El Señor de los Ladrillos

Así que el olor que existía en el Burro Pisador era una rara fragancia fruto de la noble cruza entre alcohol, frituras, vómito, excusados tapados y clientes que no se bañaban desde que aprendieron a caminar por su cuenta. Un par de buitres que entraron por equivocación en una oportunidad salieron dando arcadas. Incluso las moscas rehusaban entrar, si es que no se encontraban bien ocultas dentro de algún cliente.

– Bien, aquí estamos. – Dijo Flojo. Lo cual era una aseveración bastante tonta, porque era obvio que estaban ahí, y a que por lo general nadie dice “allí estamos” a menos que esté realizando un viaje astral o cualquier actividad que implique separar la cabeza del cuerpo. Así que podemos considerar esta frase como inexistente.

– La posada del Burro Pisador -respondió Pippin mientras espantaba las moscas que intentaban introducirse en cualquier orificio disponible de su persona – ¿ Qué se supone que haremos aquí ?

– Encontrarnos con Gandulfo… Dijo que nos vería acá debido a que tenía asuntos importantes que hacer en otros lados.

[ Hacemos un salto de imágen rápido para mostrar a Gandulfo durmiendo la mona en la casa de Flojo, en Barril Cerrado, sin mostrar la menor intención de ir a la posada en Brea]

Mientras tanto, uno de los clientes contemplaba fijamente a los rabitts. Su aspecto sugería que era el único que no estaba ebrio de los allí presentes. Permanecía absolutamente quieto, y sólo movía los ojos a la manera de los camaleones. Fijaba su atención en Flojo, y sobre todo, en el bolso de cuero cuadrado que este llevaba al cuello.

Flojo se acercó al mesón y se dirigió a Trigalillo Hipercolesterolémico.

– Eh, caballero… ehm, disculpe, pero yo y mis amigos necesitamos hospedaje…

Trigalillo miro a Flojo de arriba a abajo. Luego lo volvió a mirar en dirección inversa. Posteriormente lo miró de lado a lado y luego en diagonal. Flojo comenzó a marearse.

– ¿ Son ustedes…. rabbits ? – preguntó Trigalillo.
– No, somos Enanos y andamos de incógnito – respondió Flojo, algo picado.

Trigalillo lo miró pensativo un par de segundos, considerando la posibilidad de que en realidad fueran Enanos, pero luego desechó la idea. No llevaban barbas, ni lámparas, ni picotas, y ninguno de ellos entonaba el “hey-ho, hey-ho, vamos a trabajar” tan característico.

– No hay necesidad de ser agresivos – replicó Trigalillo – sabía que iban a venir, puesto que Gandulfo me envió un mensaje.
– ¿ Puedo ver el mensaje ? A lo mejor sabremos que es lo que desea Gandulfo.
– Por supuesto…. acá está…

El mensaje decía lo siguiente:

“Trigalillo:

Van unos rabbits.

Gandulfo”

– Vaya.
– Tan comunicativo como siempre – repuso Sam.
– ¿ Pero no habrá algun mensaje oculto en la nota ? – preguntó Merry.
– ¿ Mensaje ? Como quieres que haya un mensaje, si hay cinco palabras solamente !!! – contestó Flojo.
– Pues… no sé…. a lo mejor si lo leemos al revés…
– “¿ ollilagirt nav sonu stibbar, ofludnag ?”
– No tiene sentido.. a lo mejor es un hechizo, y hay que hacer gestos con las manos…
– A lo mejor es un anagrama, si ordenamos las sílabas puede salir una frase…
– Yo creo que es un telegrama, y el viejo amarrete no quiso gastar plata en mas palabras…

– ¡ basta ! – exclamó Flojo – mejor pidamos nuestras habitaciones y esperaremos con calma a que llegue Gandulfo. No debemos llamar mucho la atención.

Y diciendo esto, dió media vuelta y se dió de bruces contra la barra del bar, botando catorce botellas, un set de cristalería procedente de Brimp, dos juegos de servicio de hierro forjado y una cantidad indeterminada de ánforas de greda con diversos contenidos.

El estruendo fue tal que hasta uno de los clientes que estaba muerto -literalmente- levantó la cabeza para mirar a Flojo, antes de volver a morir. Tres hadas que pasaban por las afueras del pueblo tuvieron que taparse los oídos, y los sismógrafos localizados a 500 kilómetros detectaron las vibraciones producidas.

Y también un grupo de Jinetes Oscuros…

Ya anochecía cuando los Jinetes se detuvieron por primera vez siguiendo las órdenes de su líder. Este con un solo gesto, frenó a su caballo, y con voz sombría. proclamó:

“Me duele la guata. Deben haber sido los porotos que comimos en el camino. Voy a ir detrás de las matas y vuelvo”.

El resto de los jinetes contempló como su líder se marchaba altivamente, siguiendo el llamado de la naturaleza.

Sin embargo, regresó rápidamente, como impulsado por un oscuro deseo.

– ” ¡ El Libro ! ¡ Necesito el Libro !”
– ” Poderoso Maestro ” – respondieron al unísono los Jinetes – ” ¿ acaso os referís al Necroantieconomicon, el Libro del Fuego Eterno, Portador de los Oscuros Versos de Al-Mohada, Invocador del Espíritu Errante de Cuchulú, y cuya sola mención volvió locos a los Quinientos Héroes del Marmaridón ?”
– ” A Aquél me refiero. Necesito de su poder. ”

Haciendo una genuflexión, el Segundo de los Jinetes Oscuros tomó cuidadosamente al Libro, el cual venía envuelto bajo los Siete Pliegues del Manto del Poder, Sellado con las Nueve Invocaciones del Rito de Shul-al-Bihasa, protegido por las Veinticuatro Invocaciones del Cántico Sagrado de la Tribu Wanga-Wanga, de quienes se dice que descienden de los Hijos de las Estrellas.

Con gran reverencia, se lo entregó a su líder.

– ” Ah ” – exclamó aquel – ” al fin ” – y diciendo esto, se alejó hacia los matorrales.

Cuando regresó, el Libro tenía treinta páginas menos, pero el Líder de los Jinetes se notaba mucho mas aliviado.

Nunca sabremos que oscuro rito se realizó en aquellas lóbregas tierras, pero nunca nadie volvió a aventurarse en ese bosque, por temor a pisar algo húmedo, blando y humeante.


Mientras tanto, en Brea, los Rabbits disfrutaban de la atención de Trigalillo Hipercolesterolémico. Lo que básicamente significaba que éste aún no los echaba a patadas de su establecimiento. Cuando los Rabbits fueron a sus habitaciones, se encontraron con la puerta forzada, y en el interior, al mismo tipo que los había estado mirando fijamente en el bar.