Historia privada

Los Ojos del Cuervo

Finalizada 13 fragmentos Página 2 de 2
Fragmento 8 por RavenRauglin

- No podemos seguir por aquí.

Beindir estaba hundido en la nieve hasta la cintura.

Y llevaba a Raven sobre sus hombros.

Estaba casi inmóvil, con la mirada perdida.

Tras el altercado con los lobos, habían continuado por Ered Nimrais bajo una copiosa nevada. Su objetivo era alcanzar el Lamedon y bajar por el río Gilrain hasta la costa. Ya no le preocupaban los posibles corsarios.

El frío y la nieve eran, a su entender, enemigos más peligrosos.

Pero era imposible: la nieve había abortado cualquier intento de pasar por esa zona. Incluso el caballo se negaba a pasar por la nieve acumulada: había tenido que dejarlo suelto y esperar a que le siguiera. Ante su sorpresa, el animal le seguía de cerca.

- Mae roch! -\"¡buen caballo!\" dijo dulcemente. Raven movió la cabeza cuando oyó las palabras en Sindarin, pero pronto volvió a fijar la vista en el suelo.

Raven casi no había hablado desde que Beindir la encontrara en medio de la nevada, rodeada de huellas de lobos. Sabía que algo muy extraño había pasado, pero ella no respondía a sus preguntas. Estaba muy cambiada: no había rastro alguno de la soberbia y malhumorada media elfa que saliera de Dol Amroth.

Se había apagado, incluso el fuego de sus ojos, que aparecía empañados por la tristeza.

Beindir la miraba con una mezcla de tristeza y desesperación: ella le había dado el coraje necesario para salir de la ciudad, para huir de una vida criminal, impropia de su linaje...

\"Mejor no pensar en el linaje... ¡para lo que sirve!\" se dijo con amargura. Nadie de los suyos le había ayudado cuando sus padres huyeron de Ithilien por la Sombra. Ningún familiar se había preocupado por él cuando se quedó solo en Dol Amroth.

Sabía que era un descendiente de los antiguos Hombres del Oeste. \"un Dúnadan\" decía orgulloso su padre. Un linaje maldito y ahora casi extinto, pero eso no le importaba en ese momento.

Ahora sólo quería que Raven saliera del trance en el que se había sumido.

La dejó sobre una roca que sobresalía lo suficiente para que la chica no tocara la nieve. Ella se dejó sujetar por la cintura dócilmente.

\"Si estuviera bien, me habría metido un puñetazo o hubiera sacado la daga\" se dijo Beindir tristemente. Raven sólo miraba al suelo, con los ojos entrecerrados. Parecía no estar ahí, sino perdida en algún lugar de su mente...

- No hay manera de pasar por aquí -Beindir miró a los lados- el caballo no resistirá mucho más este frío... y nosotros menos... -suspiró y miró a Raven, que tenía la cabeza apoyada en las rodillas- ¿se te ocurre algo?

Raven levantó un poco la cabeza, lo suficiente para mirar a Beindir con una tristeza que rompía el corazón, y volvió a esconderla entre las piernas.

- No creo que pueda ayudarte en eso -dijo quedamente- La verdad... no creo que pueda ayudar en nada... -y comenzó a sollozar.

Beindir no pudo soportarlo más. Cogió a Raven por los brazos y la sujetó de forma que le mirara a los ojos.

- ¡Escúchame bien, niña! -Raven abrió los ojos con desmesura: estaba asombrada por el cambio de carácter de Beindir- Estamos hasta el cuello de nieve. Nos estamos muriendo de frío. Y lo que es peor -y tuvo que dominarse para no romper a llorar delante de ella-: no eres tú, Raven. No te reconozco...

\"¿Qué ha sido de la niñata malcriada que nos sacó de una ciudad vigilada por cientos de soldados? ¿Dónde está la muchacha que se lanzó a la carrera hacia una ciudad desconocida?\"

- ¿Y qué hay de la chica que se enfrentó a un grupo de lobos y les venció sola? - dijo muy suavemente, y la miró a los ojos. Por primera vez no sentía curiosidad por esos dos fuegos en su cara, sino un cariño enorme... más de lo que pensaba.

- Yo... -Raven tragó saliva- Yo no los vencí... sola.

- ¿Y quién lo hizo entonces, Raven? -Beindir la soltó- ¡No había nadie más allí!

Raven no podía hablar, ni moverse, ni casi respirar. Había ido recordando lo ocurrido con los días, pero aún así no podía creerlo...

- Ella... -susurró de forma que ni ella pudo oirse.

- ¿Quién? -Beindir se estremeció al ver la expresión de la chica: era como si estuviera recordando la visión de un fantasma...

- Ella... -y respiró profundamente antes de responder-: la elfa de los ojos verdes... los mismos que vi en el colgante... Nimrodel.

Se quedaron mirando un buen rato. Ninguno se movió, a pesar del frío que cada vez era más intenso. Beindir la observaba sin expresión en el rostro, y Raven hacía dibujos en la nieve con el dedo.

- Debes pensar que estoy loca -dijo Raven al cabo de un tiempo.

Beindir no dijo nada. No sabía qué responder. Y sin embargo, no le extrañaba lo que Raven había dicho: le recordaba a lo que habían oído en la casa de Lothiel...

- Bueno... -Beindir habló por fin- podrías haberlo soñado... habías oído la decripción de la señora elfa y eso se mezcló con...

- No - Raven fue contundente- No, Beindir, no lo soñé. Estaba bien despierta mientras te llamaba a gritos y los lobos me perseguían. Seguía despierta cuando me caí en el claro -su voz subió de tono- Y tenía los ojos abiertos cuando mi colgante empezó a brillar y la elfa se apareció en medio de una luz... ¡No sé lo que pasó, pero sí lo que ví! -gritó con furia.

Beindir sonrió: la antigua Raven asomaba de nuevo, y sus ojos ardían como siempre.

- Está bien, Muineth -Beindir ya no ocultaba cómo la llamaba- Tal vez sea cierto que la Dama siga por estas montañas y que te haya ayudado... al fin y al cabo, eres de su raza.

- Medio de su raza -puntualizó Raven.

- Lo que sea -suspiró Beindir- pero deja de pensar en ello: te ayudó, dale las gracias de corazón y sigamos...

- Me llamó Sell Nín -Raven lo miró con desafío.

Beindir se quedó de piedra. Las palabras de Lothiel venían a su mente: \"es más de lo que aparenta...\"

- No puede ser... -Beindir no sabía si reir o gritar- ¿cómo va a llamarte \"hija mía\"? ¡Eso sí que no puedo creerlo!

- Me da igual lo que creas - Raven se puso en pie y se estremeció: no se había dado cuenta del frío que hacía. La nieve continuaba acumulándose a su alrededor. Caminó para entrar en calor, y sus ojos eran dos hogueras en medio de la tormenta.

Beindir suspiró y la siguió. La idea de que fuera hija de la Señora de la Cueva Blanca le sobrepasaba, pero no la podía desechar tan fácilmente: la angustia de la mujer elfa por la chica, su interés por su seguridad y la aparición de la Dama en medio de la luz... eran muchas piezas que encajaban.

- Raven -la llamó, y ella se volvió a mirarlo- no digo que mientas, o que te lo estés inventando... pero el que creas que eres hija de una dama elfa desaparecida hace más de mil años... -soltó un bufido de asombro, y le hizo un guiño- en verdad, no pareces muy \"señorial\"... por lo menos no en los ojos.

Ella lo miró con tristeza, y apartó la cara. Beindir se sonrojó- No es un insulto... sólo era un ejemplo -y miró al cielo- esto no va a parar, Raven, será mejor que nos vayamos de aquí.

- ¿Y a dónde? -Raven ya no soportaba el frío y temblaba violentamente. Beindir la atrajo hacia él y la abrazó para darle calor. No se resistió, todo lo contrario: lo abrazó con fuerza. Y la lágrimas rodaron por sus mejillas.

- No tienes ni idea de lo que es no saber quiénes eran tus padres -sollozaba en voz baja- ni de dónde vienes, ni siquiera qué eres... -y ahora lloraba con fuerza- y que la gente se aparte de ti con temor y recelo... ¡es un infierno, Beindir!

\"Y de repente se aparece esa mujer y me llama \"hija mía\"... eran tantas las ganas que tenía de oir esas palabras... pero nunca me imaginé que sería así.\"

- Porque es cierto que se apareció, Beindir -Raven lo miraba con insistencia- ¡es cierto!

- Lo sé, Muineth - Beindir la abrazaba con fuerza, y se rompía por dentro. No podía ayudarla con su problema: las apariciones élficas no eran lo suyo - pero ahora no puedes hacer nada... sólo esperar a que vuelva para preguntarle...

\"Y lo mejor es irse de aquí... no creo que salga de su cueva en medio de este tiempo... ¡a menos que su hija se esté muriendo de frío! Lo cual es muy probable, ¿no?\" y sonrió.

Raven le devolvió la sonrisa - Podemos cruzar las montañas hacia el Norte... la tormenta viene del Sur - Raven miró hacia los picos más altos de las montañas: un ligero resplandor rojo se divisaba entre las nubes.

- Sí... será lo mejor -Beindir recogió el caballo, que se había metido bajo una roca resguardándose del frío -cruzando estos barrancos está Edoras, eso me dijo Bergolas: si no podía cruzar Ered Nimrais, que fuera por el lado Norte...

- ¿Edoras?

- Una ciudad de hombres... -subió a Raven a sus espalda: no pesaba casi nada -es la capital de Rohan.

- ¿Rohan? -se estremeció, y no sólo de frío- ¿no decías que estaban siendo atacados?

- ¿Qué prefieres? -le espetó Beindir -¿una posada calentita y una ligera amenaza de ataque, o morir en medio de ninguna parte? ¡A menos que Nana (\"mamá\") aparezca de nuevo! -Beindir rompió a reir... y Raven le propinó un golpe en la nuca.

- ¡Deja a Nana en paz! -Raven estaba más animada. Al menos, ya no tenía un secreto que la devoraba por dentro... y Beindir la creía... ¡o estaba tan loco como ella!

- Eres tú de nuevo... -Beindir jamás se había alegrado tanto de recibir un pescozón.

Al amanecer habían dejado atrás las Montañas Blancas. Se sentaron en una roca desde donde observaban la llanura que se extendía millas y millas por delante de ellos, excepto por una gran colina. La tormenta había pasado y las nubes era atravesadas por los rayos de sol.

Uno de esos rayos daba de lleno en el tejado de un hermoso palacio levantado en esa colina. Todo brillaba a su alrededor, como si fuera de oro...

- Es que ES de oro... -dijo Raven, asombrada de lo que veía.

- Oro... -Beindir no estaba menos asombrado.

Era Meduseld, el Castillo de Oro. A sus pies se encontraba Edoras.

Raven se bajó de la espalda de Beindir: ya no había tanta nieve y podía caminar. Comenzó a correr hacia la colina.

- ¡Ey ey ey! -Beindir la cogió del cuello de la camisa- ¡no tan rápido, damisela! Esta ciudad está tan vigilada como lo estaba Dol Amroth -miró hacia las almenaras de la muralla: una empalizada de madera circundaba la ciudad, y había soldados de dorada armadura con lanzas.

- Hay que pensar detenidamente cómo entrar en la ciudad: no creo que les gusten los extran... -miró a su alrededor: estaba solo- ¿Raven?

Raven ya estaba separando una tabla de la empalizada. \"Oro, oro, oro, oro, oro...\" Era lo único que pensaba. El precioso metal le había alejado la imagen de la Dama Elfa por unos segundos... y la cordura también: tenía la mente llena de reluciente oro.

- Oro, oro, oro, o... ¡ouch! -un golpe en la cabeza, y oscuridad.

Dos rohirrim se asomaban a la empalizada: habían visto acercarse a la chica, y cuando la tuvieron cerca, dejaron caer una piedra lo suficientemente grande para dejarla sin sentido.

- ¡Buena puntería, Grám! -dijo uno de ellos- Bajaré a cogerla...

El rohirrim la cogió en brazos con delicadeza: no les gustaba la idea de haber herido a una mujer, pero había orden de interceptar a cualquier ser que se acercara al muro.

- La llevaré ante Háma -dijo el soldado, llamado Féalaf- Él sabrá qué... ¡es una elfa! -dijo sorprendido. No le había visto la cara- ¿Qué asuntos traerán a una elfa a La Marca?

- Elfa o no -dijo Grám tajante- llévala a Háma. Yo vigilaré: no creo que viniera sola.

Féalaf se la echó al hombro y se dirigió hacia Meduseld, mientras su compañero volvía a colocar el trozo de madera levantado por Raven.

Beindir recordó todas las maldiciones en Sindar y Oestron que había aprendido a lo largo de su vida, y las repetía una y otra vez. Se había escondido tras una roca de gran tamaño a una distancia prudencial de la muralla.

Creyó morir cuando vio caer a Raven, pensando que la habían atravesado con una lanza. Tras ver el trato delicado que recibía (quitando el hecho de dejarla sin sentido de una pedrada), se había sentido más aliviado, pero temía por ella.

- Desde luego, Muineth... -suspiró amargado- si hubiera sabido esto, me habría quedado en medio de la tormenta. ¡Allí, al menos, estabas quietecita!

[Editado por ravenrauglin el 12-05-2005 20:48]

Fragmento 9 por RavenRauglin

- Ayyyy, mi cabeza...

Raven había tenido un sueño maravilloso: un castillo de oro al alcance de su mano...

Y ahora despertaba dentro del castillo.

En las mazmorras.

Estaba inconsciente cuando Féalaf la llevó ante Háma. Este la observó con curiosidad: se habían visto muy pocos elfos por Edoras, y menos mujeres elfas.

- No podemos confiarnos -dijo al fin- Podría ser una espía del Bosque... déjala en el calabozo, pero... -y se quedó mirando la cara de Raven, que así, sin su mal humor habitual, reflejaba una belleza élfica poco vista por esos lares- pero... trátala bien, y déjale comida. Ya la interrogaremos cuando despierte.

Féalaf la dejó en uno de los mejores calabozos, con una pequeña ventana lo suficientemente alta para que no pudieran escapar por ella, pero sí que pudiera entrar el sol. Puso a su lado una botella de licor y una hogaza de pan con lonchas de cerdo curado, y tras mirarla por última vez- \"¿Qué hará por aquí, tan lejos del bosque?\" -cerró la puerta.

Raven se puso de pie. Aún le dolía la cabeza por la pedrada que la dejara sin sentido. Se llevó la mano al lugar de la herida. Se la habían curado y vendado.

- Al menos son detallistas -rió con sorna, y un rayo atravesó su cabeza de lado a lado. Cayó de rodillas y gimió por el dolor de la herida.

Unas palabras rondaban por su mente: \"no tan rápido, damisela...\"

\"Beindir... maldito Iaewir, si te hubiera hecho caso...\"

- ¿Os encontráis bien? -una voz sonó en el calabozo de al lado.

Raven levantó la cabeza como pudo para mirar al que le estaba hablando. Cuando sus ojos dejaron de ver doble, se encontró con el hombre más alto que había visto jamás.

Era de pelo rubio y largo, de ojos azules como el cielo de Rohan. Su cara, seria y varonil, reflejaba un profundo dolor, pero también curiosidad hacia su vecina de celda.

- Os he preguntado si estáis bien -dijo con un tono más autoritario.

- Yo... sí, creo que sí -Raven se llevó las manos a la cabeza: el dolor desaparecía, pero aún estaba mareada - sólo me duele un poco, pero ya se pasa...

- ¿Quién sois? No hay elfos por Edoras, sólo en Dwimordene, en el Bosque de Oro -sus ojos se entrecerraron para mirar a la chica con suspicacia- ¿Sois de allí? ¿Venís de parte de la Dama para espiar?

- ¿Dwimor... qué? ¡Soy de Dol Amroth! ¡Y no soy una espía! -Raven se puso de pie y desafió al hombre con la mirada. A pesar de que le sacaba varias cabezas a la muchacha, y de haber luchado contra cientos de orcos, el guerrero dio un paso atrás al encontrarse con los ojos de fuego de la media elfa...

- Entonces... -el hombre recobró su valor, y le devolvió la mirada a Raven -¿Cuál es vuestro nombre y qué hacéis aquí?

- Dadme vuestro nombre, caballero, y os daré el mío -Raven se mofaba de la forma de hablar del rohirrim. No estaba acostumbrada a tanta formalidad, y le parecía ridícula.

El hombre suspiró, y se puso erguido, pareciendo más alto aún de lo que era- Soy Éomer hijo de Éomund, Tercer Mariscal de la Marca, Sobrino del Rey Théoden... -su cara se ensombreció- aunque ya no distinga entre amigo y enemigo, ni a los de su propia sangre...

Raven se quedó perpleja: no entendía la mitad de lo que había dicho, pero lo que sacaba de todo eso era que tenía delante a un hombre de sangre real caído en desgracia.

- Yo soy Raven Rauglin de Dol Amroth, señor -dijo Raven respetuosamente: ese hombre se lo merecía, por lo que veía- y no vengo ni a espiar ni a molestar a nadie. Yo y Bein... ¡Beindir! -se había olvidado de su compañero durante la conversación.

- ¿De quién habláis, Dama Raven? -Éomer sospechaba algo de la muchacha: no había vista a nadie de Dol Amroth en mucho tiempo, y ahora se presentaba una elfa de brillantes ojos rojos... y el carácter de un guerrero en plena batalla.

- De... de mi caballo -Raven sonrió- estamos muy unidos, y se ha quedado ahí fuera... espero que no le hagan daño.

\"Espero que puedas huir, Iaewir: no te metas en problemas por mí...\"

- No os preocupéis -rió Éomer- si de algo estamos orgullosos los Rohirrim es del trato que le damos a los caballos. Seguro que lo habrán encontrado y llevado a los establos.

- Espero que no -dijo Raven para sí misma.

- Bueno -Éomer se sentía más animado al poder hablar con alguien: llevaba varios días encerrado y solo- ¿Y a qué se debe vuestra visita a Edoras, Dama Elfa?

- Media Elfa -corrigió Raven, y le contó parte de su historia. Omitió cosas como su \"profesión\" en su ciudad y sus sospechas sobre su origen. Éomer la escuchaba con atención: le llenaba de admiración el que una chica tan joven hubiera tomado esa determinación y hubiera afrontado esos peligros.

- Me recordáis a Éowyn -dijo Éomer, entre triste y burlón.

- ¿A quién, mi señor? -Raven veía valor y bondad en los ojos del Rohirrim, no en vano se había preocupado por ella. Por ello le hablaba con respeto... y ya sin burla.

- Mi hermana, Éowyn -miró hacia el techo de la celda- está en este mismo palacio, pero no le dejan verme -bajó la cabeza con tristeza- el rey Théoden, nuestro tío, ha enloquecido... -y sus ojos se llenaron de ira- por culpa de las mentiras de una rata que se hace llamar \"consejero\" -y le pegó una patada a la verja de la celda, haciendo que Raven retrocediera de un brinco.

- Perdón, no quería asustaros -Éomer se cubrió el rostro: no quería que le vieran tan dolido - mi hermana es fuerte y valiente, capaz de tomar una espada y defenderse de cualquiera... pero ese hombre la desea -Éomer se deseperaba- está en peligro y no puedo hacer nada por ella...

- Pero, ¿por qué estáis aquí? -Raven sentía pena por el guerrero, y empezaba a sentir lástima por su hermana: otra mujer a la que iban a usar como \"moneda\"... como quisieron hacer con ella.

Éomer relató sus desdichas: la muerte de su primo Théodred, la enfermedad y locura de su tío el rey, los tejemanejes de Gríma el consejero y su caída en desgracia tras advertir del peligro que suponían un mago y sus orcos...

- Y por ello estoy aquí, Dama Raven -suspiró el guerrero- Puedo soportar la vergüenza de estar encerrado, pero no el sufrimiento de no saber qué es de mi hermana...

Raven miró distraídamente hacia los barrotes de la celda. Eran macizos y resistentes, pero bastante separados los unos de los otros. Estaban bien para encerrar hombres altos y corpulentos... pero no a una media elfa ágil y esbelta.

- Señor... -Raven metió el brazo por entre los barrotes que separaban su celda de la de Éomer, y tocó al guerrero en el hombro- yo puedo escapar fácilmente de esta celda. Si queréis, puedo llevarle un recado a vuestra hermana... además -y Raven recordó a Beindir- quiero saber cómo está mi caballo... es como un hermano para mí -y sonrió dulcemente al rohirrim.

\"No voy a causar daño a nadie... sólo quiero seguir mi camino.\"

Éomer la miró largo rato. La muchacha no parecía ser ningún peligro para la ciudad. Notaba que le había ocultado cosas, pero no veía en sus ojos maldad ninguna... y lo más probable es que Gríma la torturara para sacarle cualquier cosa que le interesara. No, no podía quedarse allí.

- Los Rohirrim no mienten -sonrió Éomer- por eso no nos engañan fácilmente. Os creo, Dama Raven.

\"Entonces id, Señora\" y sacó un colgante con la figura de un caballo tallado en madera \"y dadle esto a Éowyn, una dama alta y rubia, vestida de blanco. Decidle que estoy bien, y que se cuide de Gríma.\"

- Pedidle que os ayude a salir de la ciudad. Y cuidaos -Éomer tomó su mano y la besó gentilmente. Raven se sonrojó.

- Espero veros libre, Señor Mariscal - Raven sonrió, y de un ágil salto atravesó los barrotes. Casi ni los rozó, y se perdió en las sombras del sótano.

- Que encontréis los que buscáis, Dama Media Elfa -susurró Éomer, y se sumió en sus pensamientos.

*****

Raven atravesó fácilmente las diferentes habitaciones del palacio. Los pocos soldados que encontró no la vieron: estaban muy ocupados jugando a los dados o hablando sobre lo que habían visto en sus viajes de reconocimiento. Además, el palacio estaba muy oscuro, con las ventanas entrecerradas y un olor a vejez y muerte que flotaba en el aire. Miró por una de las ventanas que estaban más abiertas: anochecía, pero la ciudad estaba llena de gente por las calles. Era imposible salir sin llamar la atención. La chica no hizo caso a esas malas señales y siguió buscando a la Dama Éowyn.

Un grupo de soldados venía hablando por el pasillo. Raven buscó un sitio donde esconderse, y de un salto se metió en una de las habitaciones, cerrando la puerta. A través de la cerradura vio a un hombre más bajo que los demás soldados, todo vestido de negro y con apariencia de serpiente... su voz era repugnante, pero hipnótica. Hablaba sobre el Rey y algo sobre un sitio llamado Isengard... y poco más pudo oir Raven, pues la punta de una espada se apoyaba en su espalda.

- ¿Quién sois? -una voz de mujer sonaba autoritaria detrás de ella.

Raven sonrió- Sin duda sois la hermana de Éomer, Dama Éowyn -se dio la vuelta. Una mujer alta y de larga cabellera rubia estaba delante de ella, con sus ojos azules mirándola orgullosamente... y por un segundo asombrados de verla allí, elfa de ojos extraños.

- Así es -dijo la mujer, que vestía toda de blanco-: Soy Éowyn hija de...

- Sí, sí, ya lo sé -Raven empezaba a cansarse de tantas presentaciones- Vuestro hermano está abajo en los calabozos, donde me llevaron sin motivo alguno -\"y de forma dolorosa\" pensó: aún le dolía la cabeza- me pidió que os diera esto... -y sacó el colgante con forma de caballo.

Éowyn cogió el colgante con delicadeza, y las lágrimas asomaban en sus ojos. Con un rápido movimiento las secó, y apretó el colgante contra su corazón.

- Fue un regalo de Padre... -Éowyn se sentó en la cama. La habitación estaba sobriamente decorada con tapices y pieles de animales. Era el único lugar donde Raven no sentía el olor a viejo y marchito que llenaba el resto del palacio.

- Me... -Raven no quería romper ese momento, pero se estaba preocupando cada vez más por Beindir- Me pidió que os dijera que estaba bien, y que os cuidárais de Gríma...

Los ojos de Éowyn se endurecieron al escuchar ese nombre- Lengua de Serpiente... -dijo con asco- ¡Que mi hermano no desespere! Antes le arrancaré la lengua con mi espada que dejarme seducir por su voz venenosa...

- Ya... gran idea esa, mi Señora -Raven sonrió: empezaba a caerle bien la princesa- Bueno... también dijo que vos podíais ayudarme a salir de Edoras... -miró hacia su cinto: la daga no estaba, se la habían quitado- y que si podíais darme una daga nueva... -Raven sonrió: era mentira, pero una mentira piadosa...

Éowyn se levantó de la cama y fue hacia un arcón. Sacó dos espadas cortas, de empuñadura dorada en forma de cabezas de caballos y bien afiladas, y dos capas de terciopelo negro brillante. Le dio una de cada a Raven y ella vistió las suyas. Cogió la lámpara de aceite que estaba sobre el tocador y se volvió hacia Raven.

- Os merecéis más que eso por este servicio que nos habéis prestado -dijo la Dama Blanca- y me encantaría poder conoceros mejor, Dama Elfa -\"Medio Elfa\" protestó Raven en su interior- pero la oportunidad de escapar la tendréis esta misma noche. Seguidme.

Salieron de la habitación al abrigo de la oscuridad que ya reinaba. Para acrecentar más la negrura de la noche, la Dama Éowyn iba apagando las lámparas de aceite que se iban encontrando. A pesar de sus sentidos de elfo, Raven tenía que agarrarse a la capa de Éowyn para no tropezar: la Dama conocía el palacio a la medida, y Raven sospechaba que no era la primera vez que salía de Meduseld sin que los demás lo advirtieran... Éomer tenía razón: se parecían bastante, al menos en la rebeldía.

Al poco llegaron a una habitación con nueve puertas. Todas se parecían, y todas parecían llevar tiempo sin ser abiertas...

- Hay un pasadizo que sólo la familia real conoce -dijo Éowyn, y se volvió hacia Raven con autoridad- Ha permanecido en secreto por generaciones, Dama Elfa, así que no debo dejaros ver la entrada -sacó un pañuelo de la capa- daos la vuelta y cerrad los ojos, por favor.

Raven aceptó sumisa. \"Cada uno manda en su casa\", pensó. Éowyn le tapó los ojos con el pañuelo, apretando fuertemente. A Raven le dieron ganas de protestar: la cabeza le latía con fuerza, y el pañuelo no ayudaba a calmar el dolor, pero prefirió callar: su libertad estaba a una puerta de distancia.

Éowyn pasó la lámpara cerca de su cara. Raven no se inmutó: no veía absolutamente nada. Entonces abrió una de las puertas (por el ruido del cerrojo, a Raven le pareció que era la tercera empezando por la derecha) y tomó a la muchacha de la mano, metiéndola en el pasadizo. Cerró tras de sí, y echaron a caminar.

Ya llevaban un buen rato de camino- ¿Falta mucho? -Raven no había comido nada desde que dejó la tormenta atrás: ni había tocado la comida que los Rohirrim le dejaran en la celda. Estaba habrienta y débil.

- Silencio -susurró Éowyn- Ya no falta mucho. Este pasadizo llega hasta la salida de la ciudad... pero da muchas vueltas para confundir a quien quiera entrar. Nadie que no conozca estos túneles podría llegar al palacio...

De repente se oyeron unos pasos. Raven sintió como la mano de Éowyn se crispaba en la suya. \"No puede ser, nadie conoce...\" repetía la Dama. Raven se quitó el pañuelo: los pasos se acercaban, y se veía una silueta al fondo del túnel.

- ¡Apagad la lámpara! -dijo Raven muy quedamente. Éowyn obedeció, y se quedaron en penumbra. Se metieron en un recodo del túnel, esperando a que el extraño se acercara. Éowyn le entregó la lámpara a Raven y desenvainó su espada. Raven quedó detrás de la Dama, dispuesta a rematar si la Dama fallaba el primer golpe... y a usar la lámpara de objeto contundente si hacía falta.

El extraño iba guiándose tocando las paredes. Llegó a la altura de las mujeres, y Raven observó con sus ojos de elfo que llevaba la armadura de los soldados de Rohan. Se lo dijo a la Dama Blanca al oído, y la extrañeza se reflejó en los ojos de la princesa. Un momento de duda, y atacó con el grito de guerra de los rohirrim.

- ¡Muerte! -y de un golpe tumbó al hombre. No le había dado con la hoja, sino que le golpeó con la empuñadura lo suficientemente fuerte para dejarlo en el suelo. Puso su pie sobre el pecho del hombre y apoyó la punta de la espada en su garganta.

- ¡De seguro que no eres un rohirrim! ¿Quién eres y cómo has entrado en estos túneles? -Éowyn apretó la punta de la espada contra el cuello del extraño, que soltó un pequeño gemido de dolor... que le trajo a Raven algunos recuerdos. Encendió la lámpara de nuevo y la acercó a la cara del hombre.

Era Beindir.

- No tengo la menor idea de como has llegado hasta aquí, Iaewir -rió Raven- pero me alegro de verte.

- Yo también me alegro de verte, Muineth -sonrió Beindir- y más me alegraría si la Señora de la espada tiene la amabilidad de apartarla de mi cuello... -miró hacia Éowyn con cara de pena y le dedicó una sonrisa.

Raven tranquilizó a la Dama diciéndole que era un amigo al que había perdido. Éowyn apartó la espada y la envainó- ¿Cómo, en nombre de Eorl el Grande, has encontrado la entrada secreta a Meduseld? -Éowyn trataba de mantenerse fría, pero la idea de que un extranjero descubriera la forma de llegar hasta el rey la sobrepasaba...

- Fue pura casualidad, Señora -Beindir se levantó y se apoyó en la pared- Quería entrar a buscar a esta \"damisela\" -y miró a Raven con enfado fingido- que se había metido en apuros. La suerte quiso que uno de vuestros soldados (el mismo que golpeara a mi compañera) se acercara a mi caballo, posiblemente pensando que era uno de los suyos.

\"Le dí un buen golpe, lo suficientemente fuerte como para dejarlo durmiendo una noche entera (pedrada por pedrada, ¿no, Raven?) y me puse sus ropas. Así nadie me llamó la atención por rondar cerca de las murallas. No quise entrar por si me descubrían, pero cuando llegué a unos túmulos que hay al lado de la ciudad me fijé en que uno de ellos permanecía abierto a ras de suelo, sólo tapado por un manto de flores...\"

- No suelo entrar en las tumbas -dijo Beindir burlón- pero me pareció extraño y entré a ver que había...

- Entraste a ver si había algún tesoro, pedazo de codicioso -murmuró Raven.

- Habló la que se vio en el calabozo por intentar llevarse el tejado del palacio en los bolsillos -Beindir le dedicó una sonrisa de triunfo. Raven le sacó la lengua.

- Bueno, ya es suficiente -Éowyn se estaba mareando con tanto toma y daca entre los amigos. Suspiró y miró hacia Beindir- Por favor, nunca reveléis el secreto del pasadizo. Es vital para la salvación de Edoras...

- No os preocupéis mi Señora, no lo sabrá nadie -dijo Beindir, y le dedicó una reverencia- Palabra de Dúnadan.

Raven lo miró extrañada. ¿Dúnadan? ¿Qué era eso? No quiso ahondar más en el asunto al ver que Éowyn respiraba tranquila.

- En ese caso, idos -dijo la princesa- y que la Fortuna os guarde.

- Gracias Señora, y cuidaos como dijo vuestro hermano. Una última cosa... -se sonrojó- Si podéis verle, ¿le diréis que ya recuperé mi caballo, y que estaba bien?

Éowyn se quedó perpleja, pero le aseguró que se lo diría. Los dos compañeros partieron hacia el final del túnel y salieron a la luz. Ya amanecía, y el caballo de Beindir pacía entre las simbelmynë de los túmulos reales. Montaron y partieron a toda prisa por la llanura de La Marca.

- ¿Qué era eso del caballo? -preguntó Beindir cuando ya estaban a varias leguas de Edoras.

- Nada, cosas entre el Mariscal de la Marca y yo -y sonrió pícaramente- Es más alto que tú, y muy fuerte y muy guapo... debería haberme quedado en aquella celda -suspiró Raven.

Beindir arrugó la nariz- Me das un susto de muerte, me esfuerzo en entrar en la ciudad, me dan un golpe con una espada y casi me trinchan... ¡y me lo pagas así! -Beindir miró al cielo -¡Quieran los Dioses llenarme de paciencia contigo, pequeña Rhavan (\"salvaje\")!

Cabalgaron un buen rato callados, cuando de repente Raven pidió que parara el caballo.

- ¿Qué ocurre? -Beindir se sorprendió.

- ¿Sabes qué es \"Dwimordene\"? -preguntó Raven con curiosidad.

- No, ni idea... -Beindir se extrañó ante la palabreja que había soltado Raven.

- Algo así como \"Bosque de Oro\"... -insistía Raven - Éomer dijo que allí había gente como yo...

- Entonces es Lothlórien -suspiró Beindir. Se imaginaba lo que pasaba por la mente de la chica. \"Adiós, Minas Tirith.\" se dijo con resignación.

- ¿Lothlórien? -gritó Raven- ¿De donde era Nana?

- Así es -Beindir la miró a los ojos- Quieres ir, ¿verdad?

Raven lo miró con tristeza. Allí podía encontrar la respuesta a sus preguntas, pero no podía obligar a Beindir a separarse del camino que le llevaba a Minas Tirith...

- Iré yo sola -dijo suavemente- No tienes por qué seguirme...

Beindir rió de buena gana- Bueno, Señora -dijo burlón-, como sólo tenemos un caballo, habría que decidir quién seguirá con él... y como eso podría llevarnos días, mejor seguimos juntos hacia el Norte, al Bosque de Oro, y ya luego decidiremos si retomamos el camino a Minas Tirith... -de repente, Beindir puso cara de preocupación- Pero, por lo que sé, el Bosque está bastante lejos... y todos le temen. Dicen que hay una bruja allí... y habría que pasar cerca del Bosque de Fangorn...

Raven ya no le oía. Miraba hacia el Norte con ansiedad. Le dolía tener que apartarse de las Montañas Blancas, donde había visto a la elfa que la llamaba \"Sell Nín\"... pero tal vez, en el país de origen de esa mujer, le dieran alguna explicación. Y vería más de su raza.

Al fin y al cabo, era una elfa... a la mitad.

Los elfos son amables, y tratan bien a los suyos.

¿No?

[Editado por ravenrauglin el 13-05-2005 00:45]

Fragmento 10 por RavenRauglin

- Si como un pescado más, me saldrán aletas -gruñó Raven.

Beindir suspiró. El también estaba harto.

No había sido un viaje de placer desde el principio.

Ni tenía visos de serlo nunca.

Tras abandonar Edoras, cabalgaron por Emnet Oeste siguiendo la orilla del Río Nevado y luego el conocido por Entaguas. Se habían alimentado de los peces cogidos en los ríos... ni pájaros, ni ciervos, ni conejos... todo lo que tenía posibilidad de huir había desaparecido de las praderas.

- Es extraño -murmuraba Beindir- Los animales presienten algo... no me gusta esto.

Ahora estaban a la orilla del Entaguas, al borde de un bosque enorme y tenebroso. Beindir se acercó a los primeros árboles y echó una mirada al interior, pero no vio nada: anochecía y estaba demasiado oscuro para ver algo.

- Este bosque tiene muchos años... y muchas historias -le dijo a Raven- y todas ellas malas: es el bosque de Fangorn. -Beindir volvió a echar una ojeada al bosque y retrocedió- Mejor no nos acerquemos mucho... me da mala espina.

- No vuelvas a decir eso de \"espina\" - Raven mordisqueaba aburrida una perca que había asado en la hoguera. Ni en Dol Amroth había comido tanto pescado como ahora. - Estoy harta de pescado... ¿cómo es que no hemos visto un solo animal en una semana de viaje?

- No lo sé - rezongó Beindir, y miró hacia la pradera que se extendía leguas y leguas hacia el horizonte: aún les quedaba mucho trecho para llegar al Bosque Dorado- pero lo mejor es largarse pronto de aquí... parece que Aphadon sabe dónde estaremos mejor.

Aphadon (\"seguidor\"), el caballo, bufaba y pateaba el suelo. Había corrido por todo Rohan como si tuviera una manada de lobos pegada a la cola, y por mucho que Beindir tratara de tranquilizarlo, estaba cada vez más agitado. Intentaba soltarse de la rama al que estaba atado para lanzarse a la carrera hacia el Norte.

- Espera a que acabe de comer -dijo Raven- no tengo ganas de cabalgar con el estómago lleno de pescado -e hizo una mueca de asco mientras seguía mordisqueando el pez.

Beindir se sentó al borde del río y suspiró: estaba agotado del viaje, pero la energía que Raven había mostrado estos últimos días le animaba a seguir. Atrás había quedado la tristeza en la que se sumiera tras la visión -por llamarla de alguna manera- que tuvo en las Montañas Blancas.

Aquel hombre que había conocido en las mazmorras de Edoras le había hablado de una Dama Elfa poderosa y de un bosque lleno de elfos. La esperanza de encontrar más gente como ella y de poder ver sus preguntas respondidas llenaba su cuerpo del ánimo necesario.

Dejó vagar la mente en el reflejo del fuego en el agua. Ni siquiera se dio cuenta de que Raven se había sentado a su lado, hasta que empezó a hablar.

- No tienes porqué venir conmigo -dijo muy bajito- es mi problema, Beindir, no quiero meterte en esto...

- Ya estoy metido en esto, Muineth -Beindir rió quedamente- y recuerda que prometí a Lothiel que cuidaría de tí.

- Nada te obliga a ello -dijo Raven airada- El trato era que yo te ayudaba a salir de la ciudad, y que luego iríamos a Minas Tirith. Ya no iremos en un tiempo, así que...

- Así que seguiremos juntos hasta que lleguemos a Minas Tirith -dijo Beindir bruscamente- y no me dis...

Beindir se quedó helado. El agua, antes calma y tranquila, temblaba con furia. Unos espasmos, como si un terremoto azotara la tierra, la movían con fuerza. No sólo el agua se movía: todo el suelo temblaba.

- ¿Qué es esto? -Raven gritó asustada.

Aphadon relinchó de puro pánico y, rompiendo la rama donde estaba atado, partió a la carrera hacia el interior del bosque.

- ¡No tengo ni idea -dijo Beindir aterrorizado- pero mejor que sigamos al caballo, y corre!

Ambos se internaron en el bosque sin mirar atrás. Sortearon los troncos caídos como pudieron y apartaron las ramas que les entorpecían la huida. Pero huida... ¿de qué?

Al poco Raven tropezó con una rama caída y cayó al suelo. Beindir se frenó en seco y la ayudó a levantarse... para luego ver con horror de qué estaban huyendo.

En el borde del bosque se divisaban unas siluetas recortadas por la hoguera. Cuántas, era imposible de decir, pero seguro que varias decenas se amontonaban. Se gritaban los unos a los otros en una lengua -si se podía llamar así- áspera y malsonante que se mezclaba con el ruido de las armaduras y las espadas que portaban. El temblor era causado por el ritmo de carrera que llevaban, mezclado con las toscas botas de cuero y hierro que vestían.

- ¡Aquí hay restos de comida! ¡deben haber entrado en el bosque! ¡cogedlos y matadlos! ¡no dejéis a nadie con vida!

A Beindir se le pusieron los pelos de punta: recordaba esos ruidos y esas voces a la perfección, aunque hubieran pasado veinticinco años desde que los oyera por última vez.

Era la raza causante de que su familia se viera obligada a abandonar su hogar.

-Yrch! -murmuró acongojado.

Raven no hablaba. Se había quedado paralizada al ver los seres que les perseguían. Buscó con la mirada la espada que la Dama Éowyn le diera, pero recordó que la había dejado en la silla de Aphadon... y de poco le iba a servir ante decenas de orcos.

- ¡Al árbol! -Beindir reaccionó- ¡sube al árbol!

Le ayudó a trepar al árbol más alto que encontraron. Subieron hasta donde pudieron alcanzar y se sentaron como pudieron en una gruesa rama, aferrados el uno al otro. Los primeros orcos que llegaron a donde estaban quedaron a unos cinco metros bajo sus piés.

- Shhhh... -Beindir le tapó la boca a Raven. No creía que fuera a gritar, pero mejor asegurarse. Esperaba que los orcos no les vieran entre el espeso follaje del árbol y que pasaran de largo. Raven le respondió asintiendo: no estaba segura de poder controlarse ante lo que se les venía encima...

Para su desgracia, el jefe de la patrulla observaba las copas de los árboles con atención. El árbol en el que ellos estaban era especialmente tupido, y podrían haber pasado desapercibidos... de no ser por los ojos de Raven, cuyo brillo fogoso les delató.

- Ahí están -dijo el orco con maledicencia- ¡Prendedle fuego al árbol! Si no bajan, los asaremos... y seguro que su carne sabrá muy bien...

Los demás orcos empezaron a acumular madera al pie del árbol. Uno de ellos trajo un tizón encendido de la hoguera y lo acercó a la pila de ramas, que empezó a arder.

- ¡Nos van a quemar, nos van a quemar! ¿que hacemos? -Raven gritaba aterrorizada y se debatía en los brazos de Beindir, que la agarraba para que no cayera al vacío.

- ¡Por ahora, deja de moverte! -Beindir se desesperaba; la situación no podía sino empeorar, y no veía escapatoria, pero no quería que Raven se angustiara más: no valía la pena, si iban a morir así.

- A Elbereth Gilthoniel... -recordó Beindir que rezaba su madre cuando las tropas orcas atacaban su aldea en Ithilien. Le hacía repetirla hasta que se calmaba y pasaba el peligro. Beindir la repetía quedamente, como una forma de resignarse ante lo que iba a ocurrir.

- ... Silivren Penna Míriel... -le respondió Raven. La chica se asombró al darse cuenta de que conocía la vieja oración élfica. Sabía hablar Sindarin, pero no recordaba cuando había aprendido esa cancioncilla...

Le pareció que la noche se hacía más clara, pero no a causa del fuego que se elevaba. De repente, notó que Beindir pegaba un respingo

- Tu colgante... -le susurró maravillado.

El colgante brillaba. No tanto como la noche que la salvó de los lobos, pero se veía que relucía en la oscuridad.

\"Nana.\"

- ... O Menel Aglar Ellenath! -terminaron de decir ambos. Y casi se mueren de la impresión ante lo que aconteció.

El árbol en el que estaban subidos se movió. Primero titubeante, pero luego con energía... con tanta energía que cayeron de espaldas al suelo, por suerte sobre unos arbustos. Y desde allí observaron asombrados cómo el árbol sacaba sus raíces de la tierra y pisoteaba la pira hasta apagarla.

Los orcos desenvainaron sus espadas, tan asombrados como los dos amigos. El árbol émitió un gruñido profundo -Buradûm creyeron entender- y arremetió contra la patrulla. las espadas poco podían hacer contra las patadas, pisotones y golpes de rama que el árbol les propinaba, y pronto empezaron a desperdigarse por el bosque.

- Mejor que nos vayamos de aquí -dijo Beindir, arrastrando a Raven hasta el pequeño campamento donde estaban sus cosas. Aphadon estaba allí, y relinchó de alegría al verles llegar. A toda prisa subieron a su grupa y partieron, sin mirar atrás.

Tras varias horas cabalgando sin parar, el caballo frenó agotado. Beindir y Raven desmontaron y se tumbaron en la hierba de la pradera, intentando coger aire tras la huida. Aphadon acarició la cara de Beindir con el hocico.

- Úhand roch! -le dijo Beindir con algo de enfado-\"¡caballo tonto!\"- pero le acarició el hocico y le soltó la silla para que reposara. En verdad había sido el más listo de los tres, presintiendo el peligro y huyendo sin hacerse preguntas...

Raven se quedó tumbada de espaldas mirando al cielo. Amanecía, y los primeros rayos de sol hacía que su colgante brillara, recordándole lo ocurrido esa noche.

- Igual que con los lobos... -murmuró para sí misma. Beindir se le acercó con la pregunta en los ojos. \"Y una vez más no podré responderle.\" se dijo con pena.

Beindir se tumbó a su lado y cogió su colgante para mirarlo. Lo observó por todos lados, con los ojos entrecerrados, buscando algún detalle que le llamara la atención. Mientras, Raven lo miraba con curiosidad. A lo mejor él veía algo que explicara el suceso...

Así estuvo un buen rato hasta que, ante el asombro de la chica, rompió a reir estruendosamente.

- Desde luego -dijo mientras se secaba las lágrimas que se le habían saltado- los elfos saben cómo hacer que te rompas la cabeza intentando averiguar sus secretos... -miró a Raven, cuyos ojos se abrían de par en par- Es un simple trozo de piedra, pero a saber qué hechizos tendrá...

- ¿Tan poderoso es como para mover un árbol? -Raven lo apretó contra su corazón.

- No fue el colgante el que lo despertó, creo -Beindir estaba maravillado y su cara reflejaba asombro- si lo que me contaron de pequeño es verdad, eso era un Onod...

- ¿Mmmm? -Raven no había oído esa palabra en su vida.

- Un ser en forma de árbol que cuidaba de los bosques, pero es sólo una leyenda... aunque -y miró a Raven con picardía- a tu lado, las leyendas y hechos mágicos se están haciendo cotidianos, Muineth...

Raven se dio la vuelta y enterró la cara en la hierba: no quería saber nada de seres mágicos. Bastante tenía con haber sobrevivido a un ataque orco...

- Orcos cada vez más lejos de la Sombra... -Beindir se puso serio- y estos no eran orcos comunes: eran más grandes y fuertes... y listos. -Se puso en pie y se acercó al caballo- Date prisa en descansar, mellon... vas a tener que correr más que antes. -le rascó la oreja- No queremos más sustos, ¿verdad?

- No -contestó Raven desde el suelo.

Ya el sol daba con fuerza cuando Aphadon decidió que era hora de cabalgar. Montaron, y raudo como un rayo se lanzó a la carrera hacia el Norte, dejando a su derecha una interminable fila de colinas que se perdían en el horizonte.

Raven miró con sus finos ojos de elfo hacia la sombra tenebrosa del bosque, que se difuminaba hacia el Este.

Miró más lejos y vio las montañas más grandes y monstruosas que jamás había visto.

Y forzando la vista, vio en las faldas de esas montañas una torre negra que se elevaba sobre el terreno, y columnas de humo que la rodeaban...

Y se preguntó cómo hubiera sido la vida de casada a la orilla del mar.

[Editado por ravenrauglin el 22-05-2005 02:02]

Fragmento 11 por RavenRauglin

Luz.

Era todo lo que Raven podía ver.

Mejor dicho: la Luz no le dejaba ver otra cosa.

Habían cabalgado por el Páramo, huyendo del ataque orco. Aphadon no quiso parar hasta llegar al río Limclaro. Allí descansaron durante una noche, y tras cruzarlo se dirigieron al bosque de Lórien, a paso lento.

Beindir no había hablado desde la noche en Fangorn. La visión de los orcos y los gritos de Raven le habían traído viejos y amargos recuerdos de su corta infancia en Ithilien. Gritos de mujeres, olor a quemado, gente corriendo...

\"Al menos, por segunda vez en su vida, he sobrevivido\", pensaba, \"Pocos pueden decir eso.\"

Y hubiera vuelto a hundirse en sus pensamientos si Raven callase al menos por un segundo...

Al contrario que su compañero, Raven estaba de lo más locuaz. Alguien la estaba protegiendo, de eso no había duda, y eso la llenaba de alegría. Pero para que esa alegría fuera completa, necesitaba saber si sus sospechas eran ciertas... y no paraba de repetir las preguntas que le haría a la Dama del Bosque de Oro en cuanto la tuviera delante...

- A ver... qué sabes de Nimrodel, dónde está, qué es este colgante... -decía en voz alta- ¡Ah, sí! y por qué tengo estos ojos rojos... ¿Me falta algo, Beindir?

- Un poco de contención, creo... -murmuró para sí- Raven, ni siquiera sabes si te va a dejar entrar en el Bosque: Es una REINA, no una elfa normal y corriente...

- Los elfos son buenos -Raven arrugó la nariz. Beindir puso los ojos en blanco: había oído esa frase cien veces desde que salieran de Edoras- y se ayudan entre ellos, y...

- ... y según cuentan -le cortó Beindir hastiado- todo aquel que se ha acercado al reino de Lothlórien ha desaparecido.

Beindir paró el caballo y descabalgó. El bosque esta enfrente de ellos. No parecía tan amenazador como el de Fangorn, pero flotaba en el aire una sensación extraña... algo así como si el susurro del viento en las hojas dijera \"no deberíais estar aquí\"...

Ambos compañeros lo notaron. Un estremecimiento recorrió a Beindir: no sentía hostilidad ni maldad en el ambiente, pero algo le decía que era mejor no entrar. Raven, por su parte, estaba igual de asustada que su amigo, pero la necesidad de respuestas era más fuerte que su sentido de alerta...

- Vamos -dijo Raven-, quiero ver a la Dama antes de que anochezca... así podremos volver pronto al camino a...

Un sonido silbante le cortó la respiración. Raven no vio de qué se trataba, pero sí sintió el empujón que Beindir le propinó. Cuando abrió los ojos, estaba en el suelo... y con una flecha enredada en su pelo.

Si Beindir no la hubiera empujado, se habría clavado sin duda entre sus ojos.

Beindir la recogió del suelo y corrió con ella en volandas hacia el borde del bosque. Se habían adentrado una decena de pasos, y Aphadon esperaba al borde del río.

- ¡Muy amables tus \"hermanos\"! -le espetó mientras trataba de no resbalar entre las ramas del suelo.

No pudieron alcanzar el borde. Una red tendida entre dos árboles se alzó entre ellos, cortándoles el paso. Detrás de ellos, dos elfos bajaron de un árbol. Iban tensando sus arcos mientras se acercaban a la pareja.

- Daro! -les dijo de forma autoritaria uno de los elfos. Raven se fijó en ellos: iban vestidos de verde y marrón, con capas grises. Incluso en el suelo, sus capas se confundían con el follaje que les rodeaba. En sus caras no vio la sed de sangre que los orcos habían mostrado cuando los capturaron en Fangorn, pero sí una determinación... y era acabar con cualquiera que se acercara a su terreno.

- Im edhel sui lín! -les gritó Raven. \"¡Soy una elfa como vosotros!\". No hubo cambio en los bellos rostros élficos. Ambos se acercaron hasta casi tocar la cara de Raven con la punta de sus flechas.

Se quedó paralizada, hasta que Beindir la apartó y la puso detrás de él. Los dos arcos apuntaron al pecho del hombre. Beindir los miró con furia.

- Daro! He dess - \"¡Quietos! Es una chiquilla\" les dijo muy despacio, conteniendo su ira- Henion aníron, boe ammen i dulu lîn -\"venimos en busca de protección\". Los elfos no se movieron, apuntando con sus flechas a los extraños. Raven temblaba y se maldecía por haber traído a Beindir hasta este bosque...

\"Era Mi problema\" se decía, \"no tenía que haberle metido en esto...\"

- \"Im Dúnadan, pen uin Elendili\" - \"Soy un hombre del Oeste, uno de los Amigos de los Elfos\" dijo Beindir con orgullo... algo fingido. Esperaba que por una vez su linaje sirviera para algo...

Ante la sorpresa de Raven, los elfos se miraron, como no sabiendo qué hacer. Seguían apuntándoles con sus flechas, pero la duda se apoderaba de sus rostros.

Permanecieron así unos segundos que parecieron horas: los elfos amenazantes pero confusos, Beindir tratando de aparentar seguridad y poder... y Raven observándolo todo con los ojos abiertos de par en par, entre asombrada y asustada.

De repente, otro elfo salió de la espesura y se dirigió hacia los fronteros, haciéndoles señas de que bajaran los arcos. Los tres se reunieron e intercambiaron unas palabras, sin perder de vista a los extranjeros.

- ¿Qué dicen? -Raven no les entendía.

- Ni idea -Beindir se encogió de hombros-, no es Sindarin... debe ser alguna lengua de los elfos del bosque.

El recién llegado se les acercó. Su rostro era igual de bello que el de sus compañeros, por no decir que los tres eran iguales en sus facciones...

- Mae govannen -dijo el elfo- Mi nombre es Haldir, y soy el jefe de los Fronteros del reino de Lothlórien. Ellos -y señaló hacia los arqueros- son mis hermanos Rúmil y Orophin. Perdonad nuestra rudeza, pero tenemos orden de no dejar pasar a nadie al Bosque.

- Lo entendemos -dijo Beindir, algo más aliviado de poder hablar en la Lengua Común-, pero venimos huyendo de un ataque orco en la linde de Fangorn...

Beindir y Haldir continuaron hablando un buen rato. Raven se aburría: parecía que el problema se solucionaba, pero su impaciencia iba en aumento. Para tranquilizarse empezó a dar vueltas por el bosque. Miró hacia los elfos, por si le decían algo. Nada. Estaban muy ocupados con la charla.

Raven observaba el bosque con atención. Los árboles eran antiguos, pero no tanto como los que había visto en Fangorn. La luz se filtraba entre las hojas, dando una sensación de bienestar. En el suelo, algunas flores amarillas y blancas se asomaban, llenado el aire de un dulce aroma.

\"Entiendo que sean tan celosos con su territorio\", pensó la chica, \"Es tan hermoso que no quieren que nadie lo estropee...\"

Miró hacia el río que pasaba cerca, y se miró la ropa: estaba llena de tierra por el empujón de Beindir. Si iba a presentarse ante una reina, mejor se aseaba un poco... Se puso de rodillas y se lavó la cara. El agua estaba helada, pero ayudaba a recuperarse del susto. Cuando abrió los ojos...

Unos ojos azules se reflejaban en el agua. Miró detrás de ella, por si alguien se había acercado sin que lo sintiera. Nadie. Volvió a mirar al río y no vio los ojos, pero sí oyó una voz.

\"Raven...\"

- ¿Quién me llama? -Raven saltó y buscó su espada- No, otra vez no...- se lamentó: la había vuelto a dejar en la silla de Aphadon.

\"Buscas tu pasado aquí, donde el tiempo nunca cambia...\"

- ¿Dónde estás? -miró a todos lados, pero no vio a nadie. La voz le llenaba la mente...

Una dulce risa, y la voz desapareció.

Raven se quedó quieta, esperando oir algo más, pero sólo escuchó el susurro de la hierba a sus pies y la música del agua del río...

A lo lejos, Beindir la llamó. Raven sacudió la cabeza y se dirigió hacia él.

- ¿Estás bien? -preguntó Beindir- Estás pálida...

- Nada, es que el agua estaba helada... -farfulló Raven- ¿Qué dicen los flechas-rápidas?

Los tres hermanos elfos venían detrás de Beindir, silenciosos. Uno de ellos -tal vez Rúmil, aunque no podría asegurarlo- traía a Aphadon de la brida. El caballo parecía muy tranquilo, buena señal en un animal tan nervioso...

- Parecía que nos iban a echar -dijo Beindir con suspicacia- pero de repente se miraron entre ellos y dijeron que sí, que pasáramos... pero tenemos que ir con los ojos tapados, para no revelar a nadie el camino... -Beindir resopló.

- Lo que sea -Raven se encogió de hombros.

Haldir y Orophin llegaron con dos trozos de tela. Taparon los ojos de los dos amigos y les dieron una vuelta rápida para desorientarlos. Entonces, los llevaron a través del bosque.

Raven iba insegura por miedo a caerse, pero Haldir le dio la mano y la guió por la espesura. Le recordó a la travesía por los túneles de Edoras con la Dama Éowyn, pero allí al menos tenía paredes en las que apoyarse... Buscó a Beindir con la otra mano, pero no lo encontró.

- No te preocupes -dijo Haldir ante la preocupación de la muchacha- Va detrás de ti. Confía en nosotros.

Tras un tiempo que pareció horas, pararon. Haldir retiró la venda de los ojos de Raven. Lo primero que hizo fue comprobar que Beindir estaba allí, y estaba: miraba hacia arriba con una cara de asombro como nunca se la había visto. Raven siguió su mirada... y tuvo que estar de acuerdo.

Un gigantesco árbol de tronco plateado se erguía delante de ellos. Más arriba, una serie de plataformas alrededor del tronco soportaban varias estancias que se perdían hacia la copa del árbol. Varios elfos se asomaban a las barandillas labradas con hojas doradas, las mismas que el árbol poseía. Todo el conjunto estaba iluminado por una luz plateada que le daba un aspecto fuera del tiempo y de la Tierra Media...

Una escala de cuerda cayó desde la primera estancia. Los hermanos de Haldir se despidieron y volvieron a su puesto en la frontera, mientras que el propio Haldir y los dos amigos trepaban por la cuerda. A partir de ahí subieron por unas escaleras hechas con blanca madera y plata bruñida.

Llegaron a la parte más alta del árbol, donde se encontraba la estancia más lujosa de todas las que habían visto en la ascención. Beindir y Raven se quedaron delante de la puerta, mientras Haldir entraba.

- Qué maravilla... -Beindir no podía dejar de mirar a todo lo que le rodeaba, y rió- ¿Te imaginas si los ladrones de Dol Amroth supieran de este lugar?

- Morirían en el intento -dijo Raven con tristeza- pero seguirían intentándolo... Vale la pena.

En eso, Haldir salió de la estancia y se colocó al lado de los amigos. Tras él, dos figuras salieron envueltas en una luz plateada, semejante a las de las estrellas...

Cuando sus ojos se habituaron a la luz, vieron a los Reyes de Lothlórien: el caballero Celeborn; alto, hermoso, de cabello plateado y ojos azules. Su semblante reflejaba seriedad y sabiduría. A su lado, asida de su mano, la reina Galadriel.

Raven oyó cómo Beindir contenía la respiración al mirar a la reina. Era el ser más hermoso jamás visto por ambos. Su cabellera rubia bajaba ondulante desde su cabeza regia hasta su cintura estrecha. Su rostro mostraba, al igual que el de su esposo, la sabiduría de muchas edades vividas, y sus ojos azules soltaban chispas de luz, como si unas estrellas se hubieran quedado atrapadas en ellos. Y al igual que las estrellas, esos ojos parecían ver todo lo que había delante de ellos... incluso el corazón de sus invitados.

El rey les hizo una señal para que se sentaran en una hermosas sillas que damas elfas habían traído del interior de la habitación. Junto a las sillas colocaron una mesa con hidromiel y pan élfico. Raven tuvo que controlarse para no lanzarse sobre el pan: no había comido nada desde el ataque orco, tres días atrás.

- Nos han dicho que huís de un ataque orco al sur de Lórien -dijo Celeborn- y que hace poco estuvísteis en Edoras. Contadnos lo que habéis visto, por favor: necesitamos saber qué ocurre cerca de nuestra fronteras.

Beindir narró lo sucedido desde su llegada a la capital de Rohan hasta la huida de Fangorn. Mientras, Raven cogió un poco de pan y lo masticó lo más elegantemente posible: le daba vergüenza comer delante de unos reyes... Sin embargo, notaba que la reina la observaba con una enigmática sonrisa en su rostro, recordándole aquella noche en casa de la elfa Lothiel...

\"¿Otra más que me va a marear con sus palabras?\" pensó Raven, y juzgó apropiado no tocar el hidromiel... para evitar que luego dijeran que había sido el licor el que le hizo ver cosas.

Cuando Beindir acabó su relato, el rey se quedó pensativo. Tras unos segundos de deliberación, habló:

- Los orcos son cada vez más numerosos en nuestras fronteras -dijo con amargura- Curunír y Gorthaur saben que dentro de poco vendrá el Portador... lo cual es adverso a nuestros planes.

La reina asintió. Los amigos se miraron: no tenían ni idea de a qué se refería el rey. Ante su extrañeza, la reina sonrió- No os preocupéis, son asuntos que sólo preocupan a los grandes poderes... -su rostro se ensombreció- por ahora.

\"Lo importante ahora es que habéis dado una información muy valiosa para nuestra defensa... mucha más información de la que pensáis.\"

Raven pegó un respingo: habían mencionado Edoras, pero ellos no habían dicho nada de su aventura en Meduseld...

- ¿Como...? -empezó a decir Raven, pero entonces el rey habló:

- Según los fronteros, vos sois un Dúnadan -se dirigió hacia Beindir, que enrojeció- ¿Qué hacéis aquí? Pensaba que todos los dúnedain se habían quedado en el Norte... -miró a Raven con seriedad- y venís acompañado por una de nuestra raza.

- No es de nuestra raza -dijo dulcemente Galadriel- No del todo, ni ella misma lo sabe... pero por eso vienes a Lothlórien, ¿no, pequeña? -Raven la miró con asombro: sabía a qué había venido.

- Yo... -Raven quiería hacerle todas las preguntas que había estado ensayando durante el viaje, pero no le salían las palabras. Ante su asombro, la reina siguió hablando... pero no en voz alta, sino en su mente:

\"Quieres saber quién eres, de dónde vienes... es tu única meta, harías lo que fuera por saberlo todo... pero eso tiene un precio. Tu compañero es un mortal, no debería estar aquí, en la tierra inmortal de los elfos... Te daré las respuestas... si no permites que salga vivo del bosque.\"

Matar... ¿matar a Beindir? ¿Su vida... a cambio de conocer su pasado? Raven se estremeció ante la oferta de la Dama. Deseaba por encima de todo acabar con las dudas de su pasado, saber quién era su madre...

¿Cuántas veces había echado mano de su daga en los primeros días de viaje para defenderse de él? ¿Cuántas veces había pensado que él iba a deshacerse de ella? No debía ser difícil, y lo tenía al alcance de su mano...

No. La lealtad mostrada por Beindir durante el viaje era más valiosa que cualquier información. Cerró la puerta de su corazón a esa posibilidad... y posiblemente a su pasado, pensó tristemente, pero con firmeza. No.

- Vuestras preguntas serán respondidas aquí, pero no esta noche -Galadriel se levantó, y eso hicieron todos. Raven sintió como si despertara de un sueño. Galadriel le sonrió- Ahora id a descansad. Estaréis agotados de este largo viaje desde la orilla del mar.

Haldir les acompañó hasta el suelo y les dejó en las grandes raíces del árbol, que formaban cuevas lo suficientemente grandes para que varias personas pudieran dormir allí. Les proporcionó mantas y comida para la noche, y se despidió: tenía que volver con sus hermanos.

- Espero que disfrutéis de vuestra estancia en Lórien -se llevó la mano al corazón- Cuio mae, mellyn! (\"¡Vivid bien, amigos!\") -y desapareció en la noche.

Varias damas elfas prepararon el hueco del árbol para pasar la noche. En verdad era más lujoso que cualquier sitio donde hubieran dormido antes. Tras terminar su labor, se dispersaron por el bosque entre risas y suaves melui elei! (\"¡Dulces sueños!\")

- Beindir... -dijo Raven en cuanto se quedaron solos- ¿Oíste la voz de...?

- Sí, Muineth -Beindir asintió ausente- A mí me hizo lo mismo...

- Me... -Raven estaba avergonzada de haber dudado siquiera un segundo ante la oferta- me dijo que...

- Mejor no hablemos de ello -Beindir estaba rojo como un tomate- Vamos a dormir, y ya mañana veremos qué quieren estos elfos de nosotros.

Raven asintió. Era mejor así. Se envolvió en las suaves mantas élficas y se quedó dormida casi al instante, tal era su cansancio.

Beindir no pudo dormirse tan fácilmente. Aún podía oir la voz de la dama en su mente. También le había tentado para probar su honestidad y su bondad, pero en cierta forma había sido más cruel con él.

Le pidió que le diera el colgante que Raven llevaba al cuello... a cambio de entregarle a Raven como amante.

Beindir también dudó por un segundo. Le tenía mucho cariño a la muchacha medio elfa, pero empezaba a darse cuenta que era algo más que eso... Pero no. No podía hacer algo tan horrible a la chica de su corazón... por muy testaruda y cabezota que fuera.

Escuchó a los elfos cantar en medio de la noche, sus voces hermosas y platedas entrelazadas con las doradas hojas de los árboles y las estrellas que se veían entre las altas copas. No entendía la letra, no era Sindarin, pero algo le dijo que era una canción de amor.

Miró a Raven, que lloraba en sus sueños. \"Una pesadilla\", pensó Beindir, y la abrazó a través de la manta. Ella apoyó la cabeza en su brazo, y dejó de llorar.

- ... no voy a hacerle daño... -dijo Raven entre sueños- ... es mi amigo, y le quiero...

Beindir le secó las lágrimas que aún resbalaban por sus mejillas.

La abrazó aún más fuerte.

Y dio gracias a las estrellas de haber tenido la noche libre aquella vez en Dol Amroth.

[Editado por ravenrauglin el 27-06-2005 16:13]

Fragmento 12 por RavenRauglin

Ella le había dicho que le siguiera.

En realidad, no se lo había dicho... pero le había entendido.

Raven dormía profundamente cuando sintió que alguien se acercaba. Abrió los ojos y se incorporó en la cama que los elfos le habían preparado. Lo primero que vio fue a Beindir abrazado a ella...

Suavemente se libró de su abrazo y se puso en pie. Le hacía gracia que el hombre tratara de protegerla hasta dormido. No lo despertó: había sido un día muy ajetreado entre la cabalgada desde Fangorn y el breve encontronazo con los elfos. Se quedó unos segundos mirándole la cara, relajada y con esa sonrisa burlona incluso en sueños.

\"Mejor que descanses, Iaerwir\" pensó Raven con ternura, \"Creo que esto sólo va conmigo.\"

En efecto, sólo ella había sentido los pasos que se acercaban a la raíz del Mallorn donde dormían.

Raven salió del hueco y miró a su alrededor. La noche era preciosa. Se respiraba el dulce aroma de las flores y la hierba le acariciaba los pies descalzos. Entonces la vio.

La Dama Galadriel permanecía delante de ella, con la misma sonrisa enigmática con la que le recibiera esa misma tarde.

No le dijo nada, ni le hizo ningún gesto, pero comenzó a alejarse hacia la oscuridad del bosque, y Raven supo que quería que la siguiera. Y eso hizo.

La Dama parecía no caminar, sino flotar sobre la hierba sin tocarla, pues no hacía ningún ruido al andar. Raven, por su parte, levantaba briznas y hacía que los pequeños saltamontes del suelo saltaran ante su paso. Nadie en Lórien hacía tanto ruido, pero debía darse prisa: la Reina cada vez se veía más lejos, como una luciérnaga de luz blanca en medio de la oscuridad.

Cuando creía que la había perdido, salió a un claro del bosque. Allí estaba Galadriel, al lado de un pilón y con un jarro de plata en la mano. La Reina la miró y sonrió.

- Buscas tu pasado, ¿no es así, Korko? -Raven asintió extrañada. La había llamado por la traducción de su nombre en Quenya, pero jamás había oído una palabra en ese idioma.

- ¿Cómo sabéis...? -la pregunta murió en la paz de la noche. Era obvio que la Dama podía ver más allá de sus extraños ojos de fuego, y eso la aterrorizó...

- Sé muchas cosas -dijo la Reina misteriosamente- Cosas que no te interesarían... y cosas por las que darías todo -y sonrió con ternura- menos la vida de tu amigo Dúnadan.

Raven se sonrojó, pero al mismo tiempo se enfureció. No debió tentarla de esa forma: le había hecho sentirse como un...

- No eres un monstruo, Korko -dijo Galadriel dulcemente- Un monstruo hubera aceptado mi proposición, y tú la rechazaste, igual que Beindir.

- Pero dudé -dijo la muchacha con amargura: no podía perdonarse tan fácilmente el haber dudado entre las respuestas y la vida de su amigo.

- Incluso los Grandes dudan, pequeña -dijo la Reina tristemente, y miró hacia el Oeste. A Raven le pareció que lloraba, aunque podía ser la luz de las estrellas que se reflejaba en sus ojos. ¿O eran sus propios ojos los que producían esa luz?

- Pero no es eso lo que quieres saber -volvió a mirarla, la tristeza se había trocado una vez más por misterio. Se levantó y la cogió de la mano, llevándola hasta el pilón. Galadriel vertió el agua de estrellas en él.

\"Este es mi espejo\" dijo la Reina mientras vertía el agua. \"Y en él se ven muchas. Cosas que fueron, cosas que son y cosas que aún están por llegar...\"

- ¿Es mágico...? -preguntó Raven asombrada.

- No sé qué quieres decir con \"mágico\", pequeña -sonrió Galadriel- Pero mira en el agua y dime qué ves...

Raven se asomó al pilón y miró el espejo que formaba el agua. Esperaba ver una imagen del pasado, o un reflejo del futuro...

Estrellas. Era lo único que veía. Resopló defraudada: para ver estrellas sólo tenía que mirar al cielo... Y de repente el agua se movió y los ojos de Raven se abrieron para ver...

La misma elfa de ojos verdes que la había protegido en las Montañas Blancas. Y no estaba sola: muchos otros elfos la rodeaban y reían. La elfa iba en un hermoso caballo blanco, y echaba constantes miradas hacia el camino que se abría delante de ella. Era una gran peregrinación de elfos, todos hacia un mismo sitio... De repente Raven vio a quién miraba la dama elfa.

Era un gran señor elfo de pelo plateado y ojos azules. Su aspecto regio y poderoso sobre su caballo gris se relajó al encontrarse con los ojos de la dama de ojos verdes. Cuando este elfo apareció en el agua, Galadriel retrocedió con la tristeza reflejada en su rostro, pero siguió cerca de Raven, que no perdía ojo a la escena.

El noble sonrió dulcemente y llamó a alguien para entregarle un objeto. Raven brincó al ver que la portadora de tal objeto era Lothiel, la elfa que la acogiera en su casa. La doncella elfa corría alegremente hacia su señora cuando...

Un trueno. Y de repente, el cielo se oscureció como si la noche llegara sin avisar. Los elfos se asustaron y empezaron a desperdigarse por los bosques y montañas de la zona. Una gran nevada empezó a caer y cubrió las huellas de los perdidos.

Lothiel logró llegar hasta su señora, la cual buscaba desesperadamente al elfo que la nieve se había tragado. Ambas se quedaron abrazadas en medio del frío. La señora elfa tomó el objeto que Lothiel llevaba -el colgante que le había entregado a Raven- y lo mantuvo entre sus manos mientras recitaba una oración élfica. El colgante brillaba como todas las veces que Raven había estado en peligro. Se lo entregó a Lothiel y la mandó en busca de los demás. Renuente a dejar a su señora, Lothiel obedeció sin embargo, y se perdió entre la nieve. De Nimrodel -la dama- sólo quedó su imagen brillante y dulce en medio de la nieve...

La imagen cambió de la triste escena de los elfos extraviados a otra totalmente distinta. Un lugar desolado, donde la tierra era negra y no se veía una sola brizna de hierba. Una gran torre se elevaba en medio de la llanura, y en la cima de esa torre...

Un gran Ojo de Fuego. Raven sentía que podía verlo todo, incluso a ella... No sentía miedo, más bien atracción: ese ojo tenía mucho parecido con sus ojos encendidos... una voz seductora la llamaba, y cada vez se acercaba más al agua...

De repente gritó aterrorizada: no se había dado cuenta de que el agua hervía y de que su cara estaba casi rozándola. Se apartó del pilón y se sentó en la hierba, intentando alejar la imagen del Ojo de su cabeza...

- ¿Sabes lo que has visto? -le preguntó Galadriel con una voz que no admitía el silencio.

- Un Ojo... como los míos -Raven temblaba como una hoja- y a la dama que me entregó este colgante -se echó manos a su colgante y lo estrechó contra su corazón- y a ella...

Galadriel sonrió y le tendió la mano para que se levantara. Ante el asombro de Raven, la abrazó. La muchacha notó que la reina temblaba tanto como ella...

- Ese gran señor que has visto -dijo la Dama con tristeza, mientras se apartaba de Raven con suavidad- era Amroth de Lórien...

\"Mi hijo.\"

Raven no podía creerlo... quiso preguntar, pero la Dama la hizo callar con una mirada, y continuó hablando... pero en su mente.

\"Amroth y su prometida Nimrodel no quisieron seguir aquí. La maldad de la Sombra les daba demasiado miedo... sobre todo a ella. Ambos decidieron ir a los Puertos y embarcar hacia Valinor, la tierra más allá del Gran Mar. Muchos fueron los que le siguieron, pues eran muy amados aquí en el Bosque.\"

- El resto lo conoces -dijo ya con palabras que salían de su boca- la bella y dulce Nimrodel desapareció y... Amroth se ahogó.

- Lo... lo siento, Señora -dijo Raven con gran tristeza- ¿Así que he estado viviendo en la cuidad de mi padre todo este tiempo?

- No -dijo Galadriel suavemente- No eres de mi sangre. Nimrodel te tuvo hace veinte años, mucho tiempo después de que mi hijo se hundiera en el Belegaer...

- Pero... -Raven no entendía nada- Pero entonces, ¿quién? -estaba muy confundida, y algo se agitaba en su interior- Y... si podéis ver cosas en el espejo, ¿por qué no buscáis a Nimrodel?

- Nimrodel se fue a las Estancias de Námo al poco de que nacieras -dijo Galadriel con tristeza- Te llevó hasta la ciudad que lleva el nombre de su amado y allí te dejó, para luego perderse en la noche...

\"Hasta ese momento vivía feliz en las Montañas, cantando con los pájaros y viviendo a la vera de un pequeño riachuelo...\" el rostro de Galadriel se ensombreció, y parecía que había envejecido en segundos. \"Tan grande era su dolor y su vergüenza...\"

- Vergüenza... ¿de que yo naciera? -dijo Raven con la voz rota.

Galadriel calló.

Raven empezó a alejarse del claro, sin rumbo: saber que su madre se había retirado del mundo por ella la había destrozado. Ya no le importaba saber nada más sobre su vida...

\"Nana murió al ver estos ojos...\" se dijo con furia. Se odiaba más que nunca, pues ahora tenía le seguridad de que era un monstruo...

- No saques conclusiones tan rapidamente, Raven Nimrodeliel -dijo Galadriel con autoridad- Tu madre no murió por tu culpa, sino a causa de su propia culpa...

- ¿Qué culpa iba a tener ella de que diera a luz un monstruo? -gritó con rabia. Raven estaba furiosa y ya no le importaba tener a una reina delante de ella.

- Vistes más cosas en el espejo, ¿no es así?

- Sí, así es -contestó Raven- ¿Y qué tiene que ver \"eso\" conmigo?

\"Mucho...\" Galadriel se dirigió a su mente. Calló por unos segundos, y luego la miró con dulzura, \"pero no es algo que debas saber, no todavía. Y posiblemente nunca\"

- Sólo debes saber esto, pequeña -continuó Galadriel-: tu madre fue víctima de un Mal superior a cualquiera que te imagines... pero te amaba -se acercó a Raven y acarició el colgante- Tanto como para que su amor no partiera con ella y se quedara en esta pequeña piedra...

\"Esta piedra está llena del amor entre mi hijo y tu madre, y también del amor de tu madre por ti. El amor es un sentimiento tan grande que a veces, aunque le separe el Belegaer o incluso los Muros del Mundo de su alma, permanece al lado de la persona amada. Y tan poderoso como para vencer al enemigo más terrible...\"

- Conocí a una dama, Media Elfa como tú -Galadriel rememoraba tiempos impensables para Raven- que por amor a un hombre venció a la incomprensión de su padre y a una Sombra más tenebrosa que esta que sufrimos en esta Edad... -ante la sorpresa de la chica, Galadriel rió- Y por cierto, también portó una joya élfica hecha con amor y dedicación... ¡los caminos de Eru son insondables!

Raven no entendió esto último, pero su corazón se sintió aliviado: su madre la quería, y su amor la cuidaba incluso a este lado de Arda...

- No me habéis hablado de mi padre... -Raven estaba más tranquila, pero aún tenía preguntas sin respuesta.

Galadriel la miró con toda la fuerza que dan varias edades de vida, sabiduría... y poder. Raven se sintió como el último saltamontes del bosque...

- ¡No preguntes por aquel que no quiere para ti y para los demás sino la desdicha y las tinieblas! -dijo la Reina con voz profunda y terrorífica. La Dama se irguió alta y poderosa ante ella, fuerte como los cimientos de la tierra... Raven retrocedió asustada ante la furia mostrada hacia ella, y gritó al ver que de su mano derecha surgía una luz blanca que la cegó...

Ante el miedo de la muchacha, Galadriel se tranquilizó y volvió a ser la bella y sabia dama que se mostrara a los demás. Acercándose a Raven, le acarició la cara suavemente y mientras le miraba a los ojos, le sonrió- Gerich veleth nîn, Meldanessa -\"Cuentas con mi cariño, Querida Niña\"-, no pienses más en eso...

Raven, más tranquila, intentó una reverencia ante la Dama... poco pulida, la verdad. La Reina sonrió ante el azoramiento de la chica y dio por terminada la reunión- Namarië -y desapareció entre los árboles.

Raven se dirigió hacia su cobijo del árbol pensativa y emocionada. Algo había sacado de esta experiencia: sabía quién era su madre, y lo más importante, que le quería.

De todas formas, la alegría no era completa. Aún no sabía nada de su padre... Entoces pasó algo extraño: cuando trató de recordar lo que había visto en el agua, no pudo. No recordaba nada tras ver a su madre en medio de la nieve... La dulce risa de la Dama Galadriel sonó en su cabeza.

\"No pienses más en eso...\"

La muchacha se encogió de hombros y siguió su camino. Al poco llegó al Mallorn y tuvo que reirse: Beindir estaba durmiendo boca arriba y a todo lo largo de la cama, roncando como un grupo de ladrones borrachos... Raven lo zarandeó hasta despertarlo.

- ¡Ey, pedazo de Troll, que estás ocupando mi sitio! -Raven reía ante la cara de no saber donde estaba que puso Beindir- ¡Los elfos deben pensar que un grupo de orcos se ha colado en su territorio, con esos ronquidos!

- Así me hubieran matado y habría seguido durmiendo... -gruñó Beindir. Se apartó y le dejó un buen sitio a Raven. Ante su sorpresa, la chica se acurrucó contra él, apoyando la cabeza en su brazo. Así estuvieron un buen rato, mientras la noche moría.

- Beindir... -Raven rompió el silencio.

- ¿Sí, Muineth? -murmuró Beindir adormilado.

- ¿Conoces alguna historia sobre una Media Elfa enamorada de un Hombre y con una joya en medio? -dijo la chica con curiosidad. Beindir se quedó paralizado ante la pregunta de su amiga.

- Mmmm, ¿por qué lo preguntas? ¿Has estado hablando con la Reina? -Beindir intentaba sonar casual... en realidad estaba muy nervioso: si la chica sabía lo que le pasó por la cabeza en la reunión con la reina...

- Pues... sí -Raven se asombró de que lo supiera- Y mencionó esa historia, pero no me la contó... ¿La conoces o no?

- Ah, entonces.. creo que te refieres a la Balada de Leithian -dijo Beindir ahora más tranquilo-: es la historia de Beren y Lúthien.

- ¿Me la puedes contar? -Raven lo miraba con insistencia. La forma en la que la Reina se había dirigido a esa historia le llamaba la atención.

A pesar del sueño y del susto que se había llevado, Beindir comenzó a narrarle los hechos de la bella historia.

Antes de que llegara a la Caída de Tol-in-Gaurhoth, Raven se había dormido.

Y Beindir no tardó en caer tras ella... esta vez sin roncar, para no molestarla.

[Editado por ravenrauglin el 04-06-2005 21:38]

Fragmento 13 por RavenRauglin

- ¡Si por mí fuera, no me iría de aquí nunca! - gritaba Raven mientras brincaba por la hierba.

Beindir la seguía de cerca, divertido por la expresión de asombro en las caras de los elfos que se iban encontrando: había pasado mucho tiempo desde la última vez que fueron testigos de un escándalo semejante...

Pero tenía que darle la razón: él tampoco quería irse de allí. Aunque sabía que su partida estaba cerca.

No sabían cuánto tiempo llevaban en Lothlórien. Podían haber pasado semanas, meses enteros, pero ellos no lo notaban: el Bosque era inmune al paso del tiempo. Beindir había intentado averiguar cuánto había pasado desde su llegada contando las veces que había visto pasar el Sol... pero incluso ella parecía estar compinchada con los árboles para confundir sus cuentas.

Al menos, Raven era feliz. O eso parecía.

Durante un tiempo, estuvo pensativa y callada, justamente desde la primera noche que durmieron en el Bosque. Beindir lo atribuyó a que la Reina le habría revelado sus orígenes, y ello le habría sorprendido, o consternado... la verdad, no sabía qué le había pasado, y ella no quería contarlo.

\"Seguramente le dijo algo malo sobre sus padres\" pensaba Beindir, \"y le da vergüenza que yo lo sepa...\"

Esa falta de confianza le hería en lo más profundo, después de lo que habían vivido. Lo que había empezado como una unión entre ladrones para huir de sus problemas había desembocado en una buena amistad... aunque esa amistad se le estaba quedando pequeña a Beindir. Tras la \"tentación\" de Galadriel había descubierto que ese \"cariño\" por la joven Medio Elfo estaba cambiando hacia algo más profundo, lo que le confundía y... le daba miedo.

No por sus ojos: nunca se había sentido intimidado por ellos. Los consideraba algo \"curioso\", pero no peligroso. Podía ver que detrás de esos ojos de fuego -que tiempo atrás mantuvieran a los peores hombres de Dol Amroth a una distancia prudencial- se ocultaba una niña falta de cariño y despreciada por ser diferente.

No. no era eso a lo que temía, sino a la reacción de la chica: Si no confiaba en él después de todo lo pasado... ¿cómo iba a tomarse el que empezara a mirarla no con ojos de amigo, sino de hombre?

A pesar de su desconfiaza, habían tenido sus momentos cercanos: la había abrazado... e incluso habían dormido juntos -sin que nada pasara, por supuesto -, pero ella se lo tomaba medio en broma, medio enfadada. Y luego, como si nada hubiera pasado.

Como ahora: reía y saltaba entre los Mellyrn tras varios días -suponía Beindir- de silencio y mal humor, recibiendo sus insultos y malos modos cuando él trataba de que abriera su corazón... y siempre acababan igual: ella pidiendo perdón y él tomándole el pelo. \"Si sigues de ese humor, Muineth, los elfos van a pensar que han metido un Balrog en su territorio\".

- ¡Beindir! -la voz de Raven lo sacó de sus pensamientos. La buscó con la mirada: estaba junto con dos elfas vestidas de blanco que reían y bailaban alrededor de la chica mientras la llevaban consigo.- ¡Voy a nadar al río, no me sigas!

- No te preocupes, tengo cosas mejores que hacer... -rezongó el Dúnadan mientras veía como se alejaban las tres mujeres. Las muchachas elfas eran infinitamente más hermosas y delicadas que Raven, pero Muineth-\"Dulce Joven\", como la llamaba en Sindarin- tenía algo...

- ¿... Especial? - dijo una voz detrás de él. Beindir se volvió para encontrarse al Caballero Celeborn, el Señor del Bosque. El hombre se sorprendió, puesto que no había visto a ninguno de los monarcas desde que fueron recibidos en sus aposentos.

- N-n-no sé a qué os referís, Señor - Beindir trató de parecer confundido, pero sabía que era difícil: el que los reyes de Lothlórien eran muy \"perspicaces\" no se le había pasado por alto...

Celeborn sonrió y le hizo un gesto para que lo siguiera. Ambos caminaron bajo la sombra de los Mellyrn en silencio durante un buen rato, hasta que el Rey habló:

- Creedme si os digo, amigo Dúnadan -Beindir puso los ojos en blanco: su linaje no era algo que le hiciera sentirse orgulloso... sólo había servido para que la guardia Galadrim no les matara al entrar en el Bosque-. Creedme si os digo que habéis puesto los ojos en una joya que puede traer tanta felicidad o desgracia como los Silmarilli de Feänor...

- No entiendo lo que decís, Caballero Celeborn -Beindir lo miró con suspicacia: los reyes se habían mostrado muy \"interesados\" en Raven durante su audiencia-. Os ruego me lo expliquéis. Con detalles -añadió en un tono que sonaba a \"no juegues conmigo\".

Celeborn clavó sus penetrantes ojos azules en Beindir. A pesar de ser bastante alto, el hombre sólo llegaba al hombro del Elfo, pero todo ello y su majestad no intimidaba a Beindir: quería saber qué secreto había con respecto a Raven y qué tejemanejes se traían los elfos con ella. Celeborn habló con la voz que dan varios siglos de vida:

- No entraré en detalles sobre los hechos, Adan, pues desafían a cualquier horror y deprevación que tu raza haya conocido desde el regreso de Gorthaur a Endor tras el hundimiento de vuestra isla. - Celeborn lo miró desafiante, y advirtió que el mortal no se achantaría ante él, tal era su deseo de respuestas. Celeborn suspiró- Es demasiado complicado, incluso para nosotros, los Sabios.

- Sólo quiero saber el porqué de ese interés por ella -Beindir abandonó su actitud hostil: no quería enemistarse con el Elfo, sólo deseaba la verdad-, y... si tiene algo que ver con el colgante que lleva.

- Ella ya lo sabe -dijo Celeborn- y es lo que importa. ¿Por qué tienes interés en saberlo tú?

- Porque soy la única persona que se ha preocupado por ella sin obligarle a nada ni asustarle para que haga algo -sus ojos brillaron con la fuerza de sus sentimientos-, ni mucho menos confundir su mente con tentaciones e intrigas.

- Estáis furioso porque no os lo ha contado, ¿no es así? -dijo Celeborn con suavidad- Porque pensáis que sois un mero... -buscó una palabra poco hiriente- \"pasatiempo\" en su vida. Que os abandonará en cuanto haya alcanzado su objetivo.

Beindir sintió como si recibiera una patada en el estómago. El Elfo había hablado con delicadeza, pero había dado en el clavo.

- Yo... yo no quiero perderla -dijo Beindir, más para sí mismo que para el Rey-. No me importa lo que sea, ni quienes sean sus antepasados... sólo quiero protegerla -levantó su cara hacia las copas de los árboles: no quería que le vieran las lágrimas luchando por salir-, aunque sólo sea una niña tonta y caprichosa -rió con tristeza.

Celeborn tenía la mirada perdida, como si recordara tiempos pasados. Volvió de su ensueño para tomar de los hombros a Beindir y mirarlo con comprensión.

- Sé lo que es desear algo que está muy por encima de ti y de tus posibilidades, Mellon. Pero a veces ocurre que se consigue lo deseado -miró hacia el gran Mallorn que era su hogar y sonrió, pero su sonrisa se apagó rápidamente-, aunque nunca puedes estar seguro de que esa dicha sea para siempre...

\"No puedo darte detalles sobre lo que circunda a la joven, pues aún no sabemos cómo actuar ni el qué puede ocurrir con ella... y con los que le rodean.\"

- Sólo puedo deciros esto -dijo Celeborn nervioso, como si temiera un ataque en ese momento-: dentro de esa chica se está librando una batalla entre las Fuerzas de la Luz y los Ejércitos de las Sombras, y hay muchos enemigos de los Pueblos Libres interesados en que gane la Oscuridad. -Celeborn remarcó cada una de sus palabras- Si Raven sucumbe a ello, sólo Ilúvatar sabe qué podría pasar.

Beindir se quedó de una piedra, sin poder hablar. Las palabras de Lothiel regresaban a su mente: \"Muineth es más de lo que aparenta, para bien o para mal...\" ¿Quiénes querían hacerle daño? ¿El Clan de los Ladrones? ¿Su padre Daedur?

- ¡Olvida Dol Amroth! -Celeborn hizo un gesto con su mano, indicando un tiempo pasado. Su rostro estaba contraído por la negrura de sus palabras- No, Él está al Este... No descansará hasta que la haya encontrado, a ella y a la otra Peredhel... No, olvida eso último: no es nada que os atañe a vosotros- dijo Celeborn algo más relajado.

Beindir puso cara de extrañeza: ¿La otra chica Medio Elfo? ¿Es que Raven no era la única en peligro? Bueno, eso a él no le importaba... de momento.

- Ya que no se me permite saber lo que sucede -dijo Beindir con un toque de amargura-, pero... ¿Puedo saber al menos qué hacer para protegerla?

- Lo que habéis estado haciendo hasta ahora, Beindir -Celeborn sonrió: todo rastro de angustia había desaparecido de su bello rostro-: estar a su lado. Y no penséis que lo hacéis en vano -por primera vez, Beindir veía una sonrisa pícara en la cara de un ser inmortal- La damisela no está ciega y vé lo que os preocupáis por ella... tanto como para sacrificar sus deseos por vos. -Celeborn se dio la vuelta e hizo un gesto de despedida.

- ¡Esperad! ¿Cómo que...? -Beindir gritó en vano, puesto que el Rey desapareció por entre los árboles de tronco de oro. Beindir no pudo sino encogerse de hombros.

El tiempo había pasado sin que Beindir se diera cuenta -como pasaba siempre en Lórien- y ya atardecía. Se encontraba en medio de una colina llena de flores amarillas y blancas cuyo dulce aroma le embargaba. Estaba cansado por el paseo y se tumbó entre las flores a descansar.

Su cabeza aún bullía con todo lo que le había dicho el Sinda sobre la joven Raven. No había entendido nada, o mejor dicho, Celeborn no quiso que entendiera nada. De lo único que se había enterado era de que su pequeña compañera estaba en peligro... o que podía ser un peligro.

Y de que su enemigo estaba al Este. Hacia donde ellos se dirigían.

Beindir seguía deliverando sobre lo ocurrido cuando oyó una risa musical que se acercaba a la colina donde reposaba. Se incorporó pensando que sería alguna de las -relativamente- jóvenes elfas que les atendían a la hora de comer. Pero no, era Raven.

Y al mismo tiempo, no lo era.

La mestiza que se vestía y comportaba como un muchacho maleducado y callejero se había convertido en una hermosa Elfa, como la que debió ver aquel Adan en los bosques de Doriath.

Las elfas le habían trenzado el largo pelo negro como las plumas del cuervo, colocándole una red de plata que caía por su espalda, y la habían vestido de blanco con un cinturón del mismo metal que su tiara. Parecía una estrella que hubiera caído del cielo por accidente. Sólo sus ojos de fuego confirmaban a Beindir que en efecto, se trataba de su pequeña amiga.

Llegó hasta la colina donde Beindir seguía sentado, mirándola como si se le hubiera aparecido la mismísima Elbereth. Se sentó a su lado y rió al verle la cara de asombrado.

- ¡Despierta, pedazo de Goblin! ¿Es que no ves que soy yo? -Raven intentó empujarle, pero Beindir se las arregló para atraparla y retenerla contra su pecho. Raven forjeceó para librarse del abrazo que pensaba era parte del juego, pero pronto se quedó inmóvil, mirando a su compañero con sorpresa y confusión.

- Iarwain... Beindir, ¿qué haces? ¡suéltame! -dijo Raven entre divertida y nerviosa. Sus ardientes ojos se encontraron con los suaves verdes de él, y ya no intentó zafarse del abrazo...

Un carraspeo les interrumpió: era Haldir. Algo azorado por el momento en que había llegado, el Jefe de los Fronteros les trajo noticias de los monarcas.

- La Dama Galadriel y el Señor Celeborn han decidido que debéis abandonar Lórien mañana al amanecer -Haldir acalló con un gesto las protestas de la pareja- Este es el mejor momento: no se han avistado orcos desde hace tres días. Y al parecer, vuestras preguntas ya han sido respondidas...

- No del todo -rezongaron los compañeros al mismo tiempo.

- Lo siento -Haldir parecía triste- Sé que es difícil abandonar este lugar tan bello... pero yo mismo, y mi gente, lo abandonaremos pronto.

- ¿Cómo? ¿Cuándo? -preguntó Raven mientras se colocaba la red de plata que se había caído durante el abrazo. Beindir trató de ayudarle y recibió un cachete en la mano por ello. El Dúnadan sonrió: era la Raven de siempre.

- No lo sé, el tiempo es tan relativo para los elfos... -Haldir miró hacia las flores de la colina como inmerso en una ensoñación- Puede que mañana, o puede que para cuando desaparezcan las elanori y las niphredili de Cerin Amroth... Sólo la Dama lo sabe.

- ¿Amroth? -ambos amigos saltaron ante la palabra.

- Sí, la Colina de Amroth... el lugar donde estáis sentados -Haldir sonrió y miró a Raven- Aquí tuvo su casa el Señor Amroth hasta que fue hacia los puertos... para no volver ni él - sus ojos se empañaron- ni Nimrodel.

Raven acarició la hierba. Ahí, sentada y vestida toda de blanco y plata, su madre habría compartido hermosos atardeceres con el hombre al que amaba. Y ella estaba en el mismo sitio, vestida igual... y con su amigo mirándola extrañado. ¿Por qué acariciaba la hierba de ese modo?

- Hé de marchar -dijo Haldir-, mañana os vendrán a buscar para prepararos. Adiós, amigos míos -el elfo Silvano les tomó de las manos-, que los Valar os guíen en vuestro sendero bajo el cielo -y desapareció en la noche que ya caía sobre el Bosque.

Beindir y Raven se quedaron sentados en silencio. Beindir se sentía avergonzado por no haberse podido controlar ante su compañera, y tenía algo de miedo -y por qué no decirlo, esperanza- de que la chica se hubiese dado cuenta del porqué de su acción. Raven estaba callada y miraba las flores.

- Muineth... lo que pasó antes... -Beindir hablaba muy suavemente mientras cogía su cara para mirarla a los ojos.

- ... ¡Fue porque eres un bruto! -Raven lo empujó colina abajo mientras se colocaba el traje- ¡Para una vez que me visto con ropas finas y me tienes que manchar el traje y estropear el peinado! ¡No sabes jugar limpio! -y dicho esto, se tumbó de espaldas y observó las estrellas.

Beindir se levantó como pudo y volvió a sentarse al lado de la chica. \"Bueno, ya veo que no te has dado cuenta\" pensó Beindir entre aliviado y triste. Se tumbó igualmente de espaldas y cerró los ojos.

\"En otro momento pequeña, cuando tú decidas. Mientras,\" pensó Beindir antes de dormirse \"Mientras... te seguiré cuidando como hasta ahora.\"

Raven no podía dormir tan fácilmente. Había visto algo en los ojos de Beindir que no conocía hasta ese instante, al menos en él. Le hizo recordar las miradas que los hombres del Clan le echaban cuando creían que no los veía... pero esta era diferente: no había maldad en sus ojos. Y Raven había quedado hipnotizada casi al instante.

Jugueteó con la red de plata de su pelo hasta que lo enredó por completo en ella.

Cuando Beindir despertara, tendría que desenredarlo.

Y esta vez, Raven se dejaría dócilmente.

[Editado por ravenrauglin el 12-07-2005 01:15]