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  • #269307
    Hombre_Cetrino
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    Comienzo diciendo, como siempre, que si ya existe el presente tema en el foro no tengo inconveniente en que esto se retire, o en que se cambie de sitio si los moderadores consideran que ese debe ser el caso.

    Mi pregunta es la siguiente: ¿Cuál, de entre las Doce Casas de Gondolin, es vuestra favorita?

    En mi caso, la del Martillo Iracundo, por el triste destino de sus miembros, la gloria que cosecharon -mayor que la del resto de las casas- y su conocimiento de la artesaní­a -que desapareció en parte con ellos-.

    La segunda en este ranking particular serí­a la Casa del Ala Blanca, donde se apiñaban los más valientes.

    Mi Casa menos preferida es la del Topo, por razones obvias.

    ¿Cuál es vuestra opinión?

    #303801
    jarvis
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    Bonito topic Hombre Cetrino, si señor.

    Sin embargo, para poder responder a la pregunta que planteas hace falta un librito llamado "El libro de Los Cuentos Perdidos" que muchos usuarios no tendrán. Así­ pues, he pensado que con una breve descripción de las doce casas tal vez podamos opinar todos razonadamente y para ello me he permitido transcribir el pasaje donde se las enumera. He añadido también un punto y aparte entre casa y casa para facilitar la lectura.

    Cita:
    Se desplegaron todas las banderas brillantes de todas las grandes casas y todos los linajes de los Gondothlim. Las tropas de la casa del rey formaban una hueste poderosa cuyos colores eran el blanco y el dorado y el rojo, y sus emblemas eran la luna y el sol y el corazón escarlata.

    En el centro se encontraba Tuor, más alto que todos los demás, y su cota de malla plateada lanzaba destellos y en torno a él se apiñaban los más valientes. Y he aquí­ que todos ellos lucí­an en los yelmos figuras que parecí­an alas de cisnes o de gaviotas y el emblema del Ala Blanca en los escudos.

    Pero en ese mismo sitio se congregaron los de la hueste de Meglin, que llevaban arreos negros y no lucí­an ningún distintivo ni emblema sino cascos redondos de acero cubiertos con piel de topo y que iban armados con hachas de dos filos como azadones. Meglin, prí­ncipe de Gondobar, reunió allí­ a muchos guerreros de talantes sombrí­os y miradas amenazadoras, y un destello infame se reflejaba en sus rostros y en las superficies bruñidas de sus ataví­os. Hacia el norte se veí­a arder las colinas y parecí­a que rí­os de fuego bajaban por las laderas que se prolongaban en el valle de Tumladin, y ya se sentí­a el calor que surgí­a de allí­.

    Y se reunieron también muchos otros linajes, el de la Golondrina y el del Arco Celestial, de los que provení­a la mayorí­a de los arqueros y los mejores, y se apostaron en las amplias terrazas de las murallas. Los del linaje de la Golondrina lucí­an un abanico de plumas en los yelmos y llevaban arreos blancos y azul oscuro y púrpura y negro, y lucí­an una punta de flecha en los escudos. Su jefe era Duilin, el hombre más veloz para correr y saltar y el arquero más certero.

    Pero los del linaje del Arco Celestial, una estirpe que poseí­a incontables riquezas, lucí­an una gama esplendorosa de colores y llevaban los brazos cubiertos de joyas que fulguraban con la luz que ahora cubrí­a el cielo. Todos los escudos del batallón eran de color azul cielo y su tachón de adorno estaba hecho con siete gemas; rubí­es y amatistas y zafiros esmeraldas, crisoprasa, topacio y ámbar, y en los yelmos lucí­an un ópalo de gran tamaño. Su jefe era Egalmoth, que llevaba una capa azul bordada con estrellas de cristal y su espada era curva —aunque ningún otro Noldoli llevaba una espada curva—, pero la preferí­a al arco y con ella podí­a llegar más lejos que cualquier otro de esa hueste.

    También estaban allí­ los del linaje del Pilar y de la Torre de Nieve, que obedecí­an a Penlod, el más alto de todos los Gnomos.

    Y estaban los de la casa del írbol, una casa muy importante, que llevaban ataví­os verdes. Luchaban con porras tachonadas de hierro o con hondas y se decí­a que su jefe, Galdor, era el más valeroso de todos los Gondothlim con la excepción de Turgon.

    Allí­ estaban los de la casa de la Flor Dorada, que lucí­an un sol de rayos abiertos en los escudos, y su jefe, Glorfindel, llevaba una capa bordada con hilos de oro de tal manera que estaba cubierta de celidonias como una campiña en primavera, y sus armas lucí­an damasquinados de oro trabajado con gran habilidad.

    Entonces llegaron desde el sur de la ciudad los de la casa de la Fuente, cuyo señor era Ecthelion y a quienes fascinaban la plata y los diamantes; y empuñaban espadas muy largas y brillantes y blandí­an bastones, y marchaban a la batalla acompañados por la música de flautas.

    Detrás de ellos vení­a la hueste del Arpa, un batallón de valerosos guerreros cuyo jefe, Salgant, era un cobarde que adulaba a Meglin. Iban adornados con borlas de plata y oro, y en su blasón brillaba un arpa de plata sobre un fondo negro; pero Salgant lucí­a un arpa de oro y era el único hijo de los Gondothlim que marchaba cabalgando a la batalla, y era pesado y rechoncho.

    El último batallón era el de la casa del Martillo Iracundo, de la que procedí­an los mejores herreros y artesanos y todos ellos veneraban a Aulë el Herrero más que a cualquier otro Ainur. Iban armados con mazos parecidos a martillos y llevaban pesados escudos, porque tení­an brazos muy fuertes. En otros tiempos, los Noldoli fugitivos de las minas de Melko habí­an reclutado a muchos de ellos, y los miembros de esa casa sentí­an un odio inmenso por los actos que cometí­a el malvado y por sus demonios, los Balrogs. Su jefe era Rog, el más fuerte de los Gnomos, cuyo valor casi igualaba al de Galdor, de la casa del írbol El emblema de esas gentes era el yunque y en los escudos lucí­an un martillo que lanzaba chispas al golpear, y sus colores favoritos eran el dorado y el negro. Era un batallón numeroso y ningún cobarde formaba parte de él, y en esa lucha contra el mal fue el que conquistó mayor gloria entre todas las nobles casas; sin embargo, la suerte no los acompañaba y ninguno de ellos salió con vida de la batalla, porque todos cayeron en torno a Rog y desaparecieron de la faz de la Tierra; y con ellos también desaparecieron para siempre muchos oficios y artes.

    Así­ eran y así­ iban ataviadas las once casas de los Gondothlim con sus sí­mbolos y emblemas, y la escolta de Tuor, la hueste del Ala, era considerada como la duodécima casa.

    Lógicamente también voy a contestar a la pregunta y debo inclinarme por dos, pues las razones que me hacen apreciar a estas dos casas son muy diferentes.

    Por encima de todas se encuentra muy alta en mi estima la Casa de la Flor Dorada pues desde mi primera lectura de El Señor de los Anillos, hace ya muchos años, sentí­ un aprecio especial por ese enigmático y noble elfo que ayudó a Frodo en momento de tanta premura y cuyo poder rivalizaba con el de los, por entonces, temibles nazgûl.

    Y más adelante, leyendo el Quenta Silmarillion apareció de nuevo este Glorfindel ó… quizá fuera otro, como pensaba yo por aquel entonces.

    Y es que esa fue mi primera gran duda en la obra de Tolkien y la que me movió a indagar e investigar en busca de una respuesta que calmase mi curiosidad.

    Por cierto que encontré respuesta esa pregunta pero surgieron otra nuevas y desde entonces ando rebuscando datos entre libros gastados y aún mi sed de conocimiento no ha sido saciada. ;-)

    No puede ser poco pues el cariño que siento por este rubio elfo y su casa. Yo siempre he dicho que es la llave que abrió el gran baúl. Sí­, lo sé, soy único haciendo metáforas. ;-)

    La otra casa que también me agrada sobremanera sin duda es la Casa del Arpa del sorprendente Salgant. Y, ¿por qué sorprende este Salgant?

    ¿Acaso es muy valiente? No, desde luego que no. Entonces… ¿es muy fuerte? Tampoco, amigo mí­o. ¿Quizá sea bello o gran artesano? Una vez más la respuesta es no.

    Hete aquí­ precisamente un anacronismo. Su valí­a reside en precisamente su "no valí­a" (a falta de una palabra mejor), algo tan extremadamente infrecuente entre los elfos, grandes entre las criaturas de Arda, casi émulos de los ainur, las criaturas celestiales.

    Y es que… ¿qué queréis? Uno no puede por menos que sonreí­r cada vez que lee eso de:

    era el único hijo de los Gondothlim que marchaba cabalgando a la batalla, y era pesado y rechoncho.

    Y claro, de ahí­ a pensar en voz alta ¡Anda! Vaya vaguete… ¡como yo entonces! sólo hay un paso. :-]

    saludetes

    jarvis

    #303802
    Anónimo
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    Hola

    primero Thx Jarvis me ahoraste la busqueda ;-)

    La Casa de la Fuente

    Señor era Ecthelion y a quienes fascinaban la plata y los diamantes; y empuñaban espadas muy largas y brillantes y blandí­an bastones, y marchaban a la batalla acompañados por la música de flautas.

    coincidentemente me gusta todo lo que se menciona aki jojooj

    :-]

    #303803
    Hombre_Cetrino
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    Muy buena idea lo de poner ese fragmento de "El libro de Los Cuentos Perdidos", Jarvis. Muchas gracias.

    #303804
    nerwen
    Participante
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    Pues mi casa favorita es la de la Flor Dorada, sin duda por su jefe, Glorfindel, que protagonizó uno de los momentos más emocionantes de la historia de Gondolin.

    Saludos ^_^

    #303805
    Daedel
    Participante
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    La casa de la fuente, pues Ecthelion hizo grandes azañas y la de el ala blanca, con Tuor a la cabeza. Aunq en tercer lugar la casa del martillo iracundo

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