Frodo Bolsón y Manzana Tallabuena se conocían de siempre, es más les encantaba pasar todo su tiempo libre juntos. Él era el sobrino del viejo y rico Bilbo Bolsón, un aventurero donde los haya. Algunos solían criticar a Frodo porque parecía ser que era como su tío, un bicho raro. Le encantaba leer y soñar que algún día sería un héroe y viviría muchas aventuras. Ella era la hija del matrimonio formado por Azucena y Togo Tallabuena, que se dedicaban al cultivo de tabaco. Eran una familia tradicional y acaudalada que solían desposarse con Bolsones o Tuks. Además de Manzana tenían otra hija mayor; Lily Tallabuena. Pero mientras su hermana ya una buena esposa y madre, Manzana seguía fantaseando con que sería una princesa y vendría su príncipe azul a buscarla. Y mira por dónde encontró su compañero ideal en Frodo, porque ambos adoraban los libros y no tenían pensamientos de casarse y mucho menos de formar una familia. A ellos les gustaba soñar despiertos todo el día.
Pero el destino los separó, ya que la abuela de Manzana se puso enferma y ella se marchó a los Gamos a cuidarla y Frodo no volvió a verla en varios años. El tiempo pasó y Frodo se convirtió en un muchacho bellísimo. No era particularmente alto, pero tenia los cabellos negros como un río de noche y los ojos azules como el océano y brillantes como las estrellas. Frodo aún se encontraba en la “veintena”, como los hobbits llamaban a los irresponsables veinte años si bien ya le faltaba pocos años para cumplir la mayoría de edad, y todas las hobbits de Hobbiton suspiraban por él. Pero Frodo aún tenía en su corazón a aquella hobbit de cabellos rojizos en su cabeza, porque era la única que había logrado comprenderle y no interesarse únicamente en la fortuna de su tío.
Un día alguien se asomó a la posada del Dragón Verde. Era ella, Manzana. Había cambiado. Ahora se había convertido en una preciosa jovencita y ya no era aquella adolescente trenzada y con pecas. Ahora era una muchacha de cabellos rojizos como el sol, rizados al viento, sus ojos eran marrones y su cara bella. Frodo se quedó maravillado ante el cambio de Manzana y sintió como su rostro y su sonrisa atravesaban su corazón. Ella le miró y vio como aquel antaño chaval era ahora un muchacho hermoso aunque no había cambiado mucho de cara y sintió un vuelco en el corazón. Él corrió a saludar a Manzana pero se detuvo de inmediato cuando detrás de la joven entraba otro muchacho, no mucho mayor que él, pero si más alto y robusto. Aquel hobbit le dio un beso y se marchó a la barra. Para su sorpresa, Manzana se acercó a él y le dijo:
– ¡Hola Frodo! – exclamó con la voz temblona y le dio dos besos
– Qué tal Manzana? Cuanto tiempo sin verte! – dijo él, y sin pensárselo la abrazó fuertemente y mientras lo hacía notó el nerviosismo de la joven-
– Bueno, la verdad es que estoy bien, mi abuela murió el pasado mes y he decido volver para ver a mis padres y quedarme una temporada
– Lo has hecho sola? – preguntó Frodo deseoso de obtener una respuesta –
– No, me acompaña mi prometido, Hugo Boffin – dijo señalando aquel hobbit que Frodo había visto entrar detrás de ella – Cambiando de tema, cómo te va la vida?
– Bien, aunque sigo soltero y aún leo libros. Como podrás ver, mi situación es diferente a la tuya, no crees?
– No lo creo porque sé que aún eres aquel chico que se divertía conmigo, años atrás – dijo ella muy segura- Sabes, me encantaría que me prestarás algún libro – dijo ella entusiasmada-
– Claro te dejaré alguno en tu casa cuando quieras
– ¡No! Lo mejor es que me los entregues a mi directamente
– ¿Por qué? – preguntó Frodo extrañado-
– No es por nada serio, lo que ocurre es a Hugo no le gusta que lea porque según él una chica no debe leer tanto ya que se le llena la cabeza de fantasía y como va a quedarse conmigo durante la estancia no me gustaría pelearme con él.
Frodo apenas podía creer lo que oía! ¿Acaso Manzana había cambiado totalmente? Aún así le prometió un libro de aventuras de la Primera Edad y se despidió de ella. Por el camino hacia su casa, Frodo pensaba que no tenía ninguna posibilidad con Manzana y que la única chica que le comprendía ya no podía ser suya.
Pero en realidad Manzana seguía siendo la misma y su imagen exterior poco tenía que ver con lo que ella sentía por dentro. Durante aquellos años había madurado y convertido en una hobbit normal. Ya era toda una mujer hecha y derecha, aunque aún le faltaban cuatro años para alcanzar la mayoría de edad. Tenia un novio sensato e iba a casarse. Pero aunque ella le tenia una gran estima a Hugo, en el fondo prefería a Frodo. Sobretodo ahora que había vuelto a su vida. De alguna manera él había revivido sus fantasías románticas.
Frodo llegó a su casa y allí le esperaba su tío Bilbo. Este notó que su sobrino estaba raro y le animó a que le contara lo que le preocupaba. Frodo le contó su encuentro con Manzana y lo mucho que le había impresionado su vieja amiga de la adolescencia. Bilbo le dijo que la conquistara pero Frodo le contó entonces que estaba prometida. Bilbo tomó aire y dijo
– A veces hijo, cuando uno quiere algo debe luchar para ganarlo.
– Ya tío, pero y si ella no me quiere?
– Entonces debes asegurarte de que no te quiere antes de resignarte a perderla.