La respuesta es… no. El propio Christopher en los libros de la Historia de la Tierra Media admite bastantes errores cometidos en su edición por diferentes razones. Pongo un ejemplo muy sencillo. En el Valaquenta se puede leer: «Námo, el mayor, habita en Mandos, en el oeste de Valinor». Pero, en realidad, en el Valaquenta escrito por Tolkien Mandos está «en el norte» no «en el oeste» de Valinor. Y Christopher, después de nombrar y explicar este error, dice: «lamento esta dudosa intromisión editorial». Este podría considerarse un desliz menor, pero hay otras decisiones de Christopher que deben ser tenidas en cuenta, pues afectan al relato, a la historia. He creído que un análisis de un capítulo complicado como De la ruina de Doriath mostraría la dificultad para componer el texto y hasta qué punto Christopher «inventó» y se alejó de lo que escribió su padre.
Análisis De la ruina de Doriath
Comencemos con un muy breve resumen del capítulo de El Silmarillion publicado:
Morgoth libera a Húrin de su cautiverio. Llega en solitario a Nargothrond. Mata a Mîm, el Enano Mezquino. Coge el Nauglamír, el Collar de los Enanos, y va a Doriath. Arroja el collar a los pies de Thingol y abandona el palacio. Thingol llama a los Enanos de Nogrod y estos engarzan el Silmaril en el Collar. Hay una pelea y Thingol muere. Los Enanos cogen el Nauglamír, pero es recuperado enseguida y entregado a Melian. Esta, apenada por la muerte del rey, entrega el Nauglamír a Mablung y parte hacia el Oeste. La Cintura de Melian desaparece, los Enanos entran en Doriath y hay una nueva batalla. Cogen el Nauglamír, pero en Sarn Athrad Beren los intercepta y se hace con él. Lúthien lleva el Collar hasta que muere y pasa a Dior, su hijo, que se instala en Menegroth. Los hijos de Fëanor atacan; hay varias muertes pero Elwing, hija de Dior, escapa con el Silmaril.
Como se ha dicho, Tolkien no desarrolló esta historia en el Quenta Silmarillion de 1937 ni posteriores. Cuando Tolkien empezó a escribir El Señor de los Anillos dejó a un lado su legendarium, y aunque lo retomó en los años 50, esta última parte no fue reescrita ni revisada. De modo que, en lo que concierne a De la ruina de Doriath, la última versión corresponde a la del Quenta de 1930. Las versiones anteriores son la del Cuento de Turambar, cuyo relato llega hasta la partida de Húrin de las Mil Cavernas, su continuación en el Cuento del Nauglafring y el Esbozo. No obstante, hay dos obras más que aportan una pequeña información a esta historia. Una es La Cuenta de los Años, de aprox. 1951, que avanzó más allá del punto en el que fueron abandonados los Anales Grises. El otro texto es Los vagabundeos de Húrin, escrito a final de los años 50, que narra la historia de Húrin en Brethil. Aunque la intención parecía ser desarrollar su llegada a Nargothrond y el posterior viaje a Doriath, esto no sucedió.
Christopher Tolkien dedica dos páginas de La Guerra de las Joyas para hablar de este capítulo, De la ruina de Doriath. Después de enumerar todo lo que su padre había escrito acerca de esta historia (explicado en el párrafo anterior) nos informa que hay cosas en el capítulo de El Silmarillion que su padre no escribió en ninguna de sus versiones de la historia:
«Al comparar este material con la historia que se cuenta en El Silmarillion observamos de inmediato que la última se ha modificado sustancialmente, y que posee algunos rasgos esenciales que no están presentes en ninguno de los escritos de mi padre»
En El Silmarillion, Christopher omitió todos los sucesos de Húrin en Brethil que se narran en Los vagabundeos de Húrin. El texto era demasiado extenso para ofrecerlo íntegro, pero podía haber hecho un resumen como fue el caso de la historia de Túrin o la llegada de Tuor a Gondolin. Christopher hablaba así de esta supresión de acontecimientos, llegando a arrepentirse:
«En el Silmarillion publicado lo omití, excepto el vano intento de Húrin de llegar a Gondolin y su hallazgo de Morwen moribunda junto a la Piedra Erguida. La tumba de Morwen es obra solo de Húrin, y una vez que la terminó «fue hacia el sur por el antiguo camino que conducía a Nargothrond».
Me pareció que incluirla habría acarreado una gran reducción, una recomposición del texto como yo no deseaba llevar a cabo; y dada la complejidad de la historia temía construir así una narración confusa, carente de sutileza […] Sin embargo, ahora, muchos años después, me parece que fue forzar demasiado la idea y la intención de mi padre: surge así la cuestión de la idoneidad de intentar hacer un Silmarillion «unificado»».
Los proscritos