Historia privada

El Árbol de Oro

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Fragmento 22 por nargothrondhim

Todos permanecían arrodillados y mirando al suelo, tan solo el anciano se incorporó, ayudado como siempre por su joven hijo, y se acercó de nuevo hasta el Árbol de Oro. Arrancó con dificultad uno de los frutos que colgaban de las ramas más bajas y que aún aguantaban en las mismas los envites del viento. Y volvió a sentir las mismas sensaciones que tuviera años atrás cuando erraba perdido y solo por una meseta yerma. Ahora el Mundo había cambiado, la faz de Arda era distinta y diferente, todo era más nuevo, menos él mismo, que era ya un anciano que esperaba la muerte. Probar de nuevo aquel jugoso fruto dorado le insufló nuevas fuerzas y deseó entonces poder vivir para siempre, como los elfos que había visto en el Oeste, y poder comer todos los dias de aquel árbol y vivir, como lo hacían los Eldar, mil vidas de hombres y aquel sentimiento lo apenó en su interior. Triste destino era el que le aguardaba a los de su raza, incierto y doloroso; y no era el menos doloroso el ver como se iban marchando los seres queridos y como uno mismo se avejentaba hasta ser alguien inútil y torpe. Y se preguntó entonces el porqué de tanta crueldad de Eru hacía ellos, los hombres, condenados a una vida corta y llena de desilusiones encerrados en cuerpos debiles y enfermizos. Mientras comía era observado por los demás en silencio. Negó repetidas veces con la cabeza esa tristeza que ahora lo embargaba, de nada valía lamentarse, el destino de los hombres era el que era, tendría que afrontarlo con decisión. Así estaba escrito en los juicios de Mandos.

Y entonces les habló a todos de nuevo con voz potente.

- ¡ Regocijemonos ahora con los dones que hemos obtenido de los dioses!. Ya una vez correspondí a ese milagro con otra acción que fue milagrosa. He aquí el resultado: El Arbol de Oro existe, podeis verlo, es real. Ahora volveré a hacerlo. ¡ Hacedlo todos conmigo! ¡ Comed de sus frutos y conmemorad aquel día lejano cuando las esperanzas de nuestro pueblo renacieron y hubo futuro para el mismo!.

Y fué entonces cuando hincó las rodillas en la tierra y hoyó un boquete en el suelo. Todos se acercaron hasta el árbol y se deleitaron con el sabor fresco de aquellos frutos mientras el anciano canoso depositaba la semilla del que habia comido hacía un instante en el interior del mismo y luego lo cubría cuidadosamente de tierra.

- ¡ La primavera que viene habrá más arboles de Oro aquí!. Que los dioses nos sean propicios con esta ofrenda que les hemos hecho. Haced esto siempre que paseis por aquí en conmemoración de aquel dia de bienaventuranza. ¡ Que el Bosque de Oro medré como lo ha hecho nuestro pueblo: por la gracia divina!.- y aún cuando no había terminado de hablar ya muchos escarvaban en la tierra roja para depositar más semillas en la misma y luego de esto, se alejaron de un Árbol de Oro que se hallaba perplejo ante lo que veía, aunque regocijado por ver como ahora se cumplía realmente su destino, el por que había sido en este Mundo.

Fragmento 23 por nargothrondhim

El Árbol de Oro sintió como no le apenaba que aquel grupo de humanos le fueran arrancando poco a poco sus frutos, puesto que lo hacían reverenciando los dones que estos les proporcionaban, alimento y fuerzas para continuar su camino. Y así fue como poco después de acabada aquella especie de ceremonia de acción de gracias aquel grupo de hombres se demoró unas horas en el lugar.

El árbol pudo ver como aquellas gentes se divertían y reian, los niños corrían libremente entre el sonido de sus risas y los mas mayores descansaban sentados o tumbados junto al rio mirandolos jugar. Jamás había visto a los hombres desde aquella perspectiva: la de la felicidad. Siempre los había visto harapientos y macilentos, extenuados y al borde de la muerte buscando el Oeste del Mundo. Ahora era diferente, aquellos humanos se veía que hacía años que no pasaban aquellas terribles penalidades que, aunque se veían aún reflejadas en los rostros de los más ancianos, no oscurecían las caras y las sonrisas de los más jovenes, nacidos ya sin estar bajo el poder de las Sombres en el Este. Le sorprendía al Arbol de Oro que aquel grupo de humanos desandara un camino que tanto les habia costado hacer, que razones les moverían ahora a volver al Este maldito de donde huyeron antaño. Y al final tuve que reconocerse a si mismo que jamás comprendería a los seres movientes, a los que eran libres de ir y de venir, puesto que también él mismo habia tomado verdadera conciencia de cual era su lugar en el mundo. Y ese estar permanentemente plantado e inmovil en el suelo, la hizo poco variar la manera de ver las cosas, estas eran como eran y no cabía preguntarse los porques, sino solo disfrutar de cada momento que le proporcionaban los dioses bajo los cielos de Arda.

Después de horas de solaz y descanso junto al Árbol de Oro, el grupo emprendió de nuevo la marcha no sin antes acercarse de nuevo a él y volverlo a rodear entre todos. El anciano, nuevamente acompañado de aquel joven de su familia, tocó de nuevo con sus arrugadas manos el tronco y pasó la palma de las mismas por todo su contorno. Después sus manos se dirigieron a las ramas mas bajas y buscó una hoja dorada y perfecta, la mas bella de todas las del arbol, y asiendola con fuerza, la arrancó. Pero lo hizo con tal ternura que a este no le importó, porque comprendió entonces las poderosas razones que tenía aquel anciano para hacer lo que hacía. Quería un recuerdo del arbol que le dió la vida antes de acabar su viaje. Iba al Este a morir.

Porque efectivamente iba a dejar este mundo justo en el lugar donde había venido al mismo, puesto que añoraba las tierras de su niñez y su juventud y quería morir en las mismas. Y hacía allí se dirigia acompañado de sus parientes y algunos de los de su pueblo. Habían dejado atrás todo lo que tenían por el amor que profesaban a aquel que había sobrevivido solo a la muerte en medio del desierto terrible y luego había guiado a su pueblo hasta la paz y la prosperidad y, sobre todo, los habia alejado del peligro, del mal y de la oscuridad. Además el Oeste del mundo antiguo estaba completamente anegado, a Beleriand no volverían, no sabían si se quedarían en el Este, o volverían a tierras mas benignas y menos salvajes, pero de momento acompañaban a aquel hombre a cumplir su ultimo deseo.

- Gracias Arbol de Oro. Tu me diste la vida y yo te lo devuelvo dando vida a tus vastagos. Que los hados nos sean benignos a los dos.- y fué la ultima vez que el arbol oyó la voz de aquel hombre.

Así, después de orar de nuevo a Eru por unos minutos, el grupo marchó del lugar lentamente cantando de alegría y llenando de risas toda la meseta, que en aquella epoca del año aún estaba verde. El joven hijo de aquel anciano fué el ultimo en abandonar el lugar a lomos de su caballo. Miró unos instantes hacía atrás, hacía el Árbol de Oro y permaneció pensativo. Después espoleó al mismo y galopó con prontitud en pos de la comitiva.

Sobre si aquel anciano pudo cumplir su ultimo deseo o no, nada mas se cuenta en esta historia, tan solo que la hoja del Arbol de Oro viajó por todas las tierras del Este envuelta en sus ropajes. Sobre si aquel joven de mirada penetrante volvía a aquel lugar mas adelante se habla en otro punto de este relato.

Fragmento 24 por nargothrondhim

Asi, entre miedos y esperanzas ante lo que podía depararle la primavera siguiente, fue como transcurrieron los dias de aquel invierno para el Arbol de Oro. Se sintió de nuevo joven, y volvió a sentir ese nerviosismo propio de la poca edad, cuando la expectación ante algo futuro e incierto que tenía que ocurrir se apodera de todos los que son jovenes. Se sentía como cuando tenía pocas estaciones de edad y todo lo nuevo era atractivo y especial. Impaciente, aguantó los envites del invierno, que desde el gran cataclismo y la retirada de la Sombra del Norte, no era ya tan duro y cruel como antaño. Y llegando ya el deshielo y cuando las primeras briznas de hierba verde comenzaban a cubrir la meseta ocurrió el milagro.

Pudo verse reflejado en todos aquellos pequeños brotes que surgían de la tierra oscura de la meseta. A todo su alrededor, aquí y allá, iban naciendo pequeños retoños de él mismo. Pequeños tallos verdes y dorados, en los que pudo verse a sí mismo y que devolvieron su pensamiento a su propio nacimiento. Miró entonces a la roca negra junto a él, y creyó ver cierta complicidad en la misma, sin dudas si aquella mole de piedra podía sentir algo notaría la misma emoción que estaba sintiendo ahora mismo. Pero de nuevo se dió cuenta que aquella no era un ser como los demás, sino simplemente un objeto puesto allí por los hados del destino, que no sentía ni padecía, pero aún así, siempre había creido que aquella roca era especial y podía comprender todas las emociones que estaba él sintiendo en aquellos momentos.

Muchos fueron sus vastagos de aquella primavera y brotaban por doquier junto al rio y alrededor de si mismo. Pero pasados unos dias y viendo que ya no surgirían más, también sintió tristeza puesto que no todos los frutos plantados por aquel grupo de hombres durante el otoño había germinado. Y entonces comprendió que el mundo estaba lleno de alegrías y de tristezas en igual cantidad, pero él decidió quedarse en aquel momento con las primeras y puesto que las segundas quedaron desterradas en cuanto vio como sus pequeños retoños de arboles dorados comenzaron a crecer.

Notó como en pocas semanas estos se fortalecían y despertaban completamente a la vida, y cuando la estación primaveral era ya plena de luz y de fertilidad, comenzó a sentir como los pequeños arboles dorados se giraban constantemente hacía él en busca de respuestas a las mismas preguntas que él mismo se había hecho en otros tiempos, y que había tenido que descubrir por si mismo. Ellos tendrían más suerte, él les hablaría de como eran las cosas bajo los cielos de Arda, de como había seres que podían moverse, de como eran los pajaros, de como se llamaban cada una de las estrellas, de cual era el lugar de los arboles en este mundo en definitiva.

Sentía como cada vez era más la fuerza que podía notarse en toda la tierra alrededor y notó como bajo la misma, iban fortaleciendose las debiles raices de aquellos pequeños tallos, de sus vastagos, de sus hijos en definitiva.

Y el verano pasó entre conversaciones y risas entre todos ellos, pues ya habían aprendido a comunicarse mutuamente. Y el Arbol de Oro les contaba viejas vivencias e historias de aquellos años, que a los jovenes arboles dorados les parecían extraordinarias, aunque realmente no eran así. Omitío muchas de ellas, sobre todo las tristes, puesto que no quería que sus vastagos tuvieran tan jovenes una idea tan desoladora de como era el mundo. Protegería su inocencia hasta donde le fuera posible, y, por supuesto, no habló de la muerte de los ningún ser, ni hizo entonces referencia alguna a aquel elfo sanguinario, a Andir Moredhel, puesto que auguraba que todos ellos podrían verlo con sus propios ojos en un futuro no muy lejano.

Una vez comenzado de nuevo el invierno ya podía observarse grandes cambios en los pequeños arboles dorados, y aquella parte de la llanura dejó de ser desierto, para convertirse en El Bosque de Oro, lugar donde residirán todas las historias que se contaran aquí de ahora en adelante.

Fragmento 25 por nargothrondhim

IV.- DE FAUCES SOMBRIAS, EL HUARGO.

Los días del estio transcurrieron rapidos en el Bosque Dorado, y el Árbol de Oro sintió como era cierto que los días felices pasan fugaces en la vida de todos los seres, y cuanto más felices son con más celeridad pasan dejando un recuerdo grato y amargo al mismo tiempo; dichoso por los momentos vividos, pero infelices por el recuerdo de los mismos, ya que jamás podrían repetirse, y tan solo su bello recuerdo quedaba cuando aparecía la nostalgia y la memoría de lo vivido. Traicionera nostalgia que tan solo hace recordar que hubo momentos mejores en las vidas de todos, pues suele aparecer cuando esos dias de gozo se han ido, irremisiblemente perdidos en el tiempo, deseos frustrados en definitiva de un tiempo ya vivido y nunca más disfrutado. Así se sentía aquel árbol aún joven y fuerte cuando los primeros envites del invierno se dejaron notar sobre la meseta.

Les habló a todos sus vastagos sobre el frío cruel y el hielo cortante, y no pudo reprimir una punzada de dolor al recordar aquel su primer invierno, cuando estuvo a punto de morir ahogado por la nieve que lo cubría por entero. Y les dió consejos sobre como mantener el animo ante los momentos duros que se les avecinaba. En aquellos momentos le gustaría ser un ser moviente y poder proteger de los rigores del frío y la escarcha a sus vastagos, pero tan solo logró desesperarse aún más, ante esta imposibilidad de hacerlo. Aún así, alimentó en su interior la esperanza de que aquel invierno respetara las vidas de todos y cada uno de aquellos pequeños brotes nacidos de él. Pero de cualquier manera sabía que el invierno no tendría misericordía de ellos y temió lo peor.

Las tormentas de lluvia y nieve se fueron sucediendo, él ya estaba acostumbrado, pero veía como sus pequeños retoños apenas si lograban mantenerse erguidos ante los envites del viento y el hielo. Casi ni hablaban ya, tan solo emitian leves gritos de miedo, casi susurros, en los días y sobre todo las noches más frías. Ante aquello el Árbol de Oro creyó oir como en su interior se rompía algo y el pesar le ganó por completo, el sufrimiento se apoderó de todo su ser y entonces comprendió que jamás había sentido ni sentiría mayor tristeza que aquella. Ver como morían los hijos era lo más duro que podía pedirse a ningún ser y eso era lo que él cría que estaba ocurriendo.

Así fueron pasando los dias invernales, y al contrario que los de la primavera y el verano, lo hacían muy lentamente, el tiempo parecía haberse detenido y el Árbol de Oro añoró el sol y la brisa suave del estio meciendo sus ramas. Y en estas ensoñaciones estaba cuando pudo percibir algo extraño en el ambiente. La tierra vibraba con una unos pasos nerviosos, podía notar como la carrera frenética de alguien alteraba la quietud de la nevada meseta. Trás ella otra más extraña aún para él, acompasada y fría en su paso, cadenciosa y a la vez rapida, pero extraña, puesto que jamás había sentido aquello en los años de su vida. Ningún ser que jamás hubiera conocido corría de aquella manera cubriendo de oscuridad todo a su paso.

Fragmento 26 por nargothrondhim

El huargo tenía a su presa a pocos metros de distancia, cada vez menos, y su correr agil y cadencioso le acercaba cada vez más a la misma. Aquel enano no se escaparía aquel dia, pensó mientras sus cuartos traseros se hundían en la nieve a cada paso que daba, pues tal era la fuerza que estaba imprimiendo a su carrera.

Llevaba días detrás del rastro de aquel inmundo ser. De todos los que habitaban Arda era a la raza de los enanos a quienes más odiaba, si es que no odiaba a todas por igual; pero su saña siempre había sido mayor con la raza de Durin. Eran los enemigos naturales de los suyos, siempre condenados a pelear por las cuevas y las grutas de las montañas desde tiempos inmemoriales. Pero ahora tenía su oportunidad de acabar con uno de aquellos malditos enanos, y no quería dejarla pasar.

Lo había olido hacía tres días en las faldas de las montañas y de inmediato se habia dado cuenta de que erraba perdido por las inmediaciones, perdido o dudoso de que camino tomar. En cualquier caso, pronto comenzó la persecución, y aunque el primer día pasó inadvertido, en la mañana del segundo pudo verlo, de lejos, de pie y pensativo al borde de la meseta, en las ultimas estribaciones de las montañas. Seguramente no se decidía del todo a aventurarse en solitario en la travesía de la estepa, y menos en invierno. Sabía que no tendría muchos sitios donde guarecerse del frío y la nieve. Aún así, Fauces Sombrías, esperó espectante la decisión del enano, y cuando vió que este se encaminaba en dirección al yermo nevado dejando las montañas, sonrió maliciosamente. Era lo que estaba esperando, campo abierto y millas por delante para iniciar la persecución de aquel barbudo.

Lo vió alejarse con sus escasas pertenencias internandose en la nevada llanura. Un hacha poderosa y bien bruñida brilló colgada de su cinto y cuando el último rayo de sol que se colaría entre las nubes en muchos dias se reflejó en la misma, esta emitió un destelló poderoso que, a pesar de la distancia a la que se encontraba, casí cegó al huargo. Tendría que tener cuidado, se dijo, no es tan débil ese enano. Sería paciente y esperaría la ocasión propicia, cuando estuviera cansado de vagar por la nieve. Y pensando esto comenzó a descender sigilosamente las ultimas rocas y peñas de la montaña antes de internarse él también en el yermo nevado e hinospito.

Y ahora, dos días más tarde, lo tenía casi al alcance de sus colmillos. Aquel enano corría casi despavorido delante suya, desde el día anterior había notado su presencia. Lo cierto es que había sido al final un poco imprudente y se había dejado ver antes de tiempo. Pero ya no importaba, estaban lo suficientemente lejos de cualquier refugio que le sirviese a aquel naugrim, para que este ya no tuviera escapatoria y callera bajo sus mortales dentelladas. Esa noche se daría un festín de enano. Prefería a los elfos, pero el invierno es siempre epoca de penalidades y además él mismo estaba medio famelico y no podría acabar en aquellos momentos con ningún elfo, aun el más debil de toda Arda.

De pronto divisó algo entre la ventisca más adelante de su presa. Esta se dirigía hacía un gran árbol que se alzaba en mitad de la llanura y le sorprendió al huargo aquello, puesto que jamás lo habia visto y había recorrido aquellos lugares muchas veces.

Fragmento 27 por nargothrondhim

Así los vió llegar hasta si mismo el Árbol de Oro. Un enano cansado y asustado corriendo torpemente y detrás suyo un enorme huargo de fauces babeantes. Le asustó el aspecto de este último, incluso más que aquel hacha reluciente que portaba el primero de ellos, rezumaba oscuridad y maldad y venía corriendo con sus ojos rojos y brillantes fijos en él. El árbol no pudo evitar que un escalofrío recorríera hasta la última de sus hojas, ramas y raíces cuando notó la mirada glacial de aquella bestia. Aquellos ojos inyectados en sangre le miraban directamente mientras corría en pos del naugrim, quien ya se encontraba a menos de medio centenar de metros de él.

En escasos segundos llegarían hasta donde se hallaba plantado e inmovil. Justo antes de llegar junto a él, aquel extraño ser bajo de estatura y ancho de hombros fué a dar de bruces con su cuerpo en la nieve, había caido trastablillado fruto del cansancio quizás. El Árbol de Oro sintió una angustia terrible cuando vió llegar hasta el naugrim a aquella bestia oscura y de ojos rojos. El caido se giró dandose la vuelta, hubiera deseado recogerlo con sus ramas y alzarlo hasta su mismisima copa para evitarle la muerte segura que suponía la feroz acometida de un monstruo como aquel. El huargo se acercaba cada más y más, inexorablemente, sin remedio; incluso agachó en su carrera su cabeza para ir preparando el mordisco fatal en el cuello de su victima, pues tal era la manera en la que solía acabar con los mismos.

El Árbol de Oro deseó entonces tener ojos y poder cerrarlos para no ver la escena que iba a contemplar a continuación, y recordó en aquellos instantes otro acto de crueldad similar que habia presenciado años antes. Pero no, aquel elfo oscuro de antaño no podía compararse a aquella inmunda bestia que ahora perseguía con saña a aquel enano. Pero no se parecían, era otro tipo de maldad y de oscuridad, más elaborada, menos brutal. Diferente en definitiva. Y comprendió entonces el árbol que no todo bajo los cielos de Arda era blanco o negro, luminoso o sombrío, reluciente u oscuro; sino que las gamas de grises era muy amplia y variada, todo dependía de quien mirara la situación.

Pero aún con este pensamiento sabía que no le gustaba lo que iba a ocurrir, con gusto ayudaría a aquel pobre infeliz que iba a morir en las fauces del huargo si pudiera hacer algo por él. Pero no fué necesario, al menos de momento, pues justo en el momento en el que el ataque se producía algo brilló en manos del enano, quien ante el ataque mortal de la bestia, había acertado a sacar de su cinto su hacha y le asestó a esta un mandoble poderoso en su cara, aunque casi erró el golpe, puesto que lo dió con la parte de madera de la misma. Aún así, detuvo en seco el ataque del huargo, quien cayó de espaldas ante el dolor por el golpe, y la sangre comenzó a gotearle del morro mientras permanecía tirado en el suelo dolorido y aturdido.

Momento que quizás el enano debía haber aprovechado para rematar a su atacante, pero a veces, muchas más bien, sucede que el nerviosismo no nos deja pensar con claridad, y el miedo atenaza nuestra mente. Así que no se sabe si inspirado por la llamada inaudible del árbol que tenía delante o por sus propios pensamientos y deseos de protegerse, se encaramó rapidamente en las ramas más altas del Árbol de Oro, mientras la bestia de ojos rojos se incorporaba lentamente manchando la nieve de una sangre roja oscura, casi negra, casi tanto como el aura que le rodeaba.

Miró amenazadoramente al enano subido en el árbol. Este permanecía blandiendo amenazadoramente el hacha en sus manos y apenas lograba soportar el cruce de miradas de aquel animal. Aún así, joven e inexperto, como le pareció al Arbol de Oro, aquel naugrim tenía mucha valentía. Casi cualquier otro ser, a excepción de un gran elfo o un humano experimentado, jamás plantaría cara a un ser tan poderoso y sombrio como lo era el huargo. Extraña raza aquello, pensó durante un segundo. Extraña y de voluntad fuerte.

Y justo cuando llegó junto al árbol este sintió un dolor y angustia repentina. Dolor y angustia porque sintió dentro de él las garras de aquella bestia, quien se alzó sobre sus patas traseras y clavó fuertemente sus garras delanteras en el tronco del mismo, desgarrandolo inmisericorde mientras miraba con ojos inyectados en odio al enano que permanecía unos metros más arriba. El Árbol de Oro sintió una mezcla de dolor y de odio ante aquello, y fué entonces cuando descubrió que todos los seres, incluso él mismo, eran capaces de albergar en su interior ese sentimiento.

Fragmento 28 por nargothrondhim

N del Autor:

Esta Historia será cerrada en breve de esta Sección del Taller de Historias, para continuar en la Sección de Historias de la Guerra de los Clanes. Alli podreís seguir esta curiosa historia de El Arbol de Oro.