Historia privada

Quenta Shânakwa

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Fragmento 1 por Kiri

Harad, el Sur de la Tierra Media. Lugar casi inhóspito, soleado, un desierto casi sin fin, donde muchos encuentran la muerte. Este es el territorio de los Haradrims, humanos civilizados pero a su vez salvajes.

Pero no todo el paisaje del Sur es así, en el Sur extremo se encuentra el reino de Mûmakan, tierra de selvas y grandes bestias, enormes, llamadas Mûmaks.

Fue allí, en el comienzo de un nuevo día, cuando el sol asomaba en el Este lejano que nació el niño que haría historia en Haldanóri, las Tierras Ocultas.

Fragmento 2 por Kiri

Un poco de historia

Cuando aun los pensamientos en Numenor eran puros y la maldad reposaba en tierra firme, en el Sur de la Tierra Media varios hechos pasaban desapercibidos.

En la Bahía de Ormal los barcos iban contra las corrientes yendo desde Arthanor (el Reino del Sol) hasta la isla Amazon, llevando productos y fomentando sus actividades comerciales.

En el medio del desierto, varias ciudades se iban formando. Así nacieron importantes centros de comercios como Syrain y Tul Harad.

Pero al sur de todo, en la tierra de las selvas húmedas, mas allá del extenso Taur Moredain un gran reino crecía.

En un valle cerrado por las vastas selvas, se encontraban los grandes Mûmaks y bajo su mando estaban los Haradan del Sur, los mas salvajes decían todos. Algunos incluso difundían rumores sobre canibalismo y necromancia.

Pero nada de esto era cierto. Esos hombres eran capaces de domar a los más fieros Mûmaks, y de formar un Reino como cualquier otro, incluso con una mejor organización tanto política, económica y militar.

La mayoría de la gente que allí habita es de tez oscura. Usan telas rojas, doradas y negras como vestimenta, y les gusta llevar adornos de oro, tanto hombres como mujeres.

En un principio solo se dedicaban a comerciar con los ejércitos Haradrim del Norte los Mûmaks, destinados para la guerra.

Pero luego se fueron extendiendo, construyeron varias ciudades, y asignaron a una la función de capital del Reino. Esta misma fue llamada Tul Isra, Ciudad Salvaje en su propio idioma.

Su forma de gobierno era una monarquía hereditaria. La familia Zahakul siempre había reinado en paz, el pueblo siempre estuvo contento, hasta que comenzaron las guerras.

Varios hombres desconocidos, quienes decían venir de una gran Isla llamada Numenor querían dominar las tierras y presionaban a los reyes con exterminar sus poblados si no lo permitían.

Para salvar la vida de sus ciudadanos y familia, decidió dejar a un “diplomático” en sus dominios, actitud que no agrado al pueblo en nada, ya que no sabían la verdadera razón de su estadía.

Fragmento 3 por Kiri

Discordia Real

Todos lo comentaban. Los hombres blancos se paseaban por las tierras como dueños de ellas y en cuanto el Rey Darîm Zahakul muriera, tomarían el poder, ya que el no tenia descendencia y no podía tenerla.

Más cual fue la sorpresa de todos cuando Milad, la esposa del Rey demostró estar embarazada. Al parecer se esperaba frente al trono a un pequeño “bastardo”.

La verdad fue que un Maiar, Oku-Tori (Dios de los Pájaros) se apiado de la mala suerte de la familia real y otorgo un hijo a la Reina.

Pero nadie sabía el verdadero origen del niño, y el Rey no estaba a gusto con el mismo, aunque dijo que se encargaría de su educación.

En esos días arribaron a las costas de las tierras dos mujeres que venían de la Isla Amazon. Eran videntes y en cuanto el Rey se entero de esto mando a llamarlas al Palacio. Quería preguntarle que pasaría con los Hombres Blancos, como terminaría la guerra, pero sin embargo las dos profetizas le dijeron que solo una pregunta le contestarían.

Tras mucho pensar se decidió por preguntar cual seria el destino del niño.

Las dos al mismo tiempo elevaron la voz y dijeron:

“El Indeseado, el de los Ojos Fieros será quien libere tus tierras, críalo como lo requiere cualquier niño y te lo devolverá con gratitud; desprécialo como un bastardo y tu reino caerá bajo sus manos y su venganza.”

Al otro día las dos mujeres habían partido, nadie supo nada mas de ellas.

Ya en esa época, faltaban solo dos meses para el nacimiento, y todos se preparaban a la llegada de un posible futuro Rey.

Fragmento 4 por Kiri

Vida y Muerte (Cuando los dos extremos se juntan)

Fuertes tormentas arrasaban las selvas que rodeaban al Reino de Mûmakan. Nadie se atrevía a salir de sus casas, incluso los ejércitos se guarecían en las barracas.

Nadie sabía cuanto duraría ese infierno, pero lo peor empezó a la semana cuando el gran ojo de un huracán se formo en el cielo. No tardo mucho en terminar de formarse y comenzar a destruir todo a su paso. Casas, árboles, mansiones, nada quedaba a su paso.

Ese mismo día fue cuando la Reina comenzó a sentir dolores en su vientre. Cualquiera hubiera pensado que eran contracciones anteriores a un parto, pero aun faltaban más de 3 semanas para el nacimiento programado del futuro príncipe.

Por la noche se encontraba en la cama inconsciente, mientras que los curanderos y matronas del palacio la cuidaban sin comprender el porque de sus dolores. Fue a medianoche cuando se dieron cuenta que el bebe que se encontraba en el vientre de la Reina quería salir, y sus intentos por hacerlo eran lo que provocaban el fuerte dolor de la madre.

La única solución que encontraron fue forzar el parto y retirar al niño antes de su nacimiento. El mismo sobrevivió, pero su madre, débil y enferma por el anterior sufrimiento, no pudo soportarlo y murió horas después.

El enojo del Rey fue enorme, le echaba la culpa al bebe de la muerte de su esposa. Lo llevo hasta las murallas del palacio y se dispuso a tirarlo al vacío, cuando escucho una estridente voz en los tormentosos vientos.

“Recuerda nuestra advertencia o sufrirás las consecuencias”

Esa voz, era la misma que había escuchado meses atrás en boca de las profetizas.

El Rey miro al niño y este lo observo desde sus raros ojos rojos (un color poco común entre las razas mestizas del Sur). Enseguida comprendió que su función seria cuidarlo y criarlo adecuadamente como hubiera querido su difunta esposa.

Al otro día el huracán desapareció en el mar. Muchos supersticiosos dijeron que había sido debido al cambio de humor del Rey, otros le echaron la culpa al niño y lo relacionaron con la muerte de su Reina.

Así comenzó la niñez, que seria muy difícil, de Shânak, “Ojos Fieros” en el idioma salvaje del Sur.