Historia privada
Huyendo entre la luz y la sombra
-Endien ¿pero que pasa?.- le dijo Aimenel mostrandose cada vez mas preocupada.
-No hay tiempo hermana, debemos irnos.- le djo ella soltandole de la mano y subiendo las escaleras rapidamente seguida por su hermana, que no lograba entender nada.- mira, cuando llegue al castillo habia un gran revuelo, me acerque y vi que los guardias estaban buscando a dos personas que habia atacado al rey, con una daga.- los ojos de Aimenel se abrieron como platos.- seguramente al ver tu inicial en tu arma pensaron que fuimos nosotras, vendran a buscarnos y nos ¡mataran!.- dijo asustada, arreglando unas pocas ropas de ella y Aimenel.
Aimenel no econtraba palabras, habian llegado hace poco, con la esperanza de encontrar por fin lo que habian buscado desde tiempo atras y ahora tenian que irse otra vez huyendo como lo habian echo ya antes. Corrio escaleras abajo y en otro morral guardo toda la comida que podian llevar; subio y se cambio sus ropas por las de motaraz que tiempo atras les habian regalado a ella y a su hermana, Endien por su parte ya estaba lista y solo la esperaba.
-Rapido vamonos antes de que cierren la puerta y podamos salir con los caballos.- le dijo ella abriendo la puerta.
-Ay mi pequeña hermana, eso sera sospecho, no no hagamo eso, vamonos a un posada y ahi aguardemos hasta mañana, saldremos con la gente que va hacia Osgiliath.
Endien asintio y las dos salieron, en busca de la posada.
Mientras las hermanas iban en busca de una posada, para no llamar la atención de la guardia del rey, un hombre, que llevaba vestimentas oscuras como las sombras más motales de la noche, se les acercó. Aquella figura que podían distinguir las jóvenes era alta y esbelta, su cuerpo era corpulento y proporcionado. Su cabello, bien peinado y corto, se perdía en las sombras del lugar, pues el color era del mismo negro intenso del abismo. Tenía su cabeza gacha, al alzarla lograron distinguir unos ojos celestes como el cielo, pero que guardaban un hilo helado de frío. Su rostro era hermoso pero serio, y pretendia una edad de treita años. Él las miraba fijamente, y ante ello las hermanas no hicieron más que esperar a que hablara, pues de alguna forma u otra no sentían necesidad de correr.
El hombre hermoso y serio que estaba frente a ellas se les acercó. Las miró durante un largo tiempo memorizando cada detalle y analizando cada movimiento. Luego de un tiempo dijo -Señoritas <su voz era gruesa y amenazadora, sin embargo les calmaba el corazón, ya que oían protección y compañia en ella> sé que están huyendo de la guardia del rey. No voy a pedirles explicaciones. Me acerco a ustedes para ofrecerles alojamiento por esta noche, y para exigirles que acepten mi compañía para protegerlas, pues en este mundo de tinieblas, solo las sombras pueden salvarse. Síganme- Dio una vuelta confiando en que ellas lo seguirían sin duda alguna, como hicieron.
Caminaron en silencio hasta que se acercaron a una casa enorme y lujosa, pero toda su encanto sería visible por la mañana, ya que en la oscuridad del cielo solo se vislumbraban sombras.
El hombre abrió la puerta y con un gesto en su mano las invitó a entrar.
Una vez dentro encendió las luces... (sí, habían luces...) Cuando hubo luz Endien y Aimenel pudieron ver el rostro de él. Era hermoso como había descripto la noche. Serio sin duda, y lleno de interrogantes. También pudieron ver sus vestiduras. Llevaba una larga capa negra por fuera y gris hacia dentro que cubría todo su cuerpo trasero. No llevaba ropas que recordaban a un guerrero, pues lo que veían les decía que se trataba de un mago de gran poder. Vestía pantalones negros (no lo imaginen como Aragorn, imagínenlo más del siglo XVIII o XIX) y una camisa roja que estaba cubierta por una chaqueta negra con algunos garabatos desconocidos y combinados en hilos plateados. En sus manos llevaba guantes, del mismo color oscuro, y en su cintura un cinturón que estaba oculto bajo la vaina de una espada. El mango de aquella era hermoso y bien tallado, lo que afirmaba que se trataba de alguien importante o con dinero y portador de un arma magnífica.
-Acompáñenme, les mostraré sus habitaciones, por la mañana partiremos, a menos que deseen descansar un tiempo más. Mis hombres se encargarán de cuidar a sus caballos, mientras cuidan del mio. Mi nombre lo conocerán dentro de un tiempo, aún no es el momento.
Se dirigió hacia las habitaciones, les abrió la puerta y se despidió con un gesto.
La habitación era hermosa, bien decorada y cuidada, con dos camas separadas muy cómodas y acolchados hermosos y magestuosos. Todo cuento veían les recordaba a reinas y reyes, puesto que era todo cómodo y agradable.
Se acostaron a descansar pensando cada una en la impresión que tuvieron al encontralo ¿Sería prudente seguirlo? Sin saber por qué ninguna de ellas quiso discutirlo por la noche, como amenazadas por la oscuridad, y pensando en él se hundieron en un sueño sano y reparador.
[Editado por Praianna el 25-08-2005 03:58]
El Sol iluminaba la bella habitación gracias a una gran ventana que, sin saber cómo, se encontraba abierta. Las hermanas abrieron los ojos. Una señora mayor de edad, que les recordaba a la aproximación de los sesenta años las estaba moviendo mientras, con una sonrisa amiga, las saludaba por el nuevo día.
-Señoritas, el señor las espera en la Gran Sala para desayunar. Por favor, hemos traído ropas apropiadas para sentarse a la mesa con nuestro jóven. Espero que éstas sean de su agrado y las porten gentilmente- concluyó la dama mientras que llamaba a otras chicas de servicio que ingresaban a la habitación, éstas más jóvenes, llevaban unos vestidos hermosos y majestuosos para ellas.
La señora sonriendo, comenzó a vestir a Aimenel primero. Al comienzo ella se sintió incómoda, porque podía vestirse sola, pero luego de quejarse sin reparo dejó que aquella dama terminara con su trabajo. Una vez listo estuvo hermosa como una princesa jóven que asistirá a una fiesta de oro. Su vestido era enorme y extravagante y se sentaba perfecto a la jóven.
Luego se acercó a Endien, hizo lo mismo, aunque ésta no se quejó, pues ya había visto que sería inútil. Al terminar ambas se encontraban preciosas y listas para \"desayunar\".
-Bueno, yo voy a mostrarles cómo llegar a la Gran Sala. Nuestro jóven es algo callado, y bastante serio, pero es una hermosa persona por dentro. Sepan disculparlo, tal vez algñun día conozcan su historia-dijo una de las jóvenes que llevaron los vestidos.
Llegaron a una puerta enorme dentro de aquel palacio, o mansion.
-Pueden entrar- sugirió y se retiró. Ellas abrieron la puerta. El lugar era hermoso, con las mismas caracteríticas de los anteriores, llenos de creatividad y lujos. Había una mesa rectangular muy larga, con velas en ella; en un extremo de ésta se encontraba \"el jóven de aquellas señoritas y la dama\", serio y hermoso, sentado esperando a que ellas llegaran.
-Buenos días, espero que hayan descansado bien. Ahora desayunaremos y luego verán qué prefieren hacer- dijo y miró hacia otro lado.
Un hombre, el mayor domo quizá, pensaron, se les acercó y las sentó enfrentadas, cerca del señor del Palacio.
-Buenos, días. El desayuno será servido de inmediato.- afirmó y dirigiéndo la mirada a otros empleados se retiró. Éstos se acercaron y dispusieron todo para que ellas desayunaran.
La sorpresa de ambas era inmensa, no decían nada, pues no sabían qué era apropiado y qué no en aquel lugar. Siempre sirvieron a su rey, y ahora ellas eran hermosas princesas del lugar.
Desayunaron junto con un silencio incómodo...
Al terminar el desayuno él se puso de pie y se acercó a Aimenel. Ella se puso de pie.
-Creo que...
>>... Señoritas, me niego a pensar que en sus mentes esté la idea de que mis intenciones no son sinceras...- comenzó él.
-Nada de eso!- dijo Endien. Él la miró, pues lo había interrumpido, sin embargo ésta continuó -... Nunca pensamos eso, no en mi caso, señor.- Él dio un paso hacia atrás. -Por favor, acompáñenme afuera, en el jardín- dijo y se retiró.
El jardín era hermoso:
-Las dejo para que lo recorran y decidan qué harán. Vendré a la hora del almuerzo. Si me necesitan llaman a Megyn y ella acudirá. Es la mujer que las antendió al despertar.-dijo y se retiró...
Las hermanas miraron aquel hermoso lugar y se dispusieron a dar sus opiniones acerca del jóven.
Cuando el caballero se fue, Aimenel camino andentrandose en jardin, callada mientras Endien la seguia, entonces cuando estubo segura de que nadie escuchaba le dijo:
-¡El lo sabe!.- volteo a verla a lo ojos.- sabe que no confio totalmente en el.
-Pero Aimenel, nos ha ayudado y ...
-Si hermana, ¿Pero porque?.- volteo y vio hacia el oeste.- sabes en la noche mientras dormias yo me levante, abri la ventana y comence a pensar, en todo lo que habia pasado, tal vez podamos regresar al norte, las cosas pudieron a ver cambiado.- su hermana se adelanto y nego con la cabeza.- Endien, es el destino, permancer aqui no es bueno aun cuando pensamos que podiamos encontrar las respuestas que tanto buscamos; yo se que te gusta esto,pero no podemos quedarnos.- puso las manos en sus hombros y la hizo voltear.- hemos vivido como motarazes, hemos viajado solas en la tierras yanas y cuando parece que la busqueda ha sido en vano, encontramos una pequeña luz de esperanza, que no hace seguir ; paso lo mismo ahora, estaremos bien.
La mas pequeña de las dos seguia negando con la cabeza, ella confiaba en aquel hombre, Aimenel sonrio y la abrazo.
-¡Ay! tita seler, esta bien, nos quedaremos una noche mas, pero mañana al amanecer, partiremos.- luego le sonrio y le dijo.- no me digas que estos vestidos tan largos te han gustado.
Endien asintio y las dos comenzaron a reir, mientras el caballero las veia de lejos y sonreia ante la desicion de la mayor, repentinamente Aimenel volteo hacia el y le clavo la mirada, bajo la cabeza en una sencilla reverencia para luego tomar a su hermana de la mano y comenzar a caminar hacia el laberinto del jardin.
Mientras se alejaban él se sentó con su mirada perdida en el suelo.
-Veo que la mayor <ni siquiera sé su nombre> no confía en mí. ¿Qué puedo hacer para que sienta que debe confiar en mi persona? Mi orgullo no me permitirá hablar con ella... es su corazón quien la hace dudar. Tal vez... luego... termine lastimándolas y caigan en la oscuridad. Quizá sea lo mejor que rechacen mi ayuda.
>>La verdad siento pena por la decisión que podrían llegar a tomar, si deciden alejarse de mí entrarán a las sombras.- miró hacia el cielo y continuó pensando- no puedo hacer más que aceptar cuanto me digan, a pesar de que les exigí que aceptaran mi protección.-, se le vantó y se dirigió a su palacio. No volvió a salir...
Ya caia la tarde, cuando las muchachas se internaron en la casa, Megyn las esperaba en las entrada.
-Vengan señoritas, nuestro joven, ha mandado decirles que pueden cenar en la estancia con el o .- les indico que las siguiera.- solas en su habitacion, ¿que desean hacer?
Las hermanas, se miraron entre si , como hablando solo con la mirada,entonces Aimenel le dijo.
-Señora, mi nombre es Aimenel y ella es mi hermana Endien.- Megyn sonrio complacida.- lo unico que queremos es que no indique donde es la cocina, nosotros nos haremos de comer, vera no estamos acostumbradas a que nos sirvan.
-Señorita Aimenel, lamento decirle que no acepto esa respuesta, aqui son invitadas y seran tratadas como tal.- les dijo Megyn, como una abuela les indica a su nietas el mejor camino.
-Comeremos solas entonces.- le dijo Endien, que hablo por primera vez.- tenemos muchas cosas de que hablar y no queremos que su señor se moleste por ciertos comentarios.
-Esta bien, siganme entonces.- Megyn las guio a su habitacion, cuando entraron la comida ya estaba servida.- Que tengan buen provecho jovenes damas.
La señora salio y ellas se quedaron solas, Endien se sento a comer mientras Aimenel la seguia.Cuando terminaron la mas pequeña de las dos dio un bostezo y se acosto en la cama, al rato se quedo dormida, mientras su hermana la veia se levanto y arreglo sus cosas, al terminar se acosto pero de nuevo no pudo dormir, volteo a ver a Endien, sonrio siempre habia tenido el sueño pesadoa diferencia de ella que siempre habia estado atenta al mundo, con sumo cuidado salio de la habitacion y camino de nuevo hacia el jardin o al menos eso pensaba ella, aquella casa era muy grande, fue entonces que se dio cuenta que estaba perdida y para su pesar se habia topado con el caballero.
-Señorita, veo que le gustan los paseos nocturnos,¿a donde iba exactamente?.- le dijo acercandose a ella.
-Al jardin.- le respondio Aimenel que se hizo para atras.- me he perdido entre los muros de su casa, señor necesito hablar con usted.
-Bien, vamos alla esta el jardin.- le indico la direcion y camino delante de ella como pensando en sus argumentos, pero ¿como hablarle? , cuando llegaron fue ella la que hablo primero.
-En verdad agradesco, la proteccion que no ha dado, pero no puedo confiar en usted.- el iba hablar pero le indico que no lo hiciera.- No, por favor escucheme, he vivido tantas cosas en tan poco tiempo, que no puedo confiar en nadie a exepcion de mi hermana Endien, ella confia en usted sabe y no le repruebo su acto, es inmadura aun y la maldad no ha tocado su corazon; se poco menos que nada de usted y aunque se que su intenciones son buenas me niego a confiarle algo que pueda destruirnos a Endien y a mi.- se adelanto un poco, pensando en sus argumentos.- yo Aimenel, acepto su proteccion, porque al parecer es la unica luz entre tanta oscuridad, puede acompañarnos si es su deseo, pero le advierto que al primer signo de desconfianza , no me tentare el corazon aun cuando me duela matar a un hijo de Eru.- hizo una reverencia.- nuestra estancia en Minas Tirith ha terminado, partiremos mañana.
Callo por fin, Aimenel espero.
El jóven sonrió. -Aunque usted no lo recuerde, mis palabras al cruzarnos por primera vez habían sido claras: \"Les exigía que me aceptaran como compañero\", sin embargo luego, señorita, opté porque decidieran ustedes...
>> La verdad, que me haya aceptado es un honor. Es mi deseo acompañarlas. Por favor, intente depositar su confianza en mí, pues por mi parte no llegará la traición... no por mí.- dijo y concluyó: -La noche es oscura y las sombras ocultan ciertos peligros. Por favor, permítame que la lleve a su habitación y permanezca en ella. No quiero que le suceda algo en víspera de la partida... -.
Con un gesto en su mano la invitó a acompañarlo, ella, sin otra opción más que aquella, ya que su voz no invitaba, más bien ordenaba, lo siguió. Fueron juntos, en silencio hasta la puerta de su habitación. Una vez allí se despidió y bajó las escaleras.