Historia pública

Camino Hacia La Luz. Libro II: Días De Contrabando

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Fragmento 78 por Elessurendil

Stygh, acostado para dormir, repasaba los hechos…:

- Señor Nergol, “yéva”.- [Esta era una vieja forma de saludar en el sudeste]

- ¿Hm? Ahá. – Saludó el delincuente, no había sido menos cortés porque no muy lejos andaba gente de Hamad.

Avanzaron unos pasos más sin hablar.

- Tengo algo que puede interesarle. Ese patético vigilante, Atâva… obtuve información sobre él, y algo también me dijo sobre usted.-

- Ah, ¿Sí?- dudó Nergol un momento.- No creo que haya nada que me interese de él… o de nadie.- dijo, sin alteración.

- Llevo mucho tiempo haciendo crónicas de viajes.- Agregó el muchacho. – He aprendido mucho sobre la gente, y sé de muchas personas y objetos. Puedo encontrar en mi memoria algo que usted pueda estar buscando, o alguien.-

El gesto del hombre de Adudran denotaba que se le ocurría cuán desquiciado estaba aquel mellizo.

- Sé de algo que puede comprometerlo. Y ese agente del Puño lo sabe también. No suena muy sensato que desprecies ese argumento. Pero bien…- Stygh sonaba realmente comprometido con el asunto.

- Si quieres, dilo. Tampoco me molestaría oírlo. – descargó el otro, dando a entender que no era suya la preocupación.

El chico sonrió. - Espero algo a cambio. – desembuchó el chico de Minas Thulefaila.

- Ha! No te andas con vueltas… - Nergol clavó los ojos en el sureño, no con saña, sino con algo similar a la curiosidad.

Stygh evadió la mirada y ojeó hacia atrás, hacia su camello, en el que iban Rom y Taurigale. – Estamos llegando a Emyn Lis, ellos me necesitan. Volveremos a hablar. Hasta luego.-

Nergol estaba a punto de saludar también, y el extraño axelairida se volvió una vez más. – Ah, y también sé quien atacó a Atâva.- Entonces se marchó hacia otras filas de la caravana.

A partir de entonces Stygh permanecería lejos del miembro de la Orden del Puño Llameante, si el asesino pensaba insistir, ahora él podía ser considerado un obstáculo. No sería fácil cometer dos asesinatos en extremos distantes del territorio. Él y los que lo rodeaban tenían, ahora, que estar muy alerta por si él era elegido como primer objetivo.

Fragmento 79 por Elfo_Negro

La etapa había sido agotadora y la llegada al oasis se había convertido en un deseo casi violento.

Todos los muchachos y él mismo estaban cansados y no sólo por el duro viaje: habían dormido poco, las guardias ahora eran más seguidas y la preocupación los colmaba. Habían muerto 2 de los suyos y más iban a morir.

Nérgol no era dado a andarse con rodeos pero tampoco le eran extrañas las planificaciones a corto o medio plazo: había coordinado más de un asalto complicado. Ahora su cabeza bullía, Stygh sabía algo, y se las daba de importante (estos jovenzuelos...) Era una imprudencia amenazar a Nergol, una imprudencia que solía pagarse con la muerte, a no ser que otra cosa fuera más conveniente o rentable.

Así que empezó a pintar ante sus hombres a Stygh como una amenaza inminente, les dijo que quizá supiera algo de su misión y que quizá tuviera algo que ver con la muerte de sus dos compañeros. Los chicos eran impulsivos y violentos, a una orden matarían con placer al joven... Nergol los contuvo pero a la vez los instigó (los quería dispuestos a todo en cuanto le fuera más conveniente).

Cuando en el Este se empezó a perfilar el Oasis pensó en que ese quizá fuera un buen lugar para desacerse del joven, aunque antes quería asegurarse de qué sabía y qué no sabía.

Nergol había hablado con Garlan, que sondearía discretamente al muchacho.

Por otro lado había dado a uno de sus chicos una nota, para que la hiciera llegar anónimamente a la bolsa de Atâva, no le confió su contenido exacto, sólo de dijo que, dentro de unos días debía hacer, sin que nadie le viera, que la nota llegara a la bolsa del soldado del puño, le dijo que contenía las sospechas de que Stygh había sido el asesino de sus dos compañeros y estaba escrita en un lenguaje neutro y con pequeños toques de dialecto de Dassart, como si el autor fuera alguien de la ciudad del desierto que hubiera intentado escribir neutramente pero al que se le habían escapado algunos localismos.

El chico rió torcidamente ante la astucia de su patrón y no sospechó que la nota contuviera además otra información, otra información que quizá sólo Nérgol sabía.

Ya decidiría en su momento qué hacía con Stygh y si dejaba que la nota finalmente llegara a Atâva, de momento lo importante era dejar cuantas más cosas preparadas mejor, para que, dado el caso de necesitarlas, no supusieran una ralentización de sus “movimientos”.

Fragmento 80 por Thauld

En la oscuridad más absoluta, una luz puede brillar e iluminar el infinito, no importará las sombras que se extiendan a su alrededor mientras la llama brote pura, como no habrá noche eterna mientras que en el cielo queden estrellas.

El desierto emanaba una profunda sequedad desconocida para él durante su niñez. Una sequedad y sol implacable que había terminado por soportar e incluso amar. El desierto había sido su madre, cuando no había tenido otra, pero a pesar de todo aún sus arenas no se habían llevado buena parte de si mismo, aún su destino se resistía a olvidarlo. El no era hombre de aquellas tierras, y ellas jamás suplantarían a quienes eran las verdaderas, su verdadero hogar jamás lo aceptaría.

No era una mañana como cualquier otra, el sol pegaba con la misma fuerza, las aguas seguían su mismo curso, y la naturaleza y las gentes proseguían las acciones que se esperaba de ellos. Podía ser el hoy igual al ayer, igual al mañana, pero los detalles, siempre eran distintos.

-Buenos días- saludó mientras entraba por la puerta de la taberna.

-Buenos días Do, ¿que ha dejado hoy el rio en tus redes?- le correspondió el tabernero con voz alegre.

-Una docena de peces, dime si te interesan- respondió el joven a la vez que ponía su pesca a la vista del tabernero.

-Son buenas piezas, y claro que me interesan. Nunca hay peces suficientes en la cocina.-

-Me alegra oírlo.-

El tabernero entregó unas cuantas monedas al muchacho y tomó la pesca la cual encaminó enseguida a la cocina. Sin embargo, antes de desaparecer por sus puertas pareció recordar algo. -Por cierto, se me olvidaba. Han divisado una nueva caravana en el horizonte a primera hora, espero que esta vez tengas suerte.-

-Esa es una buena noticia, yo también así lo espero.-

-Eso sí, se te echara en falta Do, a ti y a tu pescado.-

Ambos sonrieron ampliamente, y a Do sus ojos rasgados se le convirtieron momentáneamente en meras líneas en su rostro. -No seréis el único que en echar en falta, pero puede que no sea la última vez que se crucen nuestros caminos.-

Cuando Do ya estaba a punto de abandonar la taberna, y el tabernero estaba aún en la cocina, una figura atravesó sus puertas. Era una joven de suma belleza, dorados cabellos, ojos celestes y una brillante piel modestamente oscurecida por el sol. Su figura entrecortada por la luz que procedía del exterior, le daba un aspecto casi celestial.

-Buenos días- se saludaron mutuamente.

-Acabo de llegar y quisiera hospedarme una noche- señalo la muchacha.

-Lo siento, pero se equivoca- indicó Do. -Yo no soy el tabernero, él esta ahora ocupado en la cocina.-

-Disculpe, esperaré pues a que regrese.-

Do iba a despedirse de ella y abandonar la taberna cuando se lo pensó mejor. -La verdad, creo que aún tardará bastante. Si no le parece mal le daré yo mismo una habitación y ya le mencionaré que ha llegado.-

-Me parece bien.-

-De acuerdo pues, ¿necesita subir equipaje a su habitación?-

-No tranquilo, todo cuanto preciso lo llevo encima.-

-Bien entonces, le acompaño pues a la habitación- tomando Do una de las llaves bajo el mostrador. -Por cierto, permítame que me presente, mi nombre es Do Han.-

-El mío Cararê.-

-Encantado.-

Fragmento 81 por Aragorn_II

El oasis de Emyn Lis, que había estado muy tranquilo desde que llegara la tarde anterior, pareció despertar de su letargo con la llegada de la caravana de Hamad. Aunque no apartaba los ojos del bullicio que se había formado alrededor del convoy, algo más había llamado la atención de Madair. Una joven de cabellos dorados que casi parecía resplandecer bajo la ardiente luz del sol del mediodía, había entrado en la posada y taberna del oasis. Al ver cómo varios de los integrantes de la caravana de Hamad se acercaban a las fuentes cercanas al lugar en el que descansaba, Madair se puso en pie y fue hacia la posada. No quería hablar con ningún miembro de la caravana, aún no por lo menos, hasta que se hubiera reunido a solas con Taurigale.

Al acercarse a la taberna, Madair por poco se dio de bruces con un sureño que salía de ella a toda prisa.

-¡Disculpadme, no os había visto!- dijo el hombre. En su semblante, serio y enjuto, se advertía también una ligera excitación.

-No pasa nada, yo tampoco te había visto. A propósito, mi nombre es Madair- dijo, saludando cortésmente al sureño–Pero dime, ¿adónde ibas tan deprisa?- respondió Madair.

-Mi nombre es Do Han. El tabernero me ha dicho que esta mañana habían divisado a una caravana acercándose al oasis, y desde una de las ventanas acabo de ver que ya ha llegado, y quería saber si me permitirían unirme a ella- replicó Do.

-Espero que así sea. ¡Buena suerte, Do Han!- dijo, despidiéndose del sureño, quien se alejó rápidamente hacia la caravana.

Madair sabía que debía volver a hablar con aquel sureño más tarde, para averiguar si había conseguido unirse a la caravana o no, y especialmente para ir conociendo a uno de sus nuevos compañeros de viaje. La entrada de la taberna daba a la sala común, una habitación no demasiado grande con unos pequeños ventanucos que apenas permitían la entrada de la luz del sol, y un gran hogar a la izquierda de la entrada. Una chimenea que, junto con el calor de los fuegos de la cocina, hacía más soportables las gélidas noches del desierto. En la sala había varias mesas, y en una de ellas estaba sentada la joven de cabellos dorados, con la mirada fija en uno de los ventanucos que daban al oeste. Madair advirtió que había algo especial en aquella muchacha, pero sin querer molestarla, se limitó a inclinar la cabeza a modo de saludo. La joven le imitó.

-Buenos días caballero- saludó cordialmente, aunque con un tono frío y distante, que daba a entender que no deseaba ser molestada.

-Buenos día mi señora-

Madair se acercó al mostrador, y llamó al posadero, quien apareció pocos segundos después con una amplia sonrisa en el rostro.

-Buenos días señor, ¿qué deseáis?- preguntó el tabernero.

-Esta mañana desperté con la llegada del alba y apenas pude comer un bocado rápido, y me estómago ya se está quejando- dijo Madair.

-Muy bien señor, además estáis de suerte, pues un joven me ha traído hace un rato unos excelentes pescados. Sentaos y os los prepararé enseguida- replicó el tabernero, orgulloso.

-Después de comer carne seca y dura y frutos secos en los últimos meses, el cambio será todo un alivio, muchas gracias- respondió Madair, quien se sentó en una de las mesas más alejadas de la joven.

[Editado por Aragorn_II el 27-05-2010 16:05]

Fragmento 82 por aratir

El embriagador olor a canela del lugar empezaba a producirle nauseas a Darher. Nunca le había gustado aquel olor y menos el sabor, odiaba la canela. Sin embargo, en el poblado de Emyn Lis, los lugareños parecían amar la canela, había de esa hierba en casi todos los puestos del pequeño mercado. El hijo de Hamad se hallaba sentado a la sombra de unos naranjos, únicos en aquel oasis. Hacía un rato que habían llegado a aquel lugar, habían tomado algo de comer en la posada y, mientras su padre se hallaba supervisando la mercancía y los bienes que llevaban con ellos en la caravana, Darher se hallaba reordenando las cuentas. No muy lejos de allí se hallaba Rom, ayudándole en aquellas tareas.

- Tienes mala cara – señaló Rom, viendo la cara pálida de su amigo.

- Es este nauseabundo olor a canela. Estoy algo mareado y tengo que completar los datos de los que han pedido unirse la caravana.

- Entiendo. Así que nuevos compañeros de viaje. ¿Y quiénes son? – se interesó Rom.

- El primero es una especie de monje llamado…- Darher tomó los documentos que le había dado su padre y leyó.- Do Han. Viene del este, creo que de las selvas orientales. Viaja a Adudran pero no sé el motivo. El segundo se llama Madair. Es bastante extraño, o eso dice mi padre.

- ¿De dónde es?

- No sé. Últimamente mi padre se le olvida de preguntar los datos necesarios a los viajeros. Creo que se le empieza a notar la edad - dijo Darher riendo. - ¿Por cierto, y tu hermano?

Rom se encogió de hombros, pues no sabía donde se encontraba. Entonces Darher preguntó por Taurigale y él le dijo que después de comer había ido a descansar en la posada.

A su alrededor, los viajeros iban y venían de un lado a otro. Aunque aquel lugar no estaba tan concurrido como el oasis de Hirad, la existencia del embarcadero como única manera de poder continuar el viaje por el desierto.

Hamad apareció al rato y se interesó por su hijo al verle la cara pálida.

- Padre, casi he acabado de registrar a los nuevos viajeros – le informó Darher.- Pero no sé el lugar de procedencia de Madair, ni a dónde va.

- Creo que me dijo que era de Adudran, pero no estoy seguro. Es posible que esté en la posada.

Los tres fueron hacia la posada para buscar al nuevo viajero de la caravana. El establecimiento no se hallaba muy lejos de allí y alcanzaron la puerta de madera de acceso a pocos metros. Entraron al salón del primer piso de la posada, una estancia provista de varias mesas, las cuales estaban todas ocupadas. La barra, al mismo tiempo, estaba ocupada también, la posada era un buen reclamo para los viajeros cansados que pasaban por el lugar. Hamad miró a un lado y a otro, intentando encontrar al joven entre el bullicio de gente aunque al principio no logró encontrarlo. Entonces, sus ojos encontraron el rostro pálido de Madair en una esquina de la sala, no muy lejos de las escaleras que daban acceso a la planta superior. El caravanero se lo indicó a su hijo y a Rom y se dirigieron hacia la mesa que ocupaba en solitario Madair.

- Disculpe, señor. Mi hijo está completando los registros de los viajeros de la caravana y hay algunos datos que necesita saber.

Madair alzó la mirada y asintió.

- Yo he de seguir haciendo gestiones, mi hijo le pedirá todos aquellos datos que necesite. Muchas gracias por la amabilidad – informó Hamad, que se giró y volvió sobre sus pasos.

Rom y Darher seguían de pie junto a la mesa.

- Nos falta por registrar su lugar de nacimiento y a qué lugar viaja – le dijo Darher mientras escrutaba ligeramente el rostro de Madair.

[Editado por aratir el 28-05-2010 16:35]

Fragmento 83 por Elessurendil

Ni bien entraron a la posada, Rom comentó algo acerca de un olor extraño. – No dije desagradable, más bien… algo que no sentí nunca.-

Luego, cuando Darher gestionaba entre Madair y su padre, el mellizo inquieto se dispersó un momento. No era que el trabajo le molestara o aburriera, sino que así era su temperamento; incluso podía atender tres o cuatro cosas a la vez. Observó el lugar, las estructuras, y los adornos, observó a quienes trabajaban allí, y se fijó lo que hacían, luego observó a los huéspedes… Nomás distinguir a la mujer rubia en el otro rincón todas sus atenciones se centraron allí, si ella quería pasar desapercibida, algo no estaba haciendo bien, o tal vez ni siquiera le importara. De un vistazo observó su rostro, su cabello, su vestimenta, sus movimientos, casi podía sentir su perfume y su textura, precisó el tono de su tez, las profundidades de la luz en sus ojos, todos los rasgos en detalle. Seguramente su voz sería un encanto, y sus modales le volverían loco.

De repente Romearailath de Minas Thulefaila, iluminado, cayó en la cuenta de que lo que estaba haciendo no era ya echar un vistazo, y le entró una gran vergüenza. Se puso colorado y sintió mucho calor, con lo que volvió la cabeza al diálogo entre Darher y Madair. Pero no estaba allí, en cuanto pasó la incomodidad su mente seguía en Cararê, y pensó si ella se habría dado cuenta de que él la había contemplado, y si ella se habría dado cuenta de que él estaba ahí, y si…

Stygh, mientras tanto, rondaba por el oasis, daría tiempo a Nergol para que meditara la cuestión; en definitiva, negociar con él les resolvería problemas a ambos. Más tarde, o tal vez mañana, lo provocaría nuevamente. Hoy todavía tenía que sentarse a hablar con su hermano, llegaban tiempos intensos, y lo necesitaba concentrado.

[Editado por elessurendil el 30-05-2010 06:10]

Fragmento 84 por Thauld

Cararê sin embargo no había reparado en Rom, o al menos no más que había reparado en el resto, y por tanto como éste le había observado le pasó bastante desapercibido. Cararê tenía otras cosas en la cabeza, y ahora que había identificado quien era el caravanero, y al ver que éste abandonaba en aquel momento la taberna, decidió que era momento para dar el primer paso.

Abandonando el lugar en el rincón y una bebida fría pero no muy de su gusto, la elfa interceptó a Hamad antes de que llegara a salir por la puerta.

-Disculpe- dijo dirigiéndose a Hamad -tengo entendido que sois quien dirige la caravana que ha llegado hoy y que se dirige a Adrudan.-

-Así es- respondió cortés el caravanero- mi nombre es Hamad-

-Y el mío Cararê- señaló la elfa de forma escueta, interesada en pasar a lo que realmente le interesaba. -El hecho es que yo me dispongo tomar la misma ruta aunque mi destino queda más cerca, a poca distancia de Farahkadr, por lo que he pensado, que si no hay ningún inconveniente, recorrería esta parte de mi viaje en vuestra compañía.-

-No, inconveniente no hay alguno.-

-Estupendo.-

Hamad se disponía a marchar ya cuando recordó algo. -Perdone, pero ¿podría decirme de donde proviene?-

-De las montañas de Ephel Aha- respondió Cararê dando por satisfecha la curiosidad del caravanero. Ahora que ya tenía seguro un lugar en la caravana podría perfectamente descansar tranquila, lo cual no le iría nada mal.