Historia privada

De Nardûr y Ríanna

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Fragmento 1 por Lalaith_Bolson

Ya no tenía hogar...pertenecía al pueblo de Finrod Felagund en Nargothrond, pero luego del desastre que había devastado ese lugar, vagaba ahora en busca de la tropa de orcos que había raptado a su amada.

Su nombre era Nardûr y era un orgulloso heredero de la fuerza noldorin de sus antepasados. Alto y de hermosas facciones, era un excelente guerrero y sólo conocía una clase de miedo. El miedo a perder al amor de su vida. Por ella era capaz de enfrentarse solo a los terribles ejércitos de Morgoth. Y era esa la idea que cobraba terreno en sus pensamientos.

Ella, Ríanna, había sido raptada, junto con otros habitantes de Nargothrond, por las huestes que Morgoth había enviado a la fortaleza a mando de Glaurung.

Firme ante la posibilidad de que Ríanna estuviese viva, no aceptó las palabras de algunos sabios sobrevivientes de su pueblo, que lo instaban a que dejase atrás todos los momentos vividos y compartidos con su amada, que ya no regresaría nunca, y siguiese adelante con su vida, sepultando el pasado.

Habían vivido la mayor parte de sus vidas ahí. Los padres de Nardûr pertenecían al pueblo de Finrod y se habían establecido en Nargothrond desde el principio. Los padres de Ríanna, habían llegado con algunos del pueblo de Orodreth.

Desde el primer momento en el que sus miradas se encontraron se unieron, sin saberlo al principio, sus destinos...

[Editado por Lalaith_Bolsón el 30-08-2004 22:40]

Fragmento 2 por Maehdros

Pero vivían?? -Pregunto el elfo con la desesperación iluminando sus profundos ojos grises. Un hombre no muy alto, muy similar a el, pero sin facciones tan perfectas y los ojos menos profundos lo miraba con compasión.

Algunas fueron retiradas del campo por los orcos, si vivian cuando los orcos se las llevaron, no se si luego habran hecho algo con ellas, otras murieron aqui mismo -el hombre bajo la cabeza y poso su mano sobre el hombro del elfo.

Nardûn llevaba varios dias ya corriendo tras la tropa de orcos que habían capturado a su amada. Finalmente agotado se habia detenido en un bosque donde habia hallado una tropa de hombres, uno de ellos le aba contado que unos orcos habían pasado x allí llevando algunas prisioneras elfas, ellos habían tratado de liberarlas pero algunas perecieron en el ataque, otras fueron retiradas del campo por los orcos.

Busco a una en especial, Ríanna se llama, es muy hermosa, tiene el cabello plateado como la luz de la luna y sus ojos son grises, sus labios rojos como una rosa bañada por el rocio del alba, la piel blanca pero no palida, blanca como la nieve, de piernas agiles y llevaba una hermosa diadema de plata y oro engarzada en sus cabellos -Una lagrima recorrio el rostro de Nardûn cuando pronuncio las ultimas palabras.

Tal vez la diadema sea un rasgo reconocible -contesto el hombre, luego se dio vuelta y pregunto a sus compañeros- No estaba entre las muertas eso es seguro, tal vez los orcos aun la tienen en su poder.

El elfo agradecio repetidas veces, luego tomo su arco y salio corriendo tars las huellas aun frescas de los orcos.

Fragmento 3 por Lalaith_Bolson

Cuando Ríanna abrió los ojos, una oscuridad impenetrable la rodeaba. Todo estaba en silencio y uno que otro murmullo rompía la quietud.

No sabía en donde se encontraba...todo había pasado tan rápido...

Lo último que recordaba, eran los gritos de terror de muchas mujeres de su casa, frente a un repentino ataque de orcos. Ella se había defendido, y había logrado defender a su madre de la feroz embestida de los orcos...pero en medio de la desolación en la que ahora se encontraba, encontró la fuerza para sonreir...

Se había defendido, siguiendo las instrucciones de su amado: Nardûr. Era él, el que algunas veces por simple broma la había enseñado a manejar la espada y a salvar su vida con ella. Gracias a esas improvisadas lecciones y a su valor, la elfa había logrado salvar a su madre de estar sufriendo lo mismo que ella.

-Nardûr- repitió en voz alta. Ahora él ocupaba su pensamiento. ¿Se habría salvado? Sin duda, su corazón le decía que sí... Nadie podría haber herido a Nardûr, valiente heredero de la casa de Finrod. Se estremeció al recordar los penetrantes ojos grises, la voz tranquilizadora, los hermosos y fuertes brazos del elfo en los cuales se sentía segura.

Anhelaba a su amor, anhelaba su seguridad. Lo único que la impulsaba a seguir luchando por vivir, a pesar de los maltratos de los orcos, era ese amor. Sabía que más allá de la duda o de la aflicción, Nardûr la buscaría. Él cumpliría su palabra...

- Ahora ya sabes defenderte- le dijo Nardûr, después de una pequeña lección de esgrima- Ya nada podrá interponerse en el paso de Ríanna, de la casa de Finarfin, la más hermosa criatura que estos ojos han visto a la luz de las estrellas y del sol.

Ella rió, con una risa sincera.

- ¿Defenderme?- dijo ella- ¿Para que necesitaré defenderme, si Nardûr, el valiente capitán Noldo, podrá salvarme la vida? Creo que no será necesario...

Pero él ahora la miraba gravemente. Debía contarle de las nuevas que llegaban a Nargothrond.

- Ríanna, oh mi querida Ríanna. Pronto está el día en el cual el valor de este elfo, no podrá defenderte. Aun cuando mi amor te acompañará siempre, llega ya el día en que tendrás que usar todo lo que hemos practicado. Ya eres ágil y diestra con la espada, como si llevases muchos años con ella. Y eres valiente, más de lo que se podría decir de muchas otras señoras que se tienen por valerosas.

Ríanna quedó pensativa. ¿En verdad llegaría tan pronto el día, en el que tendría que valerse de su espada para sobrevivir?

- ¿Qué nuevas han llegado a Nargothrond, Nardûr? Suficiente has dicho en esta palabras, y aún más leo en tu rostro...pero lo dices como un mal seguro... ¿Nargothrond será atacada?

Nardûr no podía mentirle. No quería y nunca lo había hecho. Pero en este asunto, en el que también ella tomaba parte, su mayor deseo era protegerla. Pero debía decírselo...

- Así es mi bienamada. Se dice que Melkor, el Morgoth, lanzará contra Nargothrond toda su furia, y nosotros, herederos Noldorin, tendremos que estar preparados.

Ahora callaba la elfa. Tenía la mirada fija en un punto del horizonte, y una lágrima resbalaba por su mejilla. Sabía muy bien lo que significaban las palabras de Nardûr. Él iría a la batalla...a la cabeza del ejército que defendería a Nargothrond. Junto con la Espada Negra, lucharía por su pueblo.

- En verdad mis temores se harán realidad, ¿no? Marcharás a la batalla, y sólo el Único sabes si volverás con bien. Fuertes y feroces son los vasallos de Morgoth. Pero confío en tu fuerza mi amado. Y en ella encontraré aliento yo también, para luchar en la oscura hora.

- Y lo harás muy bien- dijo Nardûr, sonriendo- Y pase lo que pase, aún cuando el oscuro destino tape con sus alas tu existencia y la mía, lucharemos juntos contra ella y la venceremos. Pues ya no hay nada que separe tu vida de la mía. Y en verdad una sola vida es. Te prometo Ríanna, la más amada, que si algo te llegase a ocurrir, no descansaré hasta tenerte nuevamente conmigo.

Ella sonrió ahora.

- Nada puede ser muy malo entonces, hijo de los Noldo, si tú estarás conmigo para siempre.

Y se tomaron de las manos, y sellaron su pacto de fidelidad con un beso, en el jardín más hermoso de la Fortaleza de Finrod Felagund...

La hermosa elfa abrió los ojos...aún reinaba oscuridad, y el recuerdo de su amado aún estaba vivo en su memoria. Pero ahora, tenía una esperanza en su corazón.

- Él vendrá.- se dijo y se tendió en el suelo nuevamente, y llevó su mente más allá de los limites de este mundo, allá, más allá del mar, a la tierra en donde sus sueños y los momentos vividos con Nardûr, aún estaban frescos.

[Editado por Lalaith_Bolsón el 31-08-2004 08:41]

Fragmento 4 por Lalaith_Bolson

Nardûr seguía en su incesante búsqueda. No podía dejar de buscarla, no podía abandonar la esperanza...

Estaba cansado, pues siguiendo la pistas de los que habían raptado a su amada, no había descansado con el solo temor de perder preciosos minutos.

Al fin llegó a un bosque...un antiguo bosque en el que los arboles tenían su propio idioma y hablaban entre ellos, compartiendo alegrías, tristezas y experiencias. Persuadido de que la tropa de orcos que seguía descansaba ahora en el bosque, pensó que sería mejor esperar al amanecer. Nada se sabe de lo que puede ocurrir en un bosque tan antiguo cuando cae la noche, y las sombras se apoderan del mundo.

Más que su cabeza, ahora le hablaba su corazón. Sentía que Ríanna estaba cerca...se dejó acariciar por el pensamiento de su amor, y llevó su mente al descanso y a la meditación, a donde acudieron inmediatamente los recuerdos...

Era hermosa. La conocía desde hace mucho tiempo, cuando habían cruzado el Helcaraxë en pos de Fingolfin. Aunque formaban parte de distintas gentes, pertenecían a la misma casa. La casa de Finwë, el rey supremo. Habían afrontado juntos dolores y penurias, heridas y tristezas....Nostalgias, al alejarse paulatinamente del lugar en el que habían nacido.

Pero se habían encontrado el uno al otro, y habían logrado vencer los obstáculos de tan dolorosa travesía, dándose felicidad mutuamente. Él sonría al verla solamente, hermosa y alegre siempre. Ella gozaba con las historias y con las sonrisas de Nardûr.

Así, sin saberlo habían encontrado además de un alivio para sus pesares, el amor.

Pero al llegar a la Tierra Media, sus casas se habían separado. Nardûr junto con sus padres, ser iría con las huestes de Finrod. Ríanna y los suyos, con el pueblo de Orodreth.

Muy triste fue esta despedida, pues para ambos, aunque estaban unidos por pactos de sangre hacia sus respectivos señores, la alianza entre sus corazones era la más fuerte jamás vista en toda Arda. Al darse el adiós, prometieron volverse a encontrar...aunque fuese en la Casa de los Espíritus.

Años pasaron, y cada uno en un lugar diferente, pensaba en su amor todo el tiempo. Y como todo es posible por la gracia de Eru, los poderes de Arda se apiadaron de ellos, y su amor se mantuvo firme, más allá de la distancia, la dificultad, la duda...

Hasta que llegó el día en que una gran multitud de elfos, llegó a Nargothrond. Aunque Nardûr no lo sabía, su corazón, fiel previsor de su alegría, se lo decía. Muy pronto vería a Ríanna.

Cuando la vio entrar a la fortaleza, su alegría no tuvo limites. Mucho la había anhelado, y ahora al verla cerca de él, suponía un premio para su corazón. Ríanna también lo buscaba...Y sus miradas se encontraron. Y todo lo que se podría haber dicho con palabras, fue dicho con la mirada por estos dos corazones y mentes, unidos por algo más allá del amor...

Desde ese día, era muy extraño verles separados. Y nadie conocía tristeza mayor que la de Ríanna, cuando Nardûr como el valiente capitán Noldor que era, se iba a la batalla. Pero su alegría también era inmensa cuando lo veía regresar, sano, salvo y aclamado por todos por su valentía.

- Bendita es la hora en la que estos ojos se vuelven a posar en ti, Ríanna, la más amada y la más hermosa de todas las criaturas que caminan sobre la tierra por la gracia de el Único-

- Y bendita la hora en la que Nardûr, valiente capitán de los Noldor, llega a casa, para contento de su amada...

Ese era su dialogo de siempre... Nardûr hubiese dado toda la gloria que había ganado en las numerosas batallas de las cuales había salido victorioso, para repetir ese dialogo una vez más, ahora, en la oscura hora en la que su corazón anhelaba más que nunca el latido del corazón de Ríanna.

Recuperada las fuerzas, con las primeras luces del alba se puso en marcha otra vez, decidido como siempre, a que nada se interpondría en su camino.

Fragmento 5 por Maehdros

Tomo su arco y reviso que estubiera en perfectas condiciones, luego examino las flechas una a una, y finalmente la espada corta que colgaba del cinto, a lo lejos escuchaba las repugnantes voces de los orcos y el pisoteo de las patas infectas que mataban todo ser vivo a su paso.

Salto al suelo, pues habia descansado en las ramas de un arbol alto y frondoso, y comenzo una silenciosa carrera en pos de los orcos. Paso poco tiempo, aunque para el elfo fue una eternidad pues la duda lo asaltaba y queria saber si su amada aun vivia en las manos de las bestias inmundas, cuando por fin diviso a un par de kilometros la tropa de orcos corriendo con una velocidad impresionante, como si los latigos de los balrgos los persiguieran cargados de ira y fuego mortal.

Nardûr saco una flecha de su carcaj con una rapidez prodigiosa y la lanzo sobre el orco que cerraba la marcha, este cayo con un golpe seco y no se levanto más. Esto alerto a la tropa y por fin vio en el centro un reducido numero de cautivos, entre ellos varias elfas y un par de niños. El elfo se acerco un poco más y desde un arbol de numerosa ramas comenzo a disparar felcha tras flecha, y cada proyectil era una baja para los enemigos que aun lo buscaban por los alrededores.

El lider de los orcos tomo finalmente una decisión, y sin pensarlo dos veces degollo a uno de los niños que se encontraba entre el grupo, y dio orden a los otros para que hicieran lo mismo con los demás prisioneros pues no pensaba dejar con vida a ninguno si el y los demás orcos morian alli. Nardûr al ver esto dejo salir todo el odio e ira que llevaba guardados desde hacia un tiempo y se lanzo sobre los pocos orcos sobrevivientes, eran una docena o un poco más, pero al elfo no le importo y desenvainando su espada arremetio contra ellos bañado en odio. El primero tajo rebano un brazo y una pierna, los siguientes encontraron otros mimbros que cortar y un par de cabezas, pues al tomar por sorpresa a los orcos tenia a ventaja, pero pronto unos 8 se echaron hacia atras dejando a los cautivos en el centro y defendiendose con sus cimitarras. El elfo se calmo y miro a sus contrincantes, 3 de ellos estaban heridos y apenas se mantenian en pie, los otros 5 estaban ilesos y entre ellos estaba el jefe de la tropa, un orco corpulento, patizambo y con los colmillos salidos y rebosantes de saliva.

Nardûr tomo su arco y lo cargo rapidamente y de un tiro atraveso la garganta de uno de los orcos ilesos, los otros se asutaron pero no retrocedieron si no k se juntaron más, uno de ellos saco un arco rustico y salvaje y disparo contra el elfo por sorpresa, Nardûr vio venir la flecha demasiado tarde y solo alcanzo a poner su brazo izquierdo en la trayectoria de la flecha, luego levanto de nuevo su espada y acometio contra el grupo de orcos que aun se resistia, peleo durante mucho tiempo fiero y con valor, pero la superioridad numerica del enemigo pornto lo puso en desventaja, varias heridas cruzaban ya su rostro y sus brazos, tenia otra flecha clavada en un hombro y de su pierna derecha manaba sangre a borbotones, al final solo dos orcos se mantenian de pie también ellos heridos pero aun con fuerzas, uno, el lider, levanto su arma para dar la estocada definitiva, pero su brazo no llego a destino, pues una cimitarra se clavo en su espalda atravesandolo, el otro al ver esto se desplomo rogando piedad, pero el elfo se limito a clavar su espada en el pecho del enemigo, frente a el, hermosa como siempre y con la cimitarra aun en la mano Ríanna lo miraba con los ojos cubiertos de lagrimas...

Fragmento 6 por Lalaith_Bolson

Inmensa fue la alegría que sintieron estos dos elfos al mirarse una vez más a los ojos.

Al fin estaban juntos nuevamente. Aún en esa oscura hora en la que, otros que hubiesen sentido menos amor, se habrían preocupado por sus heridas, ellos estaban felices pues estaban vivos. Vivos y juntos.

Ríanna ayudó a levantarse a Nardûr. La emoción la embargaba, pero al mismo tiempo le daba fuerzas para soportar la visión de su amado herido.

Se dirigieron a un claro, hacia donde se habían dirigido ya los pocos sobrevivientes de la cruel y horrorosa caravana.

- Nardûr, mi Nardûr - suspiraba Ríanna, mientras sacaba tiras de su vestido para curar las heridas que las bestias de Morgoth habían infringido a su amor. Las demás elfas que habían sobrevivido, habían traído hierbas y un poco de agua para quien las había salvado.

Con diligencia y amor, trabajó la hermosa elfa, hasta que puso lejos de todo peligro al valiente capitán Noldorin. Aún cuando los implementos con los que había trabajado eran muy rústicos, sentía por Nardûr un amor, que era lo único con lo que podría habérselo arrebatado a la muerte. Además, ese amor era correspondido.

Pasó la noche...y aunque se mantenían vigilantes, estaban inquietos. Estaban muy cerca del territorio enemigo. Tenían heridos y era muy difícil transportarlos a todos. Pero aún en esa hora, se reveló en Nardûr y Ríanna, el poder de su amor.

Nardûr, gracias a las artes de su amada, a su propia fuerza y al amor que los unía, había sanado muy rápido.

- Ríanna - murmuraba el elfo - Ríanna...

- Aquí estoy amor. No te preocupes por nada...estarás bien, y yo te cuidaré.

- Oh mi bienamada, sufrí tanto por tu suerte. Pensaba en como tu hermosura podía ser mancillada por estas inmundas bestias y se me partía el corazón...Oh Ríanna, mi corazón se regocija al verte aquí. Tan bella como siempre.

- Nardûr, esta belleza que poseo es sólo tuya. Tú eres el artífice de ella. Y tu amor me daba fuerzas para soportar las adversidades. En ningún momento dejé de creer en que vendrías por mi.

- Y yo, en que tú te hubieses dado por vencida.

- Ahora mi amado, descansa. Muchos pesares nos perseguirán ahora, por causa de tu valentía.

- Nada será malo si tú estás conmigo.

Ríanna sonrió ahora.

- Siempre estaré contigo.

Fragmento 7 por Maehdros

El Sol iluminaba la copa de los arboles, las aves lloraban la caida de los Noldor de Nargothrond y las pocas que cantaban se escuchaban tristes y melancolicas, y sus cantos recordaban tristezas pasadas y presagiaban tristezas futuras.

Tres días llevaba tendido Nardûr sobre la verde hierba en un claro del bosque, las elfas lo cuidaban con esmero pero sus heridas eran multiples y algunas apenas comenzaban a curar, Ríanna no dejaba a su amado y no dormía para estar atenta a cualquier nueva. Finalmente el elfo abrió los ojos a la luz del nuevo día y lo primero que vio, con la luz del Sol en sus esplendidos cabellos fue a la mujer que amaba y a la que le debía la vida, estaba alli mirandolo fijamente como si no hubiera hecho otra cosa en las ultimas horas, una sonrisa se dibujo en el rostro de ambos y rodeados de arboles y bañados por la luz del sol se besaron.

-Por que permanecemos aqui?? -la voz de Nardûr sonaba preocupada pero al mismo tiempo no podía ocultar la inmensa alegría que sentía.

-Mi amor somos un grupo de elfas debiles y no podemos cargar con el cuerpo inerte de un elfo grande y fuerte como tu, además necesitabamos descansar pues llevabamos caminando muchos días sin comida ni descanso -Ríanna hablaba sonriendo y sin embargo al decir lo ultimo una sombra oscurecio su rostro.

-Bien pues es hora de mobernos, no se donde estamos ni a donde podemos ir, solo se que tenemos que salir de aqui, pues siento la cercanía del enemigo -Miro a lo lejos, hacia poniente- y creo que en muy poco tiempo los tendremos encima, al fin y al cabo ya nada es seguro, a menos que logremos llegar a Doriath y seamos aceptados, o encontremos el camino a Gondolin que esta escondido o logremos llegar sanos a las Falas donde seriamos recibidos por Cirdan sin ninguna duda, son nuetsros caminos y no se por cual optar, pues del mar estamos lejos, y en Doriath no se si seriamos aceptados.

Ríanna hablo a las mujeres de esto para así tomar una decisión entre todos, pero ellas parecian estar tan confundidas como Nardûr y se sentian demasiado asustadas como para moverse a la deriva.

-Bien amado mio, creo que todo depende de ti y tal vez de mi, pues las que nos acompañan son Jovenes y no habían abandonado antes Nargothrond, asi que decidamos rapido, pues si tus inuietudes son fundadas pronto tendremos una hueste de enemigos encima y no creo que esta vez, por más que seas valiente como si los Valar guiaran tu brazo, pudieras vencer a una tropa numerosa de orcos, y no creas que dudo de tu Valor y tu fuerza -Añadio rapidamente la elfa- solo que no quiero perderte por tu terquedad, y se que si cayeran sobre nosotros los combatirias hatsa el fin, y entonces, que sería de mi?? -Una lagrima recorrio el hermoso rostro de Ríanna, pero antes de que cayera los labios de Nardûr se posaron en los de la elfa y se unieron en un nuevo beso.

Finalmente se habian decidido, caminarian en dirección contraria hacia Doriath, o al menos hacia donde debería estar Doriath según la opinión de Nardûr, nadie tenia una mejor idea asi que todas lo siguieron por entre los arboles lo más silenciosas posible mientras el elfo se adelantaba ocasionalmente para cerciorarse de que el camino estubiera libre de enemigos.