Historia privada

La Colina de los Túmulos

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Fragmento 1 por nargothrondhim

Ensartó con su pesada espada al último oponente que tuvo a su alcance, este cayó al suelo retorciendose con un terrible gesto de dolor y de miedo en su mirada, y en su último grito se le fue la poca vida que le quedaba. El guerrero se recreó observando como moría su enemigo, pero instintivamente, y de súbito, volvió a ponerse en posición de batalla mirando nerviosamente a su alrededor. Pasado el instante de intranquilidad, volvió a contemplar el cadáver de su adversario y una mueca de desprecio hacia él cruzo fugazmente por su cara. Conocía a aquel hombre, incluso habían luchado juntos en algunas guerras. Levantó entonces la vista de aquellos despojos sangrientos, que hasta un momento antes habían sido un hombre, y miró a su alrededor con más serenidad. Tan solo vio infinidad de cuerpos sin vida desperdigados por el llano, amontonados unos sobre otros.

Comenzó a andar sorteando los cadáveres, a veces se trompicaba, las piernas no le respondías, se enganchaba con algo y caía de rodillas; volviendo a levantarse con gran trabajo ayudandose de su espada. El esfuerzo y el miedo sufrido en las horas anteriores, antes y durante la batalla, le habían dejado exhausto, agotado física y mentalmente, no podía pensar ni ver con claridad; tan sólo quería tumbarse a descansar. Pero sabía que eso era una gran imprudencia en un momento como aquel.

A su alrededor, el hedor a muerte y a sangre se mezclaban con el olor a quemado. Se sentó sobre una roca. Sus ropas hedían a sangre y vomito, los momentos inmediatamente anteriores a entrar en batalla eran los más terribles de todos. El miedo a la muerte, la incertidumbre; el no saber si te ha llegado la hora, si sobrevivirás o si, por el contrario, esta será tu última jornada en este mundo era muy fuerte. En esos instantes algunos piensan en sus familias, otros ven su vida pasar ante ellos, incluso hay quienes, los menos, que se preguntan el porqué de esa estupidez llamada guerra; pero ninguno de estos era su caso.

Al cabo de un rato comenzó a andar de nuevo. El humo y el polvo levantado por el fragor de la batalla eran arrastrados por el fuerte viento del norte y le azotaban la cara. Esto le hizo derramar lagrimas de los ojos, quien le viera ahora pensaría que estaba llorando de verdad, pero eso era algo imposible en alguien sin alma, en alguien tan inhumano como él. Además, allí no había nadie, absolutamente nadie. Se detuvo un instante y escuchó el ruido circundante. Nada. Aguzó el oído; la misma quietud, el mismo silencio. Pero no quebró el mismo con ningún grito llamando a nadie, no tenía a nadie por quien preocuparse. Además hubiera sido imprudente hacerlo, no sabía si todavía quedaba algún enemigo vivo, y era más, le importaba muy poco la suerte de la batalla o la de sus compañeros, él simplemente era un soldado de fortuna, un mercenario, sin mas banderas ni dioses que él mismo.

Fragmento 2 por nargothrondhim

Fue cruzando el campo de batalla y comenzó a recoger todos los objetos de valor que encontraba a su paso, desde pesadas joyas de oro a brillantes yelmos y cotas de malla. Pasado un rato comenzó a seleccionar mejor y escoger solo lo mejor y más valioso, dejando de lado alhajas que antes de la batalla le hubieran parecido dignas de un noble. Durante esta tarea vio los cadáveres de varios de los que hasta hacia solo unas horas, habían sido sus compañeros de armas. A la mayoría los reconoció, otros en cambio tenían sus rostros desfigurados por terribles heridas y sus cráneos abiertos, fruto de espeluznantes mandobles propinados por el enemigo. Pero apenas sintió nada ante esta visión, solo desprecio. El mismo desdén con que veía los cadáveres de sus rivales, la mayoría muertos, pensó, por defender ideas estúpidas, por defender a sus reyes o sus patrias. De algunos de ellos solo recordaba sus rostros, no sus nombres, nunca le habían importado demasiado. De otros solo recordaba sus mofas respecto a, lo que consideraban, su excesiva prudencia a la hora de entrar en batalla. Al fin y al cabo su táctica de ser el último en entrar en combate aquel día le había reportado un gran beneficio, le habían salvado la vida.

Y ahora, lo veía descuartizados, con los rostros blancos y desencajados por el miedo y el dolor; los ojos, abiertos, inexpresivos, fijos en el infinito; en aquel páramo sombrío lejos de sus casas, muertos por su estupidez y valentía. Extrañamente este pensamiento reconfortó al guerrero, e incluso escupió a la cara de algunos cadáveres, recordando quizás, pasadas bromas y chanzas contra él.

Habían pasado varias horas, el sol comenzaba a declinar por el oeste trayendo las primeras sombras sobre aquella tierra yerma. Más arriba, a unos cientos de metros de altura, algunos buitres preparaban su macabro festín. Ya tenía varios sacos repletos de riquezas, pero él quería más, mejor dicho, lo mejor de todo. Buscó algo frenéticamente a lo largo y ancho de la llanura, mientras el sol terminaba de descender y las sombras de la noche se alargaron y terminaron por cubrir aquel campo de batalla sobre el que daba la impresión que nunca jamás volverían a crecer las flores.

Una vez que la noche se cerró completamente dejó de buscar, no encontraba lo que perseguía, lo estaba haciendo a tientas y su búsqueda era totalmente infructuosa, a veces tropezaba y caía al lodo; además el cansancio amenazaba con rendirle, lo mejor sería esperar a la mañana siguiente. Tenía todo el tiempo del mundo, pensó.

Fragmento 3 por nargothrondhim

El frío sé hacia cada vez mas intenso, soplaba un viento helado que hizo que tuviera que guarecerse entre unos viejos arboles cercanos. El guerrero arrastró los sacos cargados de riquezas hasta allí, luego intentó encender una noguera, pero la madera estaba demasiado húmeda para prender. Así que se recostó contra el tronco de uno de los árboles y se aprestó a pasar una noche gélida cubriendose con varios mantos; pesados y oscuros, que había encontrado entre los cadáveres. Al poco rato notó como el sueño comenzaba a vencerle, pero se resistió largo rato, pues no era muy prudente quedarse dormido del todo. Había numerosas alimañas merodeando por la planicie, la mayoría venidos de las cercanas montañas del norte. Sin duda atraídos por la posibilidad de un fácil y gran festín después de la batalla.

Dormitó a ratos, en un extraña vigilia. En ocasiones tuvo que entrechocar su espada con su escudo para provocar un gran estruendo en la oscuridad de la noche, pues los lobos se acercaban demasiado a los arboles. El frío le calaba los huesos y varias veces tuvo que frotarse las piernas y los brazos para intentar entrar en calor. En esa situación, temblando de frío, el guerrero comenzó ha hacerse preguntas. ¿ Por qué él y no ningún otro era el Único superviviente de la batalla?, al fin y al cabo, nunca había destacado de los demás mercenarios en el manejo de las armas; siempre le habían considerado un luchador mediocre. Todos le reprochaban su poco arrojo y valor en cualquier conflicto. Se equivocaban. Él era el vencedor de la batalla, era el único que había sobrevivido, eso debía significar algo. Sin duda alguna todos se habían equivocado con él. Había demostrado ser un gran héroe, aunque no había quedado nadie que pudiera contar como él solo había ganado esta gran batalla, pero no importaba, él mismo se encargaría de contarle al mundo sus hazañas. Además, con todas las riquezas que había arrebatado a los muertos, en cualquier lugar lo tomarían por un gran caballero, por un noble, o acaso por un gran príncipe. Ensimismado con estos pensamientos, el cansancio le pudo finalmente y cayó en un profundo sueño mientras calculaba el enorme valor de sus nuevas riquezas.

Ocurre a veces en que hay ocasiones durante el sueño en los que se confunden realidad y ficción, verdad y mentira; instantes en los que la fina línea que las separa se hace casi invisible, haciendonos confundir las cosas. Momentos en los que nos gustaría dejar de ser lo que somos y convertirnos en lo que soñamos que somos. Sensación extraña que nos acompaña incluso en el despertar, cuando no sabemos realmente discernir lo que es real y lo que es ilusión. Y seguramente a todos nos a ocurrido que alguna vez, recién despiertos, hemos creído que estamos inmersos todavía en nuestros sueños.

Fragmento 4 por nargothrondhim

El guerrero abrió los ojos, el sol comenzaba a despuntar por el confín de la estepa y se despertó con una fuerte determinación. Esta vez no pensó ya en lo imprudente que había sido al quedarse dormido casi toda la noche con los lobos merodeando por allí; pero él era un gran héroe, había ganado el solito una batalla. Es más, era un elegido de los dioses, lo había visto claro la noche antes cuando dormía. Él estaba predestinado a sur un gran príncipe, un rey conquistador, un formador de imperios, arrojado y valiente. Si, sin duda, así era él.

Todo rey tiene su corona y esta era magnifica. Sin duda guiado por la mano protectora de los dioses desde que la noche antes le anunciaran que era su elegido, el guerrero había encontrado lo que anduvo buscando toda la tarde anterior. Era toda de oro con incrustaciones de piedras preciosas; ella sola valía un imperio. Tenía grabadas imágenes de los días antiguos, escenas de héroes y reyes de otras épocas. Algo así tenía que ser muy viejo, en estos tiempos de barbarie ningún orfebre alcanzaría a elaborar una pieza como aquella. Él le daría de nuevo esplendor a este mundo gobernandolo con pulso firme, pensó mientras la recogía del barro cerca del cadáver de su anterior portador, un joven, altivo y orgulloso en tiempos, pero que ahora inspiraba espanto al verlo tirado sobre el suelo, furiosamente mutilado por sus enemigos la mañana anterior.

Así lo había visto al partir hacia la guerra, altanero y soberbio, hacia semanas ya. Desfilando junto a sus nobles caballeros, pasando revista a sus tropas, entre enseñas y estandartes de vivos colores. Fue entonces cuando vio la corona real por primera vez, y desde entonces, secretamente albergó en su interior el anhelo de poseer tan magnifica joya. Él entonces no lo sabia, pero los dioses le habían reservado este destino. Reinaría sobre los hombres, era el nuevo Rey, ¿ o acaso el poseedor de la corona real y Único Vencedor de la Gran Batalla del Norte no debía ser el nuevo Rey?, se dijo.

Colocó entonces la pesada corona en su cabeza y encontró un escudo bien bruñido que uso a modo de espejo. Miró en el mismo repetidamente y realmente le gustó lo que este le reflejaba. Se vio a sí mismo con un porte más altivo y gallardo que nunca. Sí, definitivamente era el elegido de los dioses, su destino estaba claro ya: tenía que ser forzosamente el de ser Rey de todos los hombres.

Fragmento 5 por nargothrondhim

Al mediodía, el guerrero cargado de riquezas buscó algún caballo que no hubiera muerto o huido de la batalla. Fue imposible, así que no podría llevarse todo su botín. Seleccionó las joyas más valiosas, se puso la mejor armadura que encontró y guardó la corona real dentro del saco, envuelta en un rico pañuelo propiedad de un joven noble, muerto aseteado el día anterior. El resto de las riquezas las enterró junto a los viejos arboles donde había pasado la noche, ya volvería a por ellas más adelante.

Comenzó entonces a nevar. Los cuerpos sin vida de animales y hombres iban siendo sepultados por la nieve formandose una alfombra blanca de muerte y destrucción. Se cargó el saco a la espalda y comenzó a alejarse de aquella llanura cubierta de sangre. El tremendo peso del saco y, sobre todo, de la armadura que portaba, hizo que pronto comenzaran a hundirsele los pies en la nieve y le costará cada vez más trabajo caminar.

Estuvo marchando el resto del día, aunque no podría decirse a ciencia cierta que era día y que era noche ante la tremenda tormenta de nieve que estaba cayendo. A veces se detenía un rato, al abrigo de cualquier roca o árbol de la meseta, pero aún así avanzo bastante distancia. Ya estaba casi en las estribaciones de las montañas situadas al sur del llano de la batalla. Cuando paró a hacer noche casi no sentía los músculos de su cuerpo, dolorido por el esfuerzo comió algo que llevaba en una especie de mochila. Esto lo reconfortó y luego se hecho a dormir, cubierto por un pesado manto de piel.

La segunda noche la pasó peor que la anterior a causa del frío y la nieve. Esta vez no tuvo ninguna revelación durante el sueño, tan solo pasó frío, mucho frío, un frío mortal y asesino como nunca había sentido. Pero el simple recuerdo de su fabuloso botín y el tacto de la corona real, que sostuvo entre las manos durante toda la noche, le reconfortaron y le dieron fuerzas para aguantar los envites de la ventisca.

Fragmento 6 por nargothrondhim

Decían las leyendas que circulaban en aquellos tiempos entre los hombres, que en la Colina de los Túmulos, en el sur de las montañas, estaban enterrados los cuerpos de doce grandes príncipes que una vez se levantaron en armas contra su rey, poderoso monarca de antaño, en los tiempos antiguos, cuando la tierra era joven aún. Estos doce eran magníficos igualmente, pero su sed de poder y su codicia de riquezas los convirtió en traidores, comenzando una cruenta guerra que masacró el mundo antiguo. Pero esa misma codicia los convirtió, a su vez, en traidores los unos con los otros, y surgieron las disputas y las querellas entre ellos mismos, y se aniquilaron mutuamente. Por orden del rey todos fueron enterrados juntos, para que sirvieran de escarnio para sus países y vergüenza para sus familias. También cuenta la leyenda que los espectros de estos príncipes atormentados y sin descanso en este mundo, aún vagan todas las noches por esta colina. Esa era la razón por la que ningún hombre, aún los más decididos del territorio, osaban siquiera hollar la hierba de ese montículo, aunque fuera durante el día.

El guerrero conocía estas historias, las contaban los aldeanos de los pueblos que iba dejando atrás el ejercito en su camino a la guerra en el norte. Incluso él mismo, al igual que el resto de los soldados, sintió un escalofrío de terror cuando las divisaron una semana antes. No muy alta, pero si imponente en medio de la altiplanicie que la circundaba, su simple visión provocaba en los hombres desazón, incluso en los más fuertes de ánimo. El ejercito se desvío de su camino, dando un gran rodeo para evitarlas, y pasó muy alejado de ellas; incluso apretó la marcha al final de la jornada para no acampar ni siquiera en sus cercanías, tal era el pavor que despertaron tanto en los hombres como en las bestias.

El tercer día de marcha fue el peor de todos. Tan cargado como iba y abrumado por el peso de la magnifica armadura, le costaba cada vez más trabajo caminar. Además, la tormenta no cesaba, parecía que arreciaba aún más. Si esta continuaba así tendría que plantearse buscar un lugar donde guarecerse y pasar la noche; pensaba que no podría aguantar una noche mas al raso. Si no lo había hecho las noches anteriores era por la firme determinación de viajar con rapidez y llegar pronto a su destino, a reclamar su legitimo derecho sobre su reino, tal como le había sido anunciado dos noches antes por los propios dioses. Aguantar aquella tormenta no era sino una prueba más que debía superar para mantener el favor de los dioses, se dijo.

Ocurre a veces que hay ocasiones en las que nos encontramos autocomplacidos por lo que creemos nuestro propio éxito. Sensación extraña, falso estado de euforia; entonces no nos paramos a calcular los peligros de nuestras acciones, nos envalentonamos, nos hacemos más temerarios, y nos sentimos como si estuviéramos embriagados. En definitiva, se pierde la prudencia. Pero, siempre hay un pero, hay algo que nos devuelve a la realidad, que nos baja de nuestra nube.

Fragmento 7 por nargothrondhim

Ya caía la tarde sobre el guerrero y la tormenta se hacía cada vez mas fuerte, las ráfagas de aire gélido del norte le traspasaban incluso la armadura. Le cubría el rostro una espesa capa de hielo, concentrada sobre todo en las cejas y la barba. Había dejado trás de sí las últimas estribaciones de las montañas, que ahora estaban al Norte. Sus piernas le decían que no podía caminar más, pero su mente se esforzaba por contradecir a su cuerpo. Entre la ventisca pudo distinguir la figura de una pequeña elevación sobre el terreno, y pensó que aquel cerro podría ofrecerle algún refugio entre sus recovecos y sus rocas. No sin dificultad se encaminó hacia el mismo y comenzó, sin saberlo, a ascender la Colina de los Túmulos.

Hasta que no estuvo sobre su cima y contempló los pequeños montículos levantados por el propio hombre a modo de tumbas, no reconocío el lugar donde se encontraba. Se había desviado del camino a causa de la tremenda tormenta y su itinerario se había escorado un poco mas hacia el oeste del camino que tomó días antes hacia el norte. Estos eran imponentes, no tanto por su altura, que era de unos tres metros, sino por su singularidad. Se notaba que fueron excavados y luego tapados por los propios hombres. Ciertamente la propia naturaleza nunca concibe cosas tan lúgubres como aquellas tumbas reales.

Si bien es cierto que su primera intención al darse cuenta de donde se hallaba, fue la de darse media vuelta y alejarse corriendo despavorido de aquel lugar maldito y tenebroso; no lo hizo. Eso sería impropio de un rey tan valiente como lo era él. Pero, aún esa valentía, no lo hizo principalmente porque sus piernas no le respondieron, preso como estaba del pánico. Además estas se negaban a seguir caminando. Hizo acopio de fuerzas y resolvió pasar allí la noche a pesar de las leyendas que circulaban respecto a la colina. De todas formas las leyendas no son mas que cuentos e invenciones que se cuentan a los niños y a los débiles de espiritu, para asustarlos en noches como aquella, cuando se está al abrigo de una buena lumbre en el hogar, pensó. Además, no era acaso el Elegido por los Dioses, El Vencedor de la Gran Batalla, el Azote del Norte Rebelde, El Rey de los Hombres. ¿ Qué había de temer alguien con semejantes títulos de una leyenda de campesinos analfabetos y rudos?, se convenció.