Historia privada
Crónicas de Farbala
INTRODUCCIÓN
Furiosa tempestad caía sobre las verdes florestas de la laguna de Farbala mientras Elboron Meloronuillion se disponía a emprender la marcha.
No había nada que lo retuviera allí, nada ni nadie. O… al menos eso se empeñaba en pensar. Sin embargo la historia era bien distinta…
EL AMOR DE ELBORON
Vivía en Eithel Lasgalen, en la profunda ciudad nandorin de la laguna de Farbala una hermosa doncella de la noble raza de los Sindar cuyos dorados cabellos eran un límpido reflejo de la luz de Anar. En los años en que todavía era joven, Elboron fue cautivado por la hermosura de esta doncella, cuyo bello nombre era Earin, y, como le sucediera a su antepasado Thingol con la maia Melian, cayó hechizado ante la belleza de ella.
Largo tiempo la observó escondido en la floresta, ensimismado por sus gráciles movimientos y olvidando cualquier otra tarea que no fuera observarla.
Tal vez fuera esta falta de atención lo que le impidiera ser iniciado con celeridad por su padre en las artes curativas.
Pero por más que él se afanaba en la contemplación de la elfa, Earin no lo miraba.
Pues ella era ya en esos días, ajena al amor que le profesaba Elboron, y tan solo en contadas ocasiones, se había percatado de que el hijo del señor de Farbala la seguía furtivamente, oculto entre las malezas. Inmersa en sus quehaceres y sus ambiciones, bajo el dulce y el lento pasar de sus jóvenes años, ignorando sin querer, ese profundo amor, solo se ocupaba de andar entre los altos árboles. … Y de componer canciones, que a veces a escondidas elevaba junto al canto de los pájaros, que la acompañaban frecuentemente por cada rincón del bosque.
Poseía uno de singular belleza al que llamaba Elenillor, de vistosos colores que había llegado un buen día, muchos años atrás, sobre uno de los mástiles de el barco de su abuelo, y que creían se había extraviado volando sobre el Gran Mar, procedente de Valinor… Elenillor cantaba como con voz, y solo lo hacía al atardecer con la llegada de los barcos a puerto, y cuando se avecinaba un cambio...
Ella miraba al mar con gran reverencia, y cierto misticismo, pues contaba con la promesa de embarcarse y aventurarse en el ancho mar infinito, como un final feliz a sus años, pero era algo que sabía aun lejano, muy lejano, ya que su corazón estaba ahora aposentado en la floresta, mirando hacia las montañas, y ocupado en comprender los enigmas que el bosque ocultaba, se observaban en esos días, extraños comportamientos en hombres, bestias y elfos, y los viejos sacaban a la luz historias ya olvidadas, que si bien a todos resultaban familiares, ninguno se mostraba deseoso de poner en claro a la elfa de donde venían ni a qué eran debidas ...parecía a su alrededor que a nadie interesaba el rodar del mundo.
Acabó la corona de flores que habían tejido sus manos inquietas, mientras ella estaba inmersa en sus pensamientos. Esa noche había vuelto a tener ese sueño extraño, una vez más, dos niños pequeños la esperaban en la puerta de la montaña, y de pronto se veía coronada de flores junto a un majestuoso trono de plata, y una esplendida ciudad se extendía a su vista hacia en oeste, el sol se ponía sobre las montañas y ella después de toda esa belleza, se sentía terriblemente triste… Era un sueño que se repetía por temporadas, y luego la abandonaba durante un tiempo.
Guardó en un paño húmedo las hierbas que acababa de recoger, para entregarlas frescas en la casa de Elboron, le gustaban los elogios que le hacían sobre sus recolecciones pues solo ella obsequiaba al señor con los mejores ejemplares de Athelas, Seregon y el apreciado Mirto... pensando en ello se apresuró en bajar la colina, y en el paso del arroyo, dio cuenta de que alguien la observaba, sonrió satisfecha, alegre al descubrir, que era una vez mas Elboron, el hijo del señor de la floresta, lo había visto subir la colina a hurtadillas, pero después lo perdió de vista, y no volvió a oír sus pasos en toda la mañana. Era prácticamente el único en toda a comarca que escapaba a la vista y el oído de la elfa cuando él quería.
[Editado por Earinkementari el 18-10-2008 19:28]
Cualquiera viendo a los dos elfos, hubiese dicho que apenas se conocían, aunque habían pasado años juntos en su primera juventud, encontrándose en secreto para salir a explorar por las lindes de Farbala, Elboron se había distanciado de ella, y le parecía en estos últimos años, frío y adusto, pero le gustaba descubrir de cuando en cuando, que el joven que compartió con ella tantas cosas, aun, a veces la seguía en sus paseos, y veía divertida, como siempre la miraba de soslayo, los días de mercado en la plaza... ella siempre disfrutó de la cálida voz del elfo, que desde muy atrás, secreta y cariñosamente la llamaba, hija del Mar.
Pero se sentía ahora herida por su repentino alejamiento, y se mostraba indiferente ante esos fugaces encuentros, aunque se regocijaba inmensamente en su interior cuando estos se daban.
El día se enturbió pasado su cénit, y una húmeda brisa fuerte, proveniente del mar, perfumaba el ambiente...Earin respiró hondo, pensando con nostalgia en la inminente llegada del otoño, que tanto la entristecía, cuando Elboron, al saberse descubierto, y en un arrebato de originalidad, se hizo el encontradizo, y tras un atropellado saludo muy cordial, y quizá demasiado breve, a juicio de la elfa, que hubiera deseado que la escoltase hasta la cuidad en animada charla. Pero el elfo se perdió entre la maleza del otro lado del vado.
Y de nuevo Earin se quedó a solas con sus pensamientos, era tarde, muy tarde, tenia que bajar hasta el puerto, y pasar por casa, preparar el caballo y recoger el manto por si en la tarde refrescaba... Estaba ansiosa, pues ese día lo esperaba cada luna nueva, con impaciencia, pues era el día que visitaba a la hechicera de la linde del bosque. Y le encantaba ir al bosque, pero más le gustaba oír las noticias, de las tierras de más allá de esas costas y colinas que la vieja tan bien conocía.
Llegó al fin al sendero amarillo que desembocaba en el hermoso puerto, con sus perfiles afilados por la fuerza del mar, y sus hermosos navíos atracados, mientras esperaban una ruta para su próxima aventura.
Había uno realmente soberbio, incluso con las velas plegadas, de maderos blancos de las tierras de Avernien, y cordeles de plata, que permanecía meciéndose en las dulces aguas de la bahía, a la espera de ser reclamado por el señor.
Pasó bajo la sombra de la torre de cristal, y llegó al fin a la casa del señor de la Farbala, ya la estaban esperando en el patio de atrás, con un refrigerio.
Desde años atrás habían sido tan atentos con ella, y nunca le permitían hacer obsequios importantes, a pesar de que Earin deseaba de algún modo expresar su agradecimiento...pero en cuanto a los asuntos que habían unido a Farbala el destino de la elfa, ellos evitaban esas conversaciones y no daban muestras de interesarles hurgar en esos temas, restándole importancia.
Pero ella era sin duda, sabía en su corazón que debía guardar siempre deuda, con la Casa de Eithel Lasgalen...
[Editado por Earinkementari el 18-10-2008 21:55]
Salió de casa de el padre de Elboron, tras la frugal comida, y sin volver a encontrarse con el elfo mas desde la mañana.
Con paso lento, subía la escalinata de piedra disfrutando del silencio reinante en esas horas de descanso. Toda la ciudad reposaba la comida y ella pensó entonces, la suerte que tenia de vivir en un lugar tan apacible y floreciente.
Contempló como el brillo de las aguas, salpicaba los altos muros de destellos dorados, a las madres, afanadas en sus bordados mientras las jóvenes doncellas recitaban poemas y canciones, danzando levemente entre sonrojos y carcajadas, acalladas rápidamente por sus madres. Y como los marineros dormitaban como gatos, en las sombras del árbol de la fiesta, que se alzaba poderoso, dominando los jardines de la Casa de Documentos, donde tantas horas pasaba ella,... que hermoso era todo! Aquella tarde se lo parecía mas que nunca, y no se explicaba por qué?
En unos minutos de paseo había llegado a la entrada de la hermosa casa en la que había sido acomodada por el rey, años atrás. Se cambió de vestido, cogió la capa gruesa, pues si bien es cierto que la elfa temía muy pocas cosas, una de ellas era el frío. Así que no hizo falta que su ama de llaves le insistiera con eso, pero si en que se llevara compañía, lo cual fue inútil...de nada valieron los lamentos y las historias de que los caminos se habían vuelto peligrosos de repente, no obstante, aparte de su arco, cargó la espada... Anar relinchaba apremiando a la elfa, que tras cargarlo con las cosas de Sibila, se dispuso enseguida a partir, silbó a Hachìda por si el gran perro se animaba a acompañarla, pero no dio muchas muestras de entusiasmo, así que salió cabalgando a paso lento, para no importunar a nadie, rompiendo el descanso de la ciudad.
Antes de llegar de nuevo al vado que hacia de limite entre la floresta y el bosque, se volvió una vez mas, y contempló el mar henchida de orgullo, amante de aquella ciudad que no era suya... Pensó que en unos días al volver, con la voracidad del otoño, todo se vería distinto, no sabía la elfa aun, hasta que punto ese pensamiento, sería la más dura realidad...
[Editado por Earinkementari el 18-10-2008 19:36]
Con la paz de quien se sabe feliz, y rodeada de la belleza del paisaje, fue alejándose de las aldeas limítrofes de la comarca, en las suaves colinas doradas por las cosechas como un mar mecido despacio, Anar pedía nervioso una buena carrera y elfa que siempre mimaba al fiel caballo, consintió encantada en disfrutar, del placer del viento en la cara, y sentir su largo pelo golpeando su espalda, con esa sensación de libertad que ofrece una galopada a campo abierto.
Así a la carrera y después mas lentamente, fueron adentrándose en la umbría, aun debía atravesar el río Rethir y llegar a los lindes del gran sendero de Arregui, donde se decía que se debía tener clara la mente y la ruta al entrar en el, por que muchos perdían el norte en sus angostos derroteros a causa de criaturas y bestias con extrañas capacidades.
La tarde languidecía, pero las noches aun eran tardías, el verano estaba en su ultimo día, cediendo luz y calor a cada hora que pasaba, comenzó a soplar de nuevo el viento mas furioso que en la mañana, y Earin hizo un alto para abrigarse y estirar las piernas, pues llevaba ya horas cabalgando, se apartó del camino, oyó un aullido lejano, se alegró al entender que hachîda finalmente se animó a seguirla...Ya no había sol, ni cantos de pájaro, pero la montaña coronada estaba cerca, se volvió veloz por que sintió algo moverse a su espalda, y no era ningún sonido familiar, sino mas bien metálico, el sonido no se detuvo, de repente ya no parecía tan amenazante, sino que mas bien parecía un tintineo, casi melódico que se alejaba, dudó entre seguirlo o proseguir su camino, pero...la curiosidad de la elfa pudo mas.
Se internó entre los matorrales y los jóvenes Tejos, para encontrar un fuego apagado con urgencia, pero no en ese instante, pues estaba frío esparcidas las rocas que lo contenían, y pisoteados los restos de pan sin morder, unos rastros extraños marcaban todo el lugar, huellas de un solo caballo que se perdían de repente en un pequeño arroyo de un par de metros de ancho, en el agua había unos cabos de barco, a juzgar por su grosor, cortados con una hoja mala, mellada sin duda, una navaja, cabos de vela, y algunos escritos ininteligibles a causa del agua, y al fin una bolsa de piel de carnero, que resultó tener dentro dos pergaminos exactos, con el sello, del señor de la Farbala...
Un trueno estalló en el cielo haciendo temblar la tierra y sacándo a la elfa de sus pensamientos, y Hachîda que acababa de llegar, olisqueaba todo cautelosamente con el lomo encrespado, se dirigió de nuevo al camino, guardó todo lo que había recogido sin apenas pararse a mirarlo, montó en Anar de nuevo y se apresuró hacia las montañas.
En sus faldas vivía Sibila la hechicera, llamada también la bruja coronada, por que se decía, que el constante volar de rapaces sobre las montañas se debía a su presencia, pero la única verdad era que las Montañas Coronadas, ya llevaban ese nombre mucho tiempo atrás, por las leves nubes blancas que se arremolinaban en su cima de forma perenne, aunque tal vez nunca se sabría quien llegó antes a las montañas la bruja o las águilas...o con que propósito o intenciones.
[Editado por Earinkementari el 18-10-2008 19:45]
La tormenta era ya inminente, cuando avistó la casa de Sibila tan peculiar como siempre, de arquitectura singular, su chimenea siempre humeante, y un pequeño porche de madera cubierto de vegetación y adornado con trofeos y ofrendas de agradecimiento de toda una vida. El cuidado huerto estaba rodeado por cerco de zarzas que en esos días de otoño, se mostraban en todo su esplendor cargado de frutos gruesos y maduros, lastima que no estaba el tiempo para detenerse a recoger moras, pensó Earin.
No había un solo sonido que llevara el viento, tan solo el crepitar de las primeras hojas secas arremolinándose en los rincones, dejó a Anar a cubierto, descargó los bultos y...empezó a llover. Entró en el tibio hogar, parecía no haber nadie, ya aparecería, Sibila era tan impredecible como testaruda, eso tenían ambas mujeres en común.
Avivó el fuego que apenas tenia ya fuerzas, por lo que dedujo que no había nadie en casa desde la mañana. Sacó las cosas para la vieja hechicera y las ordenó sobre la mesa de trabajo de la cocina, hierbas de las que solo crecían en la costa, aceites, conchas de mar, grasa de pescado...estaba todo incluso un cestillo de dátiles para el invierno, y lo que Earin esperaba que le gustaría mas, un estupendo manto de lana, bordado con todos y cada uno de los emblemas de los grandes linajes de Arda, un regalo digno de reyes sin duda.
Pero pronto se cumplirían cincuenta años desde que la vieja elfa, rescatara a la elfa de la oscuridad eterna... y era una ocasión muy especial para Earin.
Una vez hubo acabado de ordenar un poco la estancia, se dedicó a descansar junto a la lumbre, ¿cuánto se haría esperar Sibila?, con las ganas que tenia de contarle lo que había...De repente lo recordó, los pergaminos! los sacó de la bolsa, extendió los documentos frente al fuego, a ver si se enmendaban un poco y se podía descifrar algo en ellos, y sostuvo en sus manos los pergaminos cerrados con el sello de Farbala, aquello sin duda la intrigaba, lo había pensado largo rato, durante el camino, pero al fin había desistido, los asuntos de estado nunca le habían interesado en demasía, lo raro es que el portador había huido en extrañas circunstancias, o lo mas probable, es que había sido asaltado? se lo habían llevado vivo, pero no había apenas huellas...era todo muy extraño. Dejó los pergaminos secos bien guardados, y ojeó los documentos emborronados y húmedos aun, durante un rato, solo pudo distinguir unas palabras sueltas que la hicieron estremecerse, asuntos de estado y familiares privados, de la casa de Elboron, pero por que se la nombraba a ella?... Todo aquello era lo que ocupaba su mente cuando el cansancio la invadió, se deslizó desde el sillón a la mullida alfombra y se entregó al sueño sin mas preocupaciones, aunque estaba impaciente por ver a Sibila.
[Editado por Earinkementari el 18-10-2008 19:51]
El aullido del viento reinaba en la vieja casa, colándose por cada grieta, pero no fue eso lo que despertó a Earin, sino los ladridos de hachîda que había encontrado algo en la maleza, se resistía a salir en medio de la tormenta, pero ante la insistencia del perro, no tuvo mas que salir lámpara en mano, y pensando que demonios sería el hallazgo del enorme perro malcriado, cual fue su sorpresa cuando encontró a otro elfo, inconsciente, bastante malherido, medio hundido en el barro. Volvió rápidamente a la casa, busco algo para transportarlo y fue de nuevo a por el en medio de la noche. Una vez cargado el elfo hasta el interior de la casa, lavó sus heridas, secó sus vestiduras, y preparó algo que le reconfortara el estomago, pero el elfo no reaccionaba, tenia una fiebre muy alta y solo balbuceó Sibila, ayuda, Earin pensó que en su delirio había pensado que estaba a salvo, pero ella no podía curarle, no tenia ese poder... si no estuvieran tan lejos de la Farbala, el hijo del señor lo atendería...
Habían pasado ya tres días desde que Earin llegara a casa de la bruja, y la tormenta al fin se había retirado y el sol lucia de nuevo, pronto debería marchar de nuevo a su hogar, pues si no despertaría preocupación entre los suyos, el elfo, había mejorado lentamente, aunque apenas hablaba con ella, la miraba con desapruebo como horrorizado de haber arriesgado la vida por esa elfa, que...si bien a pesar de su apariencia aldeaniega, sus formas eran dignas de la mas alta cuna, aunque parecía carecer de las características que la bruja prometía, difícil era pensar, que la esperanza de evitar una gran guerra, pendía de los cabellos de aquella brillante criatura, tras el almuerzo, estando sentada en la hierba junto al pequeño estanque, y pensando en Elboron, sintió una extraña pena, sin motivo se sintió triste, profundamente triste, el elfo se sentó frente a ella sacó de su pecho un flautín y tocó una dulce melodía. Earin liberó su corazón de la congoja y entonó una canción de lamento y desesperanza.
El elfo dejo de tocar al instante, y se puso en pie preguntándole; ¿ Donde habéis aprendido ese lamento, oh! dulce dama? Earin lo miró estupefacta y contestó, ha nacido de pronto en mi garganta, y es que sin saberlo yo estaba en mi mente, oculto a mi misma...
Ellyon se apartó y la dejó con sus pensamientos, pero por fin aquella noche le habló...
Venia enviado por Sibila, a buscar a la elfa, pues la bruja había huido a refugiarse en las cimas de las montañas, pero durante el rodeo por las tierras del norte para confundir al enemigo, había sido atacado por una patrulla de orcos y había logrado llegar arrastrándose , Sibila tenia instrucciones para ella, en una extensa carta que cortó la respiración de la elfa, que no daba crédito a lo que leía...
Debía partir de nuevo a la Farbala, como siempre, al quinto día de estancia en las montañas, y estar atenta hasta nueva orden, no debería hablar con nadie de esos días pasados ni de sus incidentes, pero lo mas inquietante era que se le pedía expresamente que evitara en esos días al señor de la Farbala, debía poner especial cuidado de ese día en adelante, en advertir si era vigilada, y contar a los demás la misma mentira de siempre, que la ayudaba con las especias y las hierbas medicinales, y le llevaba provisiones cada cambio de luna para el invierno. Nunca debería nadie descubrir, que la bruja durante años había instruido a la elfa en diversas artes como la lucha o la hechicería, en contra del expreso mandato de el padre de Elboron, el día que trajeron a la elfa herida de muerte, a la laguna...
[Editado por Earinkementari el 18-10-2008 19:54]