Los Anillos de Poder

Además de tener los poderes comunes al resto de Anillos, el Único corrompía a su portador con un deseo irresistible de posesión, doblegando su voluntad. En manos de Sauron, este podía leer y dirigir los pensamientos de los portadores de los restantes Anillos de Poder.

«…tan grande era el poder de deseo del Anillo, que cualquiera que lo llevara puesto quedaba dominado por él; estaba más allá de la fuerza de cualquier voluntad (aun la suya propia) de dañarlo, deshacerse de él o no tenerlo en cuenta».

Cartas, nº 131, p.182

«Y mientras llevaba [Sauron] el Anillo Único, era capaz de ver todo lo que se hacía por medio de los anillos menores, y podía leer y gobernar los pensamientos mismos de quienes los llevaban».

El Silmarillion, De los Anillos de Poder y la Tercera Edad, p.391

Para que este anillo pudiera gobernar y dominar al resto Sauron tuvo que ceder y poner parte de su poder en él, «gran parte de la fuerza y la voluntad de Sauron pasó a ese Anillo Único». Esta era la forma en que Morgoth y Sauron lograban obtener el dominio sobre los demás, «la «Tierra Media» entera era el Anillo de Morgoth» (El Anillo de Morgoth, p.455). De esta forma se estableció una fuerte relación entre Sauron y el Anillo. Cuando Sauron llevaba puesto el Anillo su poder aumentaba: «tomó otra vez el Gran Anillo y se hizo más poderoso» (El Silmarillion, p.398). Un vínculo que Tolkien explica en una de sus cartas.

«[Sauron] Gobierna un imperio creciente desde la gran torre oscura de Barad-dûr, en Mordor, cerca de la Montaña de Fuego, esgrimiendo el Anillo Único.

Pero para lograr esto, se había visto obligado a permitir que gran parte de su propio poder inherente (un motivo frecuente y muy significativo en el mito y en el cuento de hadas) pasara al Anillo Único. Mientras lo llevaba, su poder en la tierra de hecho aumentaba. Pero aun si no lo llevaba puesto, ese poder existía y estaba en «relación» con él: no quedaba «disminuido». A no ser que otro lo cogiera y fuera su poseedor. Si eso sucedía, el nuevo poseedor (si era lo bastante fuerte y de naturaleza heroica) podía retar a Sauron, volverse amo de todo lo que había aprendido o hecho desde la fabricación del Anillo Único y, por tanto, derrocarlo y ocupar su lugar. Esta era la debilidad esencial que había introducido en su situación en el esfuerzo (en gran parte inútil) por esclavizar a los Elfos y en el deseo de establecer el control de las mentes y las voluntades de sus sirvientes. Había otra debilidad: si el Anillo Único realmente se deshacía, era aniquilado, su poder entonces se disolvería, el mismo ser de Sauron disminuiría hasta convertirse en un punto de fuga y quedaría reducido a una sombra, al mero recuerdo de una voluntad maliciosa. Pero nunca contempló esa posibilidad, ni la temía. El Anillo no era destructible por herrería alguna que no fuera la suya».

Cartas, nº131, p.182