Gondor
Den se alejó de sus amigas y viajó sola, pero ella no se sentía sola, porque lo único que necesita un elfo para sentirse acompañado es: el cielo azul adornado con nubes blancas o puede ser lluvioso, un camino lleno de pasto, y el viento en su cara, y todo eso lo tenía. No se detuvo para comer o descansar, solo para admirar el paisaje que la rodeaba. Caminaba y cantaba tonadas de tiempos remotos, también imaginaba como sería la ciudad blanca.
Pasó mucho tiempo antes de que volviera a ver personas. Después de un rato descendió una colina y a lo lejos vio la hermosa ciudadela.
Den llegó a las puertas antes del crepúsculo y un guardia se acercó.-Elfa? Eres una elfa?.-dijo impresionado.
-Vengo a ver al rey ahora…..-dijo Den ansiando entrar.
–¿Cuál es tu nombre?.-le preguntó.
—Que te importa.-pensó Den.-Soy Den, elfa de LothLorien.-respondió -Ya me dejas…-dijo, pero el hombrecillo seguía hablando.
-Ah de Lorien, no es de ahí la elfa bruja, dicen que tiene un terrible poder.-dijo el.
-Que insolente.-pensó Den.-Esa elfa de la que tu hablas, ¡no es ninguna bruja!, es Galadriel, la reina del bosque, la dama de la luz.-dijo Den.
-Si, si es ella, Galadriel, la llaman, dicen que es muy vieja.-dijo el guardia.
A Den se le colmó la paciencia. Justo cuando el guardia se disponía a hablar de nuevo Den tomó su arco y una flecha tan rápido como pudo (bastante rápido).-Basta! Si tu te atreves a decir una cosa mas, una sola mas, en frente de mi, o a mis espaldas sobre Galadriel, tendrás que vértelas conmigo!.-dijo Den enfadada.
-No quise ofenderla solo digo lo que dice la gente.-dijo el.
-La gente no sabe lo que dice, ahora si no te importa, abre la puerta.-dijo Den.
El guardia por fin la dejó pasar. Caminó a la siguiente puerta, y la que sigue y la que sigue. Den miraba con tristeza la ciudadela, no había visto ni un jardín, ni una flor, nada!. Solo muros, muchos de ellos, pareciera que en vez de hombres vivían enanos ahí. Pero al llegar a la ultima puerta Den vio un jardín enorme, con todo tipo de flores y un árbol blanco.
Había también una banca, en ella estaba sentada un hombre que veía el horizonte. Den miró también, el sol se escondía detrás de las montañas Nubladas tornándose rojizo e iluminando el cielo. El hombre se levantó y vio a Den.
-Soy Den elfa de LothLorien.-dijo Den apresuradamente.
-Yo soy Aragorn hijo de Arathon.-dijo el.-Sabia que vendrías.-dijo y Den hizo una reverencia. Luego caminaron hasta llegar a una estancia completamente blanca, con muros altos y fuertes, dignos de un rey. Adentro estaba Arwen.
-Aragorn, donde habías estado.-dijo Arwen acercándose.
-Tenía que pensar.-dijo el.
-No tienes que preocuparte, Clau sabe cuidarse sola.-dijo Arwen.
Un curioso hombrecillo, bastante bajo, entró.-Mi señor, su hijo, a llegado.-dijo haciendo una reverencia y entrando.
-Gracias Helmet.-dijo Aragorn, detrás de Helmet venia un joven, era alto, bien podría ser un elfo, pero no lo era, bueno no completamente. Tenia el cabello café y algo largo. Pero lo que más llamaba la atención eran sus ojos grises, con una mirada intensa, pero sin embargo llevaban juventud. Era Eldarion, hijo de Aragorn.
-Eldarion! Que alegría.-dijo Arwen, su madre.
-Hola mamá.-dijo el dándole un beso a su madre.
-Eldarion, no te esperaba tan pronto, y bien, ¿que pasó?.-dijo Aragorn, Den simplemente se sentía fuera de lugar pero tomó asiento esperando que no se demoraran.
-Se negaron, no lo entiendo, los hombres de Osigiliath…..-dijo Eldarion.
-¿Y volviste?, Eldarion tienes que lograr lo que te propones ya te lo he dicho.-dijo Aragorn.
-Ya lo se!, lo se, pero no es cualquier cosa, se trata de convencer a todo un pueblo y a su rey.-dijo Eldarion.
-¡Tu ya eres casi un rey! Mírate, ¿a ti si te pueden convencer?.-dijo Aragorn.
-¡Entonces tal vez no deba ser el rey! Es eso lo que quieres.-dijo Eldarion saliendo rápidamente.
Entonces Arwen habló en elfico.-No seas tan duro con el, además tu eras igual.-dijo Arwen. Helmet, que seguía escuchando no entendía nada, lo tomó como una indirecta, puso su mano en la cara y salió indignado.
-Tal vez fui igual que el, pero yo no tenía estas responsabilidades. -dijo Aragorn.
-Si las tenias, pero huiste de ellas, preferiste el exilio antes que volver, además por que el debe tenerlas, deja que elija.-dijo Arwen.
-Tienes razón.-dijo Aragorn. De pronto recordaron que Den estaba ahí.-Den puedes quedarte aquí, y luego cuando llegue la hora partiré contigo.-dijo Aragorn.
Den salió y Helmet la acompañó a la que seria su casa.-Así que el era el heredero de Gondor.-dijo Den.
-Sip, está guapo verdad?.-dijo Helmet.
-Aléjate de mi rarito desquiciado.-pensó Den.
-Y bien, donde quieres tu casa.-dijo Helmet.
-En realidad esperaba que hubiera una casa en los muros bajos, no me gustan los muros.-dijo Den.
-A mi tampoco, y creo que queda alguna.-dijo Helmet. Entonces se encaminaron a los muros bajos.-Ahí la tiene, una casita con vista al muro!, lo siento es lo mejor que tenemos.-dijo Helmet.
De pronto las puertas se abrieron.-Hey que trae contra Frodo.-dijo una pequeña persona.
-Mal!.-dijo Den.
-Hola, es que este dice que Frodo tiene un serio problema dental.-dijo Mal señalando al hombre que le había dicho cosas sobre Galadriel.
-Otra vez tu?.-le dijo Den.
-No, no…el tiene la mejor dentadura de toda la tierra media!.-dijo el y cerró la puerta.
-Está mejor, pero que no exagere.-dijo Den.
-Quien es ese?.-dijo señalando a Beregil.
-El, es Beregil, pero bueno, llegue a la hora de la cena?,díganme que no ha pasado.-dijo Mal. Den no sabia nada de ninguna cena pero Helmet intervino.
-La hora de la cena ya ha pasado, pero, son huéspedes.-dijo.
-Si si!.-dijo Mal.
-Y tu, quieres algo?.-le preguntó a Beregil con voz coqueta.
-No gracias.-dijo Beregil alejándose.
-Bueno, adiosito chicos, nos vemos en un rato.-dijo Helmet.
-Que demonios le pasa a este afeminado, es mas que Gay.-dijo Mal.
-Eso lo pone como el primer gay en la historia de la tierra media.-dijo Den.
-No te olvides de Sam.-dijo Mal.-Sam!, cierto, como pude olvidarlo.-dijo Den.
-Deberías ver como le coquetea al hijo del rey.-dijo Den.
–¿Quién, Sam?.-preguntó Mal.
-No Helmet.-dijo Den.
-Helmet, lindo nombre.-dijo Mal.-El rey tiene hijos?.-Den asintió con la cabeza.-Que tal está?.-dijo Mal.
-Es un bombón.-dijo Den.
-Mujeres!.-dijo Beregil, y se fue.
Lo raro es que ni Den ni Mal eran mujeres, una era elfa y la otra hobbita ¿?.A medio día (del día siguiente) Den estaba sentada con Mal en la banca de aquel hermoso jardín. Den miró hacia una casa cerca del jardín, y no era una casa si no las casas de curación. (no que no era una casa?) Luego vio calle abajo y vio a un elfo, que llevaba cargando algo, o mas bien alguien.
Reconoció el rostro, era Vladdimir.–¿Qué paso?.-pregunto Den.
-Hola Den, ahora te cuento, pero dame permiso que esta maga no pesa dos kilos! (pesa menos).-dijo Vladdimir.
-Maga?…Karin!.-dijo Den. Mal los siguió.
-Con permiso, veamos orcos de nuevo…toma esto te sentirás mejor.-dijo una señora. Karin despertó.-No quiero caldo de gallina.-dijo y se volvió a dormir.
-Ja ja! No aguanta nada, a mi me cayó un huargo encima y miren, estoy viva.-dijo Mal.
-Vamos a cazar algunos Orcos.-dijo Karin.
Algo entró en la casa.-Bob?.-dijo Mal.
-Esa cosa tiene nombre?.-preguntó Den.
-Claro que tiene, es mío, lo encontré.-dijo Mal.
-Si mis ojos no me engañan, esto es una cotorris de cola larga.-dijo Vladdimir.
-Ja ja! Tu pareces cotorris.-dijo Karin.
-No le hagan caso, es el veneno.-dijo la señora.
Se quedaron ahí viendo a Bob comer pera, después llegó Helmet.-Hola chicas, hola…..vaya que elfo!.-dijo Helmet.
-Hola Helmet ¡Que quieres!.-dijo Den.
-Este, yo, solo, a si, ya recuerdo, el rey quiere verlas.-dijo el.
-Esta maga se queda aquí.-dijo la señora.
-No! Yo voy del otro lado del Mar.-dijo Karin
-Creo que me quedo.-dijo Vladdimir cuando Karin comenzó a saltar sobre la cama. Caminaron entonces.-Ese elfo está guapo.-dijo Helmet.
-Le deberías presentar a Sam.-dijo Den.
-Si verdad.-dijo Mal.
-Y hablando de guapos.-dijo Helmet cuando vio a Eldarion.
-Un hobbit! Que raro, hola soy Eldarion.-dijo.
-Soy Mal.-Dijo Mal.
-Mucho gusto.-dijo Eldarion.
-El gusto es todo mío.-dijo Mal.
-Y, a donde van.-dijo Eldarion.
-Vamos con Trancos.-dijo Mal.
-Con quien?……ah trancos, mi padre.-dijo Eldarion.
-No quiero verlo, el no me entiende, no es como yo!.-dijo bajando el tono de voz.
-Eldarion, tal vez cambie su opinión, después de todo, el mismo dijo que puedes cambiar la decisión de un rey.-dijo Den, al parecer estas palabras hicieron sentir mucho mejor a Eldarion porque aceptó ir con ellos.
-Mariel!.-dijo Den.
-Frodo! que gusto.-dijo Mal.
-Eldarion, ven.-dijo Aragorn.-He decidido, que debes elegir tu.-dijo. Eldarion no lo podía creer.-Lo que quiero es viajar, andar de aquí para allá explorando y todo eso.-dijo Eldarion.
-Un montaraz.-dijo Aragorn en voz baja.
-Gracias, y por cierto, que es eso de Trancos.-dijo Eldarion.
Aragorn se rió.-Ese era mi nombre de pila en Bree, por ese nombre me conocieron los hobbits.-dijo el.
-Es horrible! Por que no uno mas bonito.-dijo Eldarion riéndose. Volvieron a entrar.
-Atención! Partiremos por la tarde, cabalgaremos toda la noche, quiero que se preparen, hay orcos, y son difíciles de ver, llegaremos a Rivendell en la mañana.-dijo Aragorn.
Den fue por Karin.-Creo que ya se recuperó del todo.-dijo la señora.
-Gracias por curarme señora.-dijo Karin, si que se había curado.-y dime que ha pasado?.-preguntó.
-No mucho, solo que ya nos vamos.-dijo Den. Como Karin no había comido nada (sin ofender) comió como hobbit. Llevaban pocas armas, pues no creyeron necesario llevar mas. Cuando se fueron, Gandalf iba en frente con Aragorn y su esposa, luego iba Karin con Vladdimir, Eldarion y Den, luego iba Mal (con Bob), Mariel y Frodo.
-Ah por cierto, gracias por salvarme dos veces Vladdimir.-dijo Karin.
-No fue nada.-dijo Vladdimir.
-Le salvaste la vida?.-preguntó Eldarion.
-Si, en realidad no fue…-dijo Vladdimir.
-Fue mucho, nadie me quiere perder!.-dijo Karin.
-Como quieras.-dijo Eldarion riendo. Karin iba muy feliz halando con Eldarion y con Vladdimir. Mal trataba de enseñarle nuevas palabras a Bob ( no con mucho éxito). Así que el viaje se hizo muy ameno aun que casi no se veía nada. Por la mañana llegaron a Rivendell, cansados, pero felices.