Historia privada
Opele Elena (Ciudad de las Estrellas)
Después de la horrible batalla que libre junto la tierras de mis padres me encamine hacia los puertos grises, el lugar donde evacuaron a mi familia, mi hermosa esposa Im_Cale y el fruto de nuestro amor, mis dos preciosas hijas, Ega y Sefora.
Había librado la ultima gran batalla de nuestra era en los limites del bosque negro, miles de orcos procedían del sur, yo nada mas enterarme del ejercito que venia a asediarnos mande a mi esposa y mis hijas a buen recaudo en los Puertos Grises, lugar donde estarían mas seguras y donde casi todas las elfas del reino de Thranduil se dirigían.
Tras una larga despedida me prepare para la inminente batalla, quedaban muchos días para la llegada del ejercito pero me habían asignado el puesto de explorador, una tarea en la que me consideraba un experto.
Tras varios días de largo camino llegue a divisar al ejercito que procedía de Mordor, pero también se les unían pequeños batallones de orcos procedentes del Dol Guldur, la batalla que se iba a librar iba a ser larga y sangrienta, era el ataque final del Señor Oscuro contra todos lo pueblos libres.
Llegue exhausto a la tienda de mi capitán y le informe de los movimientos del enemigo, estaba ya próximo y la defensa estaba ya preparada, me asigno un batallón de buenos arqueros elfos y me adjudico la defensa de la parte sur, donde el ataque seria mas fuerte, confiaba en mi ya que era un buen capitán y un excelente arquero.
La batalla fue sangrienta y muy dolorosa, mucho se perdió pero la recompensa fue la caída del Señor Oscuro Sauron, buenas nuevas nos llegaron de que el rey de los hombres además de conseguir acabar con el ejercito que asediaba Minas Tirith, tuvo el valor de presentarse a la mismísima puerta negra y enfrentarse a todo el poder del señor oscuro, pero la noticia mas rara es que una raza desconocida para nosotros y que los hombres llamaban medianos habían conseguido destruir el anillo único y axial el poder del Señor Oscuro.
Tras la batalla y después de que todo estuviese en orden pedí a mi rey el consentimiento de dejar estas tierras para ir en busca de mi familia e informar a los habitantes de los puertos grises de la gran victoria.
Tras una larga instrucción de los parajes que tenía que recorrer me dispuse a marchar, la jornada fue muy dura y llegue a Rivendel en apenas 2 días de viaje, allí pase la noche y cambie de caballo, al día siguiente me esperaría una gran travesía por ciertas tierras desconocidas para mi.
Pasaron los días y tras varias pausas para mirar el mapa me di cuenta que andaba perdido.
Una noche decidí descansar protegido al pie de una colina, pero en medio de la noche me despertó una luz cegadora provenía de la cima de la montaña pero estaba oculta por el bosque. Tenía curiosidad de saber que era esa extraña luz tan hermosa, así que me fui a averiguar que era.
Después de largo rato caminando entre las sombras por si había algún peligro me di cuenta que la luz daba sensación de paz, e incluso aquel bosque me recordaba a mi hogar en los años en que yo era joven y todo empezaba a despertar. Cuando llegue al claro de donde procedía aquella luz, me quede impresionado de ver tanta belleza.
Lo que mis ojos llegaron a ver fue una ciudad elfica. Estaba medio en ruinas pero se podía observar la majestuosidad que antaño había tenido, aun se conservaban las estructuras de los edificios, algunos estaban casi intactos se podía apreciar el trabajo de los arquitectos elfos en ellos, en total armonía con la naturaleza. Había crecido la vegetación alrededor de tal manera, que aún se podía apreciar la hermosa arquitectura de los edificios.
Pero lo que verdaderamente me maravillo fue la gran torre que se lazaba en la parte mas interna de la ciudad, era una torre esbelta, procedente de un gran castillo en forma de árbol que asemejaba a los grandes Mallorn de Lothlorien, pero la torre se alzaba en el centro, imponente, majestuoso, con un brillo blanco que a la luz de la luna parecía un trozo de estrella caída del mismo cielo.
Después de explorar la ciudad me encontré con unos planos que me guiaban hasta los puertos grises, reinicie el viaje y guarde los planos en una bolsita que llevaba colgada al cuello.
Tras largos días de viaje llegue al fin a los puertos grises y le conté a mi familia de la existencia de la ciudad y de lo hermosa que era, enseguida estuvieron de acuerdo en prestarme su ayuda para reconstruirla.
Tras mucho rato de discusión acordamos de ponerle el nombre de Opele Elena, que significa ciudad de las estrellas.
[Editado por dontoledo el 09-03-2005 14:28]
Desde hacia tiempo, teníamos noticias de la próxima batalla a librar en contra de las fuerzas del Señor Oscuro. No había día en el que no se nos informara de la situación en la que se encontraban todos los pueblos de la Tierra Media, especialmente de lo concerniente a nuestra gente.
Presentí que muy pronto llegaría el momento de levantarse en armas de nueva cuenta; y tal como lo vaticiné, todos los guerreros elfos fueron reclutados; entre ellos mi amado esposo.
Llegó el día de la separación, mis hijas y yo nos resguardaríamos en los Puertos Grises mientras el se dirigía a la batalla. Sentía un nudo en la garganta, pues sabía que no para todos abría un nuevo amanecer; si, tenía miedo de perderlo. Fui bendecida con el don de la premonición; pero me valía poco en ese instante, pues no podía forzar los sucesos a cambiar a favor de los seres que amo.
Dejé que mis hijas se despidieran; Sefora, la más pequeña, corrió a los brazos de su padre y le mostró una gran sonrisa que el le devolvió; en cuanto a Ega, la mayor, se limito a darle un beso y calló.
Los observé un momento, que me pareció una eternidad. Era mi turno; pero me resistía a hacerlo. No quería pensar en que quizás ese podría ser la última vez que vería su mirada, que lo tendría a mi lado. Él se acercó a mí y me sonrió dulcemente, yo soporté las ansias de llorar, pues sabía que para él también era un momento difícil.
-Te esperaremos.-le dije-Sé que volverás. Me abrazó, y se alejó entre las filas.
Cada día arribaban noticias nuevas, hablaban sobre bajas en ambos bandos. Mordor atacaba con fuerza; pues, como ya era sabido por todos, el heredero al trono del reino de los hombres había regresado. Teníamos aún esperanzas.
Después de varios días sin tener noticias, me encontraba ayudando a los demás a reforzar la protección del refugio, cuando tuve una visión. Una ola de energía me invadió y salí corriendo en busca de Cirdán; el gentilmente esperó a que me tranquilizara, entonces dije: -Lo han logrado, mi señor. ¡Han vencido a Sauron!-Me emocioné al ver su reacción; sabía que el confiaba en mi, siempre lo había hecho.
Pasaron días y Andresel no volvía. Ega y Sefora estaban preocupadas, pero se hacían las fuertes, sobre todo Ega, desde pequeña había mostrado ser fuerte; pero a la vez necesitaba de un gran cariño; en cambio Sefora era alegre y juguetona, le gustaba recorrer los lugares hasta el último rincón, sin importar que lo hubiese visto millones de veces, siempre había algo nuevo por descubrir.
Al fin un día, paseaba cerca del muelle, cuando lo vi llegar. Nos miramos a lo lejos y sonreímos. Caminó hacia mí. Nos abrazamos y no dijimos más.
[Editado por Im_Cale el 09-03-2005 23:21]
Mis ojos miraron a lo lejos y al fin pude ver los puertos gris, me acerque a los muelles y alli la vi, alta, hermosa y con los ojos brillantes como las estrellas, sali corriendo a abrazarla y con nuestras miradas nos dijimos todo el amor que sentiamos.
Antes de ir a mi casa me fui a ver a Cirdan para infromarle de las nuevas:
-Aiya Cirdan, señor de los puertos.
-Aiya dontoledo, te veo exhausto deberias descansar.
-Antes debo informarle mi señor, los ejercitos de la sombra han caido y nuestro pueblo esta a salvo, un gran rey de los hombres del linaje de los reyes numenoreanos ha conseguido destruir el ejercito del señor oscuro, pero lo mas extraño es que una extraña raza para mi desconocida y que los hombres les llaman medianos han sido los que han destruido el anillo unico.
-Todo eso ya lo se, ya he sido informado, pero veo en tus ojos una duda que nubla tu mente, y es eso lo que no te deja descansar, cuéntame.
-Mi señor, esa duda que me nubla la mente es por un lugar que encontré durante este largo viaje, es una ciudad que no viene en ningun mapa, es una antigua ciudad élfica, está en ruinas, pero todavía conserva la belleza y el esplendor que tuvo antaño, mi señor, ¿usted sabe algo de esa ciudad?
-La ciudad que me nombras me es totalmente desconocida pero me informare por si en la biblioteca hay algunos datos sobre esa ciudad, pero dado como la describes puede que sea una antigua defensa elfica.
-No mi señor, no tiene ni muros ni ningun clase de edificio para la defensa, en ella todo es hermoso, es una especie de lothlorien pero mas antigua, si cabe, pero seguramente sería mas hermosa que lothlorien, en ella los edificios son muestras de grandes trabajos de arquitectos élficos, y el edificio mas grande asemeja a un gran mallorn con una gran torre en la cima.
-De algo me suena esa descripción pero ahora mismo no me suena de donde lo he escuchado, de todas formas intentare enterarme de noticias sobre esa ciudad y te mantendré informado de cualquier cosa, ahora descansa y disfruta de tu familia.
-Mi señor antes de irme me gustaría que se quedara con este mapa que lleva a la ciudad, y me gustaría que buscara elfos que me ayudasen a reconstruirla.
-No te preocupes tus deseos serán cumplidos, mandaré a unos buenos obreros para que vayan reconstruyendo la ciudad, ahora descansa.
-Hantalë Cirdan señor de los puertos, Namarië
Tras la larga conversación me encaminé a mi casa a descansar y a ver a mi maravillosa familia.
[Editado por dontoledo el 11-03-2005 13:10]
[Editado por dontoledo el 11-03-2005 13:14]
[Editado por azghal el 11-03-2005 18:38]
[Editado por dontoledo el 17-03-2005 01:02]
A lo lejos, vi la figura erguida de mi padre, que avanzaba con determinación a nuestra morada. A su lado, mi madre, con aquella luz que desprendía le agarraba la mano, como si temiera que de un momento a otro se fuese a marchar de nuevo.
Al ver tal estampa una sonrisa me engalanó el rostro. La felicidad llenó mi alma.
Hacía tiempo que mi padre se había marchado al frente, en defensa de la libertad, en busca de un rayo de sol en esta noche cerrada que cada vez se hace más patente en el cielo, y en nuestros corazones. Mucho tiempo, a pesar de que para nosotros, los elfos, no corriera igual, y pocas cosas nos parecían largas.
Pasaron las jornadas y poco a poco dejé sentir el frescor del aroma que me dejó su pelo cuando me despedí de él entre abrazos y lágrimas, ni sentía su voz clara cuando me prometió que volvería, y me contaría sus historias, y me describiría todo cuanto hubiese visto intentando saciar mi curiosidad innata.
Mi madre también había dejado de brillar como antes, sus ojos ya no tenían esa luz en la que te sentías tan segura. Y a veces en la noche, se levantaba y me parecía que en silencio, lloraba.
Ega, por su parte, se había sumido en un silencio impenetrable, pero continuó fuerte, como una fortaleza inexpugnable, como siempre había sido.
Y yo, continué sonriendo, aunque con tristeza, porque si dejaba de sonreír, me derrumbaría.
Lo que más temí durante ese tiempo, es en no volver a oír al voz serena de mi padre, en no volver a escucharla contándome cosas, narrándome leyendas imperecederas. Y tenía la sensación de que si esa voz se apagaba, si esa voz caía, ocurrirían catástrofes terribles y Arda, estallaría en llamas.
Deseando escuchar sus palabras corrí hacia él por el camino que olía a las hierbas aromáticas que crecían a ambos lados del sendero. Y cuando llegué a él, le lancé mi mejor sonrisa, mi lágrima más alegre, y mis abrazos más sinceros. Mientras gritaba a mi hermana la buena nueva. Que vino corriendo de cualquier lugar donde se encontrara al feliz reencuentro.
Sus abrazos me llenaron, y las lágrimas, que casi nunca solían surcar mi rostro abandonaron su fortaleza que eran mis ojos y corrieron con dulzura dejando tras de sí, un suave rastro de mithril que brilló cuando la luna aparecía tímida en el ocaso rojizo e iluminó mi cara feliz al mismo tiempo que toda la familia entraba en casa.
Y cuando oí su voz, supe que de nuevo estaba segura.
Me encaminaba a mi casa como me dijo cirdan, al fin después de un rato andando llegue a la calle donde se encontraba mi casa, a lo lejos pude divisar a mis dos hijas esperándome; aún me acuerdo de aquel dia, hace ya 3 meses en que les prometí que volvería, a veces esa era la única voluntad que me ayudaba a vivir; ahora esa promesa se había cumplido, al fin volvía a casa.
Después del feliz reencuentro me sente en el sofa, a la luz de la chimenea y les conté la cruenta batalla librada en los límites del bosque negro y de los elfos que habían fallecido en ella, les miré las caras mientras hablaba y me di cuenta que ese rostro de alegría que habían tenido cuando llegué se fue apagando según iba contando, decidí contarles las buenas nuevas de la ciudad pero antes tenía que consultarlo con mi mujer.
Me fui hacia la sala de estudio con Cale y le dije:
-Amor mío, las niñas han sufrido mucho, deberíamos contarle mi descubrimiento para que tengan esperanzas, porque mucho se ha perdido y necesitan alguna ilusión si no queremos que se derrumben.
-Cariño, tu sabes como son tus hijas, saben soportar muy bien el dolor y el sufrimiento, pero tienes razón, deberíamos darle la noticia.
-Así será, se la voy a comunicar ahora mismo.
Me vovi al salón, donde estaban mis hijas esperándome y le di la noticia:
-Hijas mias, tengo buenas nuevas para vosotras.
-¿A si, padre?-dijo sefora, que era la mas alegre y mas aventurosa-cuéntanosla.
-Pues según iba viniendo hacia aquí, me perdí, y tras largos días de buscar nuevamente el camino encontré, durante la noche, una maravillosa ciudad élfica, construida seguramente en las primeras edades del mundo, en ella se aprecia el trabajo de elfos que hoy en día no habitan con nosotros, pero por desgracia la ciudad está en ruinas, a causa de que durante miles de años a estado deshabitada, cuando sea reconstruida iremos a vivir en ella, ¿qué os parece la idea?
-padre es la mejor noticia que he oído durante estos últimos meses-respondió sefora.
-Es una buena idea, pero, ¿estaremos solos viviendo en ella?-contesto ega, mi hija mayor y menos alegre que sefora.
-Hijas mías, me alegra que os halla gustado la noticia, y ega, no, no estaremos solos allí, hay muchas casas donde pueden habitar mucha gente, pero antes debe ser reconstruida para poder empezar a vivir.
-Padre, ¿porqué no vamos a visitarla?-dijo sefora con el rostro alegre.
-Lo deberíamos consultar con vuestra madre, pero antes debería descansar durante unos días, también tengo que preparar algunas cosas, después iremos hacia la ciudad.
Mis dos hijas me miraron con los ojos rebosantes de ilusión y corrieron a preguntárselo a mi esposa, la cual dijo, también contenta, que si.
Llegó el gran día de la partida, que mis hijas y mi mujer habían preparado durante todo estos días, yo, por mi parte, recluté a unos cuantos elfos de confianza por si nos encontrábamos con algunos orcos en el camino, Cirdan ya había mandado, hace dos días, a un grupo de carpinteros y restauradores para que fuesen reconstruyendo el lugar.
El cielo amanecía despejado, iba a ser bastante caluroso, un día típico de verano, levanté a mi familia y tras recoger nuestras pertenecias nos encaminamos a la salida de los puertos grises, allí nos esperaban el contigente de elfos. Ibamos todos en caballos, el mio era de un color beige, mientras que los de mi hijas eran de color marron claro y el de mi esposa un corcel marron de pura sangre.
Hacía un tiempo fabuloso y el primer día de marcha fue agradable y tranquilo, al mediodía descansamos en la sombra de un gran arbol y esperamos a que viniesen los exploradores con las noticias sobre el camino. despues de comer y descansar vinieron los exploradores y nos infromaron que hacia el este había un grupo de orcos muy numeroso, decidimos cambiar de ruta y proseguimos el camino.
Al día siguiente empezamos la marcha con una niebla muy espesa, tras muchas horas de viaje escuchamos un galope detras de nosotros, era uno de los exploradores que venia herido y con una flecha clavada en el hombro, llego junto a mi caballo y me dijo:
-Mi señor, un contingente de orcos ha venido siguiéndonos y gracias a esta niebla han conseguido alcanzarnos, me han tendido una trampa, pero he conseguido escapar, solo he conseguido ver a una docena de orcos, pero yo diria que hay mas de 50.
-Son malas tus noticias-le dije- ahora descansa y ve a que te curen rapidamente, nefcesitaremos de tu brazo. Ahora acamparemos aqui y prepararemos la defensa lo mejor que podamos-dije a todo el mundo gritando- el bosque es nuestro hogar, aprovechemos esa ventaja y limpiemos estas tierras de sucios orcos.
Tras estas palabras mande a mi familia a un lugar mas seguro para que no resultasen heridas, pero se negaron, eran buenas guerreras, yo lo sabia, yo mismo habia entrenado a mis hijas, pero mi corazon tendia a protegerlas, pero ellas eran de un temple fuerte y orgulloso, igual que su madre, no estabn echas para huir, querían combatir y luchar por la que sería su tierra.
Mandé a dos elfos que vigilasen los alrededores y buscasen al enemigo para saber su posición y sus planes, debíamos ser rápidos y adelantarnos a los movimientos del enemigo si queríamos ganar, aunque nos superaban en número disponía de un grupo de guerreros valientes y muy fuertes, no sería fácil acabar con nosotros.
Tras una deliberación con Brendil, el comandante elfo muy amigo mio, decidimos el siguiente plan de ataque. Nos dividiríamos en dos grupos, el primero haría de cebo, sería un grupo de no mas de 8 elfos y estarían recostados en un campamento improvisado, los demás estaríamos estratégicamente escondidos a poco pasos de este campamento para atacarles cuando se precipitasen al campamento improvisado y poderles atacar por sorpresa.
Pasaron las horas y al fin cayó la noche, era una noche sin luna, las estrellas serían nuestra única luz, pero dado la excelente vista de los elfos la oscuridad iría en nuestro favor para el ataque por sorpresa que íbamos a realizar.
Tras un rato de espera empezamos a oír alrededores los pasos de los orcos, los cuales pensaban que iban en silencio y serían capaces de sorprender con esos pasos sigilosos al grupo de elfos que se encontraban durmiendo delante suya, pero ni se imaginaban lo que les esperaba.
Oímos como un orco fuerte y con mirada astuta empezaba a dar órdenes, el edor que desprendían era insoportable y ese olor era el que yo tanto odiaba, mis ojos empezaron a tomar el color de la ira, mis músculos se tensaron, cojí el arco, coloqué una flecha y di la orden de que se preparasen para atacar.
Oímos, por fin, a Brendil dar la señal, inmediatamente di la orden de ataque y 20 flechas volaron en el aire para dar en el cuerpo de los orcos, tras varias descargas de flechas, y con mas de la mitad de bajas en el bando de los orcos, mandé coger las espadas y empezar el ataque cuerpo a cuerpo, los orcos estaban confundidos y atemorizados, no nos costo mucho acabar con ellos, pero mi sorpresa fue cuando vimos aparecer el otro grupo de orcos, por el cual nos habíamos desviado, corriendo hacia nosotros y dispuestos a dar todo despues de ver a sus compañeros muertos.
Enseguida me puse a mirar donde estaba mi familia, di la orden de reagruparse entorno al campamento improvisado, cogimos los arcos y empezamos a disparar, pero eran demasiados para acabar con ellos de esta forma. Me puse al lado de mi familia y tras unas palabras de ánimo mandé a los elfos que atacaran con espadas, la batalla que siguió fue bastante dura, perdimos a 13 compañeros, nosotros no fuimos heridos, pero acabamos exhaustos y mis hijas perdieron el conocimiento tras la valiente batalla que habían librado, les dije que descansaran y que mañana reanudaríamos la marcha.
[Editado por dontoledo el 17-03-2005 00:33]
En la batalla perdimos a varios hombres. Yo me daba a la tarea de curar a los heridos, mientras Ega y Sefora descansaban; la batalla las habia agotado. Andresel, se notaba un poco preocupado, quizás temiendo otro ataque. Se acercó a mi y dijo:
-Debemos patir cuanto antes.
-Está bien, dentro de poco tendran fuerzas suficientes para reanudar la marcha. Ahora ve a descansar, que necesitas recuperar fuerzas.
De mala gana accedió, queria protegernos a toda costa.
Al medio día volvimos a tomar camino. Sefora y Ega iban a mi lado, mientras Andresel iba al frente de la compañía junto a Brendil.
Despues de llevar horas en el camino, Sefora comenzó a impacientarse. Se colocó en la retaguardia y observó el paisaje. Al poco rato, regresó a todo galope, se acercó a mi y dijo:
-Creo haber visto fuego cerca de los árboles, quizas sea otro grupo de orcos.
-No te preocupes, avisaré a tu padre para que investigue que ocurre.
Sefora me miró un tanto preocupada, sonreí para darle ánimos, lo que al parecer funcionó.
Me dirigí hacia la cabeza del grupo, y comenté lo sucedido. Rapidamente llamaron a uno de los elfos que nos acompañaban y lo mandaron a investigar.
Al poco rato volvió sin novedades, no había encontrado nadie, ni siquiera rastros de alguna fogata. Absolutamente nada.
Esta información no hizo más que alimentar nuestra curiosidad y al mismo tiempo nuestro temor. Decidimos acampar en ese sitio y descansar, quizás habia sido la fatiga lo que hizo que Sefora viera eso.
Esa noche, no pude descansar. Me alejé un poco del campamento, pero antes tome mi arco y dos pequeñas dagas, por si se presentaba la ocación de utilizarlas de nueva cuenta. Estuve un instante sin escuchar absolutamente nada, cuando de pronto percibí voces. Me quedé en silencio para escuchar mejor y caminé hacia la direccion que el sonido me daba.
Despues de caminar a traves de un camino algo accidentado, logre visualizar la lus de una hoguera, cual fue mi sorpresa al ver a un grupo de elfos alrededor de ésta.
Al parecer uno de ellos se habia percatado de mi presencia y me pidió que me acercara. Me aproximé un poco aturdida, pues no esperaba encontrar a gente de mi raza en esta situación. Todos me recibieron con amabilidad y me invitaron a sentarme cerca del fuego.
Sus rostros me parecían familiares, pero no lograba recordar quienes eran. Al parecer se dieron cuenta de mi incertidumbre; ya que el lider del grupo me miró y dijo:
-Hace tiempo que no sabemos de ti Eruantalle.
Me quedé sorprendida al escucharle decir ese nombre, nadie me había llamado así. Él sonrió y volvió a decir:
-Desde hace mucho tiempo esperabamos tu llegada y la de los tuyos, el por que lo reservaremos para otro momento.
-Mi nombre es Lomendër, y mi grupo esta listo para partir contigo.
De pronto calló y miró a lo lejos, regresé la vista y vi a Andresel sorprendido.
-Es hora de que vuelvas con los tuyos- dijo Lomendër.
Me levante y me dirigi hacia Dontoledo, y juntos regresamos al campamento.
[Editado por Im_Cale el 25-03-2005 02:35]