en el hombro. Echó mano de su arco, para dirigirlo contra el oponente de Darbil, pero la sangre que le goteaba de la frente le nublaba la visión y erró el tiro. Echó a correr hacia ellos, pero al cubrir la mitad de la distancia vió a su hermano caer con la espada del orco atravesandole el pecho. Selmanáre brilló como un tizón y, sin ver siquiera lo que hacía llegó hasta el orco y lo decapitó con el odio brillando en los ojos.

Se dejó caer de rodillas junto a Darbil, le arrancó la flecha y la espada orca y le cerró los vidriosos ojos azules, con los suyos llenos de lágrimas, que se mezclaban en su cara con la sangre y la suciedad. Llamó a Isilme con un penetrante silbido, y montó en él el cadaver de su hermano, tras recoger la flecha que podía haberle salvado. Le enterró sola, en una tumba sencilla junto al lago Mithrim, bajo las estrellas.

Y allí, a orillas del Lago, se dió cuenta de que, con la vida de su hermano, se habían agotado sus razones para estar lejos de su casa. Sin embargo, las palabras de Nienna volvieron a resonar en su mente "Aun tienes algo que hacer por Arda". Pero, ¡que distintas sonaban ahora aquellas palabras! ahora estaba sola en una tierra extraña, y experimentando auténtico dolor por primera vez en la vida.

Entonces, siguiendo un impulso repentino, desenvainó a Selmanáre, aun manchada con la sangre de los orcos, y he aqui que su fulgor era de un color rojo chispeante, y le infundió valor. Alurien levantó el puño en direción a Thangorodrim y maldijo a Bauglir en todas las lenguas que conocía. Alli, sobre la tumba de Darbil y las aguas del Lago, juró ser por siempre enemiga de Morgoth, aun con sus escasas fuerzas, e impedir mientras pudiera, que otros Hijos de Iluvatar sufrieran, o que perdieran a sus seres queridos, o que vieran oscurecerse sus hogares bajo la sombra de su cruel corazón.

Nunca se perdonaría Tindómerel haber fallado aquel tiro, y se prometió a si misma que no volvería a ocurrirle.

Poco se sabe de los viajes de Alurien en aquellos dias, pero estuvo presente en la Dagor Aglareb, y hay testimonios de su presencia en las leyendas de distintos pueblos de Beleriand. Los Hombres de Estolad hablan de un ser nocturno de penetrantes ojos verdes, en los cantos de los Laiquendi, aparece la misteriosa guerrera elfica con una espada roja y brillante, que calmaba los corazones tempestuosos a su paso, y los elfos de Doriath que aun viven, recuerdan el Lay de Tindomerel, de Daeron.

Y fue precisamente en Doriath donde acabó estableciendose Alurien, si es que alguna vez se estableció. Era un lugar casi tan hermoso como su Tierra, y la Reina Melian era una viva imagen de la Gloria de Mediodia de Aman. Ademas, el sitio estaba lo suficientemente alejado del mar como para no producir añoranza, y lo suficientemente cerca de Angband como para tener orcos suficientes a los que matar.

Aunque la apreciaban, Alurien era un ser extraño para los sindar de Doriath, pues pocos elfos conocian por entonces un sentimiento de odio tan profundo como el suyo, ni Morgoth les habia afligido tanto… todavía.

En la frontera Noreste de Doriath estaba, de guardia cerca del rio Aros, cuando le llegó, traido con la brisa del norte, el inconfundible olor de los orcos. No quiso despertar a sus compañeros, por que era de noche y el grupo de orcos no parecía muy grande, de modo que fue sola en su busca, camuflada con su capa, que la convertia en una sombra más del bosque.

Conocia bien aquel lugar, de modo que pudo observar a los orcos sin que estos la vieran. Eran 6, y los dos ultimos llevaban un cuerpo inerte atado sobre una tosca e improvisada litera. Fuera quien fuera, era un enemigo de los orcos, y por lo tanto su amigo, asi que se dispuso a tomar las medidas necesarias para liberarlo.

Los orcos marchaban en columna de a dos, lo cual facilitaba su eliminacion desde la maleza, utilizando el arco. Los dos primeros iban ligeramente adelantados, los siguientes llevaban la litera y los últimos se esforzaban por disimular el rastro para evitar que los siguieran, en lo que eran bastante hábiles.

Calculó la distancia desde su escondite, y resolvió dar un rodeo para situarse a la derecha de los orcos, con el viento de cara, en un lugar desde donde tendría mas comodidad para apuntar. Decidió trepar a un halla de tronco doble, y se encaramó a sus ramas hasta encontrar una horquilla donde adoptar una posición estable. Desde alli, espero a que los orcos aparecieran por el recodo del camino y que sobrepasaran su posición, para eliminar a los últimos con dos certeros tiros.

Dos orcos quedaron de guardia junto al prisionero, pero otros dos se internaron en el bosque hacia la dirección de donde venían las flechas. Alurien se asomó hacia abajo, con todos los musculos en tensión, e hizo el leve movimiento de muñeca que hacia que la daga se deslizara en su mano. Esperó hasta que las achaparradas figuras estuvieran a la distancia adecuada y lanzó la daga al cuello de la más grande, que cayó al suelo con una expresión de sorpresa en el deformado rostro. Su compañero desenvainó la espada y miró hacia todos lados con expresión de temor. No le agradaba nada aquel bosque impregnado de asqueroso olor a elfos, ni la sensación de estar siendo observado, o de poder ser atacado de un momento a otro. Alurien aguardó porque se daba cuenta de que el nerviosismo hacia presa de su enemigo, lo que le aumentaba las posibilidades de victoria. Finalmente no pudo esperar, ya que tampoco le convenía que el orco se reuniera con sus compañeros, y saltó desde el arbol justo delante del orco, con la espada desenvainada y la cicatriz de la frente convertida en una furiosa linea roja.

El factor sorpresa actuó a su favor, y el orco fue rápidamente eliminado. Sin embargo, cuando se dirigia al linde del bosque para ocuparse de los dos restantes, sintió un dolor repentino en la pierna derecha. Se volvió y pudo ver al orco al que le había lanzado la primera daga estaba semi-levantado, y era su propia daga la que se le había clavado en el gemelo. se acercó y lo decapitó de un golpe. Después se sacó su daga y desgarró un trozo de camisa para improvisar un torniquete.

Solo restaban los dos que habían quedado de guardia junto al prisionero.

Se acercó sigilosa hasta los bordes del camino, y vio que los orcos habían dejado la litera junto a un árbol y montaban guardia a su lad. Pensó en utilizar el arco, pero no tenía un lugar seguro desde donde apuntar sin arriesgarse, y uno de sus personajes portaba una preocupante ballesta.

Pero, como se impacientaba, y solo una de las bestias llevaba una rma de largo alcance, decidió arriesgarse. Puso dos flechas en el arco y las dirigió contra el orco de la ballesta. No fue un buen tiro, y solo consiguió clavarle una de las flechas en el brazo. Por fortuna era el derecho, y Alurien confió en que no pudiera utilizar su arma. Ya no podñia echarse atrás, había traicionado su posición, de modo que se lanzó como una tromba para no darles tiempo a reaccionar.

Dirigió un golpe al pecho del primer oponente, pero la hoja resbaló en la cota de malla. Sin embargo, enconró un pounto desguarnecido bajo el brazo antes de que el orco soltara la cimitarra de su vaina, y Selmanáre llameó al salir chorreando sangre negra.

Para entonces el otro estaa ya casi encima suya, cimitarra en mano, con una mirada emponzonañada. Arremetió contra la semielfa que lo esquivó ágilmente y tuvo tiemo para desenvainar el cuchillo de su cadera mientras el orco recuperaba el equilibrio.

Al volver a enfrentarse, trabó su hoja con la del orco e intentó apuñalarlo con la izquierda, pero este se agachó para evitar el cuchillo, impactando contra el costado izquierdo de Alurien y cortándole la respiración. El golpe hizo que ambos perdieran el equilibrio. Alurien soltó la espada y tomó el cuchillo con ambas manos para apuñalar al orco repetidas veces, hasta que dejó de moverse. Cuando se lo quitó con esfuerzo de encima, vió que el orco de la flecha con la herida bajo el brazo, había huido. La semielfa sonrió, no llegaría muy lejos herido, y por aquellas fronteras.

Se oyó una leve tos del bulto atado a la camilla, y Alurien se volvió hacia allí. Quitó la tela que cubría la figura, y pudo ver su rostro.

Los ojos se le abrieron desmesuradamente por la sorpresa. ¡Por los Feanturi! ¡Un Enano! Alurien solo los había visto de pasada, pero estaba segura de no equivocarse, solo podía ser un Enano. Si lo había confundido con alguien de su estatura, era porque a los pies del enano iban amontonadas todas sus armas. De súbito, el Naugrim abrió los ojos y comenzó a vociferar:

-¡Maldita escoria orca! ¡¿Qué diablos es lo que queréis ahora?!

La semielfa, que había retrocedido sorprendida, sonrió, aquel individuo le resultaba simpático, y no podía ser malvado.

-Permitidme que me presente, y luego sacad vuestras propias conclusiones sobre si soy escoria orca, mi señor.

La frase de Alurien cortó al enano en medio de una coleccion de juramentos que le hubieran sacado los colores a la mismísima Yavanna. Le dedicó una mirada de desconfianza, pero parecía mucho más relajado. Sin embargo, conservó el tono cortante.

-Exijo saber quien sois y en qué condiciones me encuentro, de qué lado estais y cual es este lugar- dijo con altanería.

-No soy ninguna enemiga, caballero, pero permitidme que os quite esas ataduras y realizaremos las presentaciones pertinentes- y acto seguido, se dirigió al último orco al que había matado para sacar su cuchillo, y entonces reparó el enano en el cadaver-.

-¡Por el Hacedor! Me custodiaban seis de esas asquerosas bestias. ¿Qué ha ocurrido con ellas?

-Creo que hacéis demasiadas preguntas señor enano. No había oido hablar de que fuérais una raza tan curiosa. Mi nombre es Alurien, y nos encontramos en las fronteras del reino del rey Mantogrís, Doriath, de las que soy guardiana. Acabo de matar a esos seis orcos que os tenían prisionero, así que podéis considerarme vuestra reciente salvadora. Me parece que he respondido con esto a todas las preguntas.

El enano pareció un poco aturdido por la parrafada, pero tras unos instantes añadió:

-Ghîlbor, hijo de Ghîlthor, centurión de la VII legión del ejército de Belegost, para servirla a usted.

-Muy bien Ghîlbor, ¿Podéis andar?

-Me temo que no, al apresarme esos condenados bichos me rompieron la pierna derecha.

Ghîlbor le contó a Alurien como unos cincuenta orcos habían caído sobre él y sus veintinueve compañeros que llegaban a Belegost tras una misión de reconocimiento. Solo habían sobrevivido seis orcos y él.

—Continuará—