Historia privada

Los Ojos del Cuervo

Finalizada 13 fragmentos Página 1 de 2
Fragmento 1 por RavenRauglin

Dol Amroth, año 3017 TE

-Acepto.

Y eso selló su destino.

Lo que Raven acababa de aceptar era una propuesta de matrimonio para sellar la paz entre dos clanes en guerra.

Y lo había aceptado tras las \"recomendaciones\" nada amistosas de su Clan.

El novio: un chico corto de ideas y nada agraciado, hijo del jefe del Clan rival.

Durante la celebración del compromiso. Raven se alejó de la fiesta. No tenía nada que celebrar.

\"Excepto mi condena a una muerte lenta y agónica en vida\", pensó amargamente.

Su padre adoptivo, Daedur, se acercó a ella. La había recogido de la calle cuando sólo era un bebé, y le había enseñado todo lo que necesitaba un buen ladrón para sobrevivir. Pero no había encontrado mejor uso para ella que un matrimonio arreglado...

-¿No estás contenta? Es un chico rico, y esto te dará todo lo que necesites para el resto de tu vida. ¡Deberías agradecérmelo!

Raven lo miró con desprecio. Daedur retrocedió: a pesar de haberla criado, nunca se había acostumbrado a los ojos de la muchacha. Tenía el pelo negro como las plumas de los cuervos (de ahí lo de Raven, \"cuervo\"), y sus rasgos eran los de una elfa, bastante bonita. Pero esos ojos no cuadraban con el resto de su cara...

Rojos como el fuego: Rauglin, Mirada de Demonio.

Cuando ponía mala cara, aterrorizaba. Y ella lo sabía bien, no en vano era su mejor recurso para mantener a los hombres de la banda en su lugar...

Y ahora lo estaba usando con él. \"Pobre muchacho\" pensó Daedur, \"no va a tener la más mínima posibilidad de domarla...\"

-Es un imbécil sin una maldita idea en la cabeza que no sea beber y rascarse... Un buen partido, \"padre\" -esto último lo dijo con sorna- estarás contento por el dinero que esto te va reportar.

Daedur se levantaba para alejarse. \"Es posible que sea un idiota\" dijo muy bajito para que sólo ella le oyera, \"pero es lo mejor que vas a encontrarte en tu vida... ¡con esos ojos de demonio ningún hombre te miraría sin morirse de asco!\"

Y la dejó sola.

No iba a llorar. No había llorado en su vida, y este no iba a ser el momento que lo hiciera. No iba a darles ese gusto.

Y tomó una decisión.

Daedur llamó a varios de sus hombres, hombres duros y sin escrúpulos a los que les daba igual derramar sangre o no, siempre que lograran un buen botín.

\"La chica trama algo. Seguro que intentará fugarse. Quiero vigilancia por toda la casa y sus alrededores toda la noche\" y miró hacia donde estaba ella, \"la llevaré hasta el altar, aunque sea a rastras.\"

La fiesta acababa y la gente empezaba a desperdigarse. Raven seguía sentada sola, meditando su decisión.

Alguien la miraba de lejos, y también pensaba en su futuro.

[Editado por ravenrauglin el 12-07-2005 20:18]

Fragmento 2 por RavenRauglin

Esa noche los ladrones montaron guardia alrededor de la Casa. Iba a ser una larga espera hasta que amaneciera, pero para su sorpresa se encontraron con una caja de licores, de la que se dispusieron a dar buena cuenta.

Y lo que suele pasar: tras varios brindis por el novio y su \"buena\" suerte, se quedaron profundamente dormidos.

Raven se asomó a la ventana de su habitación y observó a sus compañeros dormir como marmotas. El viejo truco de la borrachera nunca fallaba.

\"Estúpidos. Si ahora llegara la guardia del príncipe, despertarían en las mazmorras\" pensó con rabia, \"pero ya no es de mi incumbencia.\"

Con un agilidad digna de un gato, saltó por la ventana y corrió por las calles de la ciudad.

Su destino: los acantilados del puesto.

Allí se frenó. Miró hacia el mar negro y agitado. El acantilado no era muy alto, pero unos salientes afilados y unas olas enormes rompían sin cesar.

\"No tengo miedo. Es lo mejor.\" se repetía Raven una y otra vez, tratando de convencerse de lo que iba a hacer. \"No dejo ningún familiar que sufra mi pérdida\" sonrió amargamente.

Las olas rompían con un ruido ensordedor. Un águila marina pasó cerca de la chica. Volaba hacia el horizonte, cada vez más lejos...

Volaría y sería libre.

- No tengo miedo.

Y dio un paso adelante.

[Editado por ravenrauglin el 23-04-2005 19:48]

Fragmento 3 por RavenRauglin

- ¿Estás loca, niña?

Raven estaba en el suelo, aturdida por lo que acababa de pasar.

Ya había separado los pies del suelo, y sentía el aire en la cara mientras caía hacia el mar, cuando de repente alguien tiró de ella hacia atrás.

Una mano se le ofrecía para levantarla del suelo. Cuando levantó la mirada, se encontró con unos ojos verdes que la miraban con preocupación.

Raven lo reconoció: Era Beindir, uno de los hombres de Daedur. Alto, pelo castaño, un poco mayor que ella y con una sonrisa de suficiencia siempre en el rostro. Raven nunca había hablado con él fuera de las órdenes necesarias para los robos.

No estaba entre los hombres que vigilaban la Casa, por eso no había acabado borracho como los demás.

-Siento haber sido tan brusco -dijo el hombre- pero te vi caer y no pensé sino en cogerte...

-... y llevarme ante Daedur ¿no? -le apartó la mano de un golpe- ¡Esa es tu misión: vigilarme! ¡Y si me tiro al mar, tendrías problemas muy gordos con el jefe, por eso me has agarrado, no porque te preocupe!

Raven explotó de ira: su única oportunidad de escapar al sufrimiento había sido desbaratada.

- Si quieres llevarme a casa, tendrás que arrastarme- y se sentó con las piernas cruzadas en el suelo.

Y rompió a llorar. Comprendía lo infantil que era esa postura, pero en ese momento no podía hacer otra cosa. No le importaba que ese hombre la viera llorando: ya no tenía motivos para hacerse la fuerte.

Beindir se sentó delante de ella, y cogiéndola suavemente de la barbilla le hizo mirarle a los ojos.

- Daedur no me ha mandado, pequeña... en realidad hoy era mi noche libre- sonrió ampliamente- y me he visto salvando a la hija de mi jefe. Esto debería contarlo como horas extra...

- Y si no te manda el Clan, ¿por qué me seguiste? - y de otro golpe le apartó la mano de su cara. No estaba acostumbrada a los gestos de cariño, y lo tomó como un intento de propasarse.

- Bueno...- dijo mientras se frotaba la mano: le había clavado las uñas- estaba en una de las tabernas del puerto cuando te vi pasar corriendo. Me picó la curiosidad y te seguí...

Raven se levantó y se puso a caminar por las rocas. No quería saber más, sólo que la dejaran sola para poder pensar.

Beindir la seguía de cerca, sonriendo divertido. La había estado mirando ese mismo día en la fiesta de compromiso: una chica tan joven (\"y bonita, a pesar de esos ojos\" se dijo a sí mismo) obligada a casarse con un idiota y por dinero...

Había ido a parar al Clan de Daedur por pura casualidad: sus padres vinieron huyendo de la Sombra que se alzaba cerca de Ithilien. Murieron al poco de llegar a Dol Amroth, y él se vio robando en la calle para comer. Daedur vio la habilidad del muchacho y lo incluyó en su grupo.

A pesar de que le debía al Clan muchas cosas (prácticamente la vida), nunca había simpatizado con sus ideales: Daedur permitía la violencia en los robos, mientras que Beindir intentaba no causar ningún daño, sólo coger y huir.

Llevaba un tiempo pensando en irse del Clan, pero no había reunido el valor suficiente, ni tenía la habilidad para salir de la ciudad sin ser visto. Pero Raven sí podía, sólo necesitaba un empujoncito...

\"Si ella ha tenido el valor de intentarlo- de forma drástica, pero lo hizo-, ¿por qué no yo? Y no me iría sólo...\"

- ¿Por qué me sigues? Le gritó Raven, rompiendo sus pensamientos.

Beindir sonrió - Tengo algo que proponerte, chica: la forma de escapar a tu boda... y seguir respirando.

Raven se quedó de piedra: ¿estaba insinuando una huída? ¿con qué motivo le ayudaba?

- Si haces esto para lograr algo a cambio, es mejor que vuelvas a la taberna- dijo Raven sombríamente- estoy desesperada, pero es por mi dignidad por la que quise tirarme.

Y siguió caminando.

- Nada de eso, niña- Beindir entendía que recelara, pero él sabía cómo convencerla, de pronto se le ocurrió- ¿Qué te parece salir de aquí y formar otra banda en cualquier otro lugar de la Tierra Media? ¡Serías la jefa y nadie te daría órdenes!

Raven paró en seco.

Beindir dio en el clavo: Raven era demasiado orgullosa para recibir órdenes, lo había notado en los trabajos que había hecho para el Clan. Ya tenía dos motivos para huir...

- ¿Una banda? - dijo Raven- ¿Y tú qué pintarías en ella? ¿Co-jefe?- Raven rió de forma sarcástica.

- Por ahora sólo quiero salir de la ciudad. Ya hablaremos de eso después.

Raven seguía sospechando, e intentaba razonar lo que pasaba. Beindir se acercó a ella y le volvió a coger la barbilla para mirarla a los ojos. Esta vez ella se dejó. Era la primera vez que alguien le aguantaba la mirada, y eso -a su pesar- le gustaba...

- Sé que desconfías, -sonrió- pero sabes que es tu única posibilidad de escapar a tu boda - Beindir miró al cielo- está amaneciendo...

Era cierto. Ya el Sol salía, y su boda estaba a un par de horas...

Miró hacia el horizonte: el águila que había pasado cerca de ella cuando decidió saltar volaba hacia tierra.

Hacia el interior, lejos del mar...

Raven secó sus lágrimas y recuperó su mal carácter cotidiano.

- Bien, si vamos a irnos, hay que darse prisa- empujó a Beindir y se dirigió hacia la ciudad- con un poco de suerte seguirán durmiendo, podemos coger unos caballos y algo de dinero... Yo me encargo de la huida, tú espérame en la Puerta de Edhellon... hay que darse prisa.

Beindir se asombró de la recuperación de la chica, pero eso le daba esperanzas- Como quieras, cielo.

- ¡De cielo nada, ni cielo, ni chica, ni niña ni nada por el estilo!- le gritó Raven mientras bajaba por las rocas- ¡Soy Raven Rauglin y así me llamarás!

Beindir asintió divertido. No sabía ni adonde irían, pero desde luego iba a ser divertido compartir camino con esta niña aspirante a Jefe de Clan....

[Editado por ravenrauglin el 23-04-2005 21:55]

Fragmento 4 por RavenRauglin

Terminaba de amanecer. Aún no salían los pescadores a la mar, ni el tabernero abría su negocio. Todos dormían.

Todos menos los soldados de yelmos plateados: las puertas estaban fuertemente vigiladas, y más desde que rumores de ataques a Rohan y de una inquietante Sombra en el Este llegaban a la ciudad.

Pero Raven conocía cada palmo de las murallas, y sabía dónde había un hueco lo suficientemente amplio para que cupiera una persona...

Fuera dormían los caballos de los mensajeros, atados en las postas. Dos zanahorias a dos de ellos, y ni un relincho.

Una hora antes de la boda, Raven y Beindir estaban a varias millas de Dol Amroth.

Varias horas después, el hambre les indicó que era mediodía. Pararon en el camino y se sentaron a comer. Beindir había cogido de las casetas de los soldados varias bolsas llenas de pan y carne salada, además de vino y galletas.

- Bien- dijo Beindir chupándose los dedos-, y ahora, ¿adónde vamos?

Raven le miró con incredulidad -Creía que eras tú el que lo sabía... ¡Yo nunca he salido de Dol Amroth!

- Llegué a la ciudad con tres años, como comprenderás no recuerdo otro sitio... - se burló Beindir, pero pronto se puso serio - Hacia el Norte está Rohan, pero se cuenta que están siendo atacados...

- ¿Por quién? -preguntó Raven con la boca llena de galletas.

- Ni idea, supongo que orcos y cosas así... -Beindir se estremeció. Recordaba el alivio de su madre cuando salían de Ithilien. \"¡Ya no veremos más Yrch!\" decía - Pero todo el Sur y el Este es igual de peligroso, da igual dónde vayamos.

Raven necesitó beber un buen trago de vino antes de poder tragarse las galletas - Bueno, tendrá que ser un sitio con pardillos... gente a la que robar -sonrió ante su broma - o donde haya elfos, tienen muchas joyas y ropa bonita...

- ¿Y cómo lo sabes si nunca has visto uno, aparte de ti misma? - rió Beindir de buena gana: había notado que la chica estaba bebiendo demasiado - Sí, eso dicen. Que tienen joyas y que son muy bellos... tú misma lo puedes comprobar si te miras en un espejo... - la miró con ojos pícaros- eres muy bonita, demasiado incluso para los ojos de los hombres...

Raven sonrió. Había acabado con una botella de vino y estaba empezando otra. - No creo que sea tan bonita. Aunque seguro que sería más bella con esas joyas élficas, y sin estos ojos... *hics* - los efectos del alcohol se estaban dejando ver - Ojalá no tuviera estos ojos, y sí esas bonitas y relucientes...

Y pensando en las joyas élficas, se desplomó.

*****

Cuando despertó, era de noche cerrada.

Estaba boca arriba, tumbada en la hierba fresca. La habían tapado con una manta y dejado junto al fuego.

A su lado, un poco de pan con carne y una cantimplora con agua.

Buscó a Beindir con la mirada, pero no lo vio. Y la cabeza le dolía terríblemente... Recordaba haber bebido mucho. Y a Beindir hablando de joyas y de belleza...

De su belleza.

Raven palideció. ¿Habría aprovechado ese hombre su estado para lo que ella se estaba imaginando?

Buscó la daga que siempre llevaba en su cinto. No estaba. Tampoco el cinto.

Se quedó mirando al fuego, aún aturdida y con el miedo atenazándola.

En esto Beindir apareció. Tenía el pelo mojado de lavarse en el río. La miró e hizo un gesto de alivio.

- ¡Por fín despiertas! ¡He tenido que cargar contigo veinte millas, vigilando que no te cayeras del caballo! - señaló hacia la cantimplora- a partir de ahora, sólo agua. No podemos retrasarnos más, podrían estar sig...

- ¿Qué me has hecho? -preguntó Raven con un hilo de voz.

- ¿Hacerte de qué? -Beindir parecía perdido. Raven enrojeció.

Entonces comprendió. Se acercó a la chica, que se apartaba. La cogió de la mano y se sentó a su lado. Ella escondió la cara y las lágrimas empezaban a resbalar por su cara.

- Te está bien empleado. -le dijo muy seriamente- Si hubiera sido otro tipo de hombre, ten por seguro que te habría pasado lo que estás pensando. - le acarició el pelo y sonrió. -Tranquila, Raven. No te he hecho nada ni te lo haré.

- ¿Y por qué decías que era bonita y todo eso? - Raven ya respiraba más tranquila. Se soltó de la mano de Beindir y se puso de pie, mirándolo con suspicacia - ¿Y por qué me quitaste el cinto con la daga?

- Quería ver si aceptabas un cumplido - y se rió para sí, pero permaneció serio por fuera - y también quería averiguar cuánta confianza tienes depositada en mí... Ya veo que poca. - fue hacia las bolsas de comida y sacó algo de una de ellas: era el cinto de Raven, con su daga. - te lo quité para que no te clavaras la hoja mientras dormías.

Raven enrojeció de nuevo, pero esta vez de vergüenza. Le arrebató la daga de las manos. - No vuelvas a hacerlo -le dijo mientras se colocaba el cinto. -Nunca. - y lo miró con furia. No quería que se tomara libertades.

- Como quieras - murmuró Beindir, y fue a tumbarse cerca del fuego. - Eres muy extraña: si te salvan la vida te enfadas - la miró con rencor fingido - Me siento bastante ofendido, Raven -tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no reírse - será mejor que mañana nos separemos, así no habrá problemas - se viró hacia el lado contrario y se tapó con la manta.

Raven permaneció despierta el resto de la noche. Se sentía fatal por cómo lo había tratado, pero se sentía peor por haberse mostrado tan débil.

\"Debería haber buscado la daga y lanzarme contra él desde el primer momento, no ponerme a lloriquear\" -pensó con rabia - \"Pero me hubiera equivocado, y ahora estaría sola, aquí en medio de ningún lado... \"

Miró hacia las estrellas. La noche estaba preciosa. No era una noche en la que se debiera derramar sangre.

Bajó la mirada hacia Beindir, que ya roncaba plácidamente.

\"Por una vez, y espero que no se repita\" - pensaba mientras sonreía para sí misma- \"me alegro de no haber encontrado la daga\"

******

Amanecía.

Cualquier rastro de enfado había desaparecido de Beindir.

¿Separarse? ¿Había dicho él eso? No lo recordaba...

La verdad es que casi no recordaba el porqué del enfado, ya que Raven estaba especialmente risueña esa mañana.

\"Y eso\" -pensó Beindir- \"no se ve todos los días...\" -y sonrió con dulzura- \"Ojalá fuera así siempre... hace que te olvides de esos ojos por completo\"

- Bueno -dijo Raven tras colocarle la silla a su caballo - ¿ya sabemos a dónde vamos?

- A cualquier ciudad de la Tierra Media donde haya gente con dinero - Beindir subió al caballo - y por lo que sé, la más importante está al Este... Minas Tirith.

- ¿Minas Tirith? ¿al Este? - Raven se estremeció - ¿Tan cerca de la Sombra?

- Quizás - Beindir recordaba esa ciudad: a pesar de haber pasado por allí con pocos años, no había podido olvidar la blancura de las calles y la belleza de los edificios. Nada que ver con una Sombra amenazante - Pero a algún sitio hay que ir... Bueno, tú eres la jefa- miró a Raven con burla- así que decida usted, \"Señora.\"

Raven miró hacia el Oeste. Dol Amroth ya no se divisaba.

La verdad es que ni siquiera se había vuelto a mirarla por última vez antes de huir...

Miró hacia el Este: un camino rodeado de árboles se abría ante ella.

Ni rastro de una Sombra...

- A Minas Tirith - y espoleó el caballo.

Y se lanzaron a la carrera.

[Editado por ravenrauglin el 29-04-2005 16:22]

Fragmento 5 por RavenRauglin

- Qué montañas tan grandes...

Raven tenía que echar atrás la cabeza para poder ver las cumbres.

Jamás había visto montañas, y estas le parecían enormes...

Y terroríficas.

Beindir llenaba las cantimploras en el río mientras la miraba. No podía evitar sonreir: con esos ojos tan grandes y los rasgos élficos, parecía una niña que descubriera el mundo por primera vez.

\"Es que es una niña\" -pensó Beindir, y miró hacia las montañas también.

Habían remontado el río Morthond desde Edhellon, dejando atrás Dor-er-Ernil. Estas montañas no las había visto Raven... se pasó ese tramo del viaje durmiendo la borrachera que había cogido el día de su huída.

- ¿Por qué bebiste tanto? ¡Nunca te había visto así! - Era normal que los ladrones se emborracharan tras el éxito de un golpe, pero ella simplemente se iba a dormir: \"No voy a darle la mitad de mi parte al tabernero\", solía decir.

- No lo sé -Raven se encogió de hombros - Sería el vino, que era muy fuerte... los soldados no deberían beber así si tienen que vigilar las murallas... -y lo miró de una forma bastante elocuente: \"no vuelvas a mencionarlo.\"

\"Sí, muy fuerte el vino...\" - se mofó Beindir - \"Estabas aterrorizada y, para tranquilizarte, te emborrachaste. Pero bueno\" -y suspiró- \"mientras no lo hagas de nuevo, perfecto.\"

Y se iba a encargar que no pasara: se había deshecho de las botellas que quedaban. A partir de ahora, agua para los dos.

Regresó junto a ella - No te asombres tan fácilmente- le dijo con sorna -, hay montañas mucho más altas que estas. Siempre hay una montaña más alta que la que has visto...

- Imposible - Raven lo miró con asombro- , sólo unos dioses podrían haberlas hecho... o unos demonios -se estremeció- son muy altas y escarpadas...

- Lo que tú digas- dijo desganado: no le interesaba mucho el tema- Estas son las Montañas Blancas. Al final de ellas, está Minas Tirith. - suspiró- nos queda mucho viaje...

- ¿Por qué por aquí? - Raven habría preferido ir por el sur, a través de Belfalas - ¿Por qué por las montañas?

- Toda esa zona está controlada por los piratas - Beindir puso cara de transcendencia: hacía que Raven abriera los ojos aún más, y eso le hacía gracia - Corsarios negros.

\"Gente sin piedad que viene del sur más lejano...-bajó la voz- Arrasan con todo y no dejan a nadie con vida, excepto -y miró a Raven de arriba abajo- a preciosas doncellas elfas, y no precisamente por piedad...\"

Raven le tiró una piedra que dio en el brazo de Beindir. - ¡Ey, no tengo culpa de que actúen así! - se frotó el lugar del golpe - ¡Podías haberme dado en la cabeza!

-No se habría perdido mucho -murmuró Raven sombríamente.

Estaba de muy mal humor: no le gustaban esas montañas. Echaba de menos el mar y el tener delante ese muro de piedra no le ayudaba a tranquilizarse.

- ¿Por qué tendría que temer a los Corsarios? - dijo con altanería- Son hermanos de profesión, no nos harían daño. Los veía a menudo en la Casa. - Raven miró furiosa a Beindir -¡Podríamos haberles pedido ayuda, y no estaríamos ahora corriendo por las montañas!

Beindir la miró con tristeza: \"Que poco sabes de este mundo, Muineth\" Así la llamaba en su mente: \"Querida Jovencita.\"

- Lo más probable, Mui... Raven (\"uuuf, ¡casi se me escapa!\" - pensó aterrorizado) es que tu \"padre\" - sarcásticamente dicho - les haya pedido a tus \"hermanos\" de profesión que te busquen, y no creo que para pedirte perdón...

Raven palideció. No había pensado que Daedur pudiera estar buscándola... y sin embargo era lo más probable. \"Le he traicionado ante todos los clanes\" -pensó con tristeza - \"y la pena por traición es la muerte.\"

- No podíamos ir por el sur -reconoció muy dolida - Ya nunca podré ir...

Beindir vi la tristeza en los ojos de la muchacha. La única \"familia\" que tenia era Daedur, y el que quisiera matarla la sobrepasaba. \"Podías admitir una boda arreglada - al fin y al cabo, es lo que muchos padres hacen-, pero esto...\"

- ¿Has visto la nieve? -soltó Beindir alegremente.

Raven se asombró - No, nunca - entonces su cara se iluminó- ¿Hay nieve donde vamos?

- ¿Por qué crees que las llaman Montañas Blancas? - y le hizo un guiño. Había logrado alegrarla - ¡Te vas a hartar de ver nieve!

\"Y de paso\" -dijo con tono de deseperación fingida- \"te alejo de las piedras: ¡la nieve es más blandita y duele menos!\"

Raven rió de buena gana. Lo necesitaba.

Miró hacia esas montañas.

Ya no le parecían tan amenazantes.

- No están mal esas montañas -sonrió a Beindir-, y ya estaba harta del mar...

[Editado por ravenrauglin el 07-05-2005 22:26]

Fragmento 6 por RavenRauglin

Hacía dos semanas que habían dejado Dol Amroth. Raven huía de un matrimonio impuesto. Beindir, de unos ideales que no eran los suyos.

Los primeros días, el tiempo había sido benévolo con ellos. El cielo estaba despejado y no hacía demasiado frío. Pero eso cambió cuando llegaron a las faldas de las Montañas Blancas.

Buscaron refugio en una aldea de las montañas. Un anciano les dió cobijo en su casa, pues sentía que esa noche iba a caer una buena nevada.

Ese anciano, llamado Bergolas, era uno de los últimos residentes en la que en otro tiempo había sido una aldea próspera, pero los constantes ataques de los orcos y el rumor de una Sombra en el Este empujaron a la mayoría de los aldeanos a lugares más seguros y tranquilos.

Como, irónicamente, Dol Amroth.

Durante la cena, Bergolas y Beindir intercambiaron información sobre lo ocurrido en el Este y en Dol Amroth. Mientras, Raven miraba por la ventana los copos de nieve que empezaban a caer: era la primera vez que veía nevar.

La mujer de Bergolas, Lothiel, recogía la mesa. Llevaba un pañuelo en la cabeza que le sumía el rostro en la sombra y sólo dejaba ver sus ojos. Raven había notado que la miraba constantemente, pero lo achacó a la particularidad de sus ojos, y no le dio importancia.

Bergolas también lo notó, y miró dulcemente a su esposa. - Hacía mucho tiempo que no veías a uno de tu raza, ¿verdad?

- ¿De su raza? -preguntó Raven, y de repente pegó un respingo. La mujer se había echado el pañuelo hacia atrás y podía verle la cara.

Era una elfa. Sus cabellos eran plateados y sus ojos de un azul casi transparente. En su cara, joven por otra parte, había una expresión dulce, pero cansada: el cansancio de vivir muchos largos años...

Casi lo preguntaron al mismo tiempo. ¿Cómo una elfa había llegado a las montañas y se había casado con un hombre?

- Hace mucho tiempo... o poco, la verdad es que no suelo contar los días -sonrió con tristeza- un grupo de elfos de Lothlórien partimos hacia los Puertos, con destino a las Tierras Benditas. El señor Amroth nos guiaba..

- ¿Amroth? -interrumpió Raven- ¿Se llamaba como la ciudad?

- La ciudad se llama como él, creo... -Beindir le metió un codazo a Raven - ¡y no interrumpas a la dama!

Lothiel sonrió, y prosiguió.

- Yo era una de las damas de compañía de la amada del señor, Nimrodel... - los ojos se le iluminaron al pronunciar este nombre- Nimrodel... era tan buena y tan hermosa... sus ojos eran verdes como la hierba; su piel blanca como la nieve... y su pelo largo y negro como las plumas de un cuervo -y miró hacia Raven, que jugueteaba con un mechón de su pelo.

\"Una noche, atravesando las Montañas Blancas, una tormenta de nieve nos separó del resto del grupo. Nos llamábamos a gritos, pero no podíamos vernos. Yo caí por una grieta y quedé inconsciente en el fondo.\"

Miró hacia su marido, con evidente amor en sus ojos- Bergolas me encontró y me trajo a esta casa para cuidarme. Cuando me recuperé, ya no quise irme.

- ¿Y los demás? -Beindir estaba muy atento: le encantaban las historias antiguas.

- No lo sé - Lothiel se entristeció - Pocos años después, unos elfos que iban hacia los Puertos me dijeron que Amroth se había ahogado en la ciudad que ahora lleva su nombre, y que Nimrodel nunca apareció...

- Qué triste -Raven bostezó. Le interesaba la historia, pero llevaba mucho camino encima y estaba muy cansada.

Lothiel la miró y sonrió dulcemente. - Sí, muy triste. Cuenta la leyenda que volvió a Lothlórien, o que podría seguir viva por estas montañas. Era tan hermosa...

Raven notaba que cada vez la miraba más fijamente, como si quisiera ver lo que había en su mente, y eso la incomodaba...

- ... ojos tan verdes...

Cada vez estaba más mareada. Era como si la estuvieran arrullando...

- ... como las plumas del cuervo...

No era hostilidad lo que sentía, sino calor y cariño...

\"Como tú, Raven Rauglin\"

Y luego, la noche.

*****

Cuando despertó, estaba cabalgando.

Pero no en su caballo.

Beindir la llevaba en su caballo, con sus brazos rodeándole la cintura.

- Beindir... -farfulló: aún estaba despertándose - ¿Qué demonios hago en tu caballo?

Beindir resopló. El aire levantó un mechón de pelo del hombro de Raven. La llevaba abrazada por detrás mientras agarraba las riendas con una mano.

- A ver cómo se lo explico, \"señora\" -dijo entre malhumorado y burlón-: anoche, al acabar la cena, se desmayó (sin duda porque volvío a beber demasiado) y como no se despertaba esta mañana, tuve que montarla en mi caballo para evitar que se fuera cayendo por el camino. Su caballo- y señaló hacia atrás- nos viene siguiendo - y puso los ojos en blanco - ¿Vas a buscar la daga para matarme o me perdonarás la vida?

- Cállate -le dolía mucho la cabeza. No recordaba haber bebido tanto... - ¿Qué dijeron ellos?

- Les hizo gracia -Beindir se encogió de hombros- y nos han dado comida para el viaje. Son buena gente... ¿Qué tal tu primer encuentro con alguien de tu raza?

- Para no olvidar... - de repente recordó algo- ¿Y por qué le dijiste a esa mujer que me dicen Rauglin? ¡Nadie tiene por qué saberlo!

Beindir estaba sorprendido - ¿Decirle el qué? ¡Yo no le dije nada! -y adoptó ese tono burlón que Raven odiaba tanto- No creo que a una dama élfica le importe saber el mote de una ladrona mestiza...

- ¡Pero me llamó así! -Raven se deseperaba- ¡En la cena! ¡Tú estabas delante!

- Nunca usó tu nombre -Beindir se reía. \"Otra vez el vino...\" pensó \"¡Qué poco aguante!\"

- Pero, pero, pero... - Raven estaba confusa. Juraría haber oído cómo esa mujer le llamaba por su nombre... ¿Se estaba volviendo loca?

- Lo último que dijo, antes de que usted se pusiera indispuesta... ¡Ay! -Raven le había metido un codazo en el brazo- Es más bestia que un grupo de Trolls... -se dijo a sí mismo- Bueno, lo último que dijo fue que Nimrodel podía estar por estas montañas... y te caíste.

\"No puede ser...\" Raven cada vez estaba más aturdida. \"Tal vez lo soñara... estaba muy cansada, y a lo mejor bebí algo...\"

- ¿No dijo nada sobre mí? -preguntó de repente.

- Decir no -dijo mientras registraba sus bolsillos- pero me dio esto para tí...

Y sacó de su camisa un colgante.

Era una pequeña piedra plana, de diferentes tonos de marrón con un brillo irisado. Estaba tallada con rizos y espirales, haciendo como una flor en medio de un río. Colgaba de una tira de cuero algo gastada por el tiempo. Era sencilla, pero muy bonita.

- Tu primera joya élfica -y no pudo aguntar la risa. - Dijo que te daría suerte...

Raven no le escuchaba. Estaba mirando la piedra. La había colocado a la altura de sus ojos para poder admirar su brillo. La superficie estaba tan pulida, que esperaba ver sus ojos reflejados en ella. Pero en vez de sus furiosos ojos rojos, se encontró unos dulces ojos verdes... tan verdes como la hierba.

\"Va a ser cierto que me volví a pasar con el vino\" pensó mientras sacudía la cabeza. Cuando volvió a mirar, el brillo de la piedra le devolvió la mirada perpleja de sus ojos, tan rojos como el fuego. Se puso el colgante y se recostó conta Beindir.

- Te queda bien- dijo Beindir, y Raven asintió.

Estuvieron un buen rato los dos callados, mientras el caballo avanzaba lentamente.

- También me dió algo a mí -dijo Beindir de forma casual.

- ¿El qué? -Raven tenía los ojos cerrados, aún le dolía un poco la cabeza.

- Un consejo - y dijo de una forma muy ceremonial - que cuidara de mi amada, porque era más valiosa de lo que aparentaba, para bien o para mal... - y soltó una risa reprimida.

- ¿Tu amada? -Raven abrió un ojo- ¿Hay algo sobre ti que no me hayas contado?

- Mucho -murmuró Beindir por lo bajo- pero creo que se refería a ti... como viajamos juntos, debió pensar que estamos casados. - y puso cara de estar aterrorizado, para luego hacerle un guiño a Raven, que se había quedado de piedra.

No era el hecho de que creyera que eran marido y mujer lo que le chocaba. ¿Valiosa? ¿Por qué esa mujer pensaba que era valiosa? ¿Por qué le interesaba tanto?

\"Qué raros que son los elfos... de todas formas, da igual\" pensó \"Ella se va a quedar en su aldea, y yo me voy lejos... y con un collar nuevo.\" Y dicho esto, volvió a acomodarse contra Beindir.

En realidad, Lothiel le había dicho más cosas a Beindir, pero eran tan confusas, y la chica parecía tan nerviosa, que prefirió no decirle más.

- Cuídala -le había dicho antes de partir- Tu amada es muy valiosa...

Beindir quiso saber de qué hablaba, pero ella siguió hablando- No dejes que le hagan daño, no permitas que sufra... -las lágrimas le corrían por la cara- Muineth es más de lo que aparenta, para bien o para mal... - le dio el colgante -Que nunca se lo quite: le dará suerte- y corrió al interior de su casa.

Sabía que los elfos eran muy sabios, y que algunos podía leer las almas... había averiguado cómo la llamaba en su corazón... y seguro que Raven decía la verdad sobre que le había llamado Rauglin. Tal vez haya visto algo sobre su pasado... el temor de que el Clan fuera a por ella.

Beindir sospechaba que Daedur no iba a dejar a Raven irse tan tranquilamente: tal vez los estuvieran siguiendo, y Lothiel lo presintiera.

Miró a Raven que dormía con la cabeza en su hombro. Así, sin su mal humor habitual, parecía una niña indefensa. Odiaba la violencia, pero en ese momento hubiera matado a cualquier ser que osara intentar despertarla.

\"No estamos casados\" pensó mientras la tapaba con una manta: la mañana estaba refrescando \"pero estamos juntos.\"

- Para bien o para mal...Muineth -le susurró al oído, y la abrazó para darle calor.

Podría haber gritado, que no hubiera recibido respuesta.

Raven dormía plácidamente contra su cuerpo.

Y el colgante brillaba sobre su blanca piel.

[Editado por ravenrauglin el 07-05-2005 22:20]

Fragmento 7 por RavenRauglin

Raven temblaba.

Y no sólo porque el frío la tuviera atenazada.

Temblaba de terror.

Se encontraba en medio de ninguna parte, sufriendo una tormenta de nieve y en una noche tan oscura que ni las estrellas brillaban.

Unos lobos aullaban cerca de donde estaba.

Y estaba sola.

Desde que habían dejado la aldea dos días atrás, el tiempo había ido empeorando: cada vez hacía más frío y caía más nieve. El caballo de Raven había muerto congelado, y ahora cabalgaba en la parte de atrás del caballo de Beindir.

No habían vuelto a hablar de lo ocurrido en la aldea. Beindir notaba que Raven estaba aún algo consternada por lo pasado, y prefirió no marearla con profecías élficas... ni él tenía ganas de iniciar una conversación: el aire era tan frío que respirar era una ardua tarea.

Eligieron una pequeña cueva que se abría en la montaña para pasar la noche. Allí estarían seguros y calientes hasta que amaneciera. Beindir pasó una manta a Raven, que se envolvió en ella.

- Voy a buscar leña -dijo Beindir- no te muevas de aquí -y miró al cielo- no hay luna ni estrellas... va a ser una noche muy larga.

Se puso un abrigo de piel que el anciano le había dado, y se internó en la noche.

Raven se quedó allí, somnolienta a causa del frío. No estaba acostumbrada a ese clima, habiendo nacido al borde del mar, y lo soportaba mucho peor que Beindir.

\"De no ser por las mantas que llevamos en el equipaje, habría muerto como mi caballo\" pensó agriamente.

Lo que Raven no sabía es que le debía la vida no sólo a las mantas: tras asegurarse de que estaba profundamente dormida, Beindir la abrazaba para darle calor. Sabía que la muchacha no hubiera aceptado esa ayuda tras el incidente del primer día, y que le permitiera llevarla en su caballo tras dejar la aldea era algo que todavía no podía explicarse. Pero a pesar de todo, no iba a permitir que esa \"cabezota\" se congelara.

Raven se levantó y comenzó a caminar por la cueva para entrar en calor. No era muy grande de altura, pero sí bastante profunda y oscura. Con sus ojos de elfa podía ver más o menos lo que iba encontrando. Y no le gustaba...

Huesos de animales. Algunos recientes, otros de mucho tiempo atrás. Y el olor a carne podrida y heces era espantoso.

- ¿Dónde me has metido, Iaewir? -se dijo, y arrugó la nariz. Iaewir era el mote que le había puesto a Beindir: \"Señor Burlón\".

Siguió avanzando hacia el interior, la curiosidad le podía. De repente, unos gruñidos la hicieron echar mano de la daga que ya no dejaba en ningún sitio. Cuando sus ojos se hicieron a la oscuridad ya absoluta, vio lo que producía esos gruñidos...

Cachorros de lobo. Cinco pequeñas bolas de pelo casi ciegas, en medio de un nido hecho con hojas y paja seca. No tendrían más que unos días de vida. Raven se agachó a acariciarlos: no consistían ningún peligro para nadie, y parecían tan indefensas... De pronto oyó algo detrás suya: algo que sí podía ser bastante peligroso...

Se dio la vuelta despacio y los vio: cuatro lobos adultos, con los dientes preparados para destrozarla. Los ojos de los lobos brillaban rojos como la sangre en la oscuridad. Sin duda pensaban que quería dañar a sus crías, pero no había forma de convencerles de lo contrario...

Los miró a los ojos, tratando de averiguar cuando atacarían para poder esquivarlos... cuando para su sorpresa los lobos retrocedieron asustados unos centímetros, agachando las orejas...

\"¿Hasta a los lobos les causo miedo?\" se preguntó con tristeza, pero aprovechó el momento de duda de los lobos para saltar por encima de ellos y correr hacia la salida. De un tajo cortó la cuerda que ataba al caballo e intentó subirse a él, pero el animal la empujó y la tiró al suelo, huyendo hacia el río. Buscó la daga, pero no la encontró: se había perdido en la nieve.

Ágilmente se puso de pie y corrió hacia el bosque, en busca de Beindir. Lo llamaba a gritos, pero la tormenta hacía imposible oir nada que no fuera el silbido del viento... y los aullidos de los lobos que la perseguían.

No sabía cuánto llevaba corriendo, ni lo que se había alejado de la cueva, cuando se desplomó, agotada, en medio de un claro del bosque.

No llevaba nada de abrigo: sólo la camisa y los pantalones de cuero con los que saliera de Dol Amroth. Y la nieve empezaba a cubrirla.

Los lobos aullaban cerca de ella. Podía ver sus ojos encendidos entre la maleza del bosque. La estaban acechando...

- Beindir... -dijo débilmente, y las lágrimas caían de sus ojos, congelándose en medio de su cara. Se estaba desmayando, cuando pasó.

Si le hubieran contado esto en cualquier taberna de su ciudad, o lo hubiera oído de boca de cualquier comerciante, sin duda lo habría achacado al exceso de licores o a una imaginación desmedida, pero estaba ocurriendo delante de sus ojos, y hasta ahora no le habían engañado...

Su colgante empezó a brillar, primero débilmente, y después con fuerza, aunque la luz que producía no cegaba ni hacía daño a los ojos, sino que era cálida y suave, y dentro de esa luz se oía una risa de mujer...

La luz la envovió, y una voz muy dulce cantaba alrededor de ella, y reía...

U-Gosto Ti, Sell Nín...

No les temas, Hija Mía...

Sintió como si alguien la abrazara y la ayudara a ponerse de pie. Los lobos, mientras, se habían acercado a pocos metros, con los dientes fuera...

U-Gosto Ti... No les temas... -la voz seguía hablándole, mientras reía tiernamente.

Raven los miró, las lágrimas seguían cayendo, pero esta vez no se quedaban heladas en su cara: la luz le estaba dando calor, y resbalaban hasta caer a la nieve que cubría el suelo.

Podo Ti... Háblales...

- Yo... -Raven no sabía lo que pasaba, pero esa luz le hacía sentirse bien, y los lobos parecían tan asombrados como ella - Yo no iba a hacer daño a las crías... sólo las miraba, porque eran bonitas... - y no pudo hablar más: la voz se le rompió a causa del miedo y las lágrimas.

Para su sorpresa, los lobos dieron media vuelta y desaparecieron en el bosque.

Esto fue demasiado para ella. La Luz se apagó, y cayó de nuevo a la nieve.

Lo último que escuchó antes de desmayarse, fue la voz de Beindir.

\"Raven...Muineth...\"

*****

- No... no recuerdo nada... ¡Y esta vez no digas que bebí demasiado!

Raven tomaba una taza de leche caliente mientras Beindir preparaba el caballo. No había amanecido aún.

Beindir llevaba horas tratando de saber lo ocurrido, pero ella no respondía. Ni siquiera lo mandaba al infierno, que era lo que solía hacer...

- Vamos a ver -dijo quedamente Beindir, y se dio la vuelta para mirar a Raven a los ojos: estaba pálido como la misma nieve-: El caballo vino a mí aterrorizado. Fui a la cueva, y no estabas. Vi tu daga en el suelo, y alrededor las huellas de los lobos. Las seguí, y te encontré en medio del claro del bosque, a mucha distancia de la cueva...

\"Había multitud de huellas de lobo alrededor de ti. La tormenta era casi insoportable para mí, que llevaba puesto un abrigo de piel... y tú ibas con la ropa de andar por los Puertos...\"

- Cuando llegué a tu lado... -intentaba hablar con normalidad, pero tenía un nudo en la garganta- pensé que estabas... que estabas... - su voz era ya un susurro. De repente, explotó- ¿¿¿Me quieres decir qué fue lo que pasó???

Raven no contestó. Se limitó a mirarlo ojos de sorpresa: nunca lo había visto perder así los estribos.

- No es que no me alegre de encontrarte viva... -dijo Beindir, avergonzado de haber gritado de esa manera- pero, como comprenderás, me gustaría saberlo... para así saber qué hacer en caso de que me pase a mí - y le sonrió.

No recibió respuesta.

\"Está bien\" pensó con resignación \"Guárdate tus secretos. Lo importante es que estás a salvo... pero por favor,\" rogó con todas sus fuerzas \"no vuelvas a hacerlo... no lo soportaría.\" Y siguió arreglando al caballo.

La verdad es que Raven no tenía nada que decir.

No recordaba nada de lo ocurrido a partir de su caída en el claro.

\"No me preguntes por lo que no puedo explicarme\" Pensó con tristeza. Ojalá pudiera contarle lo que sentía en ese momento, pero era todo tan extraño...

Poco después cabalgaban a través del bosque. La mañana era clara y limpia, y la nieve caída la noche anterior reflejaba una luz brillante y preciosa.

Raven se encontró mirándola fíjamente.

A lo lejos, un lobo aulló a la aurora.

Y Raven cantaba quedamente, sin darse cuenta.

\"U-Gosto Tí, Sell Nín...\"

[Editado por ravenrauglin el 07-05-2005 22:18]