Historia pública

Camino Hacia La Luz. Libro I: Recuerdos Del Pasado

Finalizada 111 fragmentos Página 10 de 16
Fragmento 64 por Finlaure

Todo es muy diferente ahora a como Mazan lo había previsto, la compañía es excelente, grandes señores de los hombres e importantes personalidades entre los eldar comparten ahora el mismo sendero que el naugrim. Los días son extenuantes, y el calor de las arenas de fuego es asfixiante, una lastima pues con este clima es una locura ajustarse la cota tan hermosa que Mazan había recibido como obsequio del Rey Anfalas, no obstante, el enano si puede lucir el brillante broche de la Reina junto al primer botón de su chaqueta de cuero repujado.

Pasan las horas y tienen la impresión de que permanecen en la primera parada del viaje, puesto que el desierto se muestra infinito, desolado, invadido de tierras yermas y arenosas que arrastran ventiscas calientes como si procedieran de la boca de uno de los gusanos del Señor Oscuro. El calor es sofocante, el aire es más seco aún que el que se respiraba en las fraguas de Erebor, y entre la incertidumbre de no saber que aportar a las conversaciones entre elfos y la obsesión que ocupa la mente del enano entorno a la magnifica aleación de piedra, Mazan la carga gustoso a la espalda, pues bien sabe el enano que su misión se centra principalmente en esa piedra, es de hecho, es una obligación moral para Mazan entregarla a quien quiera que sea la misteriosa mujer que aparecia en la visión, que uso pueda darle a la misma, ese ya no sería un problema del enano, su honor está en juego, y un trato es un trato, piensa Mazan. Aunque la realidad es que sospecha de que la piedra albergue un gran poder, nunca antes visto, y esto hace que además de replantearse la idea de su venta, su imaginación se dispare y tema por el futuro de la misma, que en manos equivocadas podría suponer un gran caos, y eso pesaría más sobre los hombros del maestro ingeniero enano que mil granitos del mismo tamaño que el que carga.

-¿Ser recordado por algo así? ¡Antes muerto y bajo tierra!.- Exclama el Enano prácticamente pensando en voz alta.

Su compañero de viaje, Olostarin, muestra algo de sorpresa a la vez que incompresión ante la imprevisible reacción del enano, que lleva la mayor parte del viaje balbuceando y maldiciendo la montura, aunque en los últimos kilómetros parecía haberle tomado la medida a la joroba del animal. Entre tanto Mazan carraspea e insinúa sin palabras su descontento ante la actual situación extrema del grupo.

[Editado por Finlaure el 11-04-2010 00:42]

Fragmento 65 por aratir

El sol imperaba con firmeza el cielo azulado del desierto mientras el grupo se extendía sobre los camellos a través del desierto soportando el calor y la pesadez del clima del mar de fuego, que hacía sin duda honor a su nombre a pesar de que se hallaban en una estación menos calurosa. Los días habían sucedido sin novedad alguna mientras que mares de dunas salpicaban aquí y allá y les servían de sombra durante las largas horas del mediodía aunque por la noche empezaron a experimentar la compañía de otro inesperado amigo: el frío del desierto.

- En los meses no calurosos, la temperatura suele descender por la noche y el frío puede llegar a calar los huesos – explicaba Vaereth.

Llevaban diez días de viaje por el desierto y aún el sol seguía muy fuerte en el cielo nocturno, a pesar de que las noches eran cada vez más frías. Vaereth y Varyamo encabezaban el tránsito acompañados por Vilendil, el resto iba tras ellos.

- El paisaje está cambiando – murmuró Narudud. Eärondur iba montado en su mismo camello pero apenas habían hablado durante el viaje salvo para algunas historias que el joven gondoriano había contado de su familia y su antepasado, el cual era de interés para el avari.

- Debemos de estar cerca del Paso Gris, ¿no? – preguntó Eärondur mientras consultaba el mapa.

- No creo que estemos muy lejos, en efecto. La arena está salpicada ahora por rocas y eso significa que hay montañas a algunas millas de aquí.

- Menos mal, empezaba a cansarme de tanta arena – dijo el joven de la Marca Verde mientras volvía a guardar el mapa en su bolsillo.

Narudud dejó escapar una risa y aquello resultó inusitado porque el elfo se había mantenido serio y expectante durante todo el viaje, como en tensión, salvo en los momentos en que había compartido alguna historia con su compañero de viaje.

- Además, el agua empieza a escasearnos pero allí, en el Paso Gris, encontraremos manantiales de agua fresca con la que podremos llenar nuestros obres y nuestras cantimploras – dijo Narudud mientras miraba hacia delante y veía como alguna escurridiza nube se arremolinaba contra unos picos lejanos que aparecían por primera vez en el horizonte, picos posiblemente correspondientes al Numen Metta.

- Sin embargo, creo que él no está contento – informó Eärondur señalando a Varyamo, el cual había expresado su recelo de acercarse tanto a aquellas cadenas montañosas, debido a las historias que se hablaba sobre sus antiguos moradores.

- No hay nada que temer – replicó el nieto de los señores de Cadraldôst.- No se sabe nada de los señores de Udûn desde finales de la tercera edad. Posiblemente abandonaron sus hogares y nadie habita sus antiguo reino.

[Editado por aratir el 13-04-2010 12:42]

Fragmento 66 por Finlaure

-"Y aún si lo que dices fuera erroneo Narudud, ¿qué pasaría entonces?, como dices es necesario visitar el Paso Gris, pero dudo que tal joya rica en agua en este inmenso oceano de arena no este vigilada de algún modo por alguien que necesite de ella por naturaleza, no obstante, no es sino un obstaculo más del camino. Nuestro destino se alza aún muy lejos de estas tierras, y mis ancianos brazos no temblaran en el fregor del combate si es que este ha de llegar. Así que espero que todos sean conscientes de todas las posibilidades y al mismo tiempo tengan la capacidad para ser prudentes. Cada uno tenemos nuestras esperanzas y nuestros anhelos, pero ninguno de ellos está por encima de la integridad del grupo."

Declaraba Mazan ante el atisvo de inseguridad que había brotado, o almenos el parecía estar seguro de ello. Manteniendo la mirada fija en Narudud se seco el sudor de la frente con su antebrazo, y fue perdiendo la mirada hacia el horizonte.

-"Hay mucho por andar aún, y poca necesidad de gastar nuestras fuerzas en desesperanzas, nuestra única mano es continuar firmes, yo le acompaño de cerca, mi señor."- Intentaba el enano escusarse para no ofender al elfo con sus palabras.

Fragmento 67 por aratir

Después de las palabras de Mazan, cuyo camello era compartido con Olostarin, Narudud acercó el suyo aún más al de ellos.

- Mazan, no me ofendes - dijo el elfo de tal manera que sorprendió al enano. Por la forma de hablarle, Calenên sabía que el enano temía ofenderle con sus palabras. - Nos distan larguísimas millas de nuestro destino, ¿pretendes morir de sed en el mar de fuego? - explicó el elfo.- Confío en que no haya ningún peligro en el Paso Gris. En todo caso, es nuestra única opción. Necesitamos abastecernos de más agua, pues el próximo lugar donde podemos encontrar pozos y manantiales en esta parte del mar de fuego está a más de seiscientas millas de aquí. Nuestros suministros se acabarán mucho antes de eso. Continuemos firmes, amigo.

Fragmento 68 por Aragorn_II

La travesía era monótona y aburrida. Alrededor de los viajeros, en cualquier dirección a la que mirasen, se extendía un inmenso, inabarcable e interminable mar de dunas que ondulaban según la acción del viento. Ni aún Narudud, Olostarin, Firy o Vilendil podían ver otra cosa con sus penetrantes ojos de Elfo. Durante el día hablaban poco, pues la mayor parte del tiempo viajaban totalmente embozados en las capas, protegiéndose de los abrasadores rayos de Anar y del caprichoso viento, pues tan rápidamente podía soplar en un sentido que en el contrario. Vilendil abría la marcha montado sobre el orgulloso e infatigable Nixelotë, cuyas crines resplandecían al viento, y tras él iban Vaereth y Varyamo. De vez en cuando, Vilendil detenía la marcha y desmontaba para examinar la arena. En esas ocasiones el varante también bajaba del caballo y se acercaba al Medio Elfo. Algunas veces hablaban unos pocos segundos, y otras permanecían juntos largos minutos, observando la inmensidad del Eärnar.

Varyamo, Eärondûr, Mazan, Olostarin y Firye los miraban asombrados, pues no comprendían bien cómo podían orientarse y hallar el camino adecuado en mitad del desierto, sin ninguna referencia bajo la luz del sol. De todos ellos, sólo Narudud se había adentrado en esas tierras, pero de eso hacía ya algunos años, y le habría resultado muy difícil encontrar el camino hacia el Paso Gris sin dar muchos rodeos y vueltas. Algo que, si en cualquier viaje es peligroso, en el desierto es mortal, pues con cada rodeo se pierde un tiempo precioso y se consumen alimentos y agua de más.

Las noches en cambio eran más animadas, y todos conversaban durante la cena. Firye y Narudud habían olvidado casi por completo sus recelos hacia Vilendil, y se mostraban más corteses hacia el último integrante de la compañía. El Medio Elfo, por su parte, les hablaba a todos de la gloria y el esplendor del Reino Unificado, de sus grandes damas y caballeros, y de cómo el Reino se convirtió en el paladín de la justicia, la verdad y el honor en aquellas tierras, enfrentándose siempre a las fuerzas de la Oscuridad, ya fuesen éstas de Udûn, del Rey Eärgûl o de Mornouroth. Y cuando hablaba del Reino, un brillo aparecía en los ojos de Vilendil, una mirada poderosa y orgullosa pero a la vez triste y profundamente melancólica. Eärondûr y Varyamo hablaban mucho con el Medio Elfo, y éste les hablaba de sus parientes, de las gestas y hazañas que llevaron a cabo. Y aunque tanto Varyamo como Eärondûr las conocían, pues los dos habían leído mucho sobre el Reino en la biblioteca de Sinya Gulniquë, y además Haeré le había contado muchas historias de aquellos días a su hijo antes de su partida, ambos se deleitaban con sus relatos. Pero Vilendil también les hablaba de cómo era la vida cotidiana en ciudades como Meluvenorë, Enyelost o Sein Cair Andros, o de enclaves como el Oráculo de Nimril o la torre de Gulniquë, y les contaba también muchas anécdotas divertidas de sus antepasados.

Cuando estaban a solas, Varyamo le preguntaba a Vilendil sobre su padre, y le pedía que le contara más cosas de él. Y aunque conocía bastante bien la vida de su padre en el Reino Unificado hasta que regresó de él por primera vez, Varyamo disfrutaba mucho escuchando al Medio Elfo hablar de su labor como Serequentaro del Reino, de su trabajo como embajador y de sus frecuentes visitas a las tabernas de El Taller de Aulë y El Poney Pisador. Y también le hablaba de su relación con el Duque Arioch.

-Arioch era… bueno, nada de lo que yo dijera haría justicia a su carácter y a su forma de ser. Digamos que era muy peculiar, siendo un espíritu Maia- decía Vilendil con una sonrisa, recordando al iracundo y poderoso Duque de Sein Cair Andros- Era muy estricto y aún dentro del Reino había quien creía que era demasiado rígido. Y sin duda que la vida en la Estrella del Norte era dura, pues la ciudad estaba gobernada bajo una muy estricta constitución cívico-militar. Pero tu padre respetaba y admiraba profundamente a Arioch, quizás fue con quien más profundamente estuvo unido. Bajo sus órdenes combatió en numerosas batallas, y la Guardia Blanca de Sein Cair Andros siempre salía victoriosa. Tras la caída de Arioch, el ánimo se le ensombreció a tu padre, aunque siguió en Sein Cair Andros a las órdenes del Duque Arándil, quien le dio el mando de la Flota Blanca. Haeré lideró la defensa de la ciudad cuando atacaron los corsarios al poco tiempo de la partida de Arioch, pues el Duque Arándil se hallaba ausente con buena parte del ejército. Unos meses después, un terrible huracán azotó todo Vanwendor, y hubo mucha muerte y destrucción en todos los territorios al sur de las Ered Meneltobas – Vilendil hizo otra pausa y suspiró tristemente- En esos días, Arándil fue a socorrer a la ciudad de Meluvenorë, y después de su partida de nuevo hacia el norte, nadie más lo volvió a ver. Tu padre se convirtió en el tercer Duque de Sein Cair Andros, y colaboró en la reconstrucción del Oráculo de Nimril y de Enyelost- el Medio Elfo hizo una pausa-

-Se vivió algún tiempo de paz- continuaba Vilendil-, aunque poco duró, pues no tardó en verse obligado a hacer frente a las tropas de Udûn comandadas por Alcarohtar, y algún tiempo después, el Reino entero se vio amenazado por las huestes del Rey Eärgûl. Se libró una gran batalla en la despoblada provincia de Cilya Nasaldarion, y ya empezábamos a ceder terreno cuando de pronto, remontando el río Nasaldarion, apareció la Flota Blanca, con su buque insignia, la Estrella del Norte, al frente. Haeré, al frente de las tropas de Sein Cair Andros tomaron al enemigo por su retaguardia y cortaron su retirada. Fue una gran victoria, y después se vivió otra época de paz en Vanwendor. Hasta que surgieron las fuerzas de la Oscuridad de Mornouroth. Pero de ello y de la batalla de Uileulca Mena mejor no hablaremos ahora. Tiempo habrá de sobra para hablar de ello antes de llegar allí-

Sin embargo, Varyamo también le preguntaba a Vilendil por lo que hizo su padre desde que se marchara de Annúminas en el año 29 de la Cuarta Edad y qué sucedió en el Reino Unificado los cuatro años en los que Haeré estuvo allí, hasta que regresó en el año 33. Vilendil bajaba la cabeza y no respondía, pero en su rostro se reflejaba un gran pesar y una tristeza muy profunda. Varyamo tampoco obtenía ninguna respuesta cuando le preguntaba por el destino de su padre desde que regresara definitivamente al Reino en el año 40. El Medio Elfo tampoco respondía abiertamente acerca de lo que sucedió en el Reino después de la partida de Remmirath y el último grupo de ciudadanos del Reino que se asentó en la Marca Verde.

-Muchas son las preguntas que afligen tu corazón, Varyamo. Y el mío me dice que no soy la persona adecuada para contestarlas, pero que pronto, encontrarás lo que buscas. ¿Cómo, dónde y cuándo? No sabría decírtelo con certeza, pero no desesperes- decía Vilendil.

Así llegó la mañana del undécimo día desde que partieron de Cadraldôst. Como solía hacer cada mañana antes de partir, Vilendil envió a Soroni, el águila plateada de lomo blanco, a que le trajera noticias de los parajes que se extendían ante ellos. Llevaban unas dos horas de marcha cuando el águila regresó, posándose grácilmente sobre el brazo del Medio Elfo. Nadie pudo escuchar lo que Soroni le dijo a Vilendil, aunque éste esbozó una sonrisa. La comitiva continuó avanzando, aunque a un ritmo menor que los días anteriores, pues cada vez eran más frecuentes las rocas que salpicaban la arena aquí y allá. Dos horas después del mediodía, Vilendil detuvo la marcha, y rió alegremente. Los demás se miraron extrañados, aunque Olostarin, Narudud y Firye comprendieron rápidamente el motivo de la risa. Volviéndose a los demás, Vilendil exclamó con voz clara y poderosa:

-¡Alegraos amigos! La primera etapa de nuestro viaje está a punto de concluir. A menos de cien millas hacia el norte, en línea recta, asoman ya las estribaciones meridionales del Numen Metta. Allí podremos descansar y refrescar nuestras bocas y gargantas con el agua fresca y clara de los manantiales del Paso Gris-

Todos se alegraron de las buenas noticias, aunque Varyamo se sentía intranquilo. Desde que partieron de Cadraldôst siempre había temido acercarse tanto a los territorios de Udûn. Aunque sabía, pues lo había leído en Sinya Gulniquë, que después de la batalla de Uileulca Mena y la caída de Mornouroth los supervivientes de Udûn se habían refugiado en su territorio y no habían vuelto a perturbar la paz de Vanwendor, Varyamo no se fiaba del todo. Tanto Narudud primero como Vilendil después le confirmaron lo que ya sabía, y aseguraron a todos que no había nada que temer, pues había más de doscientas millas entre el Paso Gris y las estribaciones meridionales de las Emyn Ghâsh, la frontera sur de Udûn.

A partir de ese momento, los viajeros avanzaron más velozmente, impulsados por las buenas noticias, y a la mañana siguiente, tanto Vaereth, Eärondûr, Mazan y Varyamo pudieron contemplar los picos del Numen Metta envueltos en bruma. A medida que avanzaban, las brumas se disipaban, y las montañas iban aumentando de tamaño. Por la tarde del decimotercer día desde que dejaran Cadraldôst, la compañía llegó al extremo sur del Numen Metta. Allí se abría una gran hondonada entre dos grandes estribaciones que bajaban del último pico para acabar hundiéndose en las arenas del Mar de Fuego. Aunque el sol aún no se había escondido en el lejano Oeste, la oscuridad había caído sobre el grupo, pues la pared rocosa más occidental tapaba los rayos de Anar. Habían llegado por fin al Paso Gris, y no tardaron en advertir el alegre sonido del agua que caía en pequeñas cascadas o en finos hilillos que se vertía en pequeños riachuelos que desembocaban en alguna laguna cercana. No tardaron en llegar a ella, y el grupo acampó en su orilla meridional. Todos bebieron hasta saciarse, y a los que nunca habían atravesado el desierto, como Varyamo, Eärondûr, Olostarin, Mazan o Firye, les pareció que pocas veces habían bebido un agua tan fresca. Saciados, y con los odres llenos de nuevo, y a pesar de que las aguas de la laguna eran frías y que la temperatura bajaba rápidamente, ninguno pudo resistirse a refrescarse y dejar que las gélidas aguas les desentumecieran los miembros y despejara sus mentes. Mientras, Vilendil y Vaereth cortaron bastante leña, pues algunos matorrales y varios árboles pequeños crecían junto a la senda del agua. Esa noche, todos podrían descansar junto a un acogedor fuego.

[Editado por Aragorn_II el 04-05-2010 14:44]

Fragmento 69 por Thauld

El tacto del agua, su frescor, como saciaba su sed y mermaba el calor y cansancio de su piel, era como una bendición para Firye, quien a pesar de su carácter serio, sobre todo a causa de la misión que la había llevado hasta allí, se sintió entonces alegre. Sin embargo, el placentero frescor de las aguas, no le era suficiente para todo su ser así que al ver que había varios riachuelos y cascadas en aquel punto proveniente de las altas cumbres de Numen Metta, decidió investigar si podía encontrar un lugar cercano donde tomar un baño más íntimamente. Tras caminar un poco la teleri descubrió, cerca de donde el grupo se refrescaba, otra laguna, más pequeña que la primera, sobre la que caía una pequeña cascada.

Firye volvió entonces de nuevo al grupo, que se encontraba realmente a escasos metros, y les informó de su deseo, de que el lugar se encontraba realmente cerca, por lo que a causa de cualquier peligro la oirían fácilmente con un grito, y que esperaba que fueran suficiente galantes de no perturbar su baño. El hecho que la joven se marchase sola no les pareció buena idea a algunos ya que no habían tenido tiempo de investigar la zona. Pero dado el cansancio que todos entendían tal deseo, y al ser un sitio cercano, a decir verdad un pequeño recodo solo no fácilmente visible desde la primera laguna, por ser un sitio algo más adentrado en la roca, dejaron que Firye marchara sola. Narudud, el menos complacido con aquella decisión, decidió por otra parte estar más atento de aquel lugar donde se bañaba la elfa, siempre a una distancia prudencial para no violar su intimidad.

Bajo el amparo de aquel lugar más encerrado en la roca, Firye pudo despojarse de sus ropas y adentrarse desnuda al agua dejando que el agua que caía de la cascada bañara cayera deliciosamente sobre su cabeza, cuello y espalda, haciendo caer pesadamente sus cabellos ahora mojados sobre su cuerpo quedando adosado a él. El agua, a pesar de ser fría, era sumamente placentera tras tantas jornadas de arena, sol y calor. Notaba como aquellas penurias se esfumaban con el frescor del agua y como se iba también con ellas su enorme cansancio. La sonrojada piel por el calor del desierto y la dura jornada de monta tuvo su alivio, tornándose dura su carne, ante todo quizás la de sus pechos, en una sensación casi crepitante.

Cerrando los ojos y dejando que el agua cayera sobre su nuca y extendiera sobre su espalda, Firye comenzó entonces a dejar escapar un suave murmullo, un susurro que parecía casi una canción, y la cual parecía responder la catarata para sus adentros. Estaba tan inmersa en ello que tardó un tiempo en ser consciente del ruido proveniente de su alrededor, descubriendo, tras abrir los ojos, como un grupo de extraños hombres, unos cinco quizás, por su apariencia bandidos, la observan con una mirada de una clara intención.

Fragmento 70 por Finlaure

Mazan que había pasado toda la mañana forrajeando los alrededores del asentamiento del gurpo, «principalmente por recoger algo de madera y algunas hierbas a ser posible», tál y como balbuceó el enano antes de abandonarlos, durante el proceso obtuvo algunas ramas secas que habían caído de arboles viejos y otras más pequeñas que habían sido arrastradas hasta esa ladera baja provinientes de las zonas más altas, desde esa altura se tenía una gran visión del Paso Gris, así como de la zona en la que se encontraba el grupo, Mazan suspiró y desenfundo a Azgazan su Hacha del Yermo, por la que procesaba gran amor y no había tenido posibilidad de acariciar debido a la presencia de tanta compañia, y es bien sabido por los que conocen a Naugrim, que al Enano no le gusta empuñar arma alguna mientras se encuentre rodeado de amigos y mientras esa paz no sea perturbada. Con ella en las manos comenzo a golpear los ramajes hasta que consiguio la medida más o menos deseada, con la idea de agradar a sus compañeros elfos y que estos no se tuvieran que tomar la molestía. Había pasado ya algo de tiempo cuando Mazan estubo seguro de que lo que escuchaba no era solo su hacha, con un rapido giro de cuello apunto con su mirada al agua y a sus compañeros, todo parecía estar bien allí, ¿Qué fue entonces aquel ruido de metales desenfundando que escucho el enano, prosiguió oteando la ladera del alzamiento y entre la maleza divisó a alguien, enturbio su mirada y se percato de la presencía de Narudud, este parecía algo alterado y como observando algo realmente inquietante, abrumador. En cuestión de segundos, ve como el elfo acerca la mano a su espada y emprende una carrera veloz cuesta abajo, el enano sin pensarselo dos veces, suelta la madera que estaba cortando y se lanza a igual velocidad ladera abajo, esquivando los arbustos y los arboles frondosos. Algo ocurre, piensa el enano, y por el rostro de su amigo, no es nada alentador.

[Editado por Finlaure el 26-04-2010 20:43]