El Señor de los Ladrillos

Estos rumores llegaban a los rabbits de diversas maneras, y se comentaban en los bares y prostíbulos de Lomitón (bueno, que esperaban, ¿ que no hubiera ? con la cantidad de soldados que aparecen en el Libro y ninguna mujer, como creen que se las arreglaban ?). Precisamente, en uno de estos tugurios, llamado “El Dragón Heroinómano”, Samantha -err, perdón, Sam- y Tex Arenas, el hijo del molinero, comentaban la situación.

-Sheeee veen goshas exdrañas eshtos días, eeh ? -dijo Sam.

– Shiii…. Ashi dishen… pero son sholo habladurías – moduló Tex.

-Pero que mmme dicesh de los draggones – eructó – loshh dragones shi exishtennnn…. el odro -hic- el odro dia vi uno…. de color rosa… biennn bonito… y venía con hartossh enanosss verdessh…

– Losh enanosh si edxisten – acotó Tex en un espasmo de sobriedad.

– Bueno, si… pero y gue me dices del árbolll que vieron caminando ? Esho si que es rarooo….

– Esho lo vió mi prrrimoo Hal… es programador… no puedesh confiar en lo que te diga un programador….

Sam asintió con la cabeza. En realidad asintió con todo el cuerpo, de ebrio que estaba.

Ah, pero yo sii que ví un ffenómeno exshtraordinario… – anunció Sam.
-Shii ??? inquirió Tex.

-El odro día, cuanddo vedía de vuedlta del Bar a mi casha, digo casa, deciddí atraveshar la plaza a oshcuras… No debí haber hescho esso… porque de pronto… de entre las shombras apareció un extraño sser… no había vishto uno en treitna años y eshpero no verlo otdra vez…

-Que era ? – interrumpieron varios parroquianos, quienes habían seguido atentamente la conversación. (Bueno ¿ no tendrán nada mejor que hacer ?)

-Era largo y delgado – prosiguió Sam, abriendo los ojos – … tedía largosh cabellos enmarañados que llegaban hashta shu cintura… Lash largash piernasss terminaban en ampliosh piess… De shu cuello colgaban numerosshos símbolos heréticos… El rostro lleno de pelos hirsutos desperdigados…

Los parroquianos prestaban atención al cada vez mas espelunante relato. Algunos incluso tomaban notas.
– …. y lo peor de todo era el olorrr….. una exstdraña mezcla entre falta de aseo y pashto quemado…

-no me digas que viste un… – inquirió horrorizado Tex, quien había perdido su borrachera al darse cuenta de lo que Sam estaba insinuando.
-Si… eso fue lo que ví – anunció Sam mientras erizaba sus largas pestañas (postizas)

-… y el horror aún me invade cuando recuerdo esa fatídica noche. Azorado, encendí un fósforo y vi el rostro de…

…….. UN HIPPIE !!!!!!
– Horror ! ­ Abominación ! ­ Bestia Inmunda ! – exclamaron al unísono los parroquianos. El revuelo era tal que dejaron de prestar atención al strip tease que realizaba una joven rabbit. (Bueno, quien prestaría atención a una mujer desnuda que mide menos de un metro.)
– …. Y eso no fue nada – prosiguió Sam ante el horror de sus espectadores. – Mas aún, el Hippie me habló…

– Por Ilúvatar !
– Repámpanos !
– Recórcholis !
– Por los cuernos de Júpiter !
– Rechucha !

-…. y me dijo:

“Paz y amor hermanito – Tenís un cigarrito que me convidís ?”

El espanto de los rabbits llegaba a su clímax. Muchos abandonaban el recinto, deseosos de ir a proteger a sus esposas e hijas. (sobretodo, hijas). Otros lloraban ante la posibilidad de tener que soportar una nueva invasión de Hippies en Lomitón. Sería nuevamente el Woodstock, el Apocalipsis, el Armagedon. Todo en uno y sin posibilidad de retorno.

Sam se acomodó en su asiento, mientras Tex continuaba mirándolo. La gente huía de “El Dragón Heroinomaníaco” atropellándose.

– por cierto – prosiguió Sam – prodigios y portentos como este son malos presagios. Anuncian malas cosechas.

– O la aparición de un mal novelista – acotó Tex, un poco mas tranquilo, pero no lo suficiente como para dormir bien esa noche. O la siguiente.

Gandulfo regresó por esos días a Lomitón. Claro está , se había dejado crecer la barba y se había teñido el pelo para que no lo identificaran tan fácilmente, pero basicamente era el mismo patudo de siempre. Hasta que un día fue a Barril Cerrado, a hablar con Flojo.

– Gandulfo ! Regresaste ! – exclamó Flojo con alegría, al contemplar nuevamente a quien lo había convertido tempranamente en heredero.

– Así es, Flojo, pero esta vez traigo malas noticias. Es respecto a tu Ladrillo.

Flojo agachó la cabeza y miró hacia la bolsa de cuero en la cual guardaba su Ladrillo. Durante un segundo pensó que era estúpido andar con un Ladrillo colgando al cuello siempre, pero desechó esa idea rápidamente al retornar a su estupidez habitual.

-¿ Mi Ladrillo ? ¿ Que tiene de malo mi Ladrillo ? ¿ Tiene asbesto ? ¿ produce cáncer ? ¿ artrosis cervical ? ¿ pertenece al gobierno ? ¿ viene de Chernobyl ?

– No, no, no, mi querido rabbit. Nada de eso. – Gandulfo encendió su pipa con su encendedor de patito, aspiró un poco de Cannabis y prosiguió.

– El Ladrillo es peligroso en muchos sentidos. Es mucho mas peligroso de lo que me atreví a pensar en un comienzo, tan poderoso, que puede llegar a noquear a cualquier mortal que intentáse partirlo con la cabeza. El Ladrillo lo partiría a él.

Gandulfo asumió una actitud de -esto-va-para-largo- y se sentó en el borde de la mesa. Se paró rápidamente cuando la mesa se levanto y estuvo a punto de darse vuelta.

-Bien, la historia es así: “En tiempos remotos, fueron fabricados en Polpaico, muchos Ladrillos para los Elvis. Ladrillos de construcción como vosotros los llamais. La mayoría eran sólo greda cocida, fabricados por los alfareros de los Elvis. Ocasionalmente se empleaban en las batallas, ya que un ladrillo bien puesto podía parar al mas rudo.

Bueno, el caso es que también se construyeron otros ladrillos, Los Grandes Ladrillos, Los Ladrillos de Poder.”

Flojo miraba a Gandulfo. No podía concebir un término tan ridiculo como “Ladrillo de Poder”.

“Un mortal que reciba un golpe de uno de los Grandes Ladrillos, no cae atontado, pero tampoco queda muy astuto. El término mas exacto es que queda huevón. De por vida. Y si lo emplea menudo, ya sea para agarrarse a cabezasos, o para agarrar a ladrillazos a los demás, se va volviendo progresivamente mas huevón, hasta convertirse en un saco escrotal gigante….”

-Que aterrador ! – dijo Flojo.