Historia privada

Quenta Edaniel

Finalizada 88 fragmentos Página 13 de 13
Fragmento 85 por tari

El final de aquel viaje se acercaba, solo faltaba un lugar por visitar y estaba en la cima de aquella montaña, pocos elfos(a excepción de lo Vanyar) se atrevían a tomar el camino que llevaba a la casa de Manwë y Varda, pues era suntuoso, lleno de los más profundos miedos, de la única y verdadera soledad, una prueba, para los que desearan ver a los reyes supremos de Arda. Y ellos caminaban, movidos, por el deseo de alcanzar la cima y por la promesa hecha hacía ya meses; al principio se detenían poco y muchas veces él tenia que sostenerla, pues no estaba acostumbrada a tales esfuerzos, débil como mortal, fuerte con el espíritu ensanchado de esperanzas.

A Herincë le parecía eterno aquel camino, pasaron horas y solo veía más lejos el final, tuvieron que dormir a la sombra de aquellas rocas, cubiertos solo por algunas mantas, resistiendo el frió, con abrazos largos y tiernos, Ciryandil deseaba avanzar mas rápido, pues ya conocía el sendero, mas se detenía, sabiendo ya que para ella era imposible, muchas veces se paraban a respirar, otras tantas, subía al caballo y se dormía en la grupa, la altura le afectaba y se sentía enferma, su amado esposo le sonría pacientemente, sin dejar de atenderla en todo lo que podia.

Hubo un momento, en que le pareció ver las estrellas a su alrededor y las nubes tan densas que parecían algodon, fue entonces, cuando, a la luz de Isil, se presento ante ellos, una morada, blanca y luminosa, hecha de viento y luz, como si fuera la esencia de todas las cosas. A Edaniel, le regreso el rubor de las mejillas y cualquier signo de debilidad desapareció, respiro profundo y sonrió, bajo del caballo y camino junto a Ciryandil que también sonreía de oreja a oreja, se oían cantos por todas partes, a su alrededor brillaban luces danzates, doncellas maiar que servían a Elbereth y entre ellas, pudieron notar a la dama de la esperanza, que con su baile, esparcia una luz de inmensos colores e inconmensurable belleza.

En la puerta, hecha de oro y plata, ya los esperaba el Heraldo, hicieron una reverencia mutua y éste los guío por la sala principal, al fondo se alzaban dos hermosos tronos y en ellos estaban Manwë y Varda sonrientes. Varias aves sobre volaban la estancia y su canto caía como una fresca lluvia de verano. El valar lo saludo y los invito a pasar el tiempo que quisieran, en esa su casa. Muchas dudas se escribieron en la mente de la muchacha, Elbereth se levanto de su silla y camino hacia ella y mientras avanzaba su forma se hizo más pequeña y el brillo de sus ojos se hizo menos intenso, para no dañar la vista de la muchacha.

-Te diré lo que deseas saber, aunque no lo preguntes, pues lo he visto en tu corazón y en tu mente, ven camina junto a mí y deja que el marinero despeje su alma, con las palabras de mi compañero.

Ciryandil, poso una mano en su hombro y dejo que se fuera con la Valië, esta le señalo con el brazo un hermoso pasillo. Las dos comenzaron a caminar, dejando solos a los tres caballeros, mientras caminaban, la joven observo a los que moraban en aquellas alturas y se maravillo, ante la luz que emanaba de sus cuerpos, sin duda alguna, consecuencia del poder de la Valië. Varda se detuvo en un balcón y poso sus manos en el barandal.

-Finarfin escucho mal los cantos de los maiar de Irmo, no es Ciryandil, quien posee el alma de Aegnor-comenzo a decir-Cuando tu viaje termine y regreses a la casa de tu esposo en el puerto cisne, te encontraras con un niño, de cabellos blancos y mirada azulada, es el hijo de Nenar y él alzara una mano para tocarte, recordando a la amada que murió lejos de espíritu, es él la reencarnacion de la llama afilada, pariente de Amarië, sera ese niño quien coloque la ultima flor del jardín que plantaras y el que te indicara con la mirada, el principio de tu fin.

Herincë suspiro aliviada, y alzo su mano señalando las estrellas.

-En viento y luz, así sera-dijo Elbereth, la muchacha le miro sin entender- Hay cosas desconocidas para ti, mas ya has visto todo el reino bendecido y el camino que se te pinta por delante sera mas angosto y peligroso, pero eres libre y ese es el mayor don que Eru te otorgo hija de los hombres.

Un luz cegadora se esparció cerca de ellas, Edaniel se tapo los ojos con las manos, sin embargo, sintió la tibieza de la mano de Varda, que retiro suavemente las suyas, delante de ella, estaba Ilmarë y sonreía gustosa.

-Pengolodh no mintio, solo yo y mi hermana, estamos libres de la prohibición de Eru y por tanto nos alejamos de Valinor y nos acercamos a los hombres que ya no suelen creer en los milagros-le dijo, paso una mano por el rostro de Edaniel y poco después sus vestimentas cambiaron, dejando ver a una mujer vestida de azul y con el peinado típico de las cortes de esa época. La joven exclamo sorprendida- Yo llevare la carta a tu tío, escribela en cuanto llegues al mar y damela, antes de que comiences con tu jardín. No recibirás respuesta, tan solo una imagen distante, de lo que ahora es el mundo de los hombres.

Edaniel dio gracias a la dos y dio por terminada aquella fugaz conversación.

[Editado por tari el 05-01-2007 04:37]

Fragmento 86 por tari

El regreso fue mas facil de lo que esperaba, Herincë le conto lo que había pasado a Ciryandil y este se quedo muy sosprendido con la revelaicon de Varda, los dos sabian que era una informacion que no debia ser revelada y decidieron mantenerlo en secreto, por el bien del sobrino del elfo.

En Alqualondë, los esperaba Nenar y Adrahil, la ciudad vivia a su ritmo normal, muchos ya no veian a Herincë de forma extraña, por aquel entonces, ya todo Valinor sabia de su existencia y era tratada como una elfa más, en la casa ya estaban los dos elfos y Nenar llevaba entre sus brazos a un pequeño bulto prueba evidente de las palabras de Varda. Bajaron de los caballos y avanzaron hacia ellos, Ciryandil abrazo efusivamente a los dos y tomo al niño en brazos, Herincë anduvo resagada, la verdad era que estaba asustada, hasta ahora comprendia la vision de los valar, se sacudio aquel sentimiento y abrazo a los dos elfos.

-Vaya que has cambiado Herincë-le dijo Nenar- Un año hace muchas cosas.

- Ni que lo digas- le contesto Ciryandil- Sí ya tienes un niño, muy hermoso por cierto.

El pequeño alzo sus manitas hacia la muchacha, Edaniel lo tomo en brazos y rio de buena gana, el bebe era muy hermoso y sus ojos tenian un brillo diferente, el brillo de una vida pasada.

-¿Como se llama?-atino a preguntar la joven.

-Yo le he puesto Alcarinquë- le contesto Adrahil- Y Nenar se decidio por Maikaél.

-La estrella profunda-dijo Herincë

-Veo que has aprendido bien nuestra lengua- le dijo Nenar- me alegro, sabes, fue por su mirada, es como si una estrella se hubiera depositado en él.

-Maikaél-susurro Ciryandil, pensativo.

Los cuatro entraron en la casa y mientras los viajeron se instalaron, Nenar les preparo un almuerzo constituido por frutas, pan y queso. Tal como la primera vez.

Fragmento 87 por tari

El rey sol, se levantó y caminó entre sus cortesanos, hasta situarse en el centro del salón, sus hombres más allegados , se situaron alrededor de él, formando una representación del sistema solar. Las mujeres ricamente ataviadas, se situaron no muy lejos de ellos, simulando a las estrellas y cometas. Jean Baptiste, el compositor real, alzo el bastón y lo golpeo contra el piso, la música baño el salón como una suave lluvia, dejando paso a la danza.

Los bailarines, hicieron piruetas y se movieron a través del salón, el rey alzó su mascara dorada y saltó en el aire. La reina, sentada en el trono, miraba maravillada los movimiento, de su esposo y Rey de toda la Francia, a sus 30 años, aun podía bailar, sin trastabillar; a su lado estaba Dimitri, que también miraba la coreografía, su peluca no era tan extravagante, como la de los otros cortesanos y muchas veces pasaba inadvertido ante los ojos de los demás nobles. Suspiro cansado, en sus ojos había cierta tristeza, hacia ya mas de un año, de la muerte de su hermano y su sobrina. Él, incapaz de dejar desamparado a su cuñada y demás sobrinos, la trajo de regreso al viejo mundo y se caso con ella ,para asegurar el futuro de los hijos de su difunto hermano.

Ahora durante aquella ceremonia, miraba meticulosa mente la danza del Rey sol, la reina hacia ya un mes, que le propuso dejar entrar a la corte, a sus dos sobrinos mayores, Philip y Amandine, la muchacha ocuparía el cargo, que su hermana Henrietta no llego a ocupar nunca, mientras que el joven, se volvería en chaperon del rey. La verdad era que a Dimitri no le importaba mucho eso, el hubiera preferido desistir de aquella petición, pero sabía que no podía; sí quería conseguirles un buen partido, tendría que dejarlos entrar en ese nido de víboras.

La danza termino, pero la música cambio de tono, entonces aquellos que no fueron invitados a la coreografía real, se unieron al baile, el rey se acerco al trono y se sentó, Dimitri hizo una reverencia. Entonces la vio, una mujer vestida de azul, con una pluma negra en la cabeza, llevaba un joya muy hermosa en su pecho, sin embargo, no llamaba mucho la atención, saludo con una mano en su pecho al hombre y este hizo lo mismo.

-¿Quien esa dama, su majestad?- Preguntó el hombre- No la había visto antes.

-Es la hija del Conde de Aquitania- le alcanzó a decir el rey- Llego hace poco, se ha negado a ser dama de la reina y ha quedado recluida.

Dimitri asintió en silencio y se movió entre la multitud, para hablar con ella, no recordaba que en la familia de Aquitania existiera una fémina. La dama le hizó una seña y salió del salón. Dimitri la siguió aun sin entender.

Fragmento 88 por tari

Salió del palacio de Versalles, por una puerta continua, ahí estaba su carruaje, la joven desapareció de repente, pero a él, eso no le preocupo en lo mas mínimo. Un mozo lo ayudo a subir y cerro la puerta, hizo una señal al chofer y el carro comenzó a avanzar lentamente. Entonces vio el reflejo de una joya, a través de la luz de las velas, la mujer entonces dejo las sombras y lo miró sonriente mente.

-Madame, pensé que había desaparecido-ella negó con la cabeza-¿No pertenece a la familia de Aquitania verdad?

-Por cierto que no-contestó ella y su voz era dulce y melodiosa- Yo solo soy una mensajera y he traído algo para su bien aventurado destino.

-No se que tenga de bien aventurado- Dimitri miró las estrellas.

-Tal vez no ahora, pero encontrara muy grato lo que le he traído y muchas cosas de su vida cambiaran y ya no vera el mundo, con los ojos de alguien que ha perdido a los seres mas amados.

El hombre arqueo la cejas, que extraño hablaba aquella mujer, era como si escuchara a una monja, a una persona conectada con Dios.

-De cierta forma, sí estoy conectada con él-dijo, adivinandó sus pensamientos-Pero Eru, ha cambiado tanto de nombres y de ideas, que ya ni siquiera se, si los hombres realmente creen en él.

-¿Acaso viene de oriente señora, a ofrecerme algo?- le preguntó Dimitri.

-No-respondió, la mujer sacó entonces una caja de color negro y un sobre con un sello lacrado- Bruja no soy, si es lo que piensa, esto es para usted.

La mujer le tendió los objetos,él miró la caja y se dio cuenta que la cubierta no era terciopelo, una tela mas hermosa y extraña, el sello era dorado, ¿era oro lo que veían sus ojos?, se sacudió la cabeza, no había luz, para notar esos detalles, volteo el papel y vio su nombre, escrito en una letra que conocía bien. Levantó la cabeza, la joven sonrió.

-Espere, no lo lea ahora, cuando lleguemos a su casa, lleveme al despacho, entonces podrá leerla-le dijo, no se lo estaba pidiendo, aquello era una estricta orden.

Dimitri, bajo la mirada y se sintió profundamente confundido, Henrietta estaba muerta, pero como asegurarlo, si no se recupero su cuerpo, era una muerte que llego de los labios de Philip su sobrino,él muchacho había visto a su hermana caer al agua, huyendo tal vez de los atacantes, cuando trataron de buscarla, ya era demasiado tarde. Respiro profundo y se quitó la peluca de la cabeza, aquello debía de ser una muy mala broma.

Las puertas de su propiedad se abrieron y la velocidad del carruaje, fue disminuyendo poco a poco. En la entrada de la casa, ya lo esperaban, dos de sus sirvientes, el hombre, bajo del coche y ayudo a su invitada a hacer lo mismo, los mozos le miraron extrañado.

-Es la hija del Conde de Aquitania-les dijo-, me ha traído una carta de suma importancia, por parte de su padre.

-¿Despertamos a la señora?-preguntó el mayordomo.

-No es necesario, gracias, pueden retirarse.

-Señor, ¿La dama se quedara?.

La muchacha negó con la cabeza, los sirvientes hicieron una reverencia y se retiraron, abriendo la puerta a su paso. Dimitri la guió al despacho, al morir August, se mudo ahí, además era mucho más cómodo, para la viuda y sus hijos . Entraron al estudio, los estantes estaban llenos de libros, había una especie de pequeña sala y al fondo, estaba un enorme escritorio de madera fina; con la mano le indicó que se sentara, la muchacha lo hizo y espero, él, por su parte se sentó en la silla del escritorio, abrió el sobre y comenzó a leer.

Mi querido Tío:

Por mucho tiempo, he guardado este deseo en mi corazón y ahora tengo oportunidad, de llevarlo a cabo. Se que estas sorprendido, mas debes escuchar mis palabras atentamente, pues esta sera la ultima vez que tenga contacto con el mundo al que alguna vez pertenecí y por lo tanto, a la gente a la que tanto aprecio.

Lo mas importante que debes saber, es que estoy viva, que sobrevivi a esta prueba del destino y que he pisado unas tierras tan maravillosas, que las palabras son incapaces de describirlas. Y sobre todo encontré lo que jamas encontraría en la tierra de los hombres, de lo que tú me hablaste tan tantas veces, de lo que deseabas encontrar para mí. Encontré la vida tío, la vida misma, en cada expresión, en cada movimiento, en cada gesto, en el mirar y el escuchar, al estrechar la mano de aquel que te ha robado el alma, de sentir su alma junto la tuya, de ver mas allá de las propias estrellas y sentir la tierra entre los dedos de los pies, el agua recorriendo mi cuerpo y el viento rozando mi espíritu.

¿Recuerdas, lo que me dijiste de las metáforas?, hay algunas que son ciertas, que no aluden a la vida cotidiana, si no que hablan de algo mas, de lo que esta fuera de lo que los hombres pueden concebir como real. Y aquellas ultimas palabras que leí de tu propiedad, eran ciertas, aquel libro antiguo, que te dio un loco, todo eso era cierto; tú lo sabias, ese libro contenía una verdad que no debe descubrirla nadie, que el secreto se guarde y que nadie lo sepa jamas, hasta que la tierra sea lo suficientemente ingenua, como para creer que es una fantasía.

Ya te he dicho mas de lo que debía, guarda mi palabras en tu corazón, no digas nadie lo que ha pasado.

Mi madre debe estar destrozada, seguramente habrás tomado medidas al respecto, ojala y la hayas tomado como tu esposa, así todos estarán a salvo, formando el circulo que no debió romperse conmigo y con mi padre. A él, que murió en mis brazos, tratando de salvarme, fue él, el que me dio esta oportunidad, el que me dio todo lo que tengo ahora. Lo volveré a ver, pronto en la casa del padre.

Cuida a todos mis hermanos, reconsidera la idea de la corte, yo se que seguramente, ese es el camino mas seguro para Philip y Amandine, pero es mentira, solo corrompera sus almas y los convertirá en seres tan viles como los demás cortesanos, sabes que hay otras formas de buscarles pareja, deja que ellos miren el mundo, con sus propios ojos, que escojan el camino que los mantenga libres. Los dos siempre fueron mas capaces que yo, sabrán que hacer, llegado el momento.

Siempre que mires el mar, , recuerda lo que fui, cuando estaba con mi familia y olvida mi muerte, guardame viva, dentro de tu corazón. Y vive tío, vive la vida que te queda, busca el amor, tal vez mi madre y tu, puedan... Es inútil que piense en eso, pero pongo esperanzas en que suceda, en que los dos encuentren de nuevo un motivo por el cual seguir y que sea el amor, finalmente de eso venimos y a eso retornaremos.

Vive tío, vive....

Por siempre tuya.

Henrietta Fiore.

Una lágrima rodó por su mejilla, después otra, hasta que un mar de ellas inundaron su rostro. Lloró, como no lo había hecho en toda su vida, lloró por el y por lo que leía, por su hermano y por su cuñada, ahora su esposa, por sus sobrinos y por su madre, a la que tanto quería. Y Lloró por el destino que tenia delante, todas aquellas cargas que retenía en su corazón, desaparecieron por un momento, se sintió mas ligero, sonrió y supo que aquel era el fin de un capitulo y que ahora debía empezar otro, libre por fin, de toda la tristeza surgida por aquella partida. Sintió una mano en su hombro y alzó la vista, la mujer le miraba y sus ojos no estaban llenos de compasión o lastima, sólo había esperanza en ellos.

-Las despedidas no son para siempre, se reunirán algún día, en la casa del padre. Entonces, todo los que los ataba a la tierra desaparecerá y solo quedara la conexión eterna de su alma-sus palabras le incharon el alma de esperanza-Haga caso a sus palabras y sea libre Dimitri, libre de escoger su propio y unico destino.

Dimitri asintió en silencio, observo la caja y la abrió lentamente, ante él, apreció un collar de innumerable belleza, encargazado en diamantes, en el centro un H y una N entrelazadas, contenia una luz, la misma luz de los ojos de aquella doncella.

-Es un regalo, a pago por el brazalete que le regalo, ahora debe guardarlo y pasarlo segun la tradicion de su familia-dijo la dama, él afirmo con la cabeza- Guarde el secreto que lo que ha leido y de mi visita, no le volvere a ver Señor Dimitri, aunque su sobrina tenía razon, es muy noble y su alma me recuerda a un principe lejano.

-¿Puedo perdirle un favor?- le preguntó el hombre, levantandose de la silla.

La mujer miró hacia el otro lado y parecio pensarlo dos veces.Sonrió y con un movimiento de mano le indico que le pidiera lo que fuera.

-Digale, que le amamos y en nuestra esperanza siempre abogaremos por ella, que lo que la une a aquel ser, es mas fuerte que la muerte y que la superaran, con la fuerza de su libertad.

Ilmarë sonrió y comprendió que en aquel hombre, existía la más grande de todas las sabidurias y la virtud más poderosa de todas. Toco su pecho y se despidio con el corazón.

-Que Eru proteja su camino, Señor de las Flores.

La mujer salió por la puerta, Dimitri se desconcertó ante sus palabras, cuando se recuperó la siguió, más, ya no había nadie en el pasillo, caminó hacía la ventana y vió como la doncella corria por el camino de la entrada, entonces alzo los brazos, una luz broto de su cuerpo y desaparecio en los aires, alcanzó a ver una estrella que se movia rapidamente por el cielo.

-Adios mi querida niña- dijo, como sí alzara una oración a los dioses.