Historia pública

Camino Hacia La Luz. Libro II: Días De Contrabando

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Fragmento 43 por aratir

Cuando se hubo marchado Atava, Hamad terminó de negociar el alojamiento de sus camellos y los carros y mercancías de su caravana. El sol ya estaba en todo lo alto del caluroso cielo del desierto, caliente a pesar de estar en otoño.

Estaba cansado y necesitaba, en primer lugar, tomarse algo fresco y descansar en una mesa de la posada. A veces, el organizar una caravana como aquella tenía su esfuerzo y era agotador.

Una vez que se dio la vuelta para informar a sus viajeros que ya podían deambular en el oasis sin preocuparse por las circunstancias, escuchó alguna tos en el lado izquierdo de él. Se trataba de un joven que había aparecido de repente, lo curioseó pero no lo había visto nunca. Era un hombre alto con media melena oscura y ojos grises y por su indumentaria parecía que había realizado un largo viaje.

-Señor, ¿eres el caravanero? – preguntó.

- Si, caballero. Soy Hamad.

El joven carraspeó antes de continuar. Esperaba que fuera admitido en la caravana, pues necesitaba ir a Adudran y viajar sólo por el desierto no era buena idea.

- Mi nombre es Nâthindar. Nâthindar Heruyuale. Me preguntaba si habría hueco en la caravana para viajar a Adudran. No tengo mucho dinero.

Hamad no parecía haber escuchado lo último pues estuvo unos minutos en silencio con la mano izquierda en el mentón, como intentando recordando algo.

-¿Heruyuale has dicho?

Nâthindar asintió con la mirada.

- Sí, así es. Entonces, ¿podré viajar en la caravana a Adudran?

- Perdona. Me suena tu apellido pero ahora no sé de qué. Buscaré a Darher para que organice tu contrato. Hoy descansaremos en el oasis y mañana a primera hora partiremos de nuevo. Bienvenido, señor Heruyuale.

Hamad hizo una reverencia y se giró para dirigirse hacia el resto de viajeros e informarle que estaba todo solucionado y que podrían ir a los distintos lugares del oasis.

Fragmento 44 por Theodoros

Sintió una desagradable picazón en la mano derecha. Miró el trapo con el que había envuelto las heridas de sus nudillos, y cayó en la cuenta que no se encontraba limpio. La mugre y la arena que contenía el harapo se le había metido en las raspaduras, mezclándose con la sangre. Le ardía.

Ceryon comenzó a practicar movimientos con la mano izquierda con la espada que le habían prestado. Nunca se sabe cuando uno se hallará en peligro y deberá recurrir a las armas. Y no podía manejar la espada con su mano hábil, la derecha.

Estuvo haciendo esto durante unos quince minutos, pero luego se aburrió y se sentó un momento.

El sol comenzaba a caer. Ceryon estaba descansando mientras disfrutaba de un espléndido ocaso. Siempre le habían llamado la atención. Siempre le habían parecido extremadamente bellos…

Pero su momento de tranquilidad duró mucho menos de lo que hubiera deseado. Oyó pasos que se acercaban detrás de el. No se dio vuelta a comprobar quien era. Esa era una de sus virtudes: casi nunca reaccionaba al instante. Podía darse cuenta cuando una situación era alarmante, pero siempre mantenía la calma. Trataba de ver que era lo que iba a hacer, y si era lo que realmente le convenía.

Pudo darse cuenta que los pasos se habían detenido. El individuo (fuera quien fuera) había dejado de avanzar. Ceryon no se movió. Permaneció unos instantes quieto, mirando como el sol se escapaba. Estiró un poco el cuello, mientras se acomodaba su larga cabellera hacia atrás. Despreocupadamente giró la cabeza.

Parado frente a él, había un individuo de media melena oscura, contrasta con los penetrantes ojos grises. Bastante alto, incluso algo espigado; le sorprendió el extraordinario parecido con él físicamente. Lo observó unos instantes en silencio.

-Salve, Rohirrim-dijo por fin el sujeto, para romper aquél silencio extraño en lugares como aquel.

Ceryon frunció el seño. No le agradaba para nada que supiera su lugar de nacimiento. Siguió callado, pero esta vez dejó de mirarlo, bajó la vista.

-Salve-se limitó a decir. Dio media vuelta y siguió observando el ocaso.

-Soy Nâthindar, de Gondor. Me gustaría saber tu nombre-. Pensó un instante. Disimuladamente tomó su espada. Si el individuo lo conocía como Capitán de la Marca, no podía seguir con vida.

-Ceryon.

-Puedes soltar la espada-le dijo Nâthindar.-No tengo motivo alguno para atacarte, y creo que tu tampoco a mi. Te he venido a ver, por que me he enterado que eres de Rohan. Después de todo, somos “hermanos”. Soy de Gondor, aunque eso creo que ya te lo dije.

Dejó caer la espada. Había algo en la voz de ese hombre que le decía que estaba siendo sincero, y que no buscaba problemas.

-¿Cómo sabes que soy de Rohan?

-Hamad me contó. Cuando se reanude el viaje, seremos compañeros. Ya arreglé mi contrato.

“Demonios. Me gustaría saber como Hamad se enteró que soy un Rohirrim”

-Aah…¿Y que hace un Hombre de Gondor aquí?

-Lo mismo que uno de Rohan- contestó Nâthindar riendo. Ceryon no puedo evitar sonreír.- A decir verdad soy un Montaraz. Estoy donde el camino me lleva. Y aquí me trajo. Y tú, ¿M e explicarás que haces aquí?

Con cualquier otra persona habría dicho un sombrío y seco “No”. Pero había algo en la mirada y en el habla de ese hombre que lo obligaba a responder. Pero no podía decir la verdad. Tenía que inventar una mentira rápida…

-Verás, mis padres murieron cuando yo era joven…-. “Esa parte es real” pensó- Y desde ese suceso me fui a vivir a Dassart… Pero me harté de ese lugar. Quiero otros aires. Por eso estoy en esta caravana.

Le pareció que era una mentira muy creíble. Al parecer había dado resultado.

-Ya oscurece…Hay unas cuantas posadas por aquí…¿Quieres acompañarme con un trago, para luego ir en busca de un par de hermosas damas?

Ceryon pensó que la idea de una copa era tentadora, y mucho más la de pasar la noche con alguna bella mujer. Pero fiel a su estilo, antes del ocio personal estan las obligaciones.

-Me encantaría. Pero otra noche será. Ahora tengo cosas que hacer-

Y sin más se paró, tomó su espada y comenzó a caminar, preguntándose donde podría estar el misterioso Nergol.

Fragmento 45 por peregrinoscuro

"Suaves y calientes son las mano de mujer,

fríos y lejanos quedan ya sus besos.

He de olvidar como era sentirme sobre su piel.

Aunque de memoria trate de recordar como eran sus gestos..."

Garlan trasteaba sobre el laud sin comprender dónde estaba la palabra olvidada. Las aguas que le cubrían hasta la cintura eran agradables, y por suerte, su cabello había perdido la suciedad de la ceniza que empleara para tiznar el dorado que, ahora, brillaba con fuerza.

Hizo recuento de los habitantes con los que había cruzado palabras en la caravana, el no tan agresivo como parecía Nergol, que defendió a sus hombres y latigó al culpable de la pelea. El inquieto Rom, el profundo y filosófico Stygh, la muchacha que viajaba en su montura... Hamad...

El muchacho observó su reflejo en el agua y sonrió, menos de veinte primaveras y ya comenzaba a formarse un mentón redondeado y una mirada salvaje. Sus cabellos tornaban a hacer ondulaciones cuando rozaban su cuello y sobre su mano aún se veía una marca en forma de dos arañazos... que apenas recordaba si era natural como cicatriz, o creada como tatuaje.

"En la cuadra por la noche,

Habla un potrillo a la yegua.

Quisiera ser mayor,

tener como el caballo autoridad

ser de la manada el más veloz,

El de la manada el más veloz.

Y sobre tierras negras galopar..."

"Pero aún eres un potro, algo salvaje y alocado... pero joven aún."

- Hey, percherón.

La voz sonó estridente en contraste con la del joven. Garlan miró sobre sus hombros y uns espada envainada oscilaba de un lado a otro sobre su cabeza.

- ¿Qué co...?

- Nergol os busca. Necesita de tus... servicios. Vístete y acompáñame.

- ¿Dónde está el por favor? -respondió rebelde el muchacho.

- Por favor, sal de ahí antes de que te saque a patadas -la espada se alejó dirección a la puerta, así como un hombre de espadas anchas y gachas que ejercía de portador. Sus cabellos estaban mal cuidados y sus ropas cubiertas de suciedad: "Otro caravanero..." añadió antes de salir como despedida-incentivo:- Espero fuera.

[Editado por peregrinoscuro el 13-03-2010 16:26]

Fragmento 46 por Elfo_Negro

El viaje sería largo, necesitaba "aliados" en la caravana.

Se jugaba mucho dinero en ese negocio, mucho dinero y su propio cuello: gente muy poderosa estaba involucrada en ese tráfico; esas novedosas armas podrían desequilibrar las fuerzas de la región; y no se le perdonaría el fracaso, lo matrarían como quien mata una cucaracha y seguirían en lo suyo.

No le gustaba sentirse un peón totalmente prescindible, pero todo eso tenía una ventaja... mucho, mucho oro.

Necesitaba "aliados".

Se vistió y ordenó a 3 de los suyos que iniciaran, con total discreción, los primeros contactos, que buscaran a gente ajena a ellos, con aspecto respetable (pero que, evidentemente, no lo fueran del todo) y que por una atractiva cantidad de oro fuera capaz de hacer que su pequeña comitiva dejara de ser mirada con malos ojos.

Con pasos largos se dirigió a una de las tabernas, la que consideró de más alta categoría, allí esperaría las noticias de los suyos. Había dejado la capa y uno de sus dos sables en la carreta: debía parecer un hombre “honrado”, o al menos no parecer demasiado peligroso.

[Editado por elfo_negro el 18-03-2010 15:14]

Fragmento 47 por aratir

Taurigale había dejado a Stygh conversando con el soldado del Puño y había decidido sumergirse en la ociosidad del oasis. El viaje no había hecho nada más que empezar y ya ella necesitaba llegar cuánto antes a Adudran, pero lamentablemente faltaba mucho tiempo y un duro viaje por el desierto antes de estar en la ciudad del sirhere. A pesar de todo, estaba resultando ser agradable pues Stygh era un buen conversador y le había contado muchas historias de los pueblos del sur, de los que poco conocía. Había disfrutado escuchando leyendas sobre los cisnes caídos, un pueblo bastante atrayente. Eso le había servido también para distraerse y para pensar en otra cosa, porque últimamente se sentía presionada y su mente no daba para más. Se preguntaba dónde estaría él, juraría que desde hacía un año no tenía noticias suyas. Esperaba no encontrarse sola, era lo que menos le apetecía.

En su camino hacia la taberna, la joven se cruzó con Ceryon, uno de los miembros de la caravana que se habían subido a ella una vez iniciado el viaje. Se acordó que el caravanero lo había nombrado una especie de explorador o guardián de la caravana.

- Disculpe, caballero – dijo a viva voz cuando se topó con él, y luchó contra la marea de gente para alcanzarse.

Ceryon se encontró desconcertado cuando la joven le detenía su caminar y la miró preocupado o sorprendido.

- Si, señorita. ¿En qué puedo ayudarla?

Taurigale sonrió alegremente y le tocó la mejilla mientras notaba como el joven se turbaba.

- Teníais algo en la cara – explicó ella.- Seguro que os apetecería invitarme a algo en la taberna. Mi compañero de viaje está hablando con un soldado y estoy tremendamente aburrida. ¿Os gustaría acompañarme?

Fragmento 48 por peregrinoscuro

La taberna estaba algo sucia y repleta. Olor a carnes asadas, diversos alcoholes y sudor, mucho olor a sudor. "Como toda buena taberna" pensó el joven bardo. Allí lo esperaba el caravanero llamado Nergol, que lo había mandado a buscar con delicadeza -supuso el joven.

- Un vino sin moscas, por favor -pidió el joven, cuando el tabernero lo miró de arriba a abajo apostilló mientras miraba a quien lo había citado- Paga el de aquella mesa del fondo.

Las formas son las formas, si le iban a pedir un favor, el ser tacaño no era de recibo. Así, con su jarra entre las manos y el laud oscilando bajo sus riñones llegó a la mesa donde lo esperaba Nergol.

- Sabéis... Sois la última persona que esperaría que requiriera de cualquiera de mis servicios. En fin, "señor", ¿Qué puedo hacer por vos?

Fuera o no una buena elección, sentía mucha curiosidad por la necesidad del oriental... así por cómo había llegado a transportar mercancías un hombre que no dudaba de usar el látigo con sus subordinados.

Fragmento 49 por Elfo_Negro

-Ese joven puede servirnos- le susurró al oido un de sus hombres -se llama Garlan, es el que toca el Laud...-

-Sí, ya sé quién es, también se maneja bien con el arco- le contestó bruscamente Nérgol, recordando el primer encuentro con ese mozalbete.

Garlan se acercó lentamente y Nergol lo invitó a sentarse.

-¿en que puedes servirme?- preguntó en tono distendido Nergol -Oh, en nada que tus dotes no puedan llevar a cabo con total perfección-

-¡Ah!, disculpa mi mala educación, mis muchachos me han dicho tu nombre, pero yo no me he presentado; soy Nergol, un humilde comerciante... al que se ha complicado un poco la caravana-.

Interrumpió la charla y llamó al tabernero -servid a este joven lo que desee-

El tabernero lo miró con cara indecisa -Sí, sí, ya ha pedido... un vino ¿lo pagará usted, verdad?-

Nergol arrugó la frente en una mueca violenta -¿yo, y eso por qué debería ser así?-

Garlan salió al paso al atribulado tabernero, que conocía a todo tipo de hombres y reconocía en Nergol al tipo al que es mejor no tocar las narices -Oh, disculpe, Señor, debe haber sido un mal entendido, seguramente es culpa mia y puede que haya dicho algo que llevara a este buen tabernero a pensar lo quie no era.-

-Bien, bien, tanto da,- dijo Nergol- ¡venga! Vayamos a lo nuestro, y tú tabernero, trae el maldito vino de una vez-

[Editado por elfo_negro el 19-03-2010 15:56]