El Señor de los Ladrillos

– Córcholis ! – exclamó Flojo. Lo cual no era una exclamación muy original. Perfectamente podría haber sido ¡ Reflautas ! , ¡ Cáspita ! o incluso ¡ Repámpanos ! , pero era la exclamación que Flojo tenía mas a mano y no dudó ni un segundo en hacer uso de ella.
– Silencio, pequeña criatura – le calló el individuo – si acaso no quereis llamar la atención de todos los parroquianos de este tugurio.
– Esta bien, pero yo creo que ya hemos llamado la atención de casi toda la población…
– Oh, si. Aquel tropezón que os habéis dado en el bar debe haber llamado la atención del Enemigo.
– ¿ Del Enemigo ?
– Pues sí… debeis saber que el Enemigo os sigue… Y que yo soy la única esperanza para vuestra salvación. Debéis confiar en mí.
– ¡ Primero debeis contestarme dos cosas ! – exigió Flojo.
– Pues bien, decidme cuáles son…
– Bueno, la primera es ” ¿ Quien sóis ?”
– Ah, “quien soy” es una pregunta en verdad difícil. Aquí y allá me conocen sólo como un Vagabundo Errante, pero quienes me conocen mas a fondo me llaman Troncos, el Vagabundo Errante.
– ¡ Venga ! – exclamó Pippin.
– ¿ Perdón ?
– No, que venga, hombre, vale y ya, y se acabó. Pues bien… ya sabemos quien sois…
– Pero aún me queda una pregunta para vuesa merced – interrumpió Flojo.
– Pues decidme, no me tengais en ascuas.
– Pues bien, su señoría, y no tengais a mal la pregunta que voy a faceros, pero vos podéis explicarme… ¿¿¿ PORQUE !@~#&% ESTAMOS HABLANDO TAN COLOQUIALES ???

Troncos miró fijamente a Flojo, y luego respondió:

– Saís que no sé ná porque ‘tabamos ablando así chaaaa, logo, pulento, bacánpoh.
– Ah, poh, haberlo dicho anté, chiguaaa – le replicó Flojo, colocando su indice bajo la barbilla en actitud de “te le cayo el casét”.
– Chi ! Que wea le pasa a etos giles culecos, ah ? – preguntó Pippin.
– No se que onda loco, pero me tinca que estos weones están hablando en la Florida Lengua del Sur de Santiagolirién. Ón. – respondió Samantha.
– ¡ Con razón ! Ya se me hacía conocido el dulce y musical sonido de la lengua de los Lonyis !

Y así siguieron durante un buen rato, hablando de noticias venidas desde la bella Granjópolis, de la distante Pinttana, y de la indómita Lalegua.

Troncos le relato a los Rabbits que él era el portador del Antiguo Sopapo de Laxur, que había sido roto cuando Laxur se enfrentó al Enemigo en una ardua lucha. Esta culminó en la muerte de Laxur por un estallido de vejiga, al quedar atrapado en una de las celdas de Gordor sin posibilidad de ir al baño.

De alguna forma el sopapo había llegado a manos de Troncos, y el esperaba que se cumpliera la antigua profecía que decía:

“Cuando el Gran Sopapo sea forjado nuevamente
cuando vuelvan las oscuras golondrinas en tu jardín sus nidos a colgar
cuando la deuda externa esté completamente pagada
cuando no hayan hoyos en la carretera panamericana
entonces, y solo entonces, llegará el momento de apretar cachete”

– Personalmente creo que es una bonita leyenda, pero no se si viviré lo suficiente como para verla cumplida – opinó Troncos.
– Yo tampoco – respondió Flojo – pero es muy probable que los Elvis si alcancen.

Mientras tanto, y cada vez mas cerca, los Jinetes Oscuros galopaban en medio de la noche. Lo cual era bastante arriesgado y estúpido, ya que dos de ellos ya se habían fracturado un par de costillas siguiendo el conocido mecanismo de dar contra un árbol a cincuenta kilómetros por hora.

Por esta razón, habían pasado del galope desenfrenado a un trotecillo elegante pero mucho mas seguro.

Uno de los jinetes se detuvo y anunció: – debemos reportarnos ante nuestro Señor. Debe estar ansioso de saber si hemos capturado o no al Rabitt. – Y diciendo esto extrajo desde su alforja un pequeño punzón, una tableta de arcilla y escribió un conciso mensaje.

“No hemos visto Rabbits. No hemos visto ningún ladrillo.
Debe ser porque es de noche.
Abrazos,

Sus Jinetes Oscuros”

– Bien, listo. Con esto deberá sentirse más tranquilo.
– Ehr, por casualidad ¿ has pensado como le vas a entregar el mensaje ?
– Ehmmm, bueno, eh, pensaba ir a dejárselo yo mismo, ¿ no ?
– …………… !!
– Eh, si, tienes razón. A ver, espera – y diciendo esto sacó una pequeña paloma mensajera desde un bolsillo de la alforja, y procedió a amarrarle la tableta de arcilla a una pata.
– Vamos, vuela, pequeña ! – exclamó arrojándola al aire.

La paloma dió un par de aleteos y luego cayó al suelo como una… bueno, como una paloma a la cual le hubieran amarrado una tabla de arcilla a una pata.

-¿ Mmmmejor olvídalo, quieres ? Los rabbits deben andar cerca, y muy probablemente el Ladrillo debe andar junto con ellos.

Sin embargo, muy lejos, en Gordor, Caurón vigilaba a los Espectros del Ladrillo con su Ojo Rojo.

Nadie tenía muy claro el porqué el Ojo Rojo había sido la enseña de Caurón durante los últimos siglos, pero si tenían muy claro que no se trataba de un episodio de conjuntivitis aguda o que a Caurón le diera por rascarse muy a menudo.

No, el Ojo Rojo vigilaba atentamente desde la Torre de Gordor, y para él, los Espectros del Ladrillo, esto es, los Jinetes, eran también sus ojos y oídos en los territorios de la Tierra Entera.

Caurón había sido el paradigma del villano durante mucho tiempo. Era el prototipo televisivo de lo que podía considerarse un villano. Si caminaba por un calle muy concurrida, la gente se daba vuelta a mirarlo y decía: “¡ Es un villano !” o también “¡ Que malo que es !”. Caurón era alto, musculoso, vestía de negro, y solía caminar con un séquito de Espectros torturando a quien se le cruzara si es que era lunes por la mañana o había tenido una mala resaca. Era de de esa gente que le gustaba patear los puestos de los mercaderes, robar princesas, asesinar héroes y mantener dragones hambrientos en el foso del patio para alejar a la gente. Era de esa gente que le daba cilantro a los conejos, así de malo era. Era tan malo que una vez le pegó a su abuelita en la iglesia para el día de las madres. ¡ Era malo !

Y hace mucho tiempo, en realidad mucho mas de lo que puede permitirse cualquier relato que no haya sido escrito por Isaac Asimov, Caurón había mandado a construir los famosos Ladrillos de Poder. Básicamente los había hecho pensando en ocuparlos como armas de guerra, pero posteriormente se había dado cuenta del grado de adicción que producían. Los Reyes de Los Hombres, quienes no tenían nada que ver con Los Reyes De La Colina, habían sucumbido al poder de los Ladrillos, y ahora eran meros espectros bajo el dominio de Caurón.

Bueno, eran tan sólo espectros, pero se vestían bastante cool, de eso no hay duda.